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Irak
Tras las elecciones, entre esperanzas y desconfianzas
26/06/2018 | Joseph Daher

En las primeras elecciones organizadas en el país tras la derrota del grupo yihadista del Estado Islámico en Mosul, la alianza electoral Sairún La marcha por las reformas, compuesta por el clérigo chiíta Muqtada al Sadr, el Partido Comunista Iraquí (PCI) y otros grupos políticos, ha sido la más votada. ¿Cómo explicar esta victoria? ¿Cuál es el programa y la estrategia de Sadr? ¿Qué se puede esperar?

La alianza Sairúnha ganado a la lista de la coalición Al Fath, rama política de las Hachd al-Chaabi (Unidades de Movilización Popular, UMP), milicias fundamentalistas chiítas apoyadas por Irán, dirigidas por Hadi al-Ameri, una personalidad cercana a Irán y antiguo jefe de la milicia Badr. La milicia Badr controla el Ministerio del Interior.

El Primer ministro saliente Haider al-Abadi, único candidato de consenso entre Estados Unidos e Irán, llega en tercera posición, mientras que la lista de la Coalición por el Estado de Derecho, del antiguo primer ministro Nouri al-Maliki, llega la cuarta. Maliki dirige el partido Dawa, del que es miembro Abadi. Antes de las elecciones habían anunciado que presentarían listas separadas y se reunirían para formar una coalición en el nuevo gobierno.

Desconfianza contra el sistema confesional

Este escrutinio ha permitido desalojar a numerosas personalidades políticas casi inamovibles desde la caída hace 15 años de la dictadura de Saddam Hussein, que han perdido su escaño. En efecto, hay un 65% de nuevos diputados y diputadas, es decir 215 de 329.

Tras las elecciones, se han lanzados numerosos informes y acusaciones de fraude electoral, por parte, fundamentalmente, de personalidades políticas importantes que han perdidos sus escaños, reclamando en algunos casos un recuento de votos y en otros una anulación del escrutinio. Tras algunas semanas de incertidumbres y varias sesiones sin quorum, el 6 de junio los diputados salidos de las elecciones precedentes aprobaron una proyecto de ley parlamentaria ordenando un recuento manual de todos los votos de las elecciones legislativas iraquíes del 12 de mayo. El parlamento votó igualmente la suspensión de la Alta Comisión Electoral que es reemplazada por nueve magistrados. Igualmente, habrá un juez en cada provincia iraquí que supervisará el nuevo recuento de votos. La Comisión ha declarado que recurriría la ley votada por el parlamento ordenando un recuento nacional de votos y la suspensión de su papel.

El movimiento sadrista ha rechazado estas medidas. El principal consejero de Sadr, Dhiaa al-Asadi, declaró en un tweet que todo fraude o violación en el proceso electoral debía ser condenado y ser tratado por la Comisión independiente de las altas elecciones y el Tribunal federal. Pero el consejero expresó igualmente inquietudes sobre el hecho de que ciertos partidos intentaban sabotear la victoria de Sadr, acusando a los perdedores de las recientes elecciones de desviación y de manipulación del parlamento. Muntadhar Al Zaide, célebre por haber lanzado su zapato contra el antiguo presidente estadounidense George Bush y que fue elegido por la lista de Sairún, denunció también estas decisiones y declaró que “los políticos que han perdido no han digerido su derrota y hoy intentan frenar nuestro proyecto y nuestra voluntad de reformar el país. Intentan cometer fraude para ganar y mantenerse en el poder”.

Estas decisiones han aumentado las tensiones en el país, sobre todo tras una explosión que provocó 18 muertos y más de 90 heridos en Sadr City, el principal bastión de Sadr en Bagdad, el día mismo de la votación en el Parlamento para el recuento de votos, probablemente tras la explosión de un escondite de municiones perteneciente a su milicia, las Brigadas de la Paz. El 8 de junio, una serie de explosiones sacudió, también, la ciudad de Kirkuk al menos en tres lugares diferentes. Algunas semanas antes, el cuartel general del Partido Comunista en Bagdad fue atacado con dos bombas artesanales.

La incertidumbre se extendía aún más tras el incendio el 10 de junio del depósito de las papeletas de voto de la mayor circunscripción de Irak, la circunscripción de al-Roussafa, el sector este de Bagdad.

