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Brasil
Victoria anunciada. Porvenir incierto
31/10/2018 | Charles-André Udry

El domingo 28 de octubre, 147 millones de brasileñas y brasileños estaban convocados para votar, directamente, en la octava elección presidencial tras el período de la dictadura de 1964 a 1985. La votación se ha hecho mediante sistema electrónico. Así, a medianoche -hora brasileña- el Tribunal supremo electoral transmitía los resultados completos referidos a la elección de la presidencia y de los gobernadores de los 13 Estados, más el Distrito Federal (Brasilia), es decir, 14 en total.

Brasil -que tiene una estructura federal- está compuesto de 26 Estados. la mitad había elegido ya su gobernador en la primera vuelta, el 7 de octubre de 2018. Dicho de otra forma, las y los demás candidatos al puesto de gobernador -que disponen de un papel importante en la estructura del sistema político- estaban “instalados”, al obtener una mayoría absoluta, el 7 de octubre. Las y los que debían ser aún designados lo fueron este domingo 28 de octubre. La elección de gobernadores concernía a Estados ricos y muy poblados, entre los cuales están los de Sao Paolo, Minais Gerais, Río de Janeiro, Paraná, etc.

Los resultados de las presidenciales son evidentemente importantes. Pero no tener en cuenta el reparto de las y los gobernadores, en la coyuntura presente, representa una negligencia política lamentable. Volveremos sobre ello.

El trasfondo de las elecciones

Dos dinámicas socioeconómicas deben tenerse presentes para comprender el trasfondo de una elección así en Brasil y sobre todo comprender una estructura del poder económico-político distorsionada. Según las tendencias propias a la acumulación del capital y a la distribución de la plusvalía producida por la fuerza de trabajo y acaparada por los sectores dominantes, Brasil está marcado, a la vez, por: 1º desigualdades sociales muy profundas, con rasgos en gran medida aún imprimidos por el período esclavista que duró hasta 1888. Esta fecha tardía, es el producto de las inercias de la existencia de una formación social esclavista durante más de dos siglos, como han puesto notablemente de relieve los trabajos de Jacob Gorender; 2º desigualdades regionales exacerbadas en un país que parece un continente.

Esta desigualdad espacial y social se acentúa aún más bajo los efectos de una reforma agraria que está estancada (desde 2003, primer gobierno Lula). Estimula por tanto un exilio de la población rural, por etapas, hacia las grandes ciudades. Esto se efectúa bajo las presiones violentas de la extensión de los cultivos rentistas (soja transgénica, naranja, caña de azúcar, en parte para los biocarburantes, etc.), de una ganadería extensiva (para la carne de vacuno) e intensiva (gigantescas fábricas para la producción de pollos en batería, por ejemplo), de políticas extractivistas que implican el saqueo de los diferentes minerales, de los hidrocarburos y de la deforestación de superficies gigantescas de tierra, entre otros lugares en la Amazonía. Este colosal territorio sirve también de reserva que utilizan las transnacionales a la búsqueda de moléculas (plantas, árboles, diversos insectos, hongos…) aptas, potencialmente, al final de la cadena, para la producción de medicamentos o materiales nuevos. En una palabra, se trata de una enorme privatización de lo vivo.

Toda esta conquista territorial se efectúa por medio de una “verdadera caza criminal” contra las y los pobres, indígenas (indios de la Amazonia entre otros), negros de los quilombos, los territorios “autónomos” formados por las y los negros que escaparon al esclavismo o/y buscaron un refugio a finales del siglo XIX. Bandas criminales, financiadas por las y los grandes propietarios de la tierra y especuladores inmobiliarios, cazan a las y los campesinos sin tierra y a las personas “inmigrantes urbanos” que no tienen techo.

Estos últimos han sido expulsados (y lo siguen siendo) bajo los efectos de proyectos inmobiliarios o como consecuencia de la megalomanía de las construcciones “deportivas” necesarias para la construcción del imperio de los Juegos Olímpicos (en 2016 en Rio de Janeiro) -colocados bajo el liderazgo de la CIO, cuya sede está en Lausana -o de la Copa del mundial de fútbol (en 2014), bajo las órdenes de la FIFA, “organización filantrópica” cuya sede está en Zurich. Y entonces dirigida por Sepp Blatter, el “balón de oro” de la estafa… invitado (privado) en Moscú, en el último mundial, a fin de evitar su posible detención.

