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Suecia
Elecciones legislativas: dos reveses de importancia
18/09/2018 | Kjell Ostberg

El resultado de las elecciones legislativas suecas del 9 de septiembre de 2018 confirma una tendencia general europea: un populismo de derechas en alza y una socialdemocracia debilitada.

La imagen tradicional de Suecia como patria de un Estado-providencia socialdemócrata progresista se ha difuminado desde hace decenios. Al menos desde las crisis profundas de la economía sueca de comienzos de los años 1990, el partido socialdemócrata SAP[1] ha aceptado las grandes líneas de una política económica neoliberal que incluye desregulaciones y privatizaciones del sector público.

Al mismo tiempo, la organización del partido, antaño tan impresionante, ha quedado fuertemente debilitada. El SAP ha perdido los 2/3 de sus miembros durante los dos últimos decenios y la Confederación Sindical de las y los Trabajadores (LO) estrechamente ligada al partido, ha visto reducidos sus efectivos en 1/4 durante los diez últimos años. El partido, que durante 85 años solo había estado fuera del poder durante 9 años, perdió el poder en beneficio de un gobierno de derechas en 2006. Durante los ocho años que siguieron, este gobierno de derechas aceleró el desmantelamiento del sector público multiplicando las privatizaciones y las reducciones de impuestos.

Cuando la socialdemocracia volvió al poder en 2014, lo hizo a partir de una posición extremadamente debilitada. El partido, que durante mucho tiempo logró alrededor del 45% de los votos, alcanzó entonces el umbral del 31%. En el poder con su partido aliado, el Partido Verde [que obtuvo el 6,89%de los votos] y con el apoyo parlamentario del Partido de Izquierdas [que consiguió el 5,72% de los votos], el gobierno seguía siendo minoritario. Y no tenía ni la ambición ni el poder para cambiar fundamentalmente la política del gobierno saliente.

El resultado más espectacular de las elecciones de 2014 fue el ascenso de Demócratas de Suecia, populistas de derechas. Lograron más que doblar sus votos, alcanzando el 12,86% [5,7% en 2010], lo que implicaba que ninguno de los bloques políticos tradicionales fue capaz de formar una mayoría.

Contrariamente a sus partidos gemelos en Dinamarca [Dansk Folkparti -Partido Popular danés] y en Noruega [Partido del Progreso], el partido Demócratas de Suecia hunde sus raíces en organizaciones abiertamente racistas y pronazis. Desde el final de los años 1990, una nueva generación de jóvenes dirigentes ha logrado poner de nuevo en pie una organización partidaria eficaz, a partir de algunos bastiones locales en el sur de Suecia. La xenofobia y la orientación antiinmigración fueron la principal plataforma ideológica del partido y la principal razón por la que pudo ganar votos. Con una influencia parlamentaria creciente, este partido se ha esforzado por minimizar su retórica más abiertamente racista, expulsando incluso a algunos de sus representantes más excesivos.

Recientemente, el partido también ha intentado poner el acento en sus rasgos nacional-conservadores, acercándose a corrientes similares en Polonia y Hungría. Su política económica y social es cercana a la del partido conservador [que tiene el nombre de Moderados].

Durante mucho tiempo hubo un acuerdo de facto entre los partidos tradicionales en el parlamento a fin de intentar aislar a Demócratas de Suecia y abstenerse de negociar con dicho partido. Es la razón por la que los partidos de derechas aceptaron la coalición roja-verde de 2014.

La enorme ola de refugiados y refugiadas de 2014 y 2015 -respectivamente 80.000 y 160.000 llegaron a Suecia- ha cambiado la situación política casi en una noche. Hasta en octubre de 2015, había un amplio consenso sobre el hecho de que la gente en Suecia estaba dispuesta a “abrir su corazón”, por citar al antiguo jefe del partido conservador Fredrik Reinfeldt. Al comienzo, solo Demócratas de Suecia criticó la inmigración masiva. Cuando el partido comenzó a desarrollarse y las lagunas en la organización de la acogida de las personas refugiadas se hicieron evidentes, la mayor parte de los principales partidos, incluyendo la socialdemocracia, aceptaron de poner un punto final a esta práctica y adaptar la política sueca de inmigración a los criterios mínimos de la UE. Este cambio no era solo una adaptación formal, iba acompañado de un aumento de los sentimientos contra las personas inmigradas, de una agitación antimusulmana y de exigencias de una legislación más severa dirigida contra lo que se pretendía que eran crímenes ligados a las personas migrantes, incluso por parte de los partidos tradicionales, entre ellos los socialdemócratas en el gobierno.