Las fuentes de la victoria de Sairún

La victoria de esta alianza es producto de dos factores. En primer lugar, hay una verdadera desafección y desconfianza de los y las ciudadanas contra el sistema político confesional y neoliberal del país, que ha conducido a desigualdades sociales crecientes y a numerosas crisis en el suministro de servicios esenciales. Las elecciones solo han movilizado al 44,52% de las y los electores, la más baja participación en unas elecciones desde la caída de Saddam Hussein en 2003. En la capital, Bagdad, que cuenta con 69 escaños en el parlamento, solo votó el 33% de las y los electores. Según las estadísticas del gobierno iraquí, la tasa de pobreza extrema se elevaba al 22,5% en 2014, lo que era en gran medida considerado como una subestimación. Otras estimaciones indican que un poco menos de 10 millones de iraquíes viven en una pobreza horrible. La segunda fuente más importante de la victoria de la alianza es el rechazo a la corrupción y al personal político en el poder.

La alianza electoral La marcha por las reformas ha capitalizado las protestas populares masivas que se producen desde 2015 contra el sistema político confesional, la corrupción y las desigualdades socioeconómicas, la falta de provisión de servicios (como por ejemplo el agua y la electricidad) 1/. La alianza entre sadristas, el PCI y diferentes grupos e individuos se ha construido por otra parte como consecuencia de esas amplias movilizaciones populares que tenían, en particular, el eslogan de Pan, libertad, Estado civil (no confesional) 2/. El PCI y otras componentes populares laicas eran la punta de lanza en la organización de las manifestaciones semanales de los viernes en la plaza Tahrir, a algunos pasos de la zona verde y de la sede del gobierno iraquí. La gente partidaria de Sadr se sumó a estas manifestaciones populares masivas desde su inicio. En 2016, sus partidarios y partidarias irrumpieron en la zona verde fuertemente fortificada de Bagdad y tomaron temporalmente el control de los edificios del gobierno.

El secretario general del PCI, Raid Jahid Fahmi, explicó que en la preparación de las elecciones, su partido y la corriente sadrista habían convenido concentrarse en un cierto número de cuestiones y de objetivos comunes: combatir el paro y la corrupción y oponerse a las influencias exteriores en Irak. Las diferencias evidentes entre los dos actores en cuestiones como los derechos de las mujeres o el laicismo no fueron abordadas, según se dijo. Sobre la cuestión de los derechos de las mujeres, los sadristas no se movilizaron contra la ley Jaafari 3/, propuesta por los movimientos fundamentalistas islámicos chiítas en el Parlamento a finales de 2017, que socava, sobre bases conservadoras y confesionales, los derechos legales de las mujeres.

Una de las principales razones por las que el PCI buscaba aliarse con los sadristas era tener acceso a su base popular, en gran parte compuesta de clases populares chiítas. El movimiento sadrista es una red nacional de actores sociales, religiosos y militares. Además de esto, el PCI esperaba seguir empujando a Sadr y a su movimiento hacia una posición más civil y menos islámica.

Los principales temas abordados en el programa de Sairún son la lucha contra el terrorismo, la reconciliación nacional y la unidad, una nueva ley electoral, una mejora de la gobernanza y la lucha contra la corrupción y el acceso garantizado a los derechos humanos y sociales (educación, seguridad social, nivel de vida y vivienda). No obstante, el programa de Sairún sigue siendo muy vago sobre cómo combatir la corrupción o el confesionalismo político, la militarización de la sociedad; sobre la política económica, por ejemplo, no hay ninguna mención de una detención del proceso de privatizaciones 4/. Por otra parte, como escribe Zahra Ali, muchos movimientos de izquierdas 5/ y de jóvenes que han participado en las protestas populares de estos últimos años “han sido críticos respecto a esta alianza con los sadristas. Si hay quien teme la instrumentalización en su beneficio y el monopolio sadrista en este movimiento surgido originalmente de la sociedad civil, otra gente ve una contradicción esencial entre la naturaleza civil de las protestas y la identidad confesional e islamista de los y las sadristas, así como su implicación en la corrupción gubernamental y la violencia confesional. Así, frente al fracaso de las protestas masivas en demanda de una reforma de la ley electoral que privilegia a los grandes partidos en el poder, mucha gente ha decidido, sencillamente, boicotear las elecciones. Se podía ver en las fotos de los perfiles de gente joven en las redes sociales la banderola de “Boicotea, para no legitimar los bloques de la corrupción” 6/.