No comprender estos elementos socioeconómicos e históricos elementales conduce a algunas y algunos comentaristas “cultivados” -de hecho cavernícolas- a farfullar cifras sobre el número de homicidios y la “violencia”- completamente “natural”, casi “cultural”- que reina en Brasil. Repiten, así, un discurso bolsonarista del que no tienen siquiera conciencia, al estar tan obstruido su “cerebro” por los comunicados, muy resumidos, de las agencias de prensa.

Dilma Roussef, Michel Temer, Jair Bolsonaro

Los resultados completos -incluyendo los votos de las y los 500.727 electores brasileños que votan en 99 países- estuvieron disponibles algunos minutos después de la medianoche. La votación electrónica permitía, clicando el número 13, elegir al candidato del “Frente Democrático”, en realidad del Partido de los Trabajadores, y en el 17, al capitán en la reserva y diputado federal desde hace 27 años: el neofascista Jair Bolsonaro.

El resultado de la votación presidencial en la segunda vuelta es del 55,13% para Jair Messias Bolsonaro, con 57.977.423 votos y Fernando Haddad: 44,87%, correspondiente a 47.040.574 votos; por tanto una ventaja de 10 millones de votos a favor del admirador de la dictadura, de quien promete y va a poner en marcha una aceleración de las contrarreformas sociales y económicas ya iniciadas por el sórdido Michel Temer. Un Temer que, sin temor, reemplazaba a Dilma Rousseff, debido a su destitución en agosto de 2016. Michel Temer había sido candidato a la vicepresidencia en la candidatura de Dilma Rousseff, lo que explica no solo su sucesión, sino su encarnizamiento por destituirla. Termina su mandato con el 4% de “opiniones favorables” y tiene procesos que esperándole, quizás…

Dilma Rousseff, por su parte, ha sido derrotada en la primera vuelta de las elecciones (el 7 de octubre) para el puesto de senadora en el importante Estado de Minais Gerais, con el 15,21% de los votos, a pesar de una inversión de más de 5 millones de reales. Eliminada por un reaccionario ligado a Bolsonaro, Rodrigo Pacheco (Demócratas, un oxímoron). De hecho, quedó la cuarta. Su “suerte”, como la de Temer, aunque ciertamente diferente, ilustra la farsa político-electoral puesta en marcha por el PT en las elecciones presidenciales de octubre de 2014. Su desenlace se ha concretado este 28 de octubre de 2018.

Resultados que hablan por sí solos

Jair Messiah Bolsonaro es el octavo presidente elegido directamente tras el período de la dictadura militar de 1964-1985. Es el tercer militar que gana la presidencia por votación directa. En 1910, Hermes Fonseca, antiguo Ministro de Defensa, admirador del ejército prusiano de Guillermo II y católico conservador, obtuvo este puesto. Impuso el “servicio militar obligatorio”. Vivió seis años en Suiza en los años 1920.

En 1945, Euricio Gaspar Dutra (1883-1974) fue elegido presidente y ocupó su mandato de enero de 1946 a enero de 1951. Había ocupado también, anteriormente, el puesto de Ministro de la Guerra del 5 de diciembre de 1936 al 3 de agosto de 1945. Jugó un papel en la conspiración para establecer el “Estado Novo” en 1937, con Getulio Vargas. Un proyecto que combinaba una afirmación nacionalista frente al declive de los antiguos imperialismos, un poder autoritario, una cierta política de desarrollo (mediante el comienzo de una política de sustitución de las importaciones) y un anticomunismo feroz. Conjuntamente a esta opción, frente a una Argentina en pleno auge, Brasil realizó un comienzo de alianza con los Estados Unidos, lo que se concretó, durante la Segunda Guerra Mundial, en un sentido políticamente opuesto al de Argentina.

El tercer militar post-1945, elegido por sufragio universal directo, es solo un capitán que fracasó en su carrera y fue reciclado durante 27 años como diputado federal de Sao Paolo: Jair Messiah Bolsonaro.

El examen de los resultados obtenidos en los diferentes estados permite circunscribir mejor la victoria de este candidato neofascista. (En negrita los pocos Estados en los que Fernando Haddad gana, con porcentajes y número de votos).

São Paulo: Jair Bolsonaro (JB), 67,97% de los votos, es decir, 15’305’786 electores/electoras; Fernando Haddad (FH), 32,03%, 7’212’092.

Rio Grande Do Sul : 63,24% (JB), 3’893’737 votos; 36,76% (FH), 2’263’171.

Rio de Janeiro : 67,95% (J.B), 5’668’950 ; 32,05% (FH), 2’673’278.

Minais Gerais : 58,19% (JB), 6’100’107 ; 41,81 (FH), 4’382’952.

Santa Caterina : 75,92% (JB) ; 24,08% (FH), 949’724.

