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Reflexión sobre el debate del nuevo Estatuto para el País Vasco
Una nación común
30/10/2018 | Pedro Ibarra

Pedro Ibarra

En este momento se está debatiendo un nuevo Estatuto para la Comunidad Autónoma del País Vasco. Un primer borrador pactado por el PNV y EH BILDU comparte establecer un proceso nacional muy avanzado en sus definiciones y consecuencias. En síntesis, se propone un referéndum/consulta habilitante en favor de un conjunto de competencias de autogobierno que implican -y al tiempo establecen- que el País Vasco es un nación soberana y que por tanto su futura pactada relación confederal con el Estado se hará desde la bilateralidad[1].

Los grupos minoritarios en el Parlamento Vasco, Partido Socialista de Euskadi y Elkarrekin-Podemos (EP), critican y no apoyan este primer borrador. Veremos directa o indirectamente sus razones a lo largo de este texto. Pero, muy en síntesis, puede decirse que rechazan -o tienen reservas- sobre la afirmación de nación e identidad nacional, que niegan o no asumen claramente, sobre la soberanía y capacidad decisoria política de la comunidad vasca y que presentan los problemas y trabas legales constitucionales que plantearía la puesta en marcha de un Estatuto así definido[2]

Lo que sigue no es una reflexión sobre quién tiene razón a la hora de conceptualizar, describir y justificar la existencia o no de una nación vasca soberana. Es una reflexión con pretensiones exclusivamente pragmáticas. Cómo reorientar, reajustar, modificar -o lo que sea- el actual borrador pactado del Estatuto para que, sin perder sus referentes, definiciones y propuestas fundamentales, pueda ser asumido por esas minorías

Las vías de acceso

Con carácter previo hacer una breve reflexión sobre las distintas subjetivas vías de acceso y elección identitaria y de afirmación nacional que se dan en nuestra nación -todavía país-. El punto de partida es afirmar la existencia de una nación porque el conjunto de la población así lo quiere y decide. Sin embargo no por las mismas razones -y aquí está el meollo del asunto- los ciudadanos se sienten y reconocen como miembros de una determinada comunidad nacional y entienden que esa comunidad nacional debe autogobernarse.

Las razones más habituales hacen referencia a considerar la existencia de una comunidad cultural diferenciada. Una mayoría de ciudadanos vascos abrazan con mayor o menor intensidad la opción nacionalista clásica; la opción culturalista. Su definición de nación y su afirmación identitaria está guiada por su emocionado sentido de pertenencia a una identidad colectiva vasca que se reconoce -y que, a su vez, es consecuencia- de una comunidad culturalmente y políticamente diferenciada en y por determinados rasgos colectivos : historia , valores y practicas sociales, territorio, etc, y, sobre todo, lengua. La comunidad nacional vasca o, sin más, la nación vasca. Ello implica su identificación con modos de vida y espacios diferentes y la convicción de que son positivos y adecuados. Implica, también, un deseo de mantener la diferencialidad de esa concreta comunidad, para lo cual se le otorga la categoría de nación, lo que significa que para desarrollarse y preservarse, merece -y exige- ser autogobernada.

Con otras razones, otros ciudadanos, aun no dándole demasiada relevancia a la caracterización cultural de su comunidad, sí creen ver como imprescindible o muy conveniente que esta se autogobierne. Porque sí creen que existe en su comunidad tanto una tradición histórica como una extendida conciencia popular de sentirse, afirmarse y quererse como una comunidad -en mayor o menor grado- políticamente soberana. Sin duda los ciudadanos de la opción culturalista también incorporan a su afirmación nacional esta dimensión política, pero ahora queremos destacar a aquellos que prácticamente solo les interesa la misma. Relevantes sectores de la población -pensemos ahora en votantes socialistas o de Elkarrekin-Podemos- no se acercan a la nación por la vía d la diferenciación cultural, sino que lo hacen a través de consideraciones de soberanía o al menos de tradición de autogobierno. Más o menos, dicen: “podemos ser una nación porque tenemos una historia para decidir por nosotros mismos y porque así lo consideramos deseable”. La diferencia a través de la conciencia política conduce en estos casos a una identidad vasca, aunque no exclusiva (como veremos). Es cierto, por otro lado, que muchos ciudadanos que se mueven en la relación soberanía/nación no utilizan expresamente estos conceptos, pero -en última instancia y al margen de cómo hayan llegado a esa convicción- sí consideran que es necesario el reconocimiento de la existencia de un sujeto político nacional con un significativo nivel de autogobierno. Esta soberanización del concepto de nación facilita sin duda la defensa de su existencia a aquellos que no tienen una concepción culturalista (o etnicista si se quiere) de la misma

