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Andalucía. Entrevista a Teresa Rodriguez
“Necesitamos seguir reproduciendo un sentido común alternativo”
22/07/2018 | Paco Aguaza

Las últimas semanas para Teresa Rodríguez (Rota, 1981) han sido de una actividad intensa: actos de presentación del proyecto Adelante Andalucía por diferentes provincias, unas primarias en Podemos Andalucía con cuestionamientos por parte de la dirección federal de su partido y que la ha confirmado como líder de esta formación y el cierre de la temporada en el Parlamento andaluz. Superados ya casi todos estos elementos, analizamos ciertas claves de estos procesos.

Has sido reelegida con las tres cuartas partes de los votos en las primarias de Podemos Andalucía y sin contar precisamente con el apoyo del aparato federal. ¿Cuáles son las claves? ¿Qué consideras que ha ofrecido tu candidatura a la militancia?
Creo que es una segunda vuelta de la II Asamblea Ciudadana andaluza. En aquella asamblea, hicimos una reflexión acerca de la necesidad de dar un segundo paso en la construcción de Podemos Andalucía que pasaba por transitar por ese carril lento del que hemos hablado tantas veces.

Íbamos por el carril rápido. La intención era conseguir victorias rápidas, en periodos electorales intensos, aprovechando un ciclo de desgaste de las fuerzas políticas del régimen, una crisis del régimen abierta, una sensación de desencanto por parte de la mayoría social, indignación, voluntad de cambio. Una vez que se atravesó y pasó ese ciclo electoral, ese carril lento pasaba por echar raíces en el territorio, con las fuerzas del cambio que ni en meses ni en tres años, como tiene Podemos de antigüedad, sino que en décadas han estado construyendo alternativas en cada una de las comarcas de Andalucía.

En ese sentido, esa es la demanda de autonomía que se hizo en la II Asamblea Ciudadana andaluza y, ahora, con un proyecto estratégico por delante, que es la confluencia y que se ha puesto sobre la mesa también en este proceso de primarias. Por eso entendemos que no es solamente el refrendo a una manera de entender la oposición en el parlamento, que también, a una oposición muy clara respecto al PSOE y a lo que es y a evitar la ilusión institucional de pensar que solamente formando parte del gobierno, aunque sea compartido con el Partido Socialista, seríamos capaces de cambiar las cosas. Hemos tenido una posición muy clara respecto al PP y al PSOE en Andalucía, señalándolos como fuerzas del régimen.

Por otro lado, la voluntad de construir un proceso con identidad propia en Andalucía que engancha con décadas, sino con siglos, de lucha andalucista que quiere acabar con una brecha respecto al resto del país y del continente y que solo se cierra con un proceso propio de autoconciencia, autoestima y un programa específico para acabar con esa situación de desigualdad.

La confluencia con Izquierda Unida viene de atrás. En Andalucía aporta una base electoral destacable, especialmente en el medio rural. Sin embargo, las alianzas con Primavera Andaluza o Izquierda Andalucista, son más recientes y hablamos de partidos con cierta implantación social y cultural pero no así cuando se traduce en votos. Entonces, ¿qué aportan estas formaciones de corte andalucista al conjunto de Adelante Andalucía?
Aportan algo muy importante y es haber conservado la tradición más sana del andalucismo. Son los sectores más críticos de la época del Partido Andalucista en la que decidió que había que gobernar con el PP y con el PSOE y con el que hiciera falta, que cogían la bandera andaluza pero abandonaron la bandera de la izquierda y de la transformación social. Aquellos sectores que en en aquella fuerza política hicieron una oposición clara a esa tendencia derechizante del PA y que luego conservaron en una travesía en el desierto esa bandera verde y blanca que sigue teniendo sentido a día de hoy. Nos aportan algo fundamental a una fuerza tan joven: conectar con aspiraciones históricas del pueblo andaluz y, además, lo han hecho de una forma muy generosa. Son fundamentalmente compañeras pero también compañeros que ponen a nuestra disposición un legado que han cuidado durante años en una situación de minoría. Y lo han cuidado para aportarlo a un proyecto común, sin pedir absolutamente nada a cambio, más allá de colaborar con un proceso de cambio en nuestra tierra. Para mí tiene mucho valor.

En el Grupo Parlamentario de Podemos Andalucía, empezamos a conectar con esa realidad también a través de José Luis Serrano, que fue un diputado por Granada que murió después de un año en el Parlamento andaluz y que también venía de esa tradición andalucista, que fue quien guardó la bandera del 4 de diciembre la histórica manifestación de Granada y que nos traía también ese legado.

