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Catalunya
Cinco retos que deberá afrontar la izquierda independentista ahora que ya tenemos Gobierno
30/05/2018 | Iolanda Fresnillo

Con la investidura de Quim Torra como 131 presidente de la Generalitat se inicia una nueva fase del proceso. No la última ni la definitiva, simplemente una nueva fase. Una fase llena de incertidumbres y de interferencias que imposibilitan prever, no sólo cómo irá y cuánto durará la legislatura, sino también qué pasará la próxima semana. Los procesos judiciales abiertos (y los que probablemente se abran) y la más que posible confirmación de penas de prisión para los presos políticos; la amenaza constante de un nuevo 155 y de las esperables prohibiciones desde el Tribunal Constitucional ante propuestas como el inicio del Proceso Constituyente o la recuperación de leyes suspendidas; la previsible tensión entre la CUP y el Gobierno dentro del bloque independentista dada la evidente distancia ideológica entre el presidente y las cupaires; la influencia, o incluso las interferencias, que el Consell de la República o el president Puigdemont puedan ejercer sobre Torra y el Gobierno de la Generalitat… son algunos de los obstáculos que tendrá que superar sin descarrilar el nuevo presidente.

Algunos de los retos que afrontamos en esta nueva fase son de una relevancia especial para las izquierdas que hemos apostado por el proceso soberanista como una posibilidad de transformación radical, de emancipación y de empoderamiento popular. El primero de estos retos será, sin lugar a dudas, dotarnos de espacios para construir estrategias de futuro que nos permitan hacer realidad lo que ahora sólo parece un ‘mantra’: hacer República. Ahora mismo, pensando en retos, identifico conco, que para mí son centrales.

1. Hacer frente a la excepcionalidad de la represión

Sin duda, una de las cuestiones centrales es cómo hacemos frente al clima de represión y de privación de derechos y de libertades que ha impuesto el Estado español. La estrategia de la amenaza y del miedo que despliega el Gobierno español implica hacer efectivas las amenazas y mantener, independientemente de lo que diga el Código penal, a las presas políticas en prisión. Tendremos que desarrollar estrategias de cuidados con los y las presas, con quienes están en el exilio, con las asediadas por los estamentos judiciales españoles por haber defendido la República en las calles. De los centenares de miles de cartas a las visitas y otras muestras de apoyo, el mensaje les tiene que llegar alto y claro: no os olvidamos.

Jesús Rodríguez afirmaba hace pocos días en Crític que el 1-O ha supuesto una transformación en los valores y la mentalidad de muchos catalanes, en cuanto que la experiencia de los últimos meses ya ha contribuido a construir “una sociedad más crítica, más dispuesta a arriesgar, más abierta a nuevas formas de entender la economía y las relaciones sociales”. Esta mayor predisposición al riesgo se encontrará con un previsible incremento de la incesante represión desplegada por el Estado español y, por tanto, con un número creciente de represaliadas. Cuidarnos quiere decir construir espacios y estrategias colectivas para hacer frente a esta represión, pero también espacios que nos ayuden a mantener la predisposición al riesgo, a no caer en la telaraña del miedo. La única manera de que la estrategia represiva del Estado no suponga la paralización de este proceso de empoderamiento social es desde la colectividad. Por tanto, será esencial proteger espacios, como los CDR, que cultivan esta colectividad.

Y finalmente hacer frente a la represión no solamente desde los cuidados necesarios, sino también desde la construcción de estrategias de denuncia. En este ámbito sorprende la carencia de muestras de solidaridad y de indignación por parte de la izquierda española, europea e internacional. Las izquierdas, tradicionalmente internacionalistas, tendremos que redoblar esfuerzos para explicar fuera qué está pasando en Cataluña.

2. Construir una República inclusiva

Hace medio año nos encontrábamos un grupo de personas de izquierdas, militantes de diferentes espacios políticos y movimientos sociales, con la propuesta de promover la República, desde abajo y de forma no subordinada a las agendas institucionales. Hicimos un llamamiento para encontrarnos, pensarnos y organizarnos bajo el lema “Contra la foscor, la llum: el millor del nou i el poder popular. Aixequem la República!“ ["Contra la oscuridad, la luz: lo mejor de lo nuevo y el poder popular. Alcemos la República!"]. En este primer encuentro, que tuvo lugar el 1 de diciembre de 2017, afirmábamos: “La República que queremos es inclusiva, democrática, igualitaria, feminista, antirracista y pone la vida digna de todos y todas en el centro de cualquier política“.

La propuesta del soberanismo inclusivo choca necesaria y frontalmente contra los nacionalismos identitarios. Ante los polémicos tuits y artículos del presidente Quim Torra, lejos de sacar hierro a sus palabras (que revisten mucha gravedad), tenemos que reafirmarnos en las propuestas que tendrían que acompañar esta construcción de una República inclusiva. No ya para convencer (ser inclusivos para ensanchar las bases del soberanismo), sino porque es lo justo. Porque, si no es con todo el mundo y para todo el mundo, tejiendo y no descosiendo, no es nuestra República.