Hay que considerar otro grupo de ciudadanos. Sectores de la población vasca que mantienen una cierta indiferencia frente a las razones y sentimientos culturales y políticos constructores de la nación y de la identidad vasca. Sin embargo se percibe que pueden estar interesados en el acceso a la nación desde la perspectiva de lograr una sociedad con mayor -y mejor repartido- bienestar. Su concepto de nación es más utilitario que intenso. Así estos ciudadanos, interesados -como todos por otro lado- en la mejora de sus condiciones de vida, creen que un mayor autogobierno, que su vez exigiría un estatus de comunidad nacional, lograría mejores condiciones económicas laborales, sociales etc. para la población. En la medida que la necesidad de la nación aparezca ligada al desarrollo del bienestar, tenderían a apoyarla

La necesidad de una legitimidad operativa

Así tenemos por un lado un panorama de diversas actitudes, identificaciones y deseos nacionales. Y por otro lado parece imprescindible que se dé una legitimación operativa en el proceso estatutario en marcha. Este proceso definido por un referéndum /consulta habilitante en favor de un conjunto de competencias de autogobierno que implican y al tiempo establecen que somos una comunidad soberana y que por tanto nuestra futura relación confederal con el Estado se ha de hacer desde la bilateralidad.

Para ello resulta necesario que se de un muy elevado porcentaje de votos a favor del contenido de la consulta. Pero hay sectores extensos de la población, votantes al Partido Socialista, a EP y, también, los indiferentes (no incluimos a peperos españoles; es un grupo marginal cuya posición no resulta relevante respecto al reto que ahora nos planteamos), que parecen tener muy serias dudas de apoyar la propuesta. Tal como están las encuestas no parece darse un apoyo arrollador a un referéndum de estas características y con este contenido. Si combinamos los ítems del ultimo Eukobarómetro (series de encuestas sociológicas sobre el País Vasco) “alternativas a la forma de Estado” con “alternativas al actual Estatuto” y la “posición frente a la independencia”, no parecería que se podría alcanzar un 50% a favor de una propuesta de soberanía nacional fuerte. Y también parece que este rechazo tiene conexión (entre otras razones) por cómo en el actual borrador, aparece definida, construida y justificada la nación y la identidad vasca.

Legitimidad operativa . Para posibilitar que se logre el objetivo final, hoy resulta central que una gran mayoría de la población apoye esta afirmación de soberanía nacional. Porque afirmarnos y constituirnos en una comunidad nacional soberana exige una extensa legitimidad. Y, muy también, por razones estratégicas. Porque resulta indiscutible que la segunda parte del proceso, consistente en implementar este Estatuto a nivel estatal –de la bilateralidad a la confederación- exige un apoyo social extraordinario que no puede estar limitado a los sectores como los habitualmente nacionalistas vascos. Tiene que ser también apoyado, entre otros, por el PSE y EP para que, así mismo, ellos animen a sus gentes a que voten a favor del consulta. Ello extiende el apoyo y además la presencia de PSE y EP modifica muy favorablemente la correlación de fuerzas -en efectivos y en argumentación- en la confrontación que con carácter probablemente muy duro, surja en la segunda fase. Cuando la cuestión se debata en el espacio estatal español. Así uno de los argumentos clásicos del rechazo será aquel que dice que no es posible plantear la legalización a una demanda proveniente de una comunidad en la cual ni siquiera existe un acuerdo interno sobre si son -y por qué- una nación