También a través de nuestra relación con personas del Sindicato Andaluz de Trabajadores como Mari, del Coronil, que también trae ese bagaje de un feminismo rural y andaluz que tiene mucho valor, porque el andalucismo en nuestra tierra está muy vinculado a la lucha por la tierra y a la lucha del Sindicato de Obreros del Campo y del Sindicato Andaluz de Trabajadores.

Y también he tenido interés personal y lo he vivido de forma cercana porque mi padre era del Partido Socialista de Andalucía [PSA].

Más allá de eso, muy pronto empezó a aflorar la necesidad de tener un discurso propio andaluz. Porque pensábamos que incluso si somos capaces de gobernar en Andalucía y no cuestionamos estructuras que van más allá de lo que un gobierno autonómico puede decidir, que tiene que ver con la posición perdedora y periférica de Andalucía en el mercado a nivel estatal pero también a nivel europeo, que tiene que ver con la estructura de la propiedad de la tierra como base de otro tipo de debilidades y vulnerabilidad de nuestra economía...

Si no somos capaces de tocar esas estructuras que van a lo más profundo del reparto del poder en nuestra tierra, no vamos a ser capaces de cambiar la realidad de Andalucía por más que gestionemos de forma más saludable los recursos, seamos más transparentes, gestionemos mejor, limpiemos la administración y salvemos recursos para reinvertir en servicios públicos. No. Hay una estructura subyacente que hay que tocar que va más allá de lo que un gobierno autonómico puede hacer. Y eso solo puede hacer un pueblo consciente de esa realidad y con una determinación clara para cambiarla.

¿Cómo se concretan estas aspiraciones en un proyecto político?
Eso es una reforma agraria que lleva siglos esperando en nuestra tierra. Eso pasa por una apuesta estratégica por las energías renovables donde podríamos ser punteros y exportadores. Y eso pasa por tener recursos suficientes para llevar a cabo esa transición energética que pudiera hacer de Andalucía un vagón de arrastre de una economía con un desarrollo endógeno que está pendiente en nuestra tierra desde hace siglos. Con una reforma fiscal que sea capaz de recabar los recursos suficientes para ponerlo en marcha desde lo público y que empiece a funcionar.

Eso pasa también, evidentemente, por la apuesta por experiencias que ya están teniendo lugar en Andalucía desde lo público de circuitos cortos de producción y consumo, de agricultura ecológica. Experiencias donde desde lo público se está demandando y activando una demanda de producción local en ecológico. No solo la parte agroalimentaria sino también en otro tipo de demanda de bienes y servicios que tienen la administración. Una apuesta por la economía cercana, por las cooperativas de crédito, por los sistemas que pueden de alguna manera empezar a dar paso en la dirección de tejer un tejido casi autocrático que necesita Andalucía y que no lo ha tenido, que otros territorios sí lo han tenido, para empezar a pensar en la posibilidad de cerrar la brecha.

¿Formar el gobierno en Andalucía sería suficiente para conseguir eso?
No.

¿Que más haría falta?
Sería una palanca para activar otros mecanismos que se tienen que producir en el seno de la sociedad civil, que animan a un determinado comportamiento económico y social, que facilitan, potencian, exportan y reparten conocimiento a lo largo de nuestra tierra de experiencias que ya están teniendo lugar, de cooperativas de energía, de cooperativas de consumo, de cooperativas de producción, de monedas sociales. Toda una administración puesta a disposición de experiencias de cambio y buenas prácticas que ya se están dando en nuestra tierra ya sería dar pasos hacia adelante.

Pero no es suficiente. También necesitaríamos una administración y un Estado que pusiera la vida en el centro y apostara por una economía que genere empleo de forma digna y eso no solo en lo autonómico.

Yo creo que como pasa con las mujeres, las políticas que benefician a los andaluces benefician a la mayoría social porque históricamente hemos estado en esa posición de vulnerabilidad y, por tanto, el cambio no solo se tiene que producir en Andalucía, se tiene que producir también en España y en Europa, si nos ponemos, también.

La apuesta por las políticas sociales es una apuesta por el desarrollo de Andalucía porque cada vez que hay políticas que precarizan y que recortan en los servicios públicos nos perjudican a nosotros especialmente. Perjudican a las mujeres también especialmente y a las personas con discapacidad, a los colectivos, a los pueblos que están en una situación de mayor vulnerabilidad.