Numerosos activistas políticos en los medios sociales han publicado el hashtag “lan intakhab” (“No votaré”), llamando al boicot a las elecciones.

No a la influencia extranjera

Sobre la cuestión de la influencia extranjera en Irak, Muqtada al-Sadr ha planteado en numerosas ocasiones la necesidad de la plena soberanía política de Irak, manteniendo incluso posiciones muy firmes y hostiles hacia Teherán y rechazando toda injerencia política o militar iraní en Irak. Sus partidarios se concentraron la noche del anuncio de los resultados en el centro de Bagdad, cantando consignas como “Fuera Irán”.

Sin embargo, Sadr no pone en cuestión de forma fundamental la influencia iraní, intentando preferentemente una forma de consenso, y ha atenuado ya su discurso contra Teherán. Sadr ha señalado por otra parte que, como vecino, Teherán tenía intereses regionales, pero que esperaba que la República Islámica de Irán no intervendría en los asuntos iraquíes. El día del anuncio de los resultados, Sadr incluso demandó a sus partidarios cesar con las consignas hostiles a Irán, advirtiendo igualmente que “quien no lo haga arrastrará a Irak hacia la guerra y la violencia. No es necesario atacar a países vecinos”.

Sin embargo, Teherán que tiene una influencia política, militar y económica muy importante en el país, ve con malos ojos la victoria de esta alianza dirigida por Sadr, de quien los dirigentes iraníes no se fían. En el pasado mes de febrero, Ali Akbar Velayati, el más cercano consejero del guía supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, había declarado: “No dejaremos a los liberales y los comunistas gobernar Irak”. Por consiguiente, inmediatamente después de la votación, Teherán lanzó una ofensiva política para intentar unir a sus aliados y bloquear la vía de Sadr hacia el poder. Los dirigentes iraníes cambiaron rápidamente de posición al comprender que marginar a Sdr era demasiado problemático e intentaron incluir a Sadr en una alianza chiíta suficientemente amplia como para neutralizar su influencia.

El 10 de junio, el influyente comandante jefe de los Pasdaran, Qassem Soleimani y Mojtaba Jamenei, hijo del dirigente supremo, el ayatolá Ali Jamenei, se reunieron con Ameri y el antiguo primer ministro Nuri al-Maliki, ambos aliados cercanos, en la embajada de Irán en Bagdad, para intentar influenciar la formación del gobierno. Soleimani aprovechó la ocasión para reclamar “un gobierno fuerte, lejos de las presiones americanas y sauditas y de la injerencia extranjera”.

Sadr se reunió también con los embajadores de todos los países vecinos de Irak -Turquía, Siria, Jordania, Arabia saudita y Kuwait- con excepción de Irán. El enviado presidencial especial americano, Brett McGurk, también acudió a Irak para reunirse con diferentes partidos a fin de influenciar las conversaciones de formación del gobierno. Sadr denunció la influencia americana en el país, declarando que Estados Unidos son un país ocupante y afirmando que no les permitiría intervenir.

La milicia armada de Sadr, en una época llamada el Ejército del Mehdi, había organizado dos levantamientos violentos contra las fuerzas de ocupación americanas tras la invasión y los responsables americanos lo describieron entonces como la mayor amenaza para la seguridad de Irak. Su milicia también fue acusada entre 2003 y 2008 de haber establecido escuadrones de la muerte contra los musulmanes sunitas. Él mismo fue acusado de haber ordenado el asesinato en 2003 de un rival, Abdel Majid al-Khoei, una de las razones para su exilio temporal en Irán. Sus milicianos también atacaron establecimientos de bebidas y homosexuales antes de que en agosto de 2016 hiciera un llamamiento a cesarr esos ataques.

Sadr disolvió la milicia durante el período de su exilio, reformando la milicia desde las Brigadas de la Paz en 2014 que han combatido al EI a su vuelta de Irán. Tras la explosión en Sadr City en Bagdad mencionada antes, Sadr ha llamado a todos los grupos armados a entregar sus armas al gobierno y ha declarado que el distrito de Sadr City sería una zona sin armas a finales de mes. Sin embargo, ya en diciembre de 2017, Sadr dio a entender que su milicia estaba dispuesta a entregar sus armas al gobierno después de la derrota del EI.