Un acuerdo interno muy mayoritario de apoyo a una propuesta de afirmación nacional, sin duda no eliminaría el debate y dura resistencia en base a la cuestión de la legalidad a la aprobación estatutaria. Sin embargo junto al incremento de fuerza en el proceso de movilización social y política frente a los opositores, se desencarnaría el argumento de la legalidad. Todo el sujeto político estaría de acuerdo en conceder legitimidad a su opción estatutaria, lo que a su vez haría más posible una interpretación favorable de la legalidad vigente a través por ejemplo de la famosa disposición transitoria. Por tanto la cuestión consiste en lograr que esos sectores de la población dudosos, indiferentes o hasta contrarios, cambien de posición y voten a favor del proyecto , en cuanto que el concepto de nación se plantee de una manera que haga -si no muy deseable- pero al menos suficientemente razonable su apoyo.

Sus dudas, recelos y negativas provienen del relato del actual borrador referidos a los referente culturales tanto en la historia del surgimiento y construcción de la nación como de la identidad vasca. Su definición y caracterización actual. Es cierto que hay referencias a la caracterización política pero esta aparece como una expresión más del relato culturalista. Tampoco aparece esa nación interesada antes mencionada

Podría solucionarse estas no-prioridades y ausencias en base a dar el mismo estatus y relevancia a las tres procesos –cultural, político y de interés- en la emergencia y vigencia de la nación vasca. Pero parece imposible construir y redactar un relato en el que se incorporasen y narrasen cada proceso como prioritario respecto a los otros en el acceso a la afirmación e identificación nacional

Una opción funcional

Parece más adecuado y sobre todo más funcional el que se haga una afirmación clara, contundente y única sobre la existencia de la nación vasca sin necesidad de explicar el porqué, la justificación, la historia, etc. de la existencia de tal nación. La nación vasca es y existe. Y punto

Así cada eventual futuro votante retiene para sí que somos una nación y comparte con todos los votantes esa convicción. Vota la nación sin sentirse ligado a caracterizaciones y causas de emergencia de la misma con las que no estaría de acuerdo. No comparte razones para quererla y apoyarla. Pero sí comparte la existencia de su nación. Eso le lleva a sumarse con todos al voto favorable.

De igual modo -en consecuencia y tal como en el caso anterior- no parece necesario ni conveniente, especificar a través de qué relatos, emociones y concepciones han llegado los ciudadanos a sentirse vascos, a afirmar su identidad nacional vasca. Es suficiente afirmar que tal autoconciencia se basa en la realidad de una identidad nacional vasca claramente mayoritaria. La inmensa mayoría de los ciudadanos del País Vasco se sienten miembros de esa comunidad nacional. Y punto

La afirmación resulta evidente para aquellos que se afirman que su única o prioritaria identidad es la vasca, pero es de aplicación para aquellos que entienden que también -no en vez sino también- tiene una identidad española. Una genérica definición sobre la existencia de esa mayoritaria identidad vasca supone un respeto en la práctica, a la pluralidad identitaria. Efectivamente aquellos ciudadanos que entienden que también tienen una relación con la nación española a través de su identificación, verán respetada su convicción en la medida que, en el escenario de la confederalidad, participaran, como miembros también de la otra nación, en las decisiones que la misma tome.

En consecuencia tal afirmación en el texto estatutario de solo una identidad vasca mayoritaria lograría un muy extenso apoyo por razones estratégicas y también por razones del principio. Por tanto haría innecesaria esa consideración, hoy establecida en el borrador del Estatuto, que pueden tener consecuencias jurídicas opciones basadas en la distinción entre la identidad y ciudadanía. Solo hay nación de ciudadanos cuya gran mayoría se sienten a su vez identificados con la nación vasca. Sin más.

