aA+
aA-
Grabar en formato PDF
1968 en el Estado español
El año en su contexto
22/06/2018 | Josep Maria Antentas

1968 figura en un lugar preeminente en la historia popular del siglo XX. Pensar sobre él en clave del Estado español implica a la vez analizar el impacto del “1968 global” y situar los acontecimientos de ese año en el Estado español en el contexto más amplio de ascenso del movimiento anti-franquista 1/.

Puede afirmarse, como hace Kristin Ross, que no hubo un 68 en España 2/. Pero ello debe interpretarse en el sentido de que no hubo un Mayo excepcional, un Mayo-Acontecimiento. Pero no en el sentido de que no sucedió nada, sino que 1968 debe insertarse en una dinámica general de aumento de la contestación social y del movimiento estudiantil durante toda la década. No una explosión de Mayo, pero sí un agitado curso 1967-68 que se enmarcaba en el ascenso continuado de la protesta estudiantil desde 1964-1965, la emergencia de un nuevo movimiento obrero en torno a las Comisiones Obreras desde 1962, y el crecimiento del PCE y la izquierda revolucionaria.

La falta de un evento "Mayo del 68", en Mayo o en otro momento de dicho año, hace que a menudo en los análisis internacionales del 68 España no figure entre los más destacados 3/. Pero si ponemos el foco no en el año sino en el periodo, sin duda la lucha anti-franquista fue uno de los grandes movimientos de la época. Entender el 68 español es en este sentido entender el auge del antifranquismo durante los años anteriores y su evolución posterior tras el Estado de excepción de enero de 1969.

Distorsiones

La interpretación de 1968 ha sido, y sigue siendo, un campo de batalla político e intelectual. Entre las lecturas retrospectivas de 1968 distorsionadas las más habituales son la reducción de los acontecimientos a un conflicto generacional y a una revuelta socio-cultural. En definitiva una visión “despolitizada y despolitizadora” de Mayo del 68 que, como señala Daniel Bensaïd 4/, le amputa su dimensión anti-capitalista y lo reduce a un "deseo de liberación anti-autoritaria y de modernización de las costumbres". En esta interpretación sesgada de 68 opera lo que Kristin Ross llama una doble confiscación del acontecimiento: una biográfica, que liga el movimiento al itinerario biográfico de algunos de sus líderes que se erigen en sus intérpretes legítimos y dan sentido a lo que ocurrió en función de su posición posterior, y otra sociológica, que canoniza un relato generacional y modernizador 5/.

Las lecturas sesgadas del 68 español y, más en general, del anti-franquismo dan eco también de esta visión despolitizadora, culturalista y generacional. Pero junto a esta trivialización habitual del 68 internacional, en el caso español coexisten una serie de miradas distorsionadoras específicas. Todas cumplen la doble función de limitar la profundidad política de las protestas de la época y reafirmar una teleología histórica por la cual el curso de lo acontecido tras el Franquismo fue el único posible.

La primera, consiste en negar la efervescencia política de la España de la época. Es decir, aprovechar la falta de un “acontecimiento Mayo del 68” en el Estado español para disolver la importancia del antifranquismo, banalizarlo y considerarlo una cuestión secundaria en una sociedad beneficiada por la liberalización y el desarrollismo. Negar la mayor es, en cualquier caso una mecanismo habitual de la historiografía y el pensamiento conservador sobre los años sesenta en general y que afecta incluso, como analiza Ross, al propio Mayo francés 6/.

