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Irak
Búsqueda de pasar la página de la invasión americana
08/06/2018 | Zahra Ali

Las elecciones legislativas en Irak han confirmado la desconfianza de la población hacia el sistema político confesional impuesto por los Estados Unidos a raíz de la invasión de 2003. La victoria, relativa, de la coalición entre sadristas y comunistas es una de sus expresiones.

La atmósfera de estos últimos días en Irak, marcada por la decisión de la comisión electoral de anular los resultados de cerca de un millar de colegios electorales por sospecha de fraude revela lo que caracteriza las elecciones de este año: la falta de confianza en la clase política. En efecto, la primera lección a sacar es la tasa más elevada de abstención jamás conocida en el país: menos del 44,5% de iraquíes se han desplazado para votar (fueron cerca del 62% en 2014 y 2010). Así, más de la mitad de los 24 millones de electores y electoras esperadas no ha votado. Se podría pensar que esa tasa de abstención del 55,5% podría en parte resultar de las condiciones en las que viven más de dos millones y medio de personas desplazadas internas, en particular como consecuencia de la guerra contra la Organización del Estado Islámico (OEI) que ha causado la destrucción de una gran parte de la ciudad de Mosul y de sus alrededores. Los muy precarios colegios electorales -y en número limitado- en las regiones en las que habitan las personas desplazadas no han garantizado evidentemente su participación, pero esto no puede explicar esta tasa récord de abstención. Indica en realidad una protesta clara expresada, en particular por la juventud, respecto no solo a la clase política, sino también del sistema político puesto en pie a raíz la invasión americana de 2003.

Una extraña alianza entre comunistas y sadristas

Desde el verano de 2015, un movimiento de protesta popular ha sacudido el país, demandando una puesta en cuestión del sistema de cuotas étnicas, religiosas y confesionales en el que se basa el régimen iraquí desde la invasión americana de 2003. Desde la plaza Tahrir en Bagdad y a través de todo el país, los y las manifestante han gritado: “Pan, libertad, Estado civil (no confesional)”. Expresaban su cólera respecto a la falta estridente de los servicios más elementales como el acceso al agua potable y a la electricidad, denunciando el paro generalizado, el clientelismo, la corrupción, la incompetencia y el confesionalismo de la clase política. Manifestaciones masivas compuestas en particular de jóvenes de los medios desfavorecidos han expresado también su rechazo a la instrumentalización de lo religioso por los partidos islamistas en el poder. Una de las consignas más populares de estas movilizaciones es: “En nombre de la religión, hemos sido robados por ladrones”.

Sairún (En marcha), la coalición que ha ganado las elecciones (54 escaños en el Parlamento) es producto de la alianza entre la corriente sadrista, el Partido Comunista y diferentes grupos e individuos, realizada durante estas movilizaciones masivas contra el sistema de cuotas confesionales y la corrupción. Mucha gente joven de la sociedad civil que lanzó ese movimiento de protesta, ya sea cercana a la izquierda o independiente ha sido crítica respecto a esta alianza con el movimiento sadrista. Si hay quien teme la instrumentalización en su beneficio y el monopolio sadrista en este movimiento surgido originalmente de la sociedad civil, otra gente ve una contradicción esencial entre la naturaleza “civil” de las protestas y la identidad confesional e islamista de los y las sadristas, así como su implicación en la corrupción gubernamental y la violencia confesional. Así, frente al fracaso de las protestas masivas en demanda de una reforma de la ley electoral que privilegia a los grandes partidos en el poder, mucha gente ha decidido, sencillamente, boicotear las elecciones. Se podía ver en las fotos de los perfiles de gente joven en las redes sociales la banderola de “Boicoteo, para no legitimar los bloques de la corrupción”.

Estado civil o confesional

Sairún representa también un avance crucial en el seno de las fuerzas políticas que demandan reformas radicales del sistema político. El hecho de que una corriente como la sadrista -que posee una base proletaria inmensa y una audiencia inigualada entre la juventud del país- decida definirse como “civil” y “no confesional”, rompiendo así con su identidad islamista y chiíta, es ciertamente un punto de inflexión importante en la vida política del país. Sin embargo, este avance hay que tomarlo con muchas precauciones: el líder Moqtada Al-Sadr no ha resuelto por entero la cuestión de la disolución de su rama armada, y mucha gente le acusa de oportunismo. Además, el ascenso de las corrientes no confesionales y reformistas ilustrada por la victoria de Sairún tiene que ser matizado teniendo en cuenta quien es el segundo vencedor de estas elecciones, la lista Al-Fatah (La conquista) dirigida por Hadi Al-Amiri que ha logrado 47 escaños, por delante del actual primer ministro Haider Al-Abadi, que ha logrado 42 escaños.

