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Declaración
¡La solidaridad internacionalista con las clases populares sirias es más necesaria que nunca!
21/06/2018 | Buró de la IVª Internacional

La IVª Internacional reafirma su solidaridad con toda la población civil de Siria bombardeada, masacrada, torturada, privada de alimentos y desplazada, su solidaridad con las fuerzas democráticas y progresistas que continúan defendiendo las aspiraciones de una insurrección heroica. Siete años después del comienzo de la sublevación popular siria, convertida progresivamente en una mortífera guerra de dimensión internacional, la situación en el país es catastrófica en todos los niveles.

Probablemente ha habido más de medio millón de muertos y desaparecidos, de los que más del 80 % han muerto a manos de las fuerzas armadas del régimen y sus aliados. Más de medio millón de habitantes han huido fuera de las fronteras y 7,6 millones se han tenido que desplazar en el interior del país, para una población total de 22,5 millones en 2011. Más del 80 % de la población vive por debajo del umbral de pobreza. El Banco Mundial calculó en junio de 2017 que alrededor de un tercio de todos los inmuebles y casi la mitad de todos los edificios escolares y hospitalarios de Siria han sido dañados o destruidos.

¡Contra el régimen de Asad y sus aliados, principal componente de la contrarrevolución!

La IVª Internacional condena una vez más la barbarie del régimen despótico de la familia Asad y sus aliados, simbolizada a comienzos de 2018 por su ofensiva contra Guta oriental, a las afueras de Damasco. Las ofensivas militares y los bombardeos del régimen de Asad contra civiles, incluido el uso de armas químicas, continúan en diferentes regiones no controladas por el régimen de Bachar el Asad. Desde 2015, este, que se hallaba entonces con el agua al cuello, parece que no deja de reforzarse y multiplica la recuperación de territorios con el apoyo de sus aliados ruso e iraní, así como del Hisbolá libanés. Hoy, el régimen de Asad controla casi el 60 % de los territorios y a más del 80 % de la población.

En este contexto, los actores estatales que han provocado esta situación, con programas políticos y económicos muy diferentes, por no decir contradictorios, pero que han bombardeado y contribuido todos a las destrucciones en Siria, plantean ahora la cuestión de la reconstrucción, cuyo coste se cifra actualmente en más de 350.000 millones de dólares. Asad, sus fieles y los hombres de negocios asociados a su régimen entienden la reconstrucción como un medio de consolidar los poderes ya adquiridos y restablecer su dominación política, militar, policial y económica, procediendo asimismo al traslado forzoso de poblaciones. Este proceso reforzaría además las políticas neoliberales de un régimen que, fuertemente endeudado, no tiene capacidad para financiar la reconstrucción por sí mismo.

Los Estados aliados del régimen sirio, en particular Rusia e Irán, después de haber participado en los peores crímenes de guerra, así como China, se sitúan en primera línea para sacar provecho económico y estratégico de la reconstrucción.

Los yihadistas y el fundamentalismo islámico pierden terreno, pero conservan la capacidad de hacer daño

Los yihadistas del Estado Islámico (EI o Daesh) han perdido la gran mayoría de las poblaciones y centros urbanos sirios e iraquíes que ocupaban. Tan solo algunas zonas fronterizas aisladas entre Irak y Siria permanecen actualmente bajo el control del EI, además de unas pocas bolsas en territorio sirio. Otras organizaciones yihadistas y salafistas –en parte opuestas al régimen de Asad, pero sin dejar de reprimir a las fuerzas democráticas– también han perdido terreno. No obstante, la pérdida por parte de estas organizaciones de vastos territorios no pone fin a su existencia ni a su capacidad para perpetrar atentados terroristas.

La IVª Internacional reafirma su oposición a estas organizaciones ultrarreaccionarias, que constituyen otra vertiente de la contrarrevolución. No debemos olvidar jamás que su ascenso fulgurante frente a las fuerzas democráticas de la insurrección se debe tanto a las maniobras del régimen sirio, que trata de justificar ante el mundo su represión sin límites, como a la intervención de financieros y consejeros de los demás Estados de la región. Hemos de insistir en la necesidad de atacar las raíces de su desarrollo: los regímenes autoritarios de la región, que reprimen toda forma de resistencia democrática y social; las intervenciones extranjeras regionales e internacionales, y las políticas neoliberales, que empobrecen a las clases populares.

El PYD atacado, la población kurda

En enero de 2018, el ejército turco, acompañado de milicias islámicas y reaccionarias de la oposición armada siria, lanzó una vasta ofensiva aérea y terrestre contra la provincia de Afrin, en el noroeste de Siria, cuya población es mayoritariamente kurda y que estaba controlada por el Partido de la Unión Democrática (PYD) y sus Unidades de Protección del Pueblo (YPG). Ahora, esta región está controlada por fuerzas del ejército turco y milicias sirias a sueldo de aquellas, que continúan violando los derechos humanos y desplazando a poblaciones a la fuerza.