La segunda, es limitar el anti-franquismo, y el movimiento estudiantil en particular, a un movimiento simplemente democrático, en pos de un cambio político que homologara España a las democracias occidentales europeas. Ligadas a menudo a la política del PCE de la época y defendidas retrospectivamente por antiguos izquierdistas que evolucionaron hacia el PSOE, estas interpretaciones tienen una concepción reduccionista del movimiento estudiantil tanto en lo que se refiere a la radicalidad de sus demandas como a su función general de espacio de politización de la juventud y de palanca de luchas más amplias 7/. Sin embargo, la "democracia" por la que luchaban los estudiantes en 1968, por muy imprecisa que fuera en su formulación concreta, tenia un significado más amplio que la "democracia" que se consolidó tras la transición y poseía un importante componente socializante. En palabras de Álvarez Cobelas el movimiento estudiantil luchaba por un "socialismo de caracteres difusos y contradictorios" 8/. Y, de hecho, como nos recuerda Manolo Garí, junto a la consigna básica de "universidad democrática" el movimiento utilizaba otras como "universidad popular" que mostraban la voluntad de ir más allá de un mero "democratismo" homologable al capitalismo occidental y de cuestionar el rol de la universidad como instrumento de reproducción de las élites 9/.

La tercera, supone aislar el anti-franquismo de su contexto internacional. Ello sirve, de nuevo, para limitar su alcance y contenido y reducirlo sólo a una lucha por la democracia obviando su carácter más o menos difuso socializante y anticapitalista, en fase con la ola contestataria de la época 10/. Aunque respondía a la situación social y política específica del Estado español, el movimiento debe ser puesto en relación al escenario político, social y cultural internacional. Los hechos de 1968 tuvieron lugar en contextos nacionales específicos, y carecieron de coordinación y vínculo directo a pesar de algunos lazos informales entre activistas, pero 1968 como tal presenta las características de un acontecimiento global 11/. En este sentido me parece más acertado el énfasis en la dimensión global del acontecimiento que no lo contrario, como tiende a hacer Richard Vinen 12/. El 68 español debe ser analizado desde ésta perspectiva global. No para difuminar sus particularidades y considerarlas como una mera expresión local de una dinámica global, sino para entender mejor sus características. Lo nacional y lo internacional están relacionados entre sí y no pueden ni disolverse el uno al otro ni disociarse rígidamente.

La cuarta, variante de la anterior, la afirmación que no hubo un 68 español porque España estaba aislada del continente europeo. En realidad ni la dictadura ni la censura impidieron la difusión de las ideas radicales en boga a escala internacional. Los protagonistas de los acontecimientos de 1968 en cada país se identificaron con las protestas en otros y tuvieron conciencia de vivir un momento global 13/. Esto es válido también para España donde durante a segunda mitad de los sesenta los militantes universitarios fueron, desde su situación particular, como señala Jaime Pastor, "incorporándose así a un proceso de radicalización que llegaría a tener un alcance mundial" 14/. Los problemas de la universidad española y de la condición estudiantil presentaban similitudes con las de Europa Occidental, aunque mediados lógicamente por la dictadura que condicionaba su desarrollo, formas de actuación y definición de las prioridades políticas. El discurso falso de que entonces el Estado español estaba “fuera de Europa” obvia la conexión subjetiva e intelectual del antifranquismo con la izquierda internacional de la época y sirve para asociar la entrada en Europa con la entrada en la CEE en 1986 y con la modernización del PSOE post 82 15/.

Finalmente, la última lectura distorsionada, como recuerda Fernández Buey, es atribuir al cambo sociocultural modernizador post-68 de la sociedad española, empezando por la transformación del papel de la mujer, a una consecuencia mecánica de las políticas desarrollistas practicadas por el régimen, cuando en realidad no podrían entenderse sin el impacto de los movimientos contestatarios del periodo. Dicha lectura busca, una vez más, minimizar el impacto de la lucha de los sesenta-setenta en la sociedad española. Si en Francia algunas lecturas conservadoras, como las enarboladas por Sarkozy en 2007, intentaban atribuir a Mayo del 68 la responsabilidad por el ascenso del individualismo competitivo y el narcisismo consumista, la variante invertida de dicha tesis en el caso español sería negarle su papel en la modernización socio-cultural positiva de la sociedad española.