Hemos hablado de cuáles serían los ejes de la acción política de Adelante Andalucía si logra llegar a gobernar. Pero, ¿cuál sería la medida prioritaria?
Medidas prioritarias hay muchas. Yo creo que lo primero que tendríamos que hacer al llegar al poder, no lo prioritario sino lo primero, es auditar la administración. La administración pública andaluza es un aparato con un poder enorme que se malgasta por la vía de la construcción de un aparato que no distinguió entre partido, gobiernos y administración. Por eso, lo primero sería auditar la máquina con la que uno pretende cambiar la realidad en Andalucía. En segundo lugar, sería aligerarla seguramente o reforzarla en aquellos lugares donde ha estado demasiado aligerada. Hacer un esfuerzo ímprobo por deshacer las redes y estructuras de poder clientelares y paraadministrativas que no tienen ningún tipo de garantías.

Desde el Gobierno se tiene que hacer política. Muchas veces nos muestran que un gobierno es un aparato burocrático o tecnocrático. Y no es verdad. El Gobierno tiene que hacer política, tiene que soñar transformaciones necesarias a una realidad injusta. Eso es lo que tiene que hacer un gobierno. No es un aparato administrativo como muchas veces se nos intenta mostrar que es el Gobierno andaluz. Pero la Administración tiene que estar profesionalizada y en este caso nos encontramos con un gobierno muy burocrático y tecnocrático, con una administración muy politizada. Hay que darle la vuelta a esa tortilla.

En la esencia de Podemos se encuentra la participación ciudadana. ¿Cómo se articularía la cesión, por parte de la administración, de poder de decisión y gestión a la ciudadanía?
Hay muchas vías. Fundamentalmente, para mí sería la mezcla perfecta entre lo que ha hecho Pablo Soto en el Ayuntamiento de Madrid y lo que ha hecho [Nacho] Murgui en los barrios, ya desde antes de cuando era presidente de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Madrid. Creo que es una mezcla entre participación digital, aplicando las nuevas tecnologías a la participación política, pero también a la presencial, a la deliberativas, a construir en torno a los servicios públicos consejo de participación.

Yo vengo del ámbito de la escuela y antes, al principio, cuando entró la democracia en el ámbito educativo, los consejos escolares tenían mucho más peso en la organización de la vida en los centros que el que tienen ahora. Se ha ido hurtando a esos consejos escolares para dársela al director, que es como el burócrata o el comisario político recortador de la administración pública. Eso pasa en sanidad, en servicios sociales y en toda la administración pública andaluza.

Hay que recuperar los consejos de participación en los centros sanitarios, donde también hay consejos de usuarios y profesionales para articular y dirigir la vida en esos centros, que tienen que ser algo más que el sitio donde se dispensan servicios sino que son espacios de socialización y de empoderamiento ciudadano. Y luego para decisiones puntuales relevantes se puede articular también una participación digital muy potente.

Hemos desgranado cuál sería la acción política del gobierno autonómico si Adelante Andalucía consigue una victoria electoral. Sin embargo, las encuestas no dibujan ese panorama, sino uno en el que el PSOE-A gana las elecciones sin alcanzar la mayoría absoluta. Llegado este punto, ¿se contempla la posibilidad de allanar el camino a una alianza entre Partido Popular y Ciudadanos para desbancar a un partido que lleva gobernando Andalucía durante casi cuatro décadas? O por el contrario, ¿se plantearía el apoyo a un posible gobierno socialista para evitar que PP y Cs llegasen a formar gobierno?
Nosotros lo hemos definido de forma muy precisa y certera para que no exista incertidumbre posible. Nosotros nunca ni por acción o por omisión, si está en nuestras manos, vamos a hacer posible un gobierno de la derecha. Ni del PP, ni de Ciudadanos, porque sería como el ejercicio definitivo de la frustración: como no somos capaces de cambiar Andalucía por la vía de la confianza en la supuesta izquierda del Partido Socialista, pues optamos por la derecha como voto de castigo. Esa es una de las posiciones más repetidas en este país y no queremos que se reproduzca en Andalucía.

Vemos que hay una resistencia histórica que tiene que ver con la memoria de los pueblos de Andalucía a la derecha de la que estamos orgullosos y orgullosas, incluso si el efecto ha sido generar una especie de monstruo burocrático desfigurado políticamente como es el actual Gobierno andaluz. Pero, viéndolo por la parte positiva, somos la única comunidad autónoma que se ha resistido a la derecha a lo largo de su historia democrática y no vamos a poner fin a esa tradición de seguir siendo una barrera infranqueable para la derecha.