La operación militar turca contra Afrin en Siria y la respuesta del gobierno iraquí al resultado del referéndum de independencia organizado por las autoridades barzanistas en el Kurdistán iraquí en octubre de 2017, demuestran de nuevo que las potencias internacionales y regionales no están dispuestas a permitir que se materialicen las aspiraciones nacionales y autonomistas kurdas. Es evidente que el apoyo de Moscú y de Washington a las YPG en distintos periodos, al igual que el apoyo de las YPG a la campaña aérea y militar rusa al lado del régimen de Asad, lanzada a finales de septiembre de 2015 alrededor de Alepo, no han impedido la agresión militar de Ankara contra Afrin. En su arrebato dictatorial, el presidente turco Erdogan quiere aplastar al pueblo kurdo tanto como a toda aspiración democrática en su país.

La IVª Internacional reafirma el derecho de autodeterminación del pueblo kurdo, un derecho cuya realización puede adoptar formas diversas en los diferentes países de la región (como la independencia, el federalismo o el reconocimiento del pueblo kurdo como entidad que dispone de derechos iguales dentro de un Estado). Saludamos el compromiso heroico de las fuerzas que luchan así contra las fuerzas oscurantistas, por mucho que podamos manifestar críticas más o menos duras a sus direcciones, particularmente en Irak al liderazgo de los Barzani, aunque también en Siria a las tácticas del PYD, sin dejar de seguir con un vivo interés las experiencias emancipadoras que intenta en Rojava. En todo caso, es necesaria la solidaridad más amplia con el pueblo kurdo frente a la feroz represión que sufre en Turquía, en Siria, en Irak y en Irán, represión en la que colaboran en la práctica los Estados europeos.

¡Solidaridad internacionalista con el pueblo sirio en todos sus componentes!

Todas las fuerzas contrarrevolucionarias, pese a su rivalidad, se unen para derrotar a la revolución siria,

• las que apoyan al régimen de Bachar el Asad (Rusia, Irán y sus milicias) y que están implicadas en graves crímenes de guerra;

• los imperialismos estadounidense y europeo, que se han contentado con declaraciones de principio sobre la democracia, pero que se han negado a dejar que las componentes democráticas del levantamiento se defiendan, y que han bombardeado asimismo a poblaciones civiles en nombre de la lucha contra el terrorismo;

• el régimen turco, que ha utilizado la revolución siria para erigirse en dirigente de los pueblos del islam y se ha transformado en ocupante de una parte del norte de Siria y ha bombardeado ciudades para combatir a las organizaciones kurdas;

• los Estados del Golfo, que apoyan económicamente a todos los movimientos y milicias ultrarreaccionarias, siempre que les sean útiles para sus fines;

• y, finalmente, Israel, que, al realizar bombardeos selectivos en Siria con vistas a debilitar a Asad e impedir la expansión militar de Irán y de Hisbolá, de hecho los refuerza políticamente.

En este contexto, la IVª Internacional exige:

– detener todas las ofensivas militares, lo que significa que hay que utilizar todos los medios de presión para blindar las últimas regiones que escapan al control del régimen y en las que se han refugiado centenares de miles de civiles desplazadas;

– seguir denunciando todas las intervenciones militares extranjeras, que se oponen a las aspiraciones a un cambio democrático en Siria, bien sea en forma de apoyo al régimen (Rusia, Irán, Hisbolá), bien sea proclamándose amigos del pueblo sirio (Arabia Saudí, Catar y Turquía, EE UU, etc.). Las clases populares sirias que luchan por la libertad y la dignidad no cuentan con ningún Estado amigo en su combate… aunque pueden tratar de sacar provecho de las rivalidades interimperialistas para hacer avanzar sus propios intereses manteniendo una independencia y autonomía política;

– reafirmar nuestra oposición al régimen de Asad, rechazar su relegitimización a escala internacional, no olvidar sus crímenes de guerra, a las decenas de miles de presos políticos torturados en las mazmorras del régimen, a las personas desaparecidas, refugiadas, desplazadas interiores, etc. Firmar en blanco hoy por Asad y sus crímenes equivaldría a abandonar de nuevo al pueblo sirio y su insurrección heroica e incrementaría invariablemente la sensación de impunidad de todos los Estados autoritarios, permitiéndoles aplastar a su vez a sus poblaciones si estas se atreven a rebelarse. Asimismo, todos los actores que han cometido violaciones de los derechos humanos contra civiles deben ser castigados por sus crímenes.

La memoria y las experiencias políticas del proceso revolucionario sirio deben servir ahora para (re)construir las resistencias, en las que numerosos activistas exiliados tendrán un papel que desempeñar. El movimiento de solidaridad internacional tiene la responsabilidad de ayudar a desarrollar estas redes. Hay que recordar los objetivos originales del levantamiento popular sirio por la democracia, la justicia social y la igualdad, contra todas las formas de racismo y de confesionalismo religioso.

En esta perspectiva, urge redoblar todos los esfuerzos que, en todo el mundo, tratan de reconstruir una verdadera solidaridad internacionalista y progresista, denuncian a todas las potencias imperialistas internacionales y regionales sin excepción. Al mismo tiempo, debemos oponernos a las políticas neoliberales y militaristas, a las políticas racistas e islamófobas, en particular a las políticas criminales de cierre de las fronteras de los Estados europeos, que han transformado el Mediterráneo en un enorme cementerio para las personas que huyen de las guerras, las dictaduras y la miseria. Los refugiados y las refugiadas sirias tienen derecho a ser acogidas en condiciones dignas en los países de su elección.

¡La solidaridad internacionalista con las clases populares sirias es más necesaria que nunca!

03/06/2018

Traducción: viento sur







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