El contexto del 68

1968 se sitúa hacia el final de una década de cambios en el régimen iniciados en las postrimerías de los años cincuenta marcados por el fin de la autarquía, el desarrollismo y un muy leve aperturismo político. Desde finales de los cincuenta se promulgaron un abanico de Leyes que modificaban el ordenamiento legal establecido tras la guerra, pero sin variar la naturaleza autoritaria del régimen, y buscaban su relegitimación interna e internacional. Estos cambios legales mantuvieron el carácter anti-democrático del régimen pero facilitaron la creación de "espacios de contestación" 16/.

El 68 llegó tras varios años de ascenso del anti-franquismo en la universidad, en el mundo obrero, en la Iglesia, y entre la intelectualidad. Desde 1962 había empezado, tras las huelgas de los mineros asturianos, una reconstrucción del movimiento obrero con la emergencia de las comisiones obreras. A partir de entonces, en un contexto de crecimiento de la urbanización y la industrialización, de formación de una nueva clase trabajadora y de aumento del nivel de vida, la conflictividad obrera fue un fenómeno recurrente y en auge. Las comisiones obreras se expandieron tras 1962 y se consolidaron en las elecciones sindicales de 1966, padeciendo tras ellas una fuerte represión y su ilegalización en marzo de 1967 17/. Dentro de su propia especificidad y de las particularidades de la lucha contra el franquismo, su ascenso está emparentado con el "nuevo movimiento obrero" en auge durante los sesenta en el conjunto de Europa occidental 18/.

Los años sesenta vieron emerger también lo que vendría a definirse como el problema estudiantil. Desde 1965 la conflictividad universitaria era una cuestión de orden publico y que emborronaba la "paz" oficial de España cuyo 25 aniversario se acaba justo de celebrar. Se estaba produciendo un "fracaso de la socialización política franquista de los jovenes" 19/, que el propio régimen no dejaba de constatar. El viejo falangismo, superado por la situación, carecía ya de facto de un plan de trabajo político entre los estudiantes para ganarlos a su causa y la facción en ascenso de la dictadura, el Opus Dei, encarnaba a una minoría centrada en conquistar posiciones en la cúspide del Estado pero sin un proyecto viable de socialización política por abajo de masas de la juventud universitaria 20/.

Desde 1965 la universidad se convirtió en un foco constante de protesta, teniendo a Madrid y Barcelona como sus dos puntales desincronizados. Uno de los rasgos característicos de la fase fue "la falta de sincronía entre los movimientos de las dos universidades cuantitativamente más importantes del país" 21/ y también entre estas dos y el resto de distritos universitarios. El movimiento estudiantil tuvo una particular geografía y temporalidad mostrando una “discordancia de los tiempos y de los espacios”, para utilizar la fórmula de Daniel Bensaïd 22/, habituales en muchos movimientos sociales. Siguiendo una pauta habitual en todo proceso de intensificación de la protesta, ésta experimentó también una extensión geográfica, expandiéndose también, aunque de manera desigual, al resto de distritos universitarios que, sin embargo, estuvieron siempre por debajo del nivel de contestación de las dos principales ciudades.

El movimiento chocaba inicialmente con una universidad franquista caracterizada por su mediocridad, su función propagandística del régimen y por su desconexión con el trabajo científico e intelectual internacional. Era tan mediocre intelectualmente como decadente institucionalmente. La masificación, aunque menor que en la mayoría de países europeos, de la universidad no hizo sino agudizar los déficits estructurales de la misma en lo relativo a la docencia y funcionamiento. Las obsoletas estructuras de la universidad, agravadas por la endémica falta de recursos, experimentaron una creciente inadecuación en una universidad formada ya por los hijos de una incipiente clase media en ascenso y de las familias pertenecientes al bando vencedor de la guerra.