Es evidente que una de las razones de esta evolución reside en la forma en que han actuado la socialdemocracia y el partido conservador frente a Demócratas de Suecia. Como había que esperar de la experiencia de otros países, su giro de táctica no ha funcionado. Demócratas de Suecia ha continuado desarrollándose a costa de esos dos partidos en particular.

- El resultado de las elecciones de septiembre de 2018 confirma esta conclusión. La socialdemocracia ha caído al 28,4% [bajada de 2,8%], su resultado más bajo desde su victoria electoral de 1921 [con el 36,2% de los votos]. El partido conservador ha perdido aún más, es decir, 3,5%. Y Demócratas de Suecia ha ganado cerca del 5%, alcanzando el 17,5%.

Otro resultado interesante de estas elecciones reside en el resultado obtenido por el Partido de Izquierdas que ha ganado un 2,2% para obtener el 7,9%. Este partido ha hecho una buena campaña y ha logrado movilizar un número impresionante de jóvenes. El partido Verde, en cambio, ha pagado un duro tributo por su coalición con la socialdemocracia. Ha perdido un tercio de sus votos en relación a 2014. Estaba cerca , con el 4,3% , de no alcanzar el 4% fijado para disponer de representación parlamentaria.

Esta tendencia ha sido aún más fuerte en las grandes ciudades; las elecciones nacionales, regionales y locales tienen lugar al mismo tiempo en Suecia. Antes de las elecciones, la alianza roja-verde tenía la mayoría en Estocolmo, Goteborg y Malmo. La subida del Partido de Izquierdas no ha podido compensar las grandes pérdidas del partido verde.

Incluso si Demócratas de Suecia es claramente más débil en Estocolmo y Goteborg en particular -con solo el 8% de los votos- puede impedir una mayoría del bloque de izquierdas y del de derechas.

En una perspectiva europea, el resultado de las elecciones quizás no es extraño. Suecia se adapta a una tendencia internacional.

Sin embargo, en el contexto sueco, se trata de una situación nueva y el resultado es un serio revés desde varios puntos de vista. Dos de ellos merecen ser mencionados aquí. El primero reside en la amenaza de una real influencia de Demócratas de Suecia en la política diaria del gobierno. Actualmente hay un atasco entre los dos bloques políticos tradicionales y Demócratas de Suecia podría decidir quién será el próximo Primer Ministro. La línea de demarcación que existía hasta ahora entre los partidos políticos tradicionales y el populismo xenófobo de derecha extrema ya no existe. Es evidente que el partido conservador está dispuesto a emprender negociaciones formales o informales con Demócratas de Suecia a fin de poder formar un gobierno de derechas. La experiencia danesa demuestra hasta qué punto pueden ser desastrosas las consecuencias en cuanto que tales formaciones pueden fijar la agenda política.

El segundo está ligado a la izquierda y a la clase obrera. Es cierto que el Partido de Izquierdas -antiguos comunistas (PC)- ha obtenido una subida sustancial del 5,7% al 7,9% y sobre todo ha podido realizar una campaña electoral llamativa entre la juventud. Sin embargo, la izquierda no ha sido nunca tan débil como hoy, reuniendo alrededor el 35% del electorado. Y la mayoría de la clase obrera ya no vota a la izquierda. Hace 30 años, el 80% de la clase obrera votaba por la socialdemocracia (y el 10% por el Partido Comunista). En 2014, el 50% de los miembros de los sindicatos ha votado aún por la socialdemocracia. En 2018, solo el 37% les han votado (y el 10% por el Partido de Izquierdas).

Es evidente que la principal razón por la que la socialdemocracia ha perdido su fuerte posición en el seno de la clase obrera es que ha abdicado frente a lo que antaño era su principal fuerza: la defensa de un Estado de bieneestar fundado en la igualdad y la solidaridad. Nada indica que hayan sacado alguna lección de ello. La principal ambición de la dirección del partido para resolver la coyuntura política presente es intentar formar una coalición con los partidos burgueses, lo que supondría un nuevo debilitamiento del Estado-providencia y la renovación de los ataques contra los derechos de la clase obrera.

12/09/2018

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article46036

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur

Kejll Östberg es profesor de historia contemporánea en la Universidad de Södertörn, en Estocolmo. Es autor de numerosos trabajos sobre la vida social y el movimiento obrero en Suecia, entre otros dos obras consagradas a Olof Palme cuyos títulos se podrían traducir así: el primero, “En sintonía con su tiempo: Olof Palme (1927-1969), y el segundo, “Cuando el viento ha rolado: Olof Palme (1969-1986), publicado por las ediciones Léopard förlag, en 2008 y 2010.

El resultado de las elecciones legislativas suecas del 9 de septiembre de 2018 confirma una tendencia general europea: un populismo de derechas en alza y una socialdemocracia debilitada.

