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Entrevista a Mickael Correia
"La práctica del fútbol es un campo de lucha"
26/06/2018 | Julien Salingue

¿Se puede ser de izquierdas y que te guste el fútbol? ¿Se puede amar el fútbol sin apoyar las derivas del fútbol-negocio? ¿Puede abstraerse el fútbol de las correlaciones de fuerzas políticas y sociales? Otras tantas preguntas que se plantean de forma recurrente, en particular con ocasión de grandes acontecimientos deportivos como la Copa del Mundo que se está jugando actualmente en Rusia. Para intentar abordar estas cuestiones de forma original, nos hemos entrevistado con Mickael Correia, periodista en CQFD y autor de una notable Historia popular del fútbol 1/, que pilla a contrapié a una visión “por arriba” de este deporte ultrapopular, y propone estimulantes reflexiones sobre el lugar del fútbol en nuestras sociedades.

Tu libro se llama Una historia popular del fútbol. Se ve inmediatamente la referencia a otras historias populares, de los Estados Unidos de Howard Zinn, de la humanidad por Chris Harman o de Francia de Gérard Noiriel (que saldrá publicado el próximo mes de noviembre). ¿Porqué has querido situarte en este espacio crítico contando una historia popular del fútbol?

Estoy convencido, con otros por supuesto, de que la historia es un campo de batalla, que hoy está claro con figuras reaccionarias y caricaturescas como Lorant Deutsch y Stéphane Bern, pero también de que la historia siempre la escriben los vencedores, o al menos los dominantes. En el fútbol es lo mismo: hay una historia oficial del fútbol, con los grandes campeonatos, los grandes clubs, los grandes jugadores, que en realidad es la historia del fútbol profesional, un fútbol de élite, que sirve a un fútbol que es ante todo una diversión mercantil. Lo que yo quería hacer es una historia diferente, por abajo, que demostrara que la práctica del fútbol, que hay que diferenciar del espectáculo, es un campo de lucha: la historia del fútbol como práctica es una historia de acaparamiento, de desposesión, de reacaparamiento y, contrariamente al discurso dominante, es algo muy político, que ha sido un vector de organización colectiva, de lucha, de emancipación, etc. El fútbol ha acompañado siempre a las luchas sociales, a los grandes acontecimientos históricos, como hemos visto recientemente con las primaveras árabes de 2011 o el movimiento de la plaza Taksim en Turquía en 2013. Es lo que yo he querido contar, esas prácticas, que son también prácticas de lucha, para que las conozca mucha gente, se las apropie y para inspirarse en ellas.

¿Cómo analizas el desinterés, incluso el desprecio que puede existir en una cierta izquierda en relación a los deportes populares, y en particular al fútbol?

Sobre este tema hay que recurrir a la historia, pues a menudo se conoce poco. Este debate sobre el lugar del fútbol en la sociedad está planteado, en el seno del movimiento obrero, desde comienzos del siglo XX. Por hablar de Francia, el fútbol está sobre todo en la órbita de la patronal industrial y la Iglesia, y el debate va a plantearse en el movimiento obrero: el fútbol se está convirtiendo en un deporte popular, en particular entre los obreros, ¿qué hay que hacer? Va a haber duros debates, que se pueden ver incluso en las páginas de l´Humanité. Algunos afirman que el fútbol es algo que inculca, por naturaleza, la competencia, que borra las distinciones de clase, encontrándose todo el mundo con la misma camiseta, lo que hace de él una herramienta de control social: en lugar de sindicarse, de participar en las luchas, el obrero prefiere, en el poco tiempo libre que tiene, jugar al fútbol. Otra gente, entre las cuales está un periodista de L´Humanité, van a explicar que a los obreros les gusta el fútbol, evidentemente, y que entonces la cuestión está más bien en saber cómo retirarles de las garras del deporte corporativista de la fábrica y de la iglesia, y cómo dar un sentido político diferente al fútbol: este último no es necesariamente una herramienta de control social o una forma de aprender la división del trabajo, y puede ser una buena escuela de cooperación, de aprendizaje de la construcción y de la acción colectivas, del hecho de sacrificarse por el colectivo, etc.

¿Con resultados concretos?

A partir de 1908 aparecen clubs rojos y una primera federación deportiva obrera. Es al comienzo algo modesto, un puñado de equipos de fútbol, pero poco a poco se va a tener un verdadero movimiento obrero deportivo que, por otra parte, va a seguir la evolución del movimiento obrero. En el congreso de Tours en 1920, el movimiento obrero deportivo va a escindirse en dos, con una federación deportiva socialista y una federación deportiva de obediencia comunista. Estas dos federaciones van a reagrupar a alrededor de 200 equipos de fútbol, que van a ser un importante espacio de reclutamiento militante. Hacer venir a los obreros a esos clubs es un medio de politizarles, es también una forma de poner en escena la cultura obrera: camisetas rojas y/o negras, clubs de fútbol en cuyos nombres se encuentran las palabras estrella, trabajo, socialista, etc. Cuando se organizan partidos o torneos, se arrancan las banderas azul-blanco-rojo (colores de la bandera francesa) y se las reemplaza por banderas rojas, se canta la Internacional antes de los partidos, hay discursos políticos que preceden y/o siguen a los partidos, etc.