Esta vez, el llamamiento de Sadr parecía tener por objetivo apaciguar las tensiones entre su movimiento y el gobierno. El Primer Ministro Haider al-Abadi declaró que el almacenamiento de municiones en un barrio residencial era un crimen y ordenó al Ministerio del Interior que investigara el incidente y llevar ante la justicia a quienes habían ocultado esas armas.

Sin embargo, Sadr subrayó que la campaña de desarme debería dirigirse contra todos los grupos armados y advirtió que sus partidarios no debían ser el único objetivo del gobierno; si no, “habría consecuencias negativas”, según declaró. Añadió que “esta medida también debe incluir a las fuerzas de seguridad oficial que utilizan armas sin permiso ni piedad; esas fuerzas son aún jóvenes y deben ser rehabilitadas”, una referencia clara a las unidades de movilización popular (UMP). Las UMP han sido formalmente integradas en las estructuras de seguridad oficial del país, y las milicias han roto oficialmente sus conexiones con sus alas políticas, aunque los lazos informales sigan siendo fuertes.

Por ejemplo, varios miembros de las UMP dimitieron del movimiento y luego se presentaron a las elecciones con la coalición Al Fath. La ley iraquí prohíbe a los miembros de sus fuerzas de seguridad presentarse a las elecciones. Las UMP adquirió una gran popularidad entre los sectores de las clases populares chiítas por su lucha contra el EI.

Sadr, ¿qué cambio?

Cuando solo era diputado, Sadr participó en las tres elecciones legislativas desde 2003. Sadr dirigió el Bloque al-Ahrar, la coalición parlamentaria del movimiento sadrista que organiza la política oficial del movimiento. Los miembros de al-Ahrar cuentan con sus propios salarios para sostener al movimiento sadrista, aunque muchos hayan explotado sus posiciones para amasar fortunas personales sustanciales, como el antiguo vice primer ministro Bahaa al-Araji. El movimiento sadrista había también utilizado las instituciones gubernamentales en el pasado para consolidar y reforzar sus redes clientelistas.

Antes de las elecciones, Sadr cambió el nombre de su movimiento Ahrar a Istiqama (o Integridad) y prohibió a todos sus antiguos diputados presentarse de nuevo. Algunos miembros de los movimientos se irritaron por estas decisiones. Además, cuando se acercaron las elecciones, miembros clave de al-Ahrar, entre ellos muchos que luego han abandonado el partido, criticaron abiertamente a Sairún, la alianza política de Sadr con el Partido Comunista Iraquí, que se presenta como laico.

Algunos días después de los resultados de las elecciones, Sadr emprendió discusiones para la formación de un gobierno tecnócrata con el primer ministro Abadi, que llevó a cabo políticas neoliberales y de privatización de varios sectores económicos, y con personalidades y grupos políticos que no ponen en cuestión el sistema político confesional y neoliberal del país, sino que lo apoyan, como por ejemplo Hadi El-Ameri, personalidad cercana de Irán y antiguo jefe de la milicia Badr, el clérigo y dirigente del movimiento islámico Hikma (Sabiduría) Ammar al-Hakim, el antiguo primer ministro Ayad Allaoui y el presidente de la coalición decisión iraquí Osama Najafi.

Sadr no intenta poner en cuestión el sistema político iraquí sino encontrar un lugar para él y su movimiento. Por ejemplo, había anunciado que no se comprometería políticamente con Ammar al-Hakim o no compartiría una plataforma con él antes de las elecciones. Ahora bien, tras una reunión el 7 de junio, Sadr concluyó una nueva coalición, la Alianza Paternal Nacional Mayoritaria, con el movimiento islámico Hikma de Ammar al-Hakim y al-Wataniya de Ayad Allaoui, que publicó una breve hoja de ruta describiendo sus principios fundamentales, incluyendo el reforzamiento de la unidad iraquí, de la democracia y de las libertades y un respeto total de la constitución (y por tanto del sistema confesional). En el plan de esta nueva alianza figura igualmente su apoyo a las políticas neoliberales en el país mencionando la necesidad de reformas económicas que reforzarían y activarían el sector privado, e impulsarían la inversión.