La imagen tradicional de Suecia como patria de un Estado-providencia socialdemócrata progresista se ha difuminado desde hace decenios. Al menos desde las crisis profundas de la economía sueca de comienzos de los años 1990, el partido socialdemócrata SAP 1/ ha aceptado las grandes líneas de una política económica neoliberal que incluye desregulaciones y privatizaciones del sector público.

Al mismo tiempo, la organización del partido, antaño tan impresionante, ha quedado fuertemente debilitada. El SAP ha perdido los 2/3 de sus miembros durante los dos últimos decenios y la Confederación Sindical de las y los Trabajadores (LO) estrechamente ligada al partido, ha visto reducidos sus efectivos en 1/4 durante los diez últimos años. El partido, que durante 85 años solo había estado fuera del poder durante 9 años, perdió el poder en beneficio de un gobierno de derechas en 2006. Durante los ocho años que siguieron, este gobierno de derechas aceleró el desmantelamiento del sector público multiplicando las privatizaciones y las reducciones de impuestos.

Cuando la socialdemocracia volvió al poder en 2014, lo hizo a partir de una posición extremadamente debilitada. El partido, que durante mucho tiempo logró alrededor del 45% de los votos, alcanzó entonces el umbral del 31%. En el poder con su partido aliado, el Partido Verde [que obtuvo el 6,89%de los votos] y con el apoyo parlamentario del Partido de Izquierdas [que consiguió el 5,72% de los votos], el gobierno seguía siendo minoritario. Y no tenía ni la ambición ni el poder para cambiar fundamentalmente la política del gobierno saliente.

El resultado más espectacular de las elecciones de 2014 fue el ascenso de Demócratas de Suecia, populistas de derechas. Lograron más que doblar sus votos, alcanzando el 12,86% [5,7% en 2010], lo que implicaba que ninguno de los bloques políticos tradicionales fue capaz de formar una mayoría.

Contrariamente a sus partidos gemelos en Dinamarca [Dansk Folkparti -Partido Popular danés] y en Noruega [Partido del Progreso], el partido Demócratas de Suecia hunde sus raíces en organizaciones abiertamente racistas y pronazis. Desde el final de los años 1990, una nueva generación de jóvenes dirigentes ha logrado poner de nuevo en pie una organización partidaria eficaz, a partir de algunos bastiones locales en el sur de Suecia. La xenofobia y la orientación antiinmigración fueron la principal plataforma ideológica del partido y la principal razón por la que pudo ganar votos. Con una influencia parlamentaria creciente, este partido se ha esforzado por minimizar su retórica más abiertamente racista, expulsando incluso a algunos de sus representantes más excesivos.

Recientemente, el partido también ha intentado poner el acento en sus rasgos nacional-conservadores, acercándose a corrientes similares en Polonia y Hungría. Su política económica y social es cercana a la del partido conservador [que tiene el nombre de Moderados].

Durante mucho tiempo hubo un acuerdo de facto entre los partidos tradicionales en el parlamento a fin de intentar aislar a Demócratas de Suecia y abstenerse de negociar con dicho partido. Es la razón por la que los partidos de derechas aceptaron la coalición roja-verde de 2014.

La enorme ola de refugiados y refugiadas de 2014 y 2015 -respectivamente 80.000 y 160.000 llegaron a Suecia- ha cambiado la situación política casi en una noche. Hasta en octubre de 2015, había un amplio consenso sobre el hecho de que la gente en Suecia estaba dispuesta a “abrir su corazón”, por citar al antiguo jefe del partido conservador Fredrik Reinfeldt. Al comienzo, solo Demócratas de Suecia criticó la inmigración masiva. Cuando el partido comenzó a desarrollarse y las lagunas en la organización de la acogida de las personas refugiadas se hicieron evidentes, la mayor parte de los principales partidos, incluyendo la socialdemocracia, aceptaron de poner un punto final a esta práctica y adaptar la política sueca de inmigración a los criterios mínimos de la UE. Este cambio no era solo una adaptación formal, iba acompañado de un aumento de los sentimientos contra las personas inmigradas, de una agitación antimusulmana y de exigencias de una legislación más severa dirigida contra lo que se pretendía que eran crímenes ligados a las personas migrantes, incluso por parte de los partidos tradicionales, entre ellos los socialdemócratas en el gobierno.

Es evidente que una de las razones de esta evolución reside en la forma en que han actuado la socialdemocracia y el partido conservador frente a Demócratas de Suecia. Como había que esperar de la experiencia de otros países, su giro de táctica no ha funcionado. Demócratas de Suecia ha continuado desarrollándose a costa de esos dos partidos en particular.