La lucha contra el obligatorio Sindicato Español Universitario (SEU) y por la obtención de una representación democrática estudiantil constituyó el eje estratégico del periodo 65-68. En la I reunión nacional de estudiantes celebrada en Barcelona, en marzo de 1965, se acordó el impulso de estructuras democráticas autónomas de los estudiantes en confrontación con el SEU. Ello culminaría en Marzo de 1966 con la creación del Sindicato Democrático de Estudiantes (SDE) de la Universidad de Barcelona en una asamblea realizada en el convento de los padres Capuchinos de Sarriá, cuyo amparo de los estudiantes ante el cerco policial tuvo un gran impacto. Ha sido habitual desde entonces considerar que para el movimiento estudiantil barcelonés, “nuestro 68 fue el 66" 23/, si bien ello debería entenderse en el sentido de que fue el momento decisivo para la eclosión de la protesta estudiantil y no en el sentido de considerar que lo acontecido en ese año es equivalente al significado global de los acontecimientos del 68 en Francia para la historia de dicho país. La fundación del SDE en Barcelona serviría de modelo para la creación de muchos otros SDEs en el 67 y 68, entre ellos el SDE de la Universidad de Madrid fundado el 26 de abril de 1967.

El ascenso del movimiento desde 1965 fue provocando un cambio de correlación de fuerzas dentro de la universidad entre el movimiento contestatario y la institucionalidad franquista hasta provocar una situación de "doble poder" en el seno de la universidad. Fernández Buey lo explica en estos términos:"los estudiantes se habían adueñado de hecho de los edificios universitarios creando así una situación muy parecida al doble poder en el interior de los mismos: los tradicionales poderes académicos retrocedían ante la organización estudiantil de actividades culturales y político-culturales que empezaban a sucederse a ritmo semanal; los departamentos de publicaciones controlados por los estudiantes, y que funcionaban ya con autonomía conquistada un par de años antes, multiplicaron su producción" 24/.

Una vez destruido el viejo sindicato e impuesto una representación democrática a través del SDE, paradójicamente la acción sindical estudiantil perdió sentido en sí misma al revelarse sus límites como instrumento de cambio social global. Es decir, había sido más importante conseguir un sindicato democrático que no el papel que luego éste podía realmente desempeñar. La imposición de una representación estudiantil democrática era una victoria incuestionable, pero su funcionalidad y utilidad real para la lucha era menos relevante, y los SDEs fueron entrando en crisis, con ritmos desiguales, tras 1968. De ahí su paradójico fracaso exitoso.

1968 y los ecos de Francia

Los acontecimientos de Mayo del 68 en Francia impactaron en el Estado español, aunque el año en sí no tuvo episodios de movilización extraordinarios. Las autoridades franquistas mostraron durante toda la crisis del Mayo francés una gran inquietud en que los hechos pudieran "contagiarse" a España. El temor al "contagio" guió toda su política. Intentaron, en primer lugar, evitar la máximo la difusión de los acontecimientos. La censura funcionaba bien y de manera estricta en radio y TV, pero la prensa escrita tras la promulgación de la Ley de Prensa en 1966 tenía más margen. Aprobada por las cortes el 15 de marzo de 1966, entró en vigor el 9 de abril. Era una Ley ambigua, y su ambigüedad permitía un uso discrecional y arbitrario por parte de las autoridades. Reconocía la libertad de expresión y a la difusión de información, pero dentro de las Leyes Fundamentales y los principios del Movimiento Nacional. Eliminaba la censura previa de las publicaciones y autorizaba la libre designación del director que pasaba a ser el principal responsable político, favoreciendo así tanto la autocensura de los periodistas como la actitud precavida de los directores.