Paranå: 68,43% (JB) 4’224’416; 31,57% (FH), 1’948’790.

Pernambuco: 66,5% (FH), 3’297’944; 33,5% (JB). 1’661’163.

Mato Grosso: 66,42% (JB), Sul 1’085’824; 33,58% (FH) 549’001.

Matto Grosso do Sul: 65,22% (JB), 872’049; 34,78 (FH),465’025.

Maranhão: 73,26% (FH) 2’428’790; 26,74% (JB), 886’547.

Espírito Santo : 63,06% (JB) ; 36,94% (FH), 747’768.

Distrito Federal: 69,99% (JB), 1’080’411; 30,01% (FH),463’340.

Acre: 77,16% (JB)290’632; 22,84% (FH), 86’009

Alagoas: 59,92% (FH), 912’034; 40,08% (JB). 610’093.

Amapá: 50,2% (JB), 185’096, 49,8% (FH), 183’606.

Amazonas: 50,27% (JB), 885’391; 49,73%, 875’805.

Bahia: 72,69% (FH), 5’484’901; 27,31% (JB), 2’060’092.

Cearã, 71,11% (FH),3’407’454; 28,89% (JB), 1’384’586.

Goais: 65,52% (JB), 2’124’739); 34,48% FH), 1’118’060.

Para: 54,82% (FH) 2’112’577; 45,19% (JB), 1742’092.

Rio Grande do Norte: 63,41% (FH), 1’131’027; 36,59% (JB), 652’562.

Paraíba: 64,97% (FH)1’450’709; 35,03% (JB), 782’034.

Roraima: 71,57% (JB), 183’233; 28,43% (FH), 72’791.

Rondônia : 72.18% (JB), 594’968 ; 27,82% (FH), 229’343.

Piauí : 77,05% (FH), 1’417’113 ; 22,95% (JB), 442’095.

Sergipe: 67,54% (FH), 758’797; 32, 46% (JB), 364’621.

Tocantins: 51,01 (FH), 371’376; 48,99 (JB), 356’681.

Los últimos sondeos de Ibope o de Dataflha se han aproximado bastante a los resultados efectivos. La “sorpresa” electoral no es por tanto muy grande.

Hay que remontarse a 2013 para comprender el comienzo del giro. Se opera cuando el movimiento de junio demostró la cobardía del PT para responder a él por la acción (movimiento para el transporte gratuito, entre otros) y por un contraataque decidido a la presencia de grupos de derecha radicales en ese movimiento. Estos últimos le pusieron sobre la defensiva, en este terreno, igual que a formaciones de la izquierda radical que se dividían a la hora de analizar la “naturaleza del movimiento” -con sociólogos que sondeaban las almas y los corazones, de lejos evidentemente- y no respondiendo, en la movilización plural a las provocaciones de la extrema derecha. Esta situación dio la señal de que se había instalado un vacío, entre, de una parte, un sector de la población, incluso la pauperizada así como una fracción de la juventud, y, de otra parte, la llamada “clase política”.

En este contexto comenzó la movilización, bien organizada, contra el gobierno de Dilma Rousseff que no solo no aplicaba sus “promesas” electorales, sino que multiplicaba las concesiones a los ruralistas.

Por ejemplo, colocaba en la dirección del Ministerio de Agricultura a Katia Abreu, de enero de 2015 a mayo de 2016. Ahora bien, esta última había sido -como propietaria de una gran granja enTocantins- la presidenta durante años (1995 a 2005) de la asociación de propietarios rurales de ese Estado. Luego, ganando galones, se convirtió en la presidenta de la CNA (la Confederación de la Agricultura y de Ganadería de Brasil) entre 2008 y 2011. Cumplió en ese puesto con firmeza su papel de defensora de los ruralistas. Expresaba los deseos y los intereses de estos últimos. Los de la “fracción B” (buey), del complejo reaccionario BBB, es decir, Buey, Balas y Biblia. Esto no planteaba problemas a “su amiga” Dilma Rousseff.

En la onda de tal naufragio gubernamental se organizó por tanto la movilización de la derecha contra el gobierno del PT y, simbólicamente para personalizar la campaña, contra Dilma Rousseff. El despegue de esta movilización se hizo en el momento en que la crisis económica golpeaba duramente Brasil, de hecho desde 2014 pero con un pico en 2015-2016. Se prolongaba aún en 2017.

