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Alemania
Aufstehen: la falsa estrategia para la lucha contra la ultraderecha xenófoba
02/10/2018 | Redacción de “Marx21”

El lanzamiento del movimiento de confluencia Aufstehen (En pie) ha tenido una gran resonancia en los medios de comunicación y en la población. Cien mil personas se han registrado desde el 4 de agosto en la página web de Aufstehen. Según una encuesta de la revista Focus, un tercio de las personas entrevistadas pueden plantearse votar a una alianza de este tipo si se presenta a las elecciones al parlamento federal alemán.

Esta buena acogida corrobora la esperanza de un nuevo despegue de la izquierda. La pregunta de partida es correcta: ¿Cómo puede la izquierda cobrar fuerza a la vista de los ominosos resultados de la Alternativa para Alemania (AfD, ultraderecha xenófoba) y la erosión de la socialdemocracia? Claro que las respuestas políticas que da el movimiento de confluencia son insuficientes. Las inconsistencias políticas ya se ponen de manifiesto en el documento de presentación, pero todavía más en las declaraciones y entrevistas de las personalidades promotoras. Es importante tenerlas en cuenta. Con la creación de Aufstehen, el debate sobre estrategia en el seno del partido Die Linke (La Izquierda) entra en una fase decisiva.

1. Es necesario y acertado rebelarse por la justicia social y la paz… pero también contra el racismo y el discurso del odio de la extrema derecha.

La crisis del Partido Socialdemócrata (SPD) se deriva de su orientación procapitalista, en virtud de la cual su principal preocupación radica en la competitividad de la economía alemana. La precarización de las condiciones de vida y de trabajo, la imposición de la austeridad en Europa y la militarización de la política exterior son consecuencia de esta orientación. Se contradicen con las expectativas de reforma de la militancia socialdemócrata clásica.

El gobierno de coalición en que participa el SPD practica los recortes sociales, el rearme y las intervenciones militares en el extranjero y convierte a los refugiados en chivos expiatorios. Es acertado y necesario organizar la resistencia contra esta política, y ello exige movilizar a muchas más personas que hasta ahora. Los miembros de Die Linke por sí solos no serán suficientes. Tratar de conseguir que más personas decidan inmiscuirse y luchar por sus intereses es correcto. En suma, necesitamos más resistencia y luchas de clases, así como una crítica fundamental a un sistema económico que conduce a crisis, guerras, miseria y catástrofes medioambientales.

Sin embargo, Aufstehen no satisface estas exigencias, en especial porque las personas promotoras separan la lucha por la justicia social del combate contra el racismo. Es un planteamiento equivocado si se quiere debilitar a la derecha, y además plantea soluciones falsas.

2. Un problema fundamental de las cabezas visibles de Aufstehen es su posicionamiento equivocado en el debate sobre la migración, en el que contraponen las necesidades de los refugiados a los intereses de la clase trabajadora del país.

En una entrevista publicada en Welt am Sonntag, Oskar Lafontaine 1/ ha corroborado su posición de que es preciso frenar la inmigración para debilitar a la AfD. Él y Sahra Wagenknecht 2/ no han conseguido que Die Linke adoptara esta postura, sino todo lo contrario: en su último congreso, el partido ha ratificado su rechazo al cierre de fronteras.

El enfoque contrario de Lafontaine y Wagenknecht en la cuestión migratoria tiene ahora carácter constituyente en la fundación del movimiento de confluencia. Así, la revista Die Zeit ha escrito en la presentación de algunas de las personalidades destacadas que apoyan a Aufstehen: “Que Andrea Nahles 3/ haya defendido hace un tiempo una política migratoria pragmática (‘No podemos acoger a todos’) es para Stegemann y Streeck 4/ el primer gran acierto del nuevo movimiento.” Es significativo que su movimiento no haga referencia alguna a las movilizaciones actuales contra Seehofer 5/ y contra la AfD, sino que se distancie expresamente de una “cultura de acogida ilimitada” (Wagenknecht/Stegemann). Repiten al unísono el cuento de que los problemas sociales existentes y las batallas por la distribución se ven agravadas por la llegada de refugiados, siempre en detrimento de los alemanes. Ni siquiera se esfuerzan por aportar pruebas concretas de lo que dicen.