Y cuando digo que esta historia sigue la evolución del movimiento obrero, esto es algo muy concreto en 1934, en la dinámica del Frente Popular y de los llamamientos a la unidad frente al fascismo, con la creación de la Federación deportiva y gimnástica del trabajo (FSGT), producto de la fusión entre la Unión de sociedades deportivas y gimnásticas del Trabajo (USSGT, socialista) y la Federación deportiva del trabajo (FST, comunista). Y algunos militantes van a ir a ver a sus camaradas diciéndoles que la unidad política es posible puesto que ha sido posible en el deporte, en el seno de una federación que cuenta entonces con más de 100.000 afiliados.

¿Y desaparecen las críticas?

No, siguen existiendo, y van a conocer un nuevo desarrollo en los años que siguen a Mayo 68, en particular con los sociólogos freudo-marxistas, de los que uno de los más conocidos es Jean-Marie Brohm, que van a desarrollar una crítica radical del deporte. Explican que el deporte es un nuevo opio del pueblo, y que la ideología deportiva es una ideología capitalista y fascistoide. Es una teoría saludable, muy seductora, que va a irrigar hasta hoy a todos los movimientos de izquierdas, en particular a propósito del carácter alienante del deporte. Y es algo que se encuentra a gran escala, pienso por ejemplo en la figura del beauf de Cabu 2/, del forofo racista, etc. Esto se desarrolla tanto más cuanto que Francia no es un gran país de fútbol como Italia, Inglaterra o España, y donde no hay muchas figuras públicas, intelectuales, que afirmen su amor por el fútbol. Aparte de Camus, Pasolini, Semprún, no hay mucha gente.

¿Piensas sin embargo que haya que descartar esta crítica por completo? La dimensión alienante del deporte es innegable: espíritu de competición, chauvinismo, etc.

Esta teoría es interesante pero me parece que tira al bebé con el agua de la bañera. Es una confusión entre de una parte el deporte-espectáculo, el fútbol-negocio y, de otra parte, el fútbol como una práctica. Pues el fútbol sigue siendo ante todo una práctica pobre: solo tienes necesidad de un balón, las reglas son muy sencillas, etc. Encuentro además, desde un punto de vista militante, que el rechazo en bloque del fútbol es una aberración estratégica y política: hoy, el elemento cultural más estructurante en las clases populares y entre la juventud de los barrios populares ¡es el fútbol! Y es una locura que la izquierda no se interese por ello… Esto ha sido uno de los motores para la escritura de mi libro: el fútbol es un terreno de encuentro, de diálogo, un medio de ir a discutir en particular con la juventud de los barrios populares, un punto de enganche genial. Considero que la izquierda ha perdido una oportunidad en y desde los años 1970, que hay que poner en relación con la evolución sociológica de la izquierda e incluso de la extrema izquierda, menos ancladas en los medios populares, más producto de las clases medias.

¿Pero piensas verdaderamente que en la hora del fútbol-negocio, de los miles de millones invertidos en el fútbol, los procesos que has descrito sobre la primera mitad del siglo XX, podrían ser reproducidos? Incluso en los pequeños clubs de aficionados, el fútbol-espectáculo tiene repercusiones sobre las aspiraciones de los y las jóvenes que vienen a jugar, con la idea de que si quieres verdaderamente realizarte, hay que ir a un gran club. ¿Cómo imaginar clubs que propongan un fútbol diferente en tales condiciones?

En realidad el otro fútbol ya existe, y ha existido siempre. Está, para comenzar, todo el fútbol de fuera de la institución, fuera de la federación, que se conoce poco pero que es un fenómeno masivo. Se tiene una mirada muy europea sobre la cuestión, pero si miras el fútbol en el mundo, es algo que está en muy gran medida fuera de la institución: en Brasil, por ejemplo, donde el fútbol es el rey, el fútbol es ante todo un deporte de calle; hay más de 200 millones de brasileños y apenas 2 millones de licenciados en los clubs, lo que indica que el fútbol en Brasil es primero y ante todo el que se practica de forma salvaje, en las calles, es el alma misma del fútbol brasileño. El mayor campeonato aficionado del mundo se desarrolla allí, es una competición ultrapopular, e incluso tipos como Neymar vienen de un fútbol aficionado muy particular que viene de Sao Paulo. Tienes también el ejemplo de Senegal, que estoy trabajando, con los navetanes, un campeonato interbarrial que se organiza a escala nacional durante la estación de las lluvias, con más de 3.500 clubs que tienen 500.000 jugadores afiliados, es decir 10 veces más que la Federación Senegalesa de Fútbol, que intenta, con su mayor socio, Orange, controlar ese campeonato sin lograrlo pues quienes lo organizan rechazan las lógicas comerciales.