Algunos días más tarde, el 13 de junio, Moqtada al-Sadr y Hadi el-Ameri, jefe de la alianza Fateh, anunciaron una alianza de sus dos bloques políticos y el comienzo de las discusiones para formar un gobierno. Sadr declaró que esta alianza no significaba el final de su acuerdo precedente con Wataniya e Hikma. Los dos principales partidos kurdos, el PDK y el PUK, declararon que apoyaban la alianza Ameri-Sadr.

A pesar de los llamamientos a la lucha contra la corrupción y la necesidad de reformas, esta alianza hecha con dos personalidades claves del sistema político confesional parece más bien alentar su continuación. Sadr había también declarado antes de las elecciones que no se comprometería políticamente con Ammar al-Hakim o que no compartiría una plataforma con él.

Conclusión

El sistema político confesional se estableció como consecuencia de la invasión de Irak por Estados Unidos y Gran Bretaña en 2003 y consolidado por las clases dirigentes confesionales y burguesas iraquíes. Es muy difícil contemplar soluciones a los problemas de democracia, de injusticias socioeconómicas y de desarrollo económico para las clases populares iraquíes en el seno del sistema político confesional que mantiene y protege la dominación de la clase dirigente y de sus privilegios. Las diferentes fracciones de la burguesía iraquí han explotado la renta petrolera para construir y consolidar redes clientelistas y de corrupción masivas, mientras que la mayoría de la población en Irak ha continuado sufriendo la falta de empleos y de servicios. Estas elecciones han indicado claramente el descontento de las clases populares del país contra este sistema político y sus representantes.

La esperanza no reside forzosamente en la victoria de la alianza electoral realizada por Sadr, incluso si esto representa una expresión de desconfianza y de hartazgo contra el sistema confesional, sino en las continuas protestas populares contra el sistema político confesional, la corrupción y las políticas neoliberales de los gobiernos iraquíes, en particular contra los procesos de privatización de diferentes sectores económicos. Numerosos trabajadores y sindicatos han proseguido sus huelgas y protestas contra los procesos de privatización del sector de la electricidad previsto por el gobierno iraquí. Igualmente, ha habido manifestaciones para protestar contra los cortes de electricidad y las disminuciones de electricidad en Bagdad, Tikrit, en la provincia de Saladin, en Muthana y otras partes del sur de Irak, así como tras la crisis del abastecimiento de agua.

La resistencia también continua de las asociaciones y grupos feministas contra la ley Jaafari ha sido significativa. Majeda Al-Tamimi, célebre por su lucha contra la corrupción, la injusticia social y el confesionalismo, así como por su rechazo de la ley Jaafari, fue reelegida en Bagdad, como candidata en la lista de Sairún, por delante de la mayoría de electos hombres, con sus 55.184 votos, demostrando su popularidad. Estas elecciones podrían por tanto representar un nuevo paso adelante en la profundización de las resistencias populares por abajo y en la construcción de alternativas progresistas a las clases dirigentes confesionales y neoliberales iraquíes.

(Agradezco a mi camarada Ansar su ayuda y sus comentarios)

20/06/2018

http://www.contretemps.eu/irak-sadr-espoirs-mefiances/

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur


1/ https://syriafreedomforever.wordpress.com/2015/08/18/irak-un-petit-vent-despoir/

2/ Ver : https://syriafreedomforever.wordpress.com/2015/08/18/irak-un-petit-vent-despoir/; https://syriafreedomforever.wordpress.com/2016/02/26/٢٦-شباط-٢%D9%A0١٦-مظاهرات-في-العراق-ضد-النظا/ ; https://syriafreedomforever.wordpress.com/2016/02/20/مظاهرات-في-العراق-ضد-النظام-الخبز-والح/

3/ https://orientxxi.info/magazine/offensive-contre-les-femmes-en-irak,2146

4/ http://www.m.ahewar.org/s.asp?aid=596127&r=0

5/ Ver la posicion del Partido Comunista Iraquí en http://www.ahewar.org/debat/show.art.asp?aid=599699

6/ (http://vientosur.info/spip.php?article13879) y https://www.rosalux.de/en/news/id/38931/left-wing-alliances-and-political-contestation-in-lebanon-and-iraq/







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