Los órganos oficiales del Movimiento Nacional fueron no sólo hostiles a los manifestantes sino inicialmente también críticos con De Gaulle por su tibieza y consideraron las protestas como un episodio instigado por el Partido Comunista Francés 25/. La prensa convencional, en cambio, combinó la crítica a los estudiantes franceses con el respeto hacia el General. Tras la convocatoria de elecciones por parte del Presidente francés y la recuperación del control de la situación por parte del gobierno de Pompidou toda la prensa, incluida la del Movimiento, cerró filas con el ejecutivo francés. La única voz discordante fue la del diario Madrid, ligado a un sector del Opus Dei, que publicó un artículo de Rafael Calvo Serer con el explícito título de "Retirarse a tiempo" en que aprovechaba la crisis francesa para atacar a De Gaulle e insinuar la necesidad de la retirada de Franco. A raíz de ello el periódico fue multado y clausurado durante cuatro meses (inicialmente por dos pero prorrogados otros tantos más) 26/.

El 68 francés fue importante en el Estado español sobretodo por su repercusión en el movimiento estudiantil. También ayudó a crear los posteriores despertares políticos y culturales que, entre otras cuestiones, favorecerían la eclosión del movimiento feminista a mitad de los setenta. Su impacto en el movimiento obrero, en cambio, fue mucho más leve e indirecto. Moren Preciado, militante entonces de CCOO y posteriormente asesor de la Fundación 1ero de Mayo así lo afirma: "en lo inmediato, el Mayo francés tuvo una repercusión importante en las universidades españolas, pero no en las luchas obreras. (...)". El autor añade que, sin embargo, "otro movimiento, el "otoño caliente" de 1969 en Italia sí se siguió en CCOO" 27/. Los acontecimientos del Mayo del 68 tuvieron poca influencia directa en las CCOO y hay pocas referencias a ellos en su documentación interna, aunque sí podría considerarse que hubo un impacto indirecto en términos de favorecimiento de la radicalización 28/.

Mayo del 68 generó amplio interés entre la minoría estudiantil radicalizada. Las simpatías por lo acontecido en Francia quedaron patentes ya durante el emblemático concierto de Raimon el 18 de Mayo en la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de Madrid. La explosión francesa fue particularmente influyente entre el Sector estudiantil del Frente de Liberación Popular (FLP) que tenía la dirección política del movimiento en Madrid en los años 66, 67 y 68, a la vez que alcanzó un peso creciente y decisivo en el conjunto del FLP hasta el punto de autonomizarse de hecho del comité político del FLP 29/. Si Mayo despertó simpatías transversales sólo los anarquistas y los estudiantes del FLP lo tomaron como referente estratégico directo 30/. Por su parte, el Partido Comunista de España (PCE) analizó los hechos de Mayo como una prueba de la desconexión entre su homólogo francés y la juventud y extrajo de ello la necesidad de evitar lo mismo en el Estado español, buscando incrementar sus vínculos con la juventud y el “mundo de la cultura”. Carrillo tuvo una actitud mucho más empática con la revuelta que la mantenida por la dirección del PCF, lo que distanció a ambos partidos, pero aceptó el planteamiento economicista de su homólogo francés que circunscribió el conflicto al terreno fabril-sindical sin empujar hacia un enfrentamiento político frontal con el poder 31/.

En suma, la interpretación del 68 francés fue un elemento decisivo para la reflexión estratégica de la izquierda radical española y, más en general, contribuyó a la radicalización de la protesta social. Representó un momento de inflexión que dio paso a una nueva fase de la protesta anti-franquista y de la política del régimen.

Radicalización política y Estado de excepción

Desde finales del 68, con el inicio del nuevo curso académico en Septiembre, y durante el 69 el movimiento experimentó un proceso de radicalización verbal y en sus formas de acción (que pasaron de la asamblea y la huelga a también sentadas, encierros, ocupaciones de cátedras, “juicios críticos” a profesores reaccionarios, manifestaciones relámpago, guerrilla urbana....). Cada vez más fue utilizando un lenguaje revolucionario que se desmarcaba de la lucha exclusivamente democrática anti-franquista, lo que en el lenguaje de la época se conocía como "democratismo". El anti-franquismo se amplió a anti-imperialismo y anti-capitalimo. Las nueva dinámica del movimiento implicó muchas veces un radicalismo hyperideológico que se basaba en trasposiciones del contexto internacional que no tenían en cuenta la correlación concreta real de fuerzas. Pero supuso una renovación del movimiento y una superación de los límites de su fase sindical y su tendencia innata a la "’sindicalización’" de las cuestiones universitarias 32/.