Dicho esto, tampoco vamos a entrar en un gobierno con el Partido Socialista si hay que darle la investidura porque no somos capaces de tener mayoría. En algunos lugares como Cádiz han sido ellos los que han tenido que votar nuestra investidura. En este caso, lo haríamos y tendría que negociar con nosotros cada presupuesto, cada ley. Podríamos trabajar cada enmienda de cada decreto. Sería un trabajo parlamentario intenso que creo que también sería interesante. Conectando siempre con la sociedad civil, con quienes vienen demandando reivindicaciones concretas desde hace mucho tiempo.

¿Cómo debería ser la relación de Andalucía con el núcleo del Estado español y con sus periferias? ¿Y aplicándolo al caso de un partido político como Podemos?
Bueno, nosotros tenemos un proyecto de transformación que va más allá de Andalucía, entre otras cosas porque nuestro marco de lucha incluso va más allá del propio Estado español. Entendemos que es necesario combatir las políticas de la Unión Europea que también va a hacer de barricada última del cambio. Incluso, si damos pasos hacia un cambio democráticamente decidido siempre nos vamos a encontrar con el escollo de la Unión Europea. Recuerdo unas declaraciones de [Jean-Claude] Juncker en las que le decía a los griegos que no tenían derecho a decidir democráticamente salirse de los tratados de la Unión Europea, lo cual es una contradicción absoluta, pero de hecho es así. Nuestro espacio de lucha está en el Estado español y está también al nivel de la Unión Europea.

Creo que desde Andalucía hay una aportación histórica fundamental tanto para la configuración democrática de este país como para el reconocimiento de las nacionalidades históricas, donde Andalucía tuvo un papel importante al conquistar por la vía de la movilización y del referéndum.

Las reivindicaciones que le van bien al pueblo andaluz le van bien a la mayoría social del resto del país, con ciertas similitudes con el movimiento feminista. Las reivindicaciones del movimiento feminista no son solo para las mujeres porque su puesta en marcha suponen poner la vida en el centro y benefician a la mayoría social. En el caso de Andalucía respecto al conjunto del Estado sería parecido.

Hay otra cuestión también y es la necesidad de repensar el Estado español desde un punto de vista más cooperativo y menos centralista donde no haya desarrollo de uno por la vía de subdesarrollo de otro. Ahora mismo en España, la Comunidad de Madrid es un territorio de dimensiones similar a la provincia de Cádiz, cuya fábrica más importante es básicamente el poder, y tiene un producto interior bruto superior al de Andalucía, con agricultura tropical, el puerto de Algeciras, ocho millones y medio de consumidores, el turismo de Málaga,... ¡No tiene sentido! Algo ocurre para que las rentas se concentren de forma artificial en determinados centros de poder. Hay que deshacer esa injusticia porque tampoco beneficia a la mayoría social de Madrid sino solamente a quienes concentran las fortunas.

¿Ese mensaje descentralizador se le podría enviar también a la dirección federal de Podemos?
Yo creo que sí, que tenemos que aspirar, incluso en Andalucía, a repartir más el poder. Ahora mismo yo he ganado las primarias con una candidatura que se llama “Teresa Rodríguez” y hemos hecho uso de ese factor personal desde el principio de la creación de Podemos y asumiendo una autocrítica por ello desde el primer momento.

Recuerdo perfectamente la primera rueda de prensa del Teatro del Barrio de Madrid. Pablo Iglesias decía ante una pregunta de un periodista, creo que era de Diagonal, sobre si no le parecía un proyecto demasiado personalista y él contestó que sí. Y lo es porque venimos de una crisis de la identidad colectiva en nuestro país, de una sensación de derrota de los proyectos colectivos, del sindicalismo como espacio de socialización, del partido como lugar donde volcar las aspiraciones colectivas, del asociacionismo vecinal como un sitio donde aunar voluntades y reivindicaciones. Se decidió por la transición, se institucionalizó y, de alguna manera, se perdió. Por tanto, era necesario construir nuevas identidades colectivas. En un primer momento era necesario auparse sobre determinadas legitimidades individuales, pero hay que transitar hacia liderazgos plurales.

En Andalucía, también habría que repartir el poder entre las 62 comarcas que forman Andalucía y no solamente en un aparato centralizado en Sevilla. Y eso, empiezo por la autocrítica, también para el conjunto de la organización a nivel estatal.