Pero el llamamiento al cierre de fronteras es la respuesta equivocada. Cuando se echa la culpa a los migrantes, lo que se hace en primer lugar es desviar la atención de los verdaderos responsables y de quienes se benefician de la política y la economía. Y además hace un flaco favor a la resistencia, por ejemplo, frente a los salarios de miseria y los especuladores de viviendas de alquiler. La respuesta socialista a las batallas por la distribución y la competencia en el mercado de trabajo y de la vivienda debe partir de un punto de vista de clase anticapitalista e internacionalista. Por consiguiente, hemos de luchar junto con los inmigrantes por la redistribución de la riqueza, el aumento del salario mínimo, viviendas asequibles y contra el discurso del odio de la extrema derecha.

3. La derecha no se debilita haciendo concesiones a sus posiciones, sino mediante la firme contestación por parte de los movimientos antirracistas y antifascistas.

Oskar Lafontaine afirma que la restricción del derecho de asilo que él contribuyó a promover de forma decisiva en 1993 (la llamada “solución de países terceros”) facilitó que el partido radical de derechas de Los Republicanos (Die Republikaner) acabaran siendo marginales después de un periodo de ascenso. Este relato es un cuento. El debate en torno a la restricción del derecho de asilo fue para los derechistas una confirmación de su exigencia de “Fuera extranjeros” y de la afirmación del entonces canciller Helmut Kohl de que “la barca está llena”. Todo ello fomentó los desmanes xenófobos de entonces. Fue el movimiento masivo tras los atentados de Mölln y Solingen el que cambió el estado de opinión de la sociedad y llevó a Los Republicanos a la defensiva.

Por ejemplo, fueron cientos de miles de personas las que participaron en diciembre de 1992 en las marchas de antorchas de muchas ciudades alemanas. Die Zeit resumió en aquel entonces: “El cambio vino de la ciudadanía: las marchas de antorchas contra la xenofobia y la violencia transforman la sociedad.” Si observamos la evolución de la AfD veremos claramente lo equivocado que está Lafontaine con su afirmación. La inmigración se ha visto drásticamente reducida a partir de 2016 y a pesar de ello la extrema derecha es cada vez más fuerte. El movimiento Aufstehen no podrá debilitar a la AfD si rehúye la lucha contra todas las formas de racismo. Una postura clara contra la islamofobia es elemental en una época en que Sarrazin 6/, la AfD y el movimiento Pegida lanzan una sospecha general contra los musulmanes, pretenden restringir su libertad religiosa y declaran el islam incompatible con el “modo de vida occidental”.

Aquellas personas que en los relatos de algunos impulsores del movimiento de confluencia aparecen como una amenaza son más bien refugiadas, no matones de extrema derecha. Es insoportable, máxime cuando no mencionan los más de mil atentados contra fugitivos y sus alojamientos que se producen anualmente desde 2015. No ocurre lo mismo en los casos de Jeremy Corbyn o Bernie Sanders, que Aufstehen invoca a menudo. Aunque Sanders tampoco reivindica la apertura de fronteras, a diferencia de los impulsores de Aufstehen no convierte la limitación de la inmigración en una cuestión estratégica de sus campañas. Por el contrario, estas se caracterizan por la empatía con los trabajadores inmigrantes ilegalizados, con las necesidades de los refugiados y contra la marginación de los musulmanes. Sanders toma en serio a los migrantes como sujetos políticos. Durante meses ha viajado por el país para reunirse con ellos: “Me preocupa también el miedo y el pesimismo que sienten muchos de ellos a causa del tono cada vez más agrio del actual debate sobre la migración.”

La afirmación de Oskar Lafontaine de que en la cuestión de la inmigración adopta la misma posición que Jeremy Corbyn también es falsa. Los seguidores del ex primer ministro británico Tony Blair y la corriente Blue Labour en torno a Ed Miliband, un predecesor de Corbyn en la dirección del partido, presionaron fuertemente a este último en la antesala de las elecciones parlamentarias del año pasado indicando que, a fin de recuperar a los votantes favorables al Brexit para el laborismo, Corbyn debía defender una fuerte limitación de la libre circulación de trabajadores que quisieran inmigrar en Gran Bretaña. Al igual que Wagenknecht, estos grupos de la derecha laborista consideran que una política migratoria restrictiva es la clave para recuperar votantes de clase trabajadora. Corbyn, sin embargo, resistió las notables presiones en esta cuestión y rechazó los cantos de sirena.