La radicalización fue acompaña de la polarización interna y la fragmentación. El balance de Mayo contribuyó a acentuar las divergencias estratégicas del movimiento estudiantil, en un ambiente de "urgencia" histórica. La dinámica unitaria del movimiento fue fácil en la etapa de oposición al SEU. Pero destruido éste eran más difícil articular objetivos comunes. Cristalizó una división entre los partidarios de continuar con el movimiento estudiantil más clásico entorno a los SDEs y los partidarios de los comités de acción y formas de lucha directa 33/. Ésta última fue la política defendida por los estudiantes del FLP, cuyo órgano de expresión, Acción Universitaria, pasaría a llamarse significativamente Barricada. Se orientaron hacia la construcción de comités de acción con el objetivo de agrupar a todas la corrientes a la izquierda del PCE, en una cierta analogía de lo que había sido el Movimiento 22 de marzo francés, y a la lucha a través de "acciones ejemplares" (“definimos ’acción ejemplar’ como aquella capaz de desencadenar un proceso que la supera" se publicó en Barricada) 34/. Para los estudiantes del FLP, Mayo aparecía como "un futuro inminente ante el que había que prepararse, reorientando y rectificando la línea seguida hasta entonces" 35/. Construir el partido pasaba entonces a ser la tarea urgente. Su preocupación estratégica era como acelerar los acontecimientos para provocar aquí un escenario como el de Mayo, lo que se concretó en una linea forzosamente voluntarista y activista 36/.

La radicalización política vino acompañada del fin de la etapa de liberalización del régimen con el abrupto giro represivo tras la declaración del Estado de excepción de enero de 1969 a raíz de las protestas por el asesinato en Madrid del estudiante y militante del FLP Enrique Ruano a manos de la policía. El objetivo político y las razones estratégicas de la declaración del Estado de excepción quedan bien resumidas en la explicaciones ofrecidas por el Ministro de gobernación Manuel Fraga el 25 de enero en el periódico ABC: "es mejor prevenir que curar. No vamos a esperar a una jornada de Mayo para que luego sea más difícil y más caro el arreglo". Por su parte el vicepresidente del gobierno, Carrero Blanco en su discurso a las cortes españolas el 7 de febrero de 1969 a propósito del Estado de excepción afirmaba que "la agitación estudiantil es hoy día un problema internacional, que afecta a la casi totalidad de las naciones del mundo libre" y denunciaba "la insensatez de unos pocos caídos en el ateísmo, en la droga y en el anarquismo, sabe Dios por qué medios inconfesables". Una minoría de estudiantes “envenenados de cuerpo y alma quizá para toda su existencia” 37/ .

Globalmente, el movimiento estudiantil en su conjunto quedó noqueado a corto plazo por el brusco giro represivo y no pudo alcanzar de nuevo el dinamismo del periodo 65-68. Pero si en lo inmediato el Estado de excepción consiguió golpear con fuerza, a la postre no fue más que la constatación de la pérdida de legitimidad del régimen y de su incapacidad para auto-reformarse. Se iba entrando así en un tardofranquismo que a raíz del proceso de Burgos a finales de 1970 padecería un fuerte descrédito e aislamiento internacional.