Entonces, ¿no vas a disolver Podemos Andalucía?
No (risas). Yo creo que no hay que disolver nada. Lo que hay que generar son nuevos espacios donde seguir esperando el desborde. Me parece que Podemos no nació como un aparato que quisiera reproducirse a sí mismo durante 150 años. No queremos formar un PSOE que dure 200 años y mantenga en los cargos, a ser posible, a las mismas familia durante décadas. Lo que queríamos era articular políticamente la reivindicación social y la indignación: una traducción en una política de transformación y una estrategia de poder eficiente fuera sea capaz de hacernos ganar por una vez.

Eso era Podemos y eso debe seguir siendo. Por tanto, ahora en Andalucía el proyecto estratégico de Podemos es Adelante Andalucía como un espacio al que se pueda sumar gente que identitariamente ya no se identifica con Podemos porque es una identidad ya consolidada, pero que a lo mejor si quieres formar parte de un espacio más amplio donde esté Podemos, Izquierda Unida, Primavera Andaluza y otros colectivos a los que queremos atraer.

Ha salido antes a relucir el movimiento feminista. Salvando las distancias, el 8-M ha ejercido también un rol similar al del 15-M en el sentido de que ha sabido sumar fuerzas y ha sido transversal. En grandes movilizaciones posteriores, como por las pensiones, se ha percibido que no solo han participado pensionistas. Esta dinámica de suma de reivindicaciones sociales y apoyo mutuo, ¿crees que se puede mantener?
Cuando yo estaba en los movimientos sociales siempre he tenido compromiso político, pero muy parcial. Formaba parte de una cierta tendencia siempre a transitar de lo social a lo político para tratar de establecer una estrategia ganadora.

Entonces, yo pensaba que cuando hiciéramos un partido político que fuese capaz de cambiar la realidad y que tuviese la valentía suficiente, la correlación de fuerzas suficiente y el programa suficientemente valiente —las tres cosas, como para cambiar la realidad— sería porque los movimientos sociales se han puesto en contacto entre sí y han visto que tienen un problema común —que es básicamente el sistema y la necesidad de transformar— que son capaces de diseñar una alternativa para ponerla sobre la mesa y entonces ganarán y conseguirán el apoyo de una mayoría social. Eso es lo que yo tenía en la cabeza. En ningún caso, que un tertuliano televisivo de La Sexta iba a fundar un partido en torno a sí y que esto iba a hacer tambalear un régimen entero, que iba a hacer caer a un monarca, hacer que el Partido Popular hiciera primarias a la interna, que iba aparecer un señor de anuncio que es Pedro Sánchez para decir que venía de nuevo a transformar las cosas o iba a aparecer Albert Rivera y Ciudadanos como la regeneración de una derecha ya casi podrida.

Ese ciclo de cambio se ha producido a raíz de la aparición de Podemos o, cosa más positiva, gobiernos municipales del cambio, el que haya un 20% de la población en este país que ya estaba gobernada por candidaturas del cambio en las ciudades más importantes, en cuanto a población. No era lo que yo tenía en la cabeza que todo eso se iba a generar a raíz de un tertuliano que de repente fundaba un partido. Pero ha sido así, los caminos del cambio son complejos.

A mí me gustaría que hubiera un proceso de movilización social, porque Podemos no fue solo obra de personas muy inteligentes en el uso de la palabra. Ese Podemos y esas personas consiguieron conectar con un sentido común que ya se estaba fraguando por abajo. Ese sentido común y la legitimidad con la que consiguió apoderarse la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. En este país ya había una mayoría social que justificaba que se parasen los desahucios con los propios cuerpos de los vecinos y vecinas frente a la policía y a los bancos. En este país había un acuerdo muy amplio con un movimiento como el 15-M que decía "no queremos ser mercancía en manos de políticos y banqueros", que es una reivindicación de mucha radicalidad y profundidad. Ya había un sentido común alternativo en torno a las mareas con el que Podemos conectó y necesitamos seguir reproduciendo ese sentido común alternativo.

Si el sentido común se convierte en la guerra de banderas y en el orgullo patrio irracional interclasista que no ve las desigualdades sociales sino el odio interterritorial, el odio al que es diferente, al que es de fuera, al que quiere autodeterminarse o al que se busca la vida, entonces estaremos transitando hacia una sociedad absolutamente derechizada. Nadie nos ha dicho que en este país estamos exentos de poder correr ese riesgo, cuando en nuestro entorno se están articulando alternativas y salidas a la indignación y a la frustración colectiva.