4. Sin antirracismo no despegará la izquierda. La demagogia racista y de derechas de los Sarrazin, Seehofer o la AfD es un obstáculo decisivo para el crecimiento de la izquierda y para la proliferación de las luchas sociales.

El discurso del odio de la extrema derecha divide a la población entre alemanes y extranjeros, entre cristianos y judíos, entre musulmanes y ateos, entre mujeres y hombres. Por eso la denuncia clara de estas ideologías divisoras es tan necesaria como la perspectiva solidaria de las luchas de clases. Porque la presión de la derecha solo puede prosperar en el caldo de cultivo de la precarización neoliberal de las perspectivas de futuro si se imponen las pautas de interpretación racistas. Seehofer, Sarrazin y otros, con su racismo centrista, no hacen más que facilitar la tarea de los demagogos de la ultraderecha de la AfD. Por ejemplo, el jefe de Pegida, Lutz Bachmann, considera que su movimiento se ve legitimado al cien por ciento en el último libro de Thilo Sarrazin, titulado El enemigo toma el poder. Cómo el islam obstaculiza el progreso y amenaza a la sociedad.

Con una línea nacional-social y la mezcla de un supuesto anticapitalismo con racismo, el ala neofascista de la AfD trata de implantarse en la clase trabajadora. El peligro de un nuevo partido fascista de masas ha aumentado desde la entrada de la AfD en el parlamento federal alemán. Por otro lado, una mayor radicalización del partido a cargo del ala fascista en torno a Björn Höcke y Alexander Gauland puede facilitar la tarea a la izquierda a la hora de movilizar a más personas en contra. Las campañas de la alianza En pie contra el racismo ofrecen para ello un marco adecuado. Para ello es indispensable que no esquivemos la confrontación ideológica con la derecha, sino que nos enfrentemos con decisión a su racismo; por ejemplo, a la estigmatización de los musulmanes.

5. Ni hablar de una izquierda descafeinada: es falso decir que Die Linke profesa un “neoliberalismo progresista” y un error querer abrir una contradicción entre la lucha contra la explotación por un lado y la resistencia a la opresión por otro.

Oskar Lafontaine opina que Die Linke ha abrazado el “neoliberalismo progresista” y se muestra enojado ante la supuesta pérdida de orientación del partido, que según él da la espalda a las preocupaciones de la clase trabajadora: “Los derechos de los homosexuales y los de las personas migrantes ocupan el centro del discurso”. En este sentido se remite a la filósofa Nancy Fraser. Otros seguidores de Aufstehen, como el escritor Andreas Nölke, también entran al trapo y afirman que los trabajadores y los parados se van con la AfD mientras que la izquierda se dedica a soñar paraísos cosmopolitas.

Sin embargo, la tesis del “neoliberalismo progresista” de la feminista estadounidense Nancy Fraser que invocan no se refiere a Die Linke, sino a la política neoliberal del Partido Demócrata de EE UU, que desde el gobierno ha impulsado recortes sociales, privatizaciones y guerras, levantando al mismo tiempo la bandera del progreso mediante la “apuesta por la diversidad, el multiculturalismo y los derechos de las mujeres” (Fraser). Lafontaine redirige esta observación contra Die Linke, que según él asume “más o menos el pensamiento económico neoliberal imperante”.

Un examen de los carteles de Die Linke para las últimas elecciones al parlamento federal o de los temas de campaña de este partido demuestra lo contrario: siempre destacan las cuestiones sociales, es decir, salarios, alquileres, pensiones y legislación laboral. Los ideólogos de Aufstehen pasan conscientemente por encima de ello porque parten del supuesto de que una sociedad y la apertura de fronteras son inaceptables para la clase obrera (masculina y blanca). ¿Dónde están en este cuadro las numerosas personas de clase obrera que se comprometen en la ayuda a los refugiados y fueron una parte importante de la cultura de la bienvenida?