De todo ello se ha seguido una pauperización de una capa social que había pensado subir en “la escala social” -algunos escalones, ¡no más!- y manifestaba su decepción buscando un “chivo expiatorio” que estaba ya creado y dispuesto a ser utilizado. En efecto, surgía, desarmado de la cabeza a los pies, de los “escándalos de corrupción” que golpeaban a todos los partidos, en particular al PT porque se le suponía a su imagen histórica contrastar con el dogma de corrupción que operaba desde hacía mucho en la política brasileña; un poco a imagen de la extrañeza que algunas personas expresan ante los “votos” del clero católico y sus prácticas de pedofilia.

Como la ocasión hace al ladrón, la operación “manos limpias” brasileña (Lava Jato) desestabilizó a todas las formaciones políticas. La autonomía parcial de lo judicial, la judicialización de la llamada vida política y, en fin, los métodos utilizados -según el modelo italiano admirado por el juez Sergio Moro- consistentes en declararse testigo de cargo para ver su pena de encarcelamiento disminuida al denunciar “a los suyos” engordaron una ola creciente y continua de “escándalos”. Eran difíciles de frenar. Resultó de ello una complejidad de la crisis económica, de la del régimen político, de la relación entre las instituciones y el “control de la población”, hasta medidas de militarización de un Estado por el poder central, como en el caso de Rio de Janeiro. Mientras tanto, Jair Bolsonaro, junto con quienes le apoyaban, preparaba el terreno.

Los dos partidos que dominaban el campo político desde el final de la dictadura estaban muy sacudidos y lo siguen estando: 1º el PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña), en cuyo seno la figura emblemática era y es Fernando Henrique Cardoso, que ha conocido el exilio en París durante una parte del período electoral y 2º el PT lulista; Lula fue un miembro clave del núcleo que lanzó el PT a comienzos de los años 1980, luego se convirtió en el hombre del “lulismo”, tras haber sido el líder del PT.

Que estos dos partidos no hayan dejado de realizar alianzas absolutamente “podridas” política y financieramente, a fin de controlar un legislativo (Asamblea de Diputados y Senado), no hace sino desacreditar a formaciones cómplices como el PMDB (hoy el MDB de Temer) o el Partido Democrático Laborista (PDT) cuyo líder es Ciro Gomes. Fue candidato a las elecciones presidenciales de 2018. Obtuvo el tercer puesto con el 12,47% de los votos; mientras que Geraldo Alckmin del PSDB alcanzaba penosamente el 4,76% de los votos.

Por la brecha abierta por esta multiplicación de choques se colaron pequeñas formaciones. Entre ellas el PSL (Partido Social Liberal) de Jair Bolsonaro que encontró un apoyo, en un primer momento, entre fracciones del ejército cuyos miembros fueron por otra parte muy activos en la campaña electoral. Luego en una red de comunicación controlada por las iglesias evangélicas y pentecostales que le ganan la partida desde hace años a la iglesia católica. Estas iglesias organizan a sus bases (activas durante la campaña) con un sistema de solidaridad -que consiste en redistribuir una fracción de las sumas cogidas a “sus” fieles, a un pequeño porcentaje de electos, agradecidos- y una maquinaria de socialización, sobre todo para la gente excluida que vive en las grandes ciudades, proveniente del éxodo rural.

A esto se ha añadido lo que The Economist (27 de octubre-2 de noviembre de 2018) califica de una adhesión dubitativa de una fracción del gran capital con el objetivo siguiente: “Bajo la presidencia de Bolsonaro, Brasil[¿qué Brasil?] puede esperar una reforma [del sector público], una economía en crecimiento rápido [que será impulsada por las privatizaciones cuyo campeón es el consejero de J. Bolsonaro: Paulo Guedes] y con un presidente que controla sus pulsiones autoritarias”. Un verdadero programa para el capital brasileño.

Pero entre estos proyectos, estas visiones prospectivistas tecnocráticas, y las fuerzas sociales y políticas puestas en marcha casi se puede dar por seguro el choque.

Volveremos sobre la situación en Brasil, examinando, entre otras cosas, las elecciones a gobernadores/as, las reacciones populares “instantáneas” y el anuncio hecho por la Folha de Sao Paolo según el cual “Bolsonaro desmonta su búnker en Brasilia”, es decir el comienzo de la formación de un nuevo gobierno que abre un nuevo período en Brasil. Esto tanto más cuanto que estas elecciones son la prolongación de las de Colombia, Chile, de la Argentina de Macri, de los poderes autoritarios -de orígenes diversos en América central- y del desastre completo del gobierno Maduro en Venezuela, que se convierte, sobre la base de lo que vive concretamente la población (cuando no se exilia en masa) en un espantajo fácilmente agitable.

29/10/2018

http://alencontre.org/ameriques/amelat/bresil/bresil-la-victoire-annoncee-lavenir-incertain.html

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur





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