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Catalunya
Torra y las lecciones de octubre
30/09/2018 | Marc Casanovas

Artículo original en catalán

Para el semiólogo Roland Barthes, los mitos funcionaban como una especie de hiedra que se lo come todo, que se adhieren a sus víctimas y le chupan toda la fuerza y el contenido. En este contexto mítico, determinadas formas de conmemoración (desde el ámbito institucional y en las puertas de elecciones municipales) pueden convertirse en una forma de ocultación.

La semana pasada vimos un ejemplo de cómo puede funcionar este mecanismo de ocultación. Varios medios se hacían eco de unas declaraciones del presidente Quim Torra a EFE cuando declaraba: "Una de las lecciones aprendidas del pasado octubre es como habría sido de importante tener un alcalde independentista en Barcelona, porque entonces las cosas seguramente habrían ido de manera diferente ... ". A raíz de estas declaraciones, el activista independentista Pau Llonch señalaba estupefacto en las redes sociales como, a falta de un balance autocrítico del gobierno independentista, estas declaraciones nos retrotraían al "Peor de los processismos".

En nombre de octubre se volvía a proclamar la solución mágica: la "unidad electoral de las fuerzas independentistas" más allá de análisis de clase y materiales (entre los cuales, el de la represión del Estado español). Dejando en el pozo del olvido y de los balances pendientes las estructuras de Estado y la desconexión en 18 meses (para luego volver sin ningún balance ni explicación a la pantalla pasada del referéndum); la declaración solemne del 9-N de un proceso constituyente ciudadano, participativo, abierto e integrador (para después dedicarse a ensanchar la base con más recortes y privatizaciones); la desmovilización activa de la misma base social, para luego hacer una proclamación simbólica de la república, y la vuelta a las elecciones autonómicas vía 155 con el argumento, y el balance autocrítico, que no se esperaban que el Estado español heredero del franquismo actuara con la contundencia de un ... ¿Estado?, la culpa fue, sin embargo, de ¿la Colau?.

Evidentemente, hay que decir que no resulta más edificante el balance autocrítico del mundo de los comunes, que, cuando señalan correctamente las contradicciones del frente patriótico de Torra, se olvidan de algunos episodios parlamentarios propios vergonzantes, así como de su papel pasivo y expectante (como organización, son muchos los activistas y dirigentes que participaron en las movilizaciones) en momentos clave donde su intervención activa (como organización) habría puesto su apuesta (al menos programática) de abrir "procesos constituyentes no supeditados y poner fin al régimen del 78" en un terreno mucho más plausible que la actual.

La secuencia que va del 20 de septiembre al 27 de octubre fue el mayor desafío al régimen del 78 desde la Transición, pero también una impugnación a toda forma de processisme y a sus formas de delegación y representación.

Los CDR nacieron por todo el territorio como comités de defensa del referéndum (después, de la república) y, junto con el movimiento de Escolas Obertas, construyeron una de las experiencias de movilización y autoorganización popular más genuinas que se recuerdan.

El sindicalismo alternativo entró también en escena desde el primer momento y convocó la huelga general del 3 de octubre que permitió a los movimientos paralizar todo el país. Las formas no son nunca neutras; la puesta en acto del repertorio de lucha y de autoorganización del movimiento obrero diversificó más las bases sociales del movimiento y transformó muchos de sus protagonistas, así como sus agendas sociales, durante aquellos días. Es por ello que en esta movilización de octubre se constituyó a escala social un nuevo sujeto que comprendía sectores populares que hasta ese momento no se sentían interpelados por el movimiento soberanista, pero también independentistas de primero la independencia y luego ya veremos que devenían en la práctica conscientes del carácter múltiple y social de las soberanías.

De hecho, para muchos activistas, los ingredientes para construir una apuesta no gradualista, rupturista y constituyente, que bajo estos parámetros aglutinara estratégicamente la izquierda independentista y la no independentista, se materializó esos días en forma de movimiento. Pero para no caer en un mito inverso al de Torra, y para hacer esto posible, sería necesario, seguramente, que hubiera también un pequeño octubre en el seno de las formas partidarias de esta misma izquierda.

29/09/2018

https://www.diarijornada.coop/opinio/20180929/torra-les-llicons-octubre

Marc Casanovas, miembro de la redacción de viento sur





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