Lafontaine no es honesto cuando invoca a Nancy Fraser, porque lo que ella reclama de una “nueva izquierda” es: “Lucha por la justicia social, la emancipación y la diversidad”. Fraser preconiza, al contrario que Lafontaine, una política de clase solidaria, que ataque la política neoliberal por la izquierda y no utilice a distintos grupos para combatir a otros. El ex redactor de taz Daniel Bax lo resumió bien:

Es sin duda un cortocircuito utilizar a los supuestamente “marginados”, a la “gente común”, para combatir supuestos intereses minoritarios. Porque la “gente común” y los “marginados” también pueden formar parte de una minoría. En los sectores de bajos salarios y con condiciones de trabajo precarias hay muchas personas pertenecientes a familias inmigrantes, que se ven afectadas más a menudo por la pobreza. También hay personas LGBTI en todas las capas de la sociedad. Y las madres solteras no solo pueden estar interesadas en arreglárselas económicamente, sino también en que no las discriminen. En suma: hay mucha “gente común” y muchos “marginados” para quienes el antirracismo y una sociedad sin discriminaciones es importante.

6. Un factor determinante del atractivo del proyecto Aufstehen es la engañosa perspectiva de la opción gubernamental de la “candidata a canciller Sahra”, apoyada por nuevas mayorías de izquierda en el Bundestag.

Con la erosión de la socialdemocracia y la entrada en el parlamento federal del FDP y la AfD, en el Bundestag dejó de haber, tras las últimas elecciones, y a diferencia de 2013, una mayoría aritmética para un gobierno del SPD, los Verdes y Die Linke. Esto ha desilusionado a muchos, pues con ellos ya no cabe pensar en la formación de un gobierno rojo-rojiverde. Al mismo tiempo, mucha gente espera ahora que con el movimiento de confluencia se produzca una nueva dinámica que favorezca una mayoría de izquierdas. En esta orientación hacia mayorías de izquierdas en el parlamento se halla una divergencia estratégica clave que tenemos con Aufstehen.

Un gobierno rojo-rojiverde implicaría un cambio de orientación fundamental del SPD y de Los Verdes, a menos que Die Linke estuviera dispuesta a vender su alma política. Sin embargo, entre las personalidades destacadas que apoyan a Aufstehen se encuentran algunas cuyos puntos de vista, hasta ahora, estaban en flagrante contradicción con las líneas rojas que ha definido Die Linke para cualquier participación gubernamental. Cabe mencionar en este contexto, por ejemplo, el pasado de Wolfgang Streeck como coautor de la Agenda 2010 o al verde Ludger Volmer, quien contribuyó decisivamente a que su partido declarara su fidelidad a la OTAN y se mostrara a favor de la intervención en la guerra de Kosovo.

Si se quiere mantener un rumbo consecuente contra el neoliberalismo y la guerra, apostar por un gobierno rojo-rojiverde resulta problemático. El posicionamiento de Aufstehen en su manifiesto con respecto a la política de paz ya resulta bastante más aguado que el de Die Linke. Así, en dicho manifiesto se habla positivamente del “ejército alemán como ejército de defensa de una comunidad de seguridad europea”. El problema es que el gobierno alemán actual apuesta por el rearme común y la militarización de la UE. El manifiesto de Aufstehen tampoco reclama la retirada de las tropas alemanas de los países extranjeros en que está interviniendo, tal como exige Die Linke, sino que únicamente se opone a nuevas misiones.

Aparte de ello, Aufstehen transmite un mensaje que ya antes, bajo el lema de “LINKS wirkt” (la izquierda consigue cosas), no pudo cumplirse. El hecho de que haya perdido votos entre los parados en los últimos años también tiene que ver con ello. Para muchos de ellos no se materializó la esperanza de que votando a Die Linke cambiarían las condiciones sociales, ya que, a pesar del refuerzo del partido, el proceso de redistribución de abajo arriba siguió su curso.

Los cambios sociales no los logramos ante todo con otras mayorías en los parlamentos, sino mediante movilizaciones en las calles y en los lugares de trabajo. Por tanto, una política de izquierdas debe orientarse a reforzar la combatividad en vez de la esperanza en los representantes políticos. A este respecto salta a la vista que Aufstehen no constituye hasta ahora una confluencia de movimientos: el manifiesto de presentación no menciona para nada las luchas reales y además no existe ninguna relación orgánica con los centenares de miles de personas que salen a la calle actualmente contra las presiones de la derecha.