- El resultado de las elecciones de septiembre de 2018 confirma esta conclusión. La socialdemocracia ha caído al 28,4% [bajada de 2,8%], su resultado más bajo desde su victoria electoral de 1921 [con el 36,2% de los votos]. El partido conservador ha perdido aún más, es decir, 3,5%. Y Demócratas de Suecia ha ganado cerca del 5%, alcanzando el 17,5%.

Otro resultado interesante de estas elecciones reside en el resultado obtenido por el Partido de Izquierdas que ha ganado un 2,2% para obtener el 7,9%. Este partido ha hecho una buena campaña y ha logrado movilizar un número impresionante de jóvenes. El partido Verde, en cambio, ha pagado un duro tributo por su coalición con la socialdemocracia. Ha perdido un tercio de sus votos en relación a 2014. Estaba cerca , con el 4,3% , de no alcanzar el 4% fijado para disponer de representación parlamentaria.

Esta tendencia ha sido aún más fuerte en las grandes ciudades; las elecciones nacionales, regionales y locales tienen lugar al mismo tiempo en Suecia. Antes de las elecciones, la alianza roja-verde tenía la mayoría en Estocolmo, Goteborg y Malmo. La subida del Partido de Izquierdas no ha podido compensar las grandes pérdidas del partido verde.

Incluso si Demócratas de Suecia es claramente más débil en Estocolmo y Goteborg en particular -con solo el 8% de los votos- puede impedir una mayoría del bloque de izquierdas y del de derechas.

En una perspectiva europea, el resultado de las elecciones quizás no es extraño. Suecia se adapta a una tendencia internacional.

Sin embargo, en el contexto sueco, se trata de una situación nueva y el resultado es un serio revés desde varios puntos de vista. Dos de ellos merecen ser mencionados aquí. El primero reside en la amenaza de una real influencia de Demócratas de Suecia en la política diaria del gobierno. Actualmente hay un atasco entre los dos bloques políticos tradicionales y Demócratas de Suecia podría decidir quién será el próximo Primer Ministro. La línea de demarcación que existía hasta ahora entre los partidos políticos tradicionales y el populismo xenófobo de derecha extrema ya no existe. Es evidente que el partido conservador está dispuesto a emprender negociaciones formales o informales con Demócratas de Suecia a fin de poder formar un gobierno de derechas. La experiencia danesa demuestra hasta qué punto pueden ser desastrosas las consecuencias en cuanto que tales formaciones pueden fijar la agenda política.

El segundo está ligado a la izquierda y a la clase obrera. Es cierto que el Partido de Izquierdas -antiguos comunistas (PC)- ha obtenido una subida sustancial del 5,7% al 7,9% y sobre todo ha podido realizar una campaña electoral llamativa entre la juventud. Sin embargo, la izquierda no ha sido nunca tan débil como hoy, reuniendo alrededor el 35% del electorado. Y la mayoría de la clase obrera ya no vota a la izquierda. Hace 30 años, el 80% de la clase obrera votaba por la socialdemocracia (y el 10% por el Partido Comunista). En 2014, el 50% de los miembros de los sindicatos ha votado aún por la socialdemocracia. En 2018, solo el 37% les han votado (y el 10% por el Partido de Izquierdas).

Es evidente que la principal razón por la que la socialdemocracia ha perdido su fuerte posición en el seno de la clase obrera es que ha abdicado frente a lo que antaño era su principal fuerza: la defensa de un Estado de bieneestar fundado en la igualdad y la solidaridad. Nada indica que hayan sacado alguna lección de ello. La principal ambición de la dirección del partido para resolver la coyuntura política presente es intentar formar una coalición con los partidos burgueses, lo que supondría un nuevo debilitamiento del Estado-providencia y la renovación de los ataques contra los derechos de la clase obrera.

12/09/2018

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article46036

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur

Kejll Östberg es profesor de historia contemporánea en la Universidad de Södertörn, en Estocolmo. Es autor de numerosos trabajos sobre la vida social y el movimiento obrero en Suecia, entre otros dos obras consagradas a Olof Palme cuyos títulos se podrían traducir así: el primero, “En sintonía con su tiempo: Olof Palme (1927-1969), y el segundo, “Cuando el viento ha rolado: Olof Palme (1969-1986), publicado por las ediciones Léopard förlag, en 2008 y 2010.


[1] Partido Socialdemócrata sueco de los trabajadores; en sueco Sveriges Socialdemokratiska Arbetareparti, SAP (Red.)

1/ Partido Socialdemócrata sueco de los trabajadores; en sueco Sveriges Socialdemokratiska Arbetareparti, SAP (Red.)





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