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Podemos
La crisis madrileña de las fuerzas del cambio, ¿una bifurcación liberadora?
29/01/2019 | Daniel Albarracín

El “sistema solar complejo” que se había configurado, basado en la complejidad y pluralidad tensa de las fuerzas del cambio, nucleada por una fuerza política principal, ha mutado. El detonante ha sido la lucha por Madrid. Por su importancia como feudo, por el estallido de pactos muy frágiles, por la incompatibilidad de estrategias, por la falta de cintura de unos y de otros, o porque hay una huida de supervivencia.

Podemos ha dejado de ser la estrella sobre la que orbitaban el resto de planetas que configuran las fuerzas del cambio. Un modelo jerárquico, tacticista, parcialmente deslegitimado, con cada vez menos bases vivas en su seno -haciendo de los órganos del partido un aparato de promoción de personas a cargos públicos-, que adopta el bonapartismo a la interna, la estrategia de grupo de presión al PSOE a la externa, restringiendo los horizontes de cambio, ha quebrado. El estilo hipercompetitivo de Podemos, fundado sobre la promoción mediática de personajes y la comunicación política, ha llegado a su extenuación en cuanto a su capacidad de movilización y cambio.

Lo político, tal y como lo entendemos desde su plano transformador, ha de jugar un papel para cambiar la cartografía política mediante el debate público, la agenda de propuestas y la organización social. Pero una vez que Podemos renuncia a esta estrategia y se repliega a resituarse en espacios preconcebidos -la adaptación al sentido común, y no el diálogo con él-, se encuentra con esa paradoja. Centrándose en un sentido común de laboratorio, discutido en los consejos ciudadanos y parlamentos, como un bunker alejado de la sociedad, acosado por los medios y otros poderes, se ha perdido toda la energía y las razones que auparon a nuestra meteórica formación. Pero contamos con más personajes públicos que nunca.

Así las cosas, los proyectos políticos fueron sustituidos por personajes públicos, y los personajes públicos por la promoción de marcas. Las marcas ya no concitan la confianza suficiente. En esa tesitura, los personajes públicos construidos por esta maquinaria comunicativa corren el riesgo de autonomizarse de los procesos colectivos. Su materialización: la personalización de la política y la política de gestos en Madrid, consecuencia natural extrema de toda una trayectoria cuyo origen está en el carácter hipertrofiado de Podemos. Aún con todo, el conjunto de síntomas rezuma en toda la cartografía del Estado español.

Ahora, los movimientos de esas personalidades públicas reúnen un sentido político, no puede reducirse todo a su psicología, carisma o iniciativa. Representan una conducta alineada con una orientación política, muchas veces resultado de conflictos de fondo mal debatidos y mal resueltos. La cuestión del modelo de Estado, la política de alianzas, qué relación con los sujetos y movimientos sociales, la tensión entre la gestión y la elaboración de proyectos políticos amplios, explican la naturaleza de los conflictos que abren, después de 5 años, un proceso de fragmentación -por territorios, por formaciones- que se expresa, con la ruptura del errejonismo, en esta bifurcación. De momento su expresión se acota a Madrid, presenta una confrontación más bien personal-competitiva (Podemos no cuestiona el carmenismo, pero sí al errejonismo), dado que no se expresa en términos de diferencias políticas de fondo.

¿Qué efectos puede tener esta bifurcación?

Hay que valorar, sin alarmarse, los posibles efectos de la bifurcación en Madrid.

Algunos estudios (centrados en la famosa pérdida del millón de votos) mostraban una conducta del electorado progresista muy singular: se trata de un electorado conformado en dos espacios, uno más a la izquierda, y otro más moderado. Si la propuesta política es una alfombra, si se mueve a la izquierda, se pierde electorado moderado, si se hace al centro, se pierde por la izquierda. He ahí la tragedia sufrida en 2016 que, con todo, obtuvo 71 escaños, pero que fracasó ante las expectativas levantadas.

El riesgo más grande al que se enfrentaban las fuerzas del cambio ha sido y es la abstención, fruto de un rechazo mutuo entre fracciones de la izquierda, por proyectos políticos cuyos vectores de fuerzas se anulaban parcialmente entre sí, y por el hartazgo y la distancia que suponen una línea errática. Quizá ahora se libere ambos vectores, en diferentes direcciones, y ambas puedan atraer mejor a ambos segmentos del electorado progresista. El sistema d’Hont, en este caso, no castigará más que a las formaciones conservadoras. Da la casualidad que Madrid por contar con una comunidad y un ayuntamiento con muchos diputados y concejales y mucha población votante en una única circunscripción, ofrece un sistema, si se supera el 5%, bastante proporcional.

La bifurcación permite explorar dos hipótesis “progresistas” en litigio:

· la hipótesis del transversalismo y los discursos que se presentan como “marco ganador”, con una adaptación moderada de las propuestas, una comunicación política más amable, y un colaboracionismo con el PSOE (la “competitividad virtuosa”). Esta hipótesis sigue pensando que es posible reconstituir una sociedad de clases medias aspiracionales en torno al aparato del Estado, en base a la atracción lenta pero cierta del clásico electorado socialista hacia posiciones menos socialiberales y más socialdemócratas.

· La hipótesis de la polarización social fruto de la tendencia creciente a la desigualdad y la crisis económica recurrente, en un entorno donde hay un comportamiento pro-privilegios que está animando a la reacción, pero también una mayor demanda de soluciones a la altura de los problemas. Esta hipótesis plantea construir proyectos políticos con propuestas programáticas transformadoras de fondo, con una alianza con los movimientos sociales y obrero, y que muestre su cara más impugnadora.

