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Diez años del comienzo de la crisis
Diez años mal contados y que cuentan mucho
20/09/2018 | Francisco Louçã

Diez años después de la quiebra de Lehman estamos peor. Concentración bancaria, finanzas en la sombra, austeridad y más deuda. Sísifo volverá a hacer las suyas.

¿Es el décimo aniversario de la crisis del subprime? No, está mal contado. Es cierto que la bancarrota de Lehman Brothers, en septiembre de 2008, con su deuda de 613.000 millones de dólares, fue en la época la mayor en la historia de Estados Unidos. Pero ya en 2007 varios fondos de las finanzas en la sombra habían entrado en impago y desde marzo de 2008 las grandes quiebras se multiplicaron en EEUU. Cuando cayó Lehman la procesión ya salió del cementerio y al final de ese mes ya hubo otros siete quiebras: el venerable Bear Stearns (en marzo); el gigante de seguros AIG; startups como el IndyMac, el Washington Mutual y el Wachovia; y entidades parapúblicas como Fannie Mae y Freddie Mac. La respuesta fue inyectar más liquidez, nacionalizar los activos tóxicos y concentrar la banca. Diez años después, estamos peor en cuatro ámbitos.

Concentración a todo vapor

Con la crisis, Bear Stearns fue vendido a JP Morgan Chase, que también se quedó con los activos del Washington Mutual, y Merrill Lynch fue vendido al Bank of America. Wachovia, el cuarto banco más grande de Estados Unidos, fue adquirido por Wells Fargo. Los bancos de inversión Goldman Sachs y Morgan Stanley fueron redefinidos como holdings bancarios para recibir fondos públicos. Citigroup y el Bank of America fueron rescatados por el Estado. El resultado fue un gigantismo: los cinco mayores bancos tienen ahora más peso que en 2007 (el 47% de los activos bancarios totales) y el 1% de los fondos ya tienen el 45% del total mundial.

Al mismo tiempo, en el Reino Unido, el Gobierno nacionalizó el banco Bradford & Bingley en 2008 (que luego fue vendido al Santander). Ese mismo año, el Royal Bank of Scotland, el Lloyds y el HBOS fueron nacionalizados con una inyección de capital público de 60 mil millones de euros. En Irlanda, Grecia, Portugal, España y Chipre la crisis de la deuda posterior dio lugar a una nueva ola de rescates bancarios. Fue el caso de Fortis, que costó 16.000 millones de euros a los gobiernos belga y holandés; de Dexia, seis mil millones za Bélgica y Francia (2012); del Bankia, en España (2012); del NKBM, en Eslovenia (2012); del SNS Reaal, en los Países Bajos (2013); de Laïki y del Banco de Chipre en Chipre (2013); Espíritu Santo (2014) y Banif (2015) en Portugal; del Monte dei Paschi, del Banca delle Marche, del Banca Popolare dell’Etruria y del Lazio y del Carife, en Italia (2014-2015); y del Hypo Alpe Adria, en Austria (2014-2015), entre otros. De estos colapsos surgieron el Santander y el Deutsche Bank como los grandes ganadores europeos. Los bancos demasiado grandes son demasiado riesgo, la primera amenaza.

Ahorro de casino

La segunda amenaza es el casino. Lehman Brothers estaba particularmente expuesto al mercado hipotecario de riesgo, no por ser el mayor prestamista -era sólo el 11º mayor financiador de hipotecas de baja calidad, o subprime-, sino por haber suscrito más títulos garantizados con productos inmobiliarios que cualquier otra institución financiera. Con un departamento de riesgo con 400 funcionarios, entre los cuales antiguos reguladores, su estructura era un laberinto con siete mil entidades legales, para evitar el control de las autoridades, y la opacidad multiplicó el problema.

En este caso, como en otros, la exposición a un apalancamiento inmenso (30:1) se ha convertido en la garantía del colapso. Así, una mera quiebra del 3% en el valor de mercado elimina todo el capital de uns empresa, obligándola a reconocer las pérdidas. En Europa era peor: en la víspera de la crisis, el Deutsche Bank estaba apalancado en 40: 1, como el Dexia, cuyo valor de los activos sobrepasaba el PIB del país.