En Francia también, a menor escala, tienes fenómenos de ese tipo: el número de licencias en la Federación se estanca, pues hay un fútbol que se juega en la calle, un verdadero fútbol popular. Hay que comprender que en las familias pobres, en las que hay bastantes niños y niñas, pagar licencias a todo el mundo no está tan claro, pero resulta también que para ciertos jóvenes tener horarios estrictos de entrenamiento es algo que no les gusta nada, etc. Hoy, el número de chavales que juegan al fútbol todo el día, sobre todo el fin de semana, completamente fuera de cualquier institución, es enorme, no tienes mas que mirar en los barrios de París… Y en el equipo de Francia hoy tienes jugadores como Pogba, Dembele, que han aprendido el fútbol en la calle, al pie de los edificios.

Después, evidentemente, vas a tener modelos salidos del star-system que van a servir de referencia, pero después de todo el fútbol, es una cultura de masas, como el cine, la música, etc., y se sabe que incluso en las expresiones más underground del cine o de la música se tiene en cuenta siempre a las grandes referencias: el fútbol popular, alternativo, y el fútbol mercantil, no son dos esferas estancas. Y se ve claramente que el fútbol institucional va a su vez a sacar cosas del imaginario de la calle, igual que las grandes marcas de equipamiento deportivo.

Una última cuestión, sobre los forofos y los clubs de forofos. Cuando se miran los estadios, estamos obligados a constatar que algunos clubs de forofos son verdaderos viveros para la extrema derecha, lo que es un argumento utilizado por las personas más críticas del fútbol. Este fenómeno explica también una cierta aprensión, incluso un rechazo, por parte de gentes de izquierdas, para las que esta implantación de la extrema derecha en las tribunas sería la demostración de que no hay, muy al contrario, esencia progresista en el fútbol. ¿Se trata de un fenómeno intrínsecamente ligado al fútbol, está más ligado a las condiciones políticas, económicas y sociales, o es que hay un poco de las dos cosas?

Uno poco de las dos en realidad. En la cultura ultra, pero también en el movimiento hools, del que han salido los hooligans, hay una adhesión al club, y por tanto a un cierto territorio, pero también a una cierta identidad, la ciudad, el club, etc. Y es cierto que estas dos temáticas, territorio e identidad, pueden ser fácilmente utilizados en su provecho por la extrema derecha, que puede manipularlas fácilmente. Y desgraciadamente es lo que ha ocurrido. El movimiento hooligan inglés ha sido infiltrado por los grupos de extrema derecha ingleses, neonazis, desde finales de los años 1970, aprovechando la crisis económica y la política ultraliberal y represiva de Thatcher. Esto ocurrió también en Italia en el movimiento ultra, con una infiltración de las tribunas por los movimientos fascistas a finales de los años 1990, que han hecho que cambiaran de sentido unas tribunas que eran más bien de izquierdas, como el AS Roma.

Para mi es un fenómeno muy interesante pues las cuestiones de identidad y de territorio son de alguna forma ángulos muertos en la izquierda, sinónimos de repliegue, lo que se puede comprender en un período de delirio identitario y de racismo antimigrantes. Pero la identidad puede también ser algo colectivo, muy inclusivo. Y lo mismo ocurre con el territorio, que puede ser el soporte de un imaginario político muy interesante. El ejemplo que doy a menudo, un poco para provocar, es la ZAD (Zona a Defender) de Notre-Dame-des-Landes 3/, donde hay verdaderamente un territorio que ha sido defendido llevando un imaginario político bastante loco, que ha sido el portador de un verdadero movimiento social ampliamente apoyado. Cuando se trataba claramente de una lucha anclada en un territorio, pero de un territorio abierto al otro, con la afirmación de una identidad particular, pero de una identidad colectiva, anclada en una historia social, la historia de las luchas campesinas, etc. Yo soy forofo del Red Star de Saint-Ouen, y estamos apegados a nuestra tribuna, a nuestro estadio, y no es algo anodino, pues él mismo está unido a una historia particular, una historia social, a la Resistencia, etc. Se defiende una tribuna exenta de represión policial, exenta de comportamientos racistas, sexistas u homófobos. Nosotros también tenemos una identidad y un territorio a parte entera: no es un terreno especialmente propicio para la extrema derecha, los movimientos de izquierdas deben también apropiarse de esta cultura y de esos lugares, que pueden además ser lugares de apoyo mutuo en los que se desarrolle un imaginario político mucho más placentero que el de la extrema derecha.

24/06/2018

https://npa2009.org/actualite/politique/la-pratique-du-football-quil-faut-differencier-du-spectacle-est-un-champ-de

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur

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1/ Éditions la Découverte, mars 2018, 416 pages, 21 euros.

2/ El beauf de Cabu, Se refiere a un estereotipo de francés medio, vulgar, inculto, y limitado. Beauf es la abreviatura de Beau frère, cuñado. Cabu es un dibujante francés que publicó en el Le Canard Enchaîné en los años 1970 -ndt.

3/ Zona A Defender de Notre-Dame-des-Landes. Desde la década de los 70 existe una lucha entre las personas que habitan esta zona (en su mayoría dedicadas a la agricultura), y el gobierno, que plantea construir un nuevo aeropuerto en esa zona. Ver https://es.wikipedia.org/wiki/Zone_À_Défendre -ndt.



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