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Turquía
Erdogan se gana una prórroga institucional
29/06/2018 | Emre Ongün

Recep Erdogan aparece como vencedor del escrutinio del 24 de junio de 2018. Es efectivamente el ganador de unas elecciones diseñadas a medida para él. Pero estas elecciones no cambian las grandes dinámicas que actúan en Turquía y se parecen más bien a una prórroga.

Mirando los estudios de las cadenas de información turcas, no se podía sino tener un sentimiento de irrealidad ante el espectáculo de comentaristas charlando sobre las próximas elecciones locales cuando la mayoría de los municipios kurdos están bajo tutela del Estado que ha depuesto (y a menudo encarcelado) a sus alcaldías electas, o sobre la posibilidad de un “consenso nacional” cuando uno de los candidatos en las presidenciales, Selahattin Demirtas, por el HDP, está detenido en la cárcel de forma ilegal…

En efecto, primero hay que recordar que estas elecciones en Turquía se han desarrollado en un contexto de crisis económica y de represión generalizada desde hace muchos años, que se ha reforzado con el pretexto de la tentativa de golpe de Estado de julio de 2016, para reprimir a las fuerzas democráticas de Turquía sin ninguna relación demostrada con esa tentativa. Basta con recordar a los diputados detenidos, las purgas en las universidades y la función pública, los municipios kurdos colocados bajo la tutela del Estado o el estado de urgencia para comprender que este escrutinio no se situaba ni siquiera a nivel de los criterios (ya insuficientes) de una democracia parlamentaria…

La ley electoral ha sido modificada varias veces con el AKP teniendo todas las palancas del Estado y confundiéndose a menudo con él. En el municipio de Suruc, en la frontera siria, durante la semana de las elecciones, los equipos de un candidato AKP han disparado sobre los pequeños comercios cuyos propietarios habían indicado que no les votarían, con varias personas muertas en los enfrentamientos. El día mismo de la votación se han señalado numerosos fraudes o irregularidades, en particular por parte de la delegación observadora del PCF que ha sido agredida por el Estado turco.

Pero incluso con todos esos factores determinantes a su favor, Erdogan no ha logrado un triunfo. El 24 de junio se llevaban a cabo dos elecciones: la primera vuelta de las elecciones presidenciales (mayoritaria uninominal a dos vueltas como en Francia) y parlamentarias (sistema proporcional por lista departamental con un mínimo del 10% a escala nacional para poder entrar en el Parlamento, siendo la novedad que ya pueden constituirse coaliciones para evitar este obstáculo).

Los campos en presencia eran los siguientes:

- La coalición “del pueblo” que comprendía al AKP (partido de Erdogan), el partido ultranacionalista MHP (más otro pequeño partido conservador ultranacionalista, el BBP) presentándose al parlamento, con la candidatura a la presidencia de Recep Erdogan.

- La coalición “nacional”, que comprendía al CHP (miembro de la Internacional Socialista, “izquierda” nacionalista liberal), el Lyi Parti (“Buen partido”, escisión del MHP) y el Saadet (partido heredero de la tradición del “islam político” tradicional en Turquía, conservadora-social). Cada uno de esos partidos presentaba su propio candidato en la primera vuelta con acuerdo de desestimiento mutuo para la segunda vuelta.

- El HDP se presentaba solo y su candidato era Selahattiin Demirtas, su ex-copresidente precedentemente candidato en 2014 e ilegalmente detenido en prisión.

Los resultados oficiales (sin olvidar nunca lo que hemos dicho más arriba) se presentan así:

Presidenciales en %:

Erdogan (AKP+MHP) 52,4%

Ince (CHP) 30,8%

Demirtas (HDP) 8,3%

Aksener (Lyi) 7,4%

Karamollaoglu (Saadet) 0,9%

Perinçek (VP) 0,2%

Para las presidenciales, Erdogan parece haber aumentado ligeramente su resultado en relación a las de 2014 (51,8%)… pero sería olvidar que en 2014, su actual aliado del MHP apoyaba a un candidato común con el CHP.

El resultado mantenido por el MHP en la elección del 24 de junio es por otra parte la mayor sorpresa de estas elecciones.

Parlamentarias en %; Escaños; +/- en %

AKP : 42,54% de los votos, 295 escaños, -7,0%

MHP : 11,11% de los votos, 48 escaños, -0,8%

Total “Coalición del pueblo" : 53,65% votos, 343 escaños, -7,8%

CHP : 22,60% de los votos, 147 escaños, -2,7%

Iyi : 9,97% de los votos, 43 escaños, nuevo partido

Saadet : 1,60% de los votos, 0 escaños, 0,9%

Total “Coalición nacional" : 34,17% de los votos, 190 escaños

HDP : 11,69% de los votos, 67 escaños, 0,9%

En efecto, el MHP retrocede ligeramente pero este partido parecía en gran medida descapitalizado apareciendo como una “fracción exterior” del AKP, no teniendo ya rostro político propio y habiendo sufrido una escisión (el Lyi Partido que pasó a la oposición a Erdogan). Este último partido y su figura más visible, Meral Aksener, tras haber sido en gran medida presentados, en particular por la prensa internacional, como una “alternativa” a Erdogan (contra toda probabilidad) fracasan en su apuesta… y acaban incluso detrás de S. Demirtas en las presidenciales y detrás del HDP en el Parlamento.