Más retos

Sin embargo, es cierto que aquellos que actualmente critican el actual borrador de nuevo Estatuto aunque den su conformidad al concepto -mas exactamente a la afirmación sin más de nación vasca- pueden seguir oponiéndose a una dimensión clave de su actual borrador consensuado por la mayoría: la existencia de una comunidad soberana con plena capacidad para ejercer una decisión colectiva vinculante del también pleno autogobierno político. Es cierto que asumir la existencia de la nación, parece suponer que se afirma y defiende que esa nación puede y debe decidir sobre sí misma y que son los miembros ciudadanos de esa comunidad nacional los que deciden en qué, cómo y por quién deben gobernarse. Parece ser algo consustancial a la nación, una consecuencia inevitable de su existencia; los miembros de una comunidad que deciden que su comunidad es una comunidad nacional dan por supuesto que esa comunidad debe decidir por sí y para si misma en todo lo que afecta. Así parece ser. Pero también parece ser que se puede decir, y entra dentro de lo muy probable que nuestras minorías así lo digan, que aún reconociendo la existencia de una nación vasca ello no supone que sea una nación soberana con la capacidad política antes descrita. Pueden decir que esta nación vasca no es una nación política, sino solo una nación cultural. Una comunidad que dadas sus características culturales diferenciadas exige un desarrollo y protección cultura ; puntol.

No es cuestión de analizar ahora la ironía que supone aceptar por un lado sin ningún discurso ni apoyo culturalista, la existencia -sin mas- de una nación, para luego señalar que esa misma nación solo tiene funciones culturales. Se trata ahora de, nuevamente, pensar en un texto estatutario en el cual expresamente no aparezcan afirmaciones y definiciones que hagan difícil la confluencia de mayorías y minorías. Que lo que describa el texto se corresponda en concreto, en la práctica y al margen de su denominación, con el relato de una comunidad nacional soberana que decide colectivamente sobre su soberanía

Así la relación de competencias que se asumen para la nación vasca propuesta en el borrador pactado, describe en la práctica una comunidad y un gobierno soberano de hecho, al margen de lo que luego se pacte con el gobierno de la nación española. Y más allá de que no se califique un referéndum de apoyo a ese nuevo Estatuto como el ejercicio de la capacidad de decidir de una nación soberana., cuando el mismo en la práctica obtenga el apoyo del conjunto de ciudadanos, ello supondrá el reconocimiento también de hecho de esa capacidad decisoria de la comunidad sobre su autogobierno.

No parecería necesario establecer definiciones contundentes sobre estatus y procesos que harían difícil el apoyo a los mismos. Por otrol lado, señalar que las críticas que se han hecho por parte de las minorías al borrador pactado no van claramente en contra del conjunto de competencias establecido y contra los procesos de legitimación de los ciudadanos a lo nuevo marco de autogobierno . Por lo que una exclusiva descripción de conjuntos de poderes y de los mecanismos de legitimación haría más factible el apoyo de la minorías al nuevo Estatuto

En consecuencia, podríamos decir que una confluencia más amplia que la actualmente existente, podría ser posible simplificando -en última instancia vaciando- ciertas definiciones y principios y, también, en algunos supuestos, sustituyéndolas por la descripción de sus contenidos y procesos de constitución.

30/10/2018


[1] Documento de bases acordado por PNV y EHBildu: http://pdf.elcorreo.com/documentos/2018/preambulo-Estatuto.pdf

[2] Documento del Partido Socialista: http://www.socialistasvascos.com/voto-particular-de-los-socialistas-vascos-a-las-bases-de-reforma-del-Estatuto-de-gernika.htm

Documento de Elkarrekin Podemos: Un acuerdo para vivir mejor Guztion itunahttps://ep00.epimg.net/descargables/.../4358287364da41c2e103ba82981506d1.pdf Una valoración crítica al documento de Elkarrekin Podemos, en R.Zallo: https://vientosur.info/spip.php?article14026





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