El colapso del crédito de riesgo confirmó los peligros del apalancamiento. Ahora bien, el mercado de las subprime incluso era pequeño: el valor de todas las hipotecas en Estados Unidos era de 12 mil millones de dólares, mientras que el de las subprime era sólo mil millones. Como el valor total del mercado bursátil norteamericano era cerca de 18 mil millones de dólares, aunque la mitad de las hipotecas de riesgo se perdiera -una tasa más elevada de lo que ocurrió en el peor momento de la crisis-, esto no sería más que 3 % del mercado bursátil. Y, sin embargo, la diseminación de los activos tóxicos por el sistema financiero provocó el efecto dominó y la confianza colapsó. Nueve millones de norteamericanos perdieron sus casas, una catástrofe social, y el déficit público se cuadruplicó entre 2007 y 2009.

El casino volvió y rápidamente. Las finanzas en la sombra, el sistema de crédito y las aplicaciones financieras fuera del ámbito de la regulación de los bancos centrales, se duplicó en media docena de años: ahora es de 45 billones de dólares (era poco más de la mitad en 2010). Las tres principales agencias de calificación, que engañaron sistemáticamente al mundo en 2007, siguen dominando (tienen el 96% del mercado de calificaciones), todo pasa por ellas. Gillian Tett, editora del Financial Times para Estados Unidos, argumenta que volvemos a tener las mismas "arrogancia, codicia y opacidad" que condujeron a las crisis anteriores.

La austeridad como solución

Los rescates limitaron la propagación de la crisis y, por lo tanto, la recesión en Estados Unidos fue diferente a la de 1929. El PIB real cayó un 15% entre 1929 y 1932, pero sólo el 1% entre 2008 y 2009 y en 2011 ya había recuperado el nivel de antes de la crisis. No mismo lo ocurrió en Europa, que tras la recesión utilizó políticas monetarias incompetentes, incluso subió los tipos de interés, y aplicó una austeridad destructora. Así pues, sólo salió de la recesión cuatro años mas tarde. Tercera amenaza entonces, la consolidación de las políticas de austeridad creó una nueva norma: en recesión, se queman los barcos, o se recortan salarios e ingresos para castigar a quien trabaja. Va a ser así cuando cambie la corriente.

Esto es lo que preocupa a los directivos de los bancos centrales. En Penha Longa, en la reunión del Banco Central Europeo de este verano, no se habló de otra cosa. En el seminario de Jackson Hole, organizado por la Reserva Federal de Kansas en la última semana de agosto, lo mismo. Jerome Powell, miembro de la junta de gobernadores de la Reserva Federal de EE UU, se quejó de la " baja productividad". Alan Krueger, que presidió el consejo económico del presidente anterior, constató que el problema son los salarios: debían estar creciendo al menos un uno o un 1,5%. Con una tasa de desempleo del 5,3%, en las economías avanzadas, menos que antes de la crisis del subprime, la precarización y los bajos salarios no permiten una buena recuperación de la demanda agregada. En el Reino Unido, el crecimiento de los salarios ha sido tan bajo que sólo es comparable al del tiempo de las guerras napoleónicas.

Señala Krueger que la caída de la tasa de sindicalización explica esta compresión salarial: en Estados Unidos la tasa de sindicalización en 1980 era del 25%, ahora es el 10,7%. En Europa igual. Ciertoí, pero ello es el resultado de una máquina de destrucción social que es la austeridad. Consecuentemente, no hay ganancias de productividad sostenibles (por ejemplo, en Portugal los puestos de trabajo creados son principalmente en la hostelería y el turismo).

Cuarta amenaza, la economía de casino es una economía de deuda. Y es la finanzas en la sombra la que detenta la deuda, siempre una bomba de tiempo: desde las subprime, el peso total de la deuda en el PIB aumentó de 179 a 207%, casi 40 puntos. Gillian Tett tiene razón, esto es ante todo un problema político. Más sombrío, The Economist concluye que lo que marchó mal en 2008 puede volver a suceder. Sísifo volverá a hacer de las suyas.

Francisco Louçã. Economista. Profesor universitario. Activista del Bloco de Esquerda.

15/09/2018

Traducción: viento sur

https://expresso.sapo.pt/opiniao/francisco-louca/2018-09-14-Dez-anos-mal-contados-e-que-contam-muito





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