7. Cabezas visibles del movimiento de confluencia quieren cambiar Die Linke y con ello desarmar al partido.

En nuestra opinión, Aufstehen encierra un potencial de división para Die Linke. Por un lado, porque su perfil político en la cuestión de la política de asilo se contrapone al del partido, y por otro, porque el movimiento de confluencia se organiza al margen de las estructuras del partido y del proceso de debate en el seno de este. Visto en perspectiva, la candidatura para las elecciones parlamentarias federales será un momento conflictivo: ¿En qué lista irán los candidatos del movimiento de confluencia? ¿Quién nombrará a Sahra Wagenknecht cabeza de lista?

El entorno de Wagenknecht presiona desde fuera a Die Linke a través del movimiento de confluencia, por un lado, y por otro organiza un debate fraccional en el interior del partido con el fin de que adopte sus posiciones y de que sus seguidores copen la dirección. La propia Wagenknecht ha declarado: “Si la presión es suficiente, los partidos abrirán sus listas a nuestras ideas y nuestros seguidores, también en interés propio.” Si esta estratagema no da resultado, los seguidores de Aufstehen amenazan con la escisión y la creación de un nuevo partido. “Queremos cambiar nuestro partido de arriba abajo para volver a ganar elecciones y cambiar este país”, ha escrito, por ejemplo, Sevim Dagdelen 7/.“Si lo conseguimos, no hará falta un nuevo partido.”

Para nosotros, la orientación de Aufstehen es errónea, ya que constituye un paso a la derecha y, de ganar la batalla interna del partido, desarmaría a Die Linke en la lucha contra el racismo y la AfD. Por eso apoyamos la línea de la dirección en funciones del partido, definida el 13 de agosto, donde llama a la militancia a no unirse a Aufstehen, sino a “reforzar a Die Linke como motor y punto de referencia de una política de izquierda y socialmente justa”.

8. Mientras Sahra Wagenknecht sostiene que la política migratoria de Die Linke es la causa de su pérdida de votos en el este del país, a casi nadie se le ocurre poner en tela de juicio la orientación favorable al sistema que mantiene Die Linke en aquellas comunidades.

Después de las últimas elecciones generales, Oskar Lafontaine afirmó que Die Linke perdió votos en la clase trabajadora, y que ello se debió a demasiado Refugees welcome y un exceso de antirracismo. Esta conclusión es falsa, como demuestran, entre otras, las siguientes cifras: en muchos lugares, Die Linke mejoró sus resultados entre las trabajadoras y oficinistas; en la parte occidental de Alemania obtuvo un 40 % más votos que en 2013. El perfil antirracista no fue ningún obstáculo. Al contrario, lo cierto es que el cuestionamiento público de Die Linke por parte de Lafontaine y otros constituye actualmente un obstáculo para su crecimiento.

El hecho de que en la parte oriental se haya prolongado el descenso electoral no se debe a la política migratoria de Die Linke. El problema radica más bien en la orientación prosistema del partido en esa zona del país. En el pasado, Die Linke se ha presentado como representante de los intereses del este y apenas ha desarrollado un perfil de clase al no tomar como punto de partida la contraposición de intereses del capital y del trabajo. En muchos lugares, Die Linke no aparece como una fuerza favorable a un cambio radical. En las campañas electorales ha evitado denunciar con firmeza las condiciones imperantes, como por ejemplo en las elecciones del año 2016 al parlamento regional de Sajonia-Anhalt (“buenos gestores”) y Mecklemburgo-Antepomerania (“la patria está donde se halla la familia”). Con este perfil adaptado, Die Linke perdió votos incluso estando en la oposición. Al mismo tiempo, la AfD aprovechó el lógico malestar de la población por la situación social para perfilarse como supuesto partido de la protesta contra el sistema y cosechar votos para su política racista.

Esto no debe repetirse. Die Linke debe desmentir con un rotundo NO las especulaciones actuales sobre eventuales coaliciones con la Unión Democratacristiana (CDU). La alianza de Sahra Wagenknecht con Dietmar Bartsch 8/ en el grupo parlamentario federal sirve a una parte del campo de los reformistas del este de escudo protector, que a su vez impide analizar las causas del proceso de pérdida de influencia en aquella parte del país.