Urgencia y paciencia

El periodo posterior a Mayo del 68 fue, para la izquierda revolucionaria, de un militantismo impaciente guiado por un sentimiento de urgencia. Una etapa de un “leninismo apresurado”, según una fórmula de Régis Débray 38/ que retomó Daniel Bensaïd. En una reunión interna de la Ligue Communiste, el propio Bensaïd resumiría el sentir del momento con la frase “la historia nos muerde la nuca”. Mejor haber dicho“mordisqueba”, matizaría con cierta ironía en sus memorias tres décadas y medio después 39/. Prepararse para la próxima vez, estar convencidos de que habría otra ocasión, fue la lección que extrajeron de Mayo del 68 aquellos que más se identificaron con la crisis francesa, los estudiantes del FLP. Ello permitió superar la derrota y seguir en el camino. Pero, como remarca Miguel Romero, “costó mucho tiempo aprender que Mayo 68 no era el "modelo" de las futuras crisis de la sociedad capitalista y a construir una organización revolucionaria en condiciones de estancamiento o de retroceso de la movilización social, no a la espera del gran acontecimiento, sino dentro de las luchas y movimientos reales" 40/. Estar preparados para los momentos decisivos y saber gestionar los “no momentos” transitorios. Aguantar en tiempos difíciles y no dejar pasar las oportunidades. Combinar el sentido de la urgencia con la paciencia. Lecciones que, medio siglo después de Mayo, nos permiten mantener el testigo de una política revolucionaria para el presente.

Josep Maria Antentas es profesor de Sociología de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB)


[1] Este artículo es una versión ligeramente ampliada del aparecido en inglés en el blog de la editorial Verso: https://www.versobooks.com/blogs/3890-1968-and-the-spanish-state-the-year-in-its-context

2/ Ross, K. (2002). May 68 and its afterlives. Chicago: The University of Chicago Press, p. 185. (en viento sur hemos publicado recientemente una entrevista http://vientosur.info/spip.php?article13920, ndr)

3/ Es el caso, por citar un ejemplo, de Mark Kurlansky quien en su 1968. El año que conmocionó al mundo (Barcelona: Destino, 2005) hace sólo unos breves comentarios sobre España.

4/ Bensaïd, D. y Krivine, A. (2008). 1968. Fins et suites. Paris: Lignes, p. 15.

5/ Ross, K. (2002). op.cit.

6/ Ross, K. (2002). op.cit., pp. 19-22.

7/ Gari, M. (2014). “Años de pasión, esperanza y revuelta. El Moro en los sesenta”, Viento Sur 133, pp. 29-37.

8/ Álvarez Cobelas, J. (2004) Envenenados de cuerpo y alma. La oposición universitaria al franquismo en Madrid (1939-1970). Madrid: Siglo XXI, pp. XV y XVI.

9/ Ver: Garí, M. (2011). "Los sesenta: el mundo pudo cambiar de base", en Domínguez, A. (de.). Enrique Ruano. Memoria viva de la impunidad del franquismo. Madrid: Editorial Complutense,

10/ Garí, M. (2011). op.cit., p.78

11/ Fink, C., Gassert, Ph., and Junker, D. “Introduction” en Fink, C., Gassert, Ph., and Junker, D. (eds). 1968. The World Transformed. Cambridge: Cambridge University Press, pp. 1-27.1

12/ Vinen, R. (2018) 1968. El año en que el mundo pudo cambiar. Barcelona: Crítica.

13/ Fink, C., Gassert, Ph., and Junker, D. op.cit., pp. 1-27

14/ Pastor, J.(2008) "El movimiento estudiantil bajo la dictadura franquista y el 68 español" en Garí, M., Pastor, J., y Romero, M. (eds.). 1968. El mundo pudo cambiar de base. Madrid: La Catarata, p.284; también González Férriz (1968.El nacimiento de un nuevo mundo. Barcelona: Debate,2018) inserta las protestas del Estado español en su contexto global.

15/ Fernández Buey, F. (2009). Por una universidad democrática. Barcelona: El viejo Topo, pp.93-115.

16/ Cruz, R. (2015). Protestar en España, Madrid: Alianza, p. 157

17/ Ysàs, P. (2004).Disidencia y subversión. La lucha del régimen franquista por su supervivencia, 1960-75. Barcelona: Crítica; Molinero,, C., y Ysàs, P. (1998). Productores disciplinados y minorías subversivas. Madrid: Siglo XXI.