Otra información significativa: a pesar de la represión de masas, el black-out mediático total, un candidato a la presidencia en prisión… el HDP mejora ligeramente su resultado en la elección parlamentaria en relación a noviembre de 2015. Hay que precisar también que las listas de candidaturas del HDP presentaban un perfil más de “izquierda” y “radical” que en elecciones precedentes, con la salida de figuras conservadoras como Altan Tan que se presentaba en las listas de Saadet. Una quincena de responsables de organizaciones que se reclaman del marxismo han sido elegidos y elegidas así como personalidades notables como el periodista de investigación Ahmet Sik o el actor Baris Atay.

Es significativo que en Estambul, el HDP obtenga el 12,5% logrando mejorar incluso su resultado histórico de junio de 2105. Lo mismo ocurre en Esmirna con el 11,3%. Ahora bien, es en estas metrópolis donde es mayor la distancia entre el resultado del HDP en la elección parlamentaria y el de S. Demirtas en la presidencial que no obtiene, por ejemplo, más que el 7,2% en Estambul. Esta distancia es mucho más débil en los departamentos kurdos. Esto tiene que ver muy probablemente con sectores democráticos turcos que desean que el HDP entre en el parlamento pero que estiman que el candidato del CHP, Muharrem Ince, está mejor colocado para derrotar a R. Erdogan y le prefieren a la candidata salida del fascismo Meral Aksener.

En efecto, M. Ince ha hecho eco a una cierta aspiración democrática del electorado tradicional del CHP adoptando un posicionamiento “abierto” sobre la cuestión kurda durante la campaña y visitando a S. Demirtas en su prisión. Considerado como un político sin envergadura hasta ahora, se ha mostrado como un duro e inspirado orador aunque cayera en la trampa de la personalización del debate con R. Erdogan. Su campaña ha suscitado un entusiasmo cierto que ha culminado con el inmenso mitin celebrado la víspera del día de las elecciones. Obtiene por otras parte un resultado más elevado que su propio partido que, más bien distanciado de su candidatura, había eliminado sus diputados y diputadas salientes que estaban más a la izquierda.

En el aspecto negativo de M. Ince, hay que señalar su posición hostil a las personas refugiadas sirias y su declaración al día siguiente del escrutinio (tras no haber tomado la palabra la noche de las votaciones) indicando que no había dicho jamás “que había que liberar a S.Demirtas” y poniendo en cuestión la imagen más democrática que se había construido probablemente bajo la influencia de los resultados de Lyi y, sobre todo, del MHP.

En fin, hay que subrayar la debilidad del resultado de Saadet y de su candidato a la presidencia. Aunque aparezcan en progresión, el hecho de que ya no estén bloqueados por el obstáculo del 10% al participar en la “coalición nacional” había hecho pensar que su resultado no sería testimonial. Esto subraya la crisis existencial del islam político turco que se muestra incapaz de ofrecer una alternativa en ese registro a un AKP que se confunde con el aparato del Estado, confundiéndose con el nacionalismo turco, vacío de toda sustancia intelectual y que la mayor parte de sus fundadores (salvo Erdogan) han abandonado.

Al final, R. Erdogan ha ganado gracias al apoyo del MHP sin el que no dispone de una mayoría parlamentaria; tiene por tanto necesidad del apoyo de los fascistas turcos, cuando su propio partido ha adoptado un curso ultranacionalista firme, y no se basta ya por sí mismo. Esta campaña fue notablemente diferente de las precedentes para el AKP. Hasta ahora, aunque fuera cada vez más ficticio, el AKP proponía un horizonte político, suscitaba una aspiración hacia ese horizonte, se situaba al nivel de los grandes proyectos de sociedad. Erdogan se decía siempre orgulloso de no tener que recurrir a expedientes electoralistas… cuando ahora ha recurrido a ellos masivamente.

La prórroga no depende principalmente de las capacidades políticas de sus opositores (en realidad, la debilidad de sus capacidades le permite mantenerse en el poder) sino de su situación. La crisis económica sigue ahí. Estas elecciones han podido adelantarse a sus efectos más notables, pero esta crisis no va a desaparecer: no cae del cielo ni de ningún complot internacional sino que se deriva de las contradicciones nacidas de la inserción de Turquía en el capitalismo mundializado. A esta crisis económica se añaden la cuestión de las personas migrantes que Turquía subcontrata para los estados europeos y la aventura militar en Siria a la que Erdogan se ha lanzado y de la que tiene necesidad para mantenerse en el poder. En resumen, una gran parte de las contradicciones globales se alimentan entre sí en una Turquía que aparece como un eslabón particularmente débil del sistema mundial capitalista. Perseguido por los efectos de estas dinámicas, la posición de Erdogan es similar a la del lobo descrita por L. Trotsky: “Si, en la estepa, un automóvil persigue a toda velocidad a un lobo, el animal acabará por quedarse sin aire y se tumbará, agotado. Pero si intentas ponerle un collar, intentará hacerte pedazos, o al menos herirte. Por otra parte, ¿qué otra cosa puede hacer en esas condiciones?”. Es la razón por la que es completamente absurdo esperar algún “pragmatismo” o una “apertura hacia la oposición” por parte de un Erdogan que ha obtenido una prórroga pero no puede sino emprender su huida hacia adelante. En revancha, sus mordiscos pueden ser terribles.

Las tareas en Francia no varían: actuar en solidaridad con los y las compañeras reprimidas en Turquía, informar sobre la realidad de lo que ocurre, luchar por una acogida digna de las personas refugiadas para arrancar esa palanca de las manos de R. Erdogan y contra el racismo estructural hacia las personas musulmanas en Francia que contribuye a que Erdogan se legitime en Turquía y en el extranjero.

25/06/2018

https://www.ensemble-fdg.org/content/elections-en-turquie-erdogan-gagne-un-sursis-institutionnel

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur







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