9. Die Linke debe aspirar por encima de todo al autoempoderamiento de las personas explotadas y oprimidas para la resistencia y la construcción de un contrapoder.

El partido también debe cambiar para actuar de acuerdo con esta aspiración. Si quiere ajustarse a su papel de fuerza socialista, Die Linke ha de diferenciarse de los partidos del régimen. Necesitamos un partido socialista de masas que haga de amplificador y motor de movimientos y luchas de clases. Esto implica la necesidad de romper con el parlamentarismo como principal campo de acción y como palanca para el cambio social. El socialista estadounidense Hal Draper diferenció hace ya más de 50 años, en su artículo “Las dos almas del socialismo”, entre un socialismo emancipatorio “desde abajo” y las distintas variantes del “socialismo desde arriba”. Calificó a este último de intento de cambiar el mundo basado en que los oprimidos ponen su destino en manos de una dirección sabia y benevolente. Esta ya adoptaría las decisiones correctas.

Esto es lo que caracteriza hasta hoy a la socialdemocracia, cuyo principio reza así: “Votad por nosotros y dejad guiaros hacia un futuro mejor”. Otra variante del “socialismo desde arriba” es la que pudimos observar en el Bloque del Este, donde los partidos comunistas actuaban en representación de la clase trabajadora y cada vez más en contraposición a ella. Al final, fueron derribados justamente por aquellos a quienes decían representar. Nosotros queremos construir el partido siguiendo la tradición del “socialismo desde abajo”. No debe apostar únicamente por una amplia representación de la población, sino luchar en el seno de la clase obrera por una perspectiva solidaria y por la organización de la resistencia.

Nuestra tarea es reforzar los movimientos reales y mostrar un perfil anticapitalista: decenas de miles de cuidadoras y cuidadores se han movilizado en los últimos años y han protagonizado huelgas contra el deterioro del sector. En Berlín y Baviera, miles de personas participan en referendos que reclaman un aumento del personal de cuidados. Numerosas personas actúan en Aufstehen contra el racismo y en otros movimientos antirracistas y antifascistas para oponer algo al discurso del odio de la ultraderecha. Con propuestas de acción concretas y una política de alianzas abierta podemos dirigirnos también a aquellos socialdemócratas que están en contra de la gran coalición que gobierna.

Un punto de cristalización de esta orientación es la lucha contra la extrema derecha en movilizaciones como la gran manifestación convocada para el 13 de octubre en Berlín o la colaboración activa en una alianza como En pie contra el racismo. Otro podría ser la campaña a favor de viviendas asequibles o del aumento del personal en el ámbito de la sanidad y los cuidados. También defenderemos el apoyo a estas campañas y movimientos reales entre los seguidores de Aufstehen. Queremos desarrollar el potencial existente en Die Linke para construir el partido como fuerza combativa.

Traducción y notas: viento sur


1/ Oskar Lafontaine, antiguo dirigente del SPD y cofundador de Die Linke, es uno de los principales impulsores de Aufstehen.

2/ Sahra Wagenknecht es copresidenta del grupo parlamentario de Die Linke en el parlamento federal y una de las principales impulsoras de Aufstehen.

3/ Andrea Nahles ha sido ministra federal de Trabajo y actualmente es presidenta del grupo parlamentario del SPD en el parlamento federal.

4/ El dramaturgo Bernd Stegemann es el presidente del movimiento Aufstehen. Wolfgang Streeck es sociólogo y destacado miembro de Aufstehen.

5/ Horst Seehofer es el actual ministro federal del Interior y principal defensor en el gobierno federal alemán de una política migratoria restrictiva.

6/ Thilo Sarrazin, economista y banquero, miembro del SPD, se hizo famoso con la publicación en 2010 del libro titulado Alemania se autodestruye (“Deutschland schafft sich ab”), en el que denuncia el supuesto peligro de islamización de Alemania.

7/ Sevim Dadgelen es vicepresidenta del grupo parlamentario de Die Linke en el parlamento federal.

8/ Dietmar Bartsch es copresidente del grupo parlamentario de Die Linke en el parlamento federal. Procede de la parte oriental de Alemania.

https://www.marx21.de/aufstehen-kritik-sammlungsbewegung/







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