En mi opinión, al menos en Madrid, hay espacio para explorar ambas hipótesis. Hay cabida para dos grupos parlamentarios, superando el 5% ambas. Paradójicamente, la bifurcación puede dar la razón a ambas. El errejonismo-carmenismo puede movilizar a un electorado moderado que existe en Madrid en número suficiente. Esta línea de bifurcación, quizá, podría alinear a otras fuerzas políticas de perfil próximo: Actúa y Equo, mas institucionales o moderadas en lo político. Quizá no ahora, pues Errejón no ha admitido a Actúa, pero quizá más adelante. Puede que consigan atrapar electorado socialista. Pero tendrán enfrente al electorado tanto “fan” de Podemos, como al que está más a la izquierda, o aquel que ya no le basta con la retórica, que espera algo más contundente, en lo que pueda reconocerse y participar. No se puede calibrar de antemano, porque el efecto desunión puede castigar (hacia el PSOE, hacia fuerzas emergentes conservadoras o la abstención), pero también puede que movilice a un electorado moderado desencantado con Iglesias o IU.

Podemos si se define por algo, con la actual dirección, es porque, mientras muestra un rostro adusto y huraño, al mismo tiempo acepta los horizontes del errejonismo: para ellos sólo cabe pensar en una cooperación con el PSOE para alcanzar cargos de gobierno. Aceptar a Carmena en el ayuntamiento, sin competir con proyecto semejante, supone abrazar esta hipótesis entre lo electoralista, el personajismo y el adaptacionismo posibilista. Lo que demuestra la rivalidad contra Errejón en la Comunidad, es, por el momento, más bien una competencia por el liderazgo, no de proyectos.

Izquierda Unida, aunque guarda un discurso más impugnador, está moldeado por una restricción material que lo ata y subordina a lo lógica electoralista-institucionalista: sus deudas económicas. Sin embargo, al hacer necesidad virtud, al verse rechazado por el errejonismo, presentará candidatura probablemente. Quizá sea una oportunidad para liberar fuerzas para un proyecto más radical, siempre y cuando su aparato se vea superado por sus bases, porque esa dependencia le sigue definiendo como un socio de difícil consistencia. Esperamos que IU decida lo mejor, y creemos que es posible que así sea.

Sin embargo, esta bifurcación también muestra la existencia de más actores entre las fuerzas del cambio. También relativiza esa pugna en la dirección populista-verticalista, porque con este movimiento todas las fuerzas tienen la opción de pronunciarse e, incluso, liberar fuerzas para que, desde este envejecimiento prematuro de lo nuevo, surja algo diferente. De lo que se trata es, ¿el qué, con quién y para qué?.

Hay un espacio, al menos en Madrid, que hay que abonar y construir: el de un polo social antiestablishment. En estos momentos, este espacio se puede activar desde Anticapitalistas, los movimientos expresados en La Bancada, y deseado por una gran parte de las bases de IU, con fórmulas que tuvieron su éxito en el primer Ahora Madrid. Mucha mucha gente aburrida de la política porque no se la llama a participar, porque no se cuenta con ella, porque no se plantean ideas fuerza impugnadoras, también podrá sumarse en un futuro, si se brindan los cauces. En mi opinión, tendrá mucho recorrido, aunque no necesariamente se exprese en las elecciones de Mayo como nos gustaría, porque exige una labor paciente de sembrado, germinación y cosecha.

Las bases materiales para la polarización están sentadas, se van a desarrollar. Ante ellas, si no se hace nada la tendencia es a la reacción para competir por los recursos escasos, o conservar los privilegios. Se trata de construir un proyecto solidario, democrático, participativo y ecosocialista, basado en la inteligencia y el cuidado colectivo, contra los que concentran el poder y la riqueza, contra los que excluyen y se apropian de lo que es o debería ser de todas y todos.

Llega el momento de construir ese último espacio, de sembrarlo, y llamar a Podemos a que lo secunde, y que se clarifique. Si no lo hace, será su fin como proyecto, porque la diversidad y los riesgos de bifurcación son tan grandes, que no vale con jerarquía y mano dura para gestionarlo. Muy al contrario, necesita mejores hipótesis, otra forma de organizarse y enraizar entre las clases populares y trabajadoras, y mucha cintura y pluralismo inteligente. Si se da con la fórmula, puede liberarse fuerza para ese vector de cambio, y ya dirá la historia quien acertó. Igual puede pasar, como ha sucedido en la derecha, que frente a una sólo alfombra corta que no es capaz de atrapar todo un espectro político, quizá varias sí lo hagan.

Este tipo de fenómenos, de ampliación de opciones políticas, sólo se han dado a conocer en sociedades muy maduras y estables como las nórdicas, acostumbradas al consenso y la pluralidad de los gobiernos, con sistemas electorales proporcionales. En el caso español más bien representa otra expresión: el proceso de polarización y complejidad política en un contexto de declive de los partidos del régimen. El mapa político se estira y se fragmenta en un periodo donde los consensos ya no se admiten. Se trata de una fase de expresión del conflicto social en una sociedad convulsa y en vertiginoso cambio. Una fase en que las diferentes opciones de proyecto social, ante la inestabilidad creciente, deciden mostrarse, liberando sus vectores de fuerza.

24/01/2019.





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