18/ Horn, Gerd-Rainer (1998). “Tha Changing Nature of the European Working Class” en Fink, C., Gassert, Ph., and Junker, D. (eds). 1968. The World Transformed. Cambridge: Cambridge University Press, pp. 351-371

19/ Ysàs, P. (2004).op.cit., p.6

20/ Fernández Buey, F. (2009). op.cit., p.35

21/ Fernández Buey, F. (2009). op.cit., p.26

22/ Bensaïd, D. (2009). Elogio de la política profana. Barcelona: Península

23/ Fernández Buey, F. (2009). op.cit., p.97.

24/ Fernández Buey, F. (2009). op.cit., p.34.

25/ Badenes Salazar, P. Fronteras de papel. Madrid: Cátedra, 2018. La autora ofrece una competa monografía sobre el impacto de los eventos franceses en el Estado español.

26/ Fleites, A. (2009) "¿Retirarse a tiempo? La visión de mayo del 68 en la España contemporánea", Historia Actual Online, 19, pp. 163-176; ver también Badenes op. Cit.

27/ Citado en: Badenes Salazar, P. op.cit., p. 241.

28/ Galcerán, M. (2008). "El Mayo del 68 francés y su repercusión en España", Dossiers feministes 12, pp. 77-98.

29/ Gari, M. (2014). op.cit.

30/ Romero, M. (2008)."Mayo del 68 desde lejos: un ensayo impaciente" en Garí, M., Pastor, J., y Romero, M. (eds.). 1968. El mundo pudo cambiar de base. Madrid: La Catarata.

31/ Galcerán, M. (2008). op.cit., pp. 77-98

32/ Fernández Buey, F. (2009). op.cit., p.106.

33/ Pastor, J.(2008). op.cit.

34/ Romero, M. (2008).op.cit., p.318-319.

[35] Romero, M. "FLP III (1966-69). Del encuentro a la encrucijada" en Domínguez, A. (de.). Enrique Ruano. Memoria viva de la impunidad del franquismo. Madrid: Editorial Complutense, p. 191.

36/ Superado por los hechos con el cambio brusco de la situación tras el Estado de excepción, y en medio de una crisis de estrategia y perspectivas, el FLP se disolvería en Mayo de 1969 (y su equivalente catalán, el FOC, en enero de 1970). Una parte minoritaria de sus integrantes, tras una “hibernación teórica”, daría nacimiento a la Liga Comunista Revolucionaria (LCR), mientras que el resto se dispersó en fuerzas “reformistas” como el PCE o el PSOE o abandonó la militancia partidaria.

37/ Tomo la cita de Fraga y de Carrero Blanco de: Badenes Salazar, P. (2018). op.cit. p. 77, 74 y 73 respectivamente.

38/ Debray, R (1974). La critique des armes. Paris: Éditions du Seuil

39/ Bensaïd, D. (2004). Une lente impatience. Paris: Stock p. 126.

40/ Romero, M. (2008).op.cit., p.323.







Agenda
foro viento sur
Madrid. 19 de septiembre de 2018, 19:00h
Madrid. Miércoles, 19 de septiembre de 2018. 19h Nicaragua: una revolución frustrada -Amanda Andrades, Adolfo Rodriguez, Luis Suarez, Maureen Zelaya Paredes, Fidel Ernesto Narváez
Traficantes de Sueños Calle Duque de Alba 13
Actos
Bilbao. 3 de octubre de 2018, 19:00h
Arrupe Etxea. C/ Padre Lojandio, 2
Actos
Madrid. 4 de octubre de 2018, 09:00h
Madrid. 4-6 octubre 2018. Pensar con Marx hoy -Organiza: Fundación de Investigaciones Marxistas
Universidad Complutense Madrid











Facebook Twitter RSS

vientosur.info | Diseño y desarrollo en Spip por Freepress S. Coop. Mad.
 
Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual Los contenidos de texto, audio e imagen de esta web están bajo una licencia de Creative Commons