Si la lista Al-Fatah tiene en común con Sairún representar a la juventud pobre del país, esto también ocurre con las Hachd al-Chaabi (Unidades de Movilización Popular) que han combatido al lado del ejército iraquí en el frente contra el EI. Hachd al-Chaabi se compone de numerosos voluntarios valientes y preocupados por liberar al país del EI, pero también de milicias que tienen mucho que ver con la violencia política y confesional que sacude al país. La militarización extrema de la sociedad iraquí desde 2003, así como en el contexto de la guerra contra el EI plantea un gran desafío al poder civil y a la estabilidad política.

Balance moderado para las mujeres

La cuota del 25% de mujeres adoptada en 2005 garantiza su real representación política en el Parlamento. Sin embargo, no define la naturaleza de las tendencias políticas de las electas y aún menos su interés por los derechos de las mujeres. Si nos interesamos más de cerca por la lista del “cambio” Sairún, constataremos que algunas mujeres elegidas son verdaderas líderes políticas. Majeda Al-Tamimi, elegida en Bagdad, candidata en la lista Sairún, gana a la mayoría de los hombres elegidos, con sus 55.184 votos. En comparación, el primer ministro Haider Al-Abadi ha obtenido 59.710 votos. Este impresionante resultado confirma la popularidad de una mujer que se ha hecho célebre por la lucha contra la corrupción y el confesionalismo, así como por su trabajo por la gente pobre y marginal. Se ha distinguido también de otras electas chiítas por su rechazo a la “ley Jaafari”, que constituye una puesta en cuestión, sobre bases conservadoras y confesionales, de los derechos jurídicos de las mujeres.

Entre las electas de Sairún, se distingue otra mujer: Haifa Al-Amin, elegida en Dhi Qar con 12.395 votos. Este resultado es notable en una provincia tan conservadora en la que las demás alianzas chiítas, muy tradicionalistas, han obtenido también muy buenos resultados, pues es una conocida comunista, militante de la sociedad civil y por los derechos de las mujeres en el seno de la Liga de las Mujeres iraquíes.

La joven Refah Al-Aredhi, 34 años, ha sido elegida por la provincia de Muthana, una de las más pobres del país. Politizada durante el movimiento de protesta de 2015, representa a una juventud en ascenso en la sociedad civil, comprometida, guiada por la voluntad de combatir la pobreza y la corrupción.

Sin embargo, dejando aparte estas pocas excepciones, la mayor parte de las mujeres elegidas de la lista de Sairún (15 en total) no son militantes independientes, sino sadristas más bien conservadoras, y sobre todo activistas que no se han distinguido por su interés por el avance de los derechos de las mujeres. Las libertades individuales, la lucha contra la militarización de la sociedad, la independencia política -otras tantas cuestiones centrales para el movimiento de las mujeres en Irak- no constituyen una prioridad para ellas. Más en general, hay que inquietarse por la popularidad creciente de las electas islamistas provenientes de los demás partidos chiítas como Al-Fatah, Al-Nasr (La victoria) o también Al-Hikma (La sabiduría), cuyas visiones en lo que se refiere a los derechos de las mujeres son claramente regresivas.

Hay que señalar que menos de una veintena de mujeres entre las 86 electas en total han recogido más de 10.000 votos, una treintena únicamente ha obtenido alrededor de 5.000 votos y más de sesenta han obtenido alrededor de 2.000 votos. Esto significa que la mayoría de las electas iraquíes habría podido acceder al Parlamento sin la ayuda del sistema de cuotas. Sin embargo, es este último el que ha impuesto su presencia en razón del 25% en las listas, y habría que interrogarse sobre su presencia incluso en esas listas si no hubiera existido esa obligación. Signo positivo, el número de candidatas en las listas ha superado el porcentaje del 25% requerido: son 2.014 mujeres entre 6.984 candidatos, superando la cuota en más de 265.

Más allá de esas cifras que presentan un balance más bien positivo, lo que ha caracterizado la campaña electoral ha sido el acoso del que han sido víctimas las candidatas. Verdaderas campañas han intentado dañar su reputación, su competencia y su credibilidad, así como su moralidad a través de acusaciones contenido sexual. Todas estas presiones han llevado a un cierto número de mujeres a retirar su candidatura y representan una barrera importante para todas las que dudan en implicarse en política. El sexismo exacerbado del que han sido víctimas ha empujado a personalidades feministas y de la sociedad civil a firmar un texto lanzado por el movimiento de mujeres 1/ denunciando la situación e invitando a la ONU a reaccionar.

* Zahra Ali es soocióloga, profesora asistente en Rutgers University, New Jersey. Su libro Women and Gender in Iraq : Between Nation-Building and Fragmentation se publicará en las ediciones de Cambridge University Press en el verano de 2018.

6/06/2018

https://orientxxi.info/magazine/l-irak-cherche-a-tourner-la-page-ouverte-par-l-invasion-americaine,2494

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur


1/ http://iraqi-alamal.org/ArticleShow.aspx?ID=1635







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