Necesitamos que se siga reproduciendo ese sentido común alternativo y, por tanto, la movilización es lo que hace que eso tenga lugar. En este momento, una de las cosas que más para a la extrema derecha en este país es el movimiento feminista; y nació sin que nadie mandara sobre él, como un movimiento altamente reticulado donde hay colectivos chiquitos y asociaciones consolidadas, donde hay coordinadoras territoriales y tuiteras. Y todo eso se articula con estructura de red para la movilización social. La marea pensionista, exactamente igual; el movimiento en defensa de la sanidad en Andalucía, igual. Creo que hay que apostar por seguir construyendo esos espacios en red donde se es flexible en la forma para obtener el resultado de que hay una participación mayoritaria.

¿A qué tienes que renunciar de tu faceta activista cuando llegas a liderar un partido con aspiraciones de gobierno?
Fundamentalmente, hay un problema de tiempo. El día tiene 24 horas y antes le dedicaba 24 horas al activismo social y ahora le dedico 24 horas a la pelea política.

Echo mucho de menos el activismo social a nivel personal. Me parece que hay muchas cosas absurdas en las instituciones y que en los movimientos sociales no pasan. Todo tenía un poco más de sentido.

Creo que es importante que incluso cuando ostentamos puestos de representación pública o institucional no perdamos de vista qué hacemos aquí, por qué venimos. Y no saquemos nunca el oído, las manos y los pies de afuera, de la gente que se sigue movilizando en la puerta del Parlamento, donde antes estábamos también nosotros y nosotras.

Una de las cosas que he aprendido aquí dentro es que lo que ocurre fuera de esa puerta tiene mucho más peso de lo que yo pensaba cuando estaba fuera. Lo primero que hace un representante público que tiene que votar las leyes que se aprueban aquí dentro es mirar el periódico para ver por dónde andan las presiones sociales, qué es lo que dice el lobby social. Por eso es tan importante que ese lobby exista: para influir sobre los legisladores y los gobiernos y seguir construyendo un sentido común alternativo y espacios de empoderamiento y de participación.

Ahora me toca estar aquí dentro. Dentro de poco me tocará estar otra vez fuera y seguiré construyendo eso y, además, quiero que construyamos una organización que cada vez pierda menos tiempo en cosas absurdas que ocurren en las instituciones. Aparentemente, es un trabajo muy riguroso el que hacemos aquí dentro pero que luego, visto con perspectiva, tiene poco sentido. También quiero que invirtamos mucho más esfuerzo en mirar hacia afuera y conectar con la realidad, social y de movilización. A veces, incluso en pos de un rigor institucional, somos capaces de trasladar la idea de que hay que desmovilizar y eso es muy peligroso. Porque en lugar de cambiar a las instituciones, la institución nos habrá cambiado a nosotras y nosotros y no estamos exentos de que eso ocurra.

Pero el hecho de estar dentro de una institución como el Parlamento de Andalucía, ¿te autocensura, te obliga a morderte más la lengua o te da más libertad para decir lo que quieras?
Creo que hay una cierta sensación de mayor poder fundamentalmente por la gente que te escucha, por la audiencia que se consigue. Pero yo creo que digo la misma cosa ahora aquí que la que decía fuera. A veces, incluso con más rabia al adversario por tenerlo cerca, ver cómo opera, ver cómo funciona el cinismo en la institución y los privilegios, las prebendas, las relaciones con la estructura de poder que generan desigualdad y sufrimiento social.

Eso no lo hemos perdido. Esa rabia sigue viva y ahora me parece que somos capaces de que nos oiga más gente que antes. Pero no es suficiente que seamos capaces de colocar mensajes y discursos radicales desde la instituciones. No es suficiente porque los cambios no se hacen con discursos, se hacen con correlación de fuerzas.

¿Algo más que decirle a quien lea esta entrevista?
Bueno, que ojalá se acerque un nuevo ciclo de movilizaciones que nos desborde a Podemos y nos disuelva. No tengo ninguna intención en disolver Podemos, pero ojalá haya una situación de desborde que nos pase por encima, nos disuelva y nos incluya.

20/07/2018

https://www.elsaltodiario.com/adelante-andalucia/entrevista-teresa-rodriguez-necesitamos-reproducir-sentido-comun-alternativo-podemos-adelante-andalucia





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