Una República inclusiva está en las antípodas de una sociedad racista que subestima al 15% de la población, personas migrantes que en la Cataluña de hoy (en el Estado español y en la Unión europea) encuentran negados sus derechos de ciudadanía. Pero tampoco se puede construir sobre una propuesta esencialista de la catalanidad en lugar de celebrar las diversidades. Una República inclusiva tampoco puede ser una “República neoliberal al servicio de las nuevas y viejas élites, ni un nuevo país con las viejas clases, las injusticias y los privilegios de siempre. No puede seguir subordinada a los intereses del capital, de estructuras y actores supraestatales no escogidos democráticamente que deciden sobre nuestras vidas. No permitiremos, tampoco, perpetuar una sociedad en connivencia con la explotación depredadora del territorio, el racismo y el machismo”, tal como afirmábamos en aquel acto de presentación de Alcemos la República.

En este sentido, desde las izquierdas independentistas, las que están dentro y las que están fuera del Parlamento, tendremos que desarrollar una oposición frontal a las posibles políticas neoliberales que pueda tener la tentación de aplicar el nuevo Gobierno catalán y a cualquier intento de imponer un catalanismo identitario. Y tendremos que construir estrategias para no ceder al chantaje de quien, sin lugar a dudas, y ante esta oposición, pondrá en cuestión nuestro compromiso con el proyecto republicano.

3. La tentación de las elecciones municipales

Nadie nos puede decir si el nuevo Gobierno llegará intacto a mayo del año que viene. Pero, en todo caso, la cita electoral de mayo del 2019, con las elecciones municipales y europeas (y autonómicas en las Baleares, el País Valencià y en otras comunidades autónomas de todo el Estado), puede suponer un punto de inflexión importante.

El nuevo municipalismo que eclosionó con las elecciones de mayo del 2015 ha puesto de relieve la potencialidad para construir realidades emancipadoras y procesos de transformación desde el ámbito local. No sólo las experiencias de las alcaldías lideradas por nuevas fuerzas y coaliciones políticas de izquierdas en ciudades como Barcelona, Badalona o Sabadell, sino también en ciudades y pueblos más pequeños, nos están demostrando que, desde el ámbito local, se pueden desplegar estrategias de transformación social muy potentes. E, incluso en aquellos municipios donde gobierna la derecha, la sociedad civil y la oposición de izquierdas tienen ahora más fácil impulsar iniciativas transformadoras como las municipalizaciones de servicios, experiencias de democracia directa o políticas de transparencia (auditorías), dada la mayor adhesión a éstas por parte de la opinión pública (y publicada). Se trata de procesos de transformación y de construcción de espacios de soberanía popular que siguen ritmos y rutas diferentes a la del proceso soberanista de país. Creo que tenemos que preservar estos ritmos y rutas diferenciadas.

Ya hace tiempo que vemos como desde diferentes fuerzas políticas soberanistas se quiere poner el proceso independentista en el centro de la precampaña de las próximas elecciones municipales. Propuestas como las de Jordi Graupera de presentar una candidatura independentista en el Ayuntamiento de Barcelona tienen y tendrán, sin duda, su reflejo en otros municipios. Personalmente, pienso que es un error estratégico intentar encorsetar el potencial transformador del municipalismo con la propuesta independentista.

Las izquierdas debemos ser conscientes de que el proceso de construir un nuevo país, una República inclusiva, es un proceso largo, que implica un cambio de hegemonías, así como transformaciones en lo ‘macro’ pero también en lo ‘micro’. El municipalismo es un terreno fértil para estas transformaciones, para la construcción de soberanías, que pueden ser la base para la construcción de Soberanía como país. Soberanías alimentaria, energética, residencial, sanitaria, cultural, productiva, reproductiva…, que se pueden desarrollar en el ámbito municipal sin esperar la consecución de la Soberanía plena en el ámbito nacional. No comparto, pues, la hipótesis de algunos de que, sin una República Catalana efectiva no se pueda avanzar en la transformación desde el municipalismo. Hay márgenes, y considero que hacer esperar el despliegue de estos márgenes a la poco probable consecución de la República en el corto plazo es un error estratégico.

Tenemos que fomentar que el municipalismo sea la base sobre la que construir un nuevo modelo de relación con el territorio y entre los territorios. Y por eso hay que dejar margen para que esta construcción de soberanías pueda brotar independientemente del camino, ritmo y hoja de ruta que siga el proceso nacional. Una estrategia que favorezca que las soberanías puedan aflorar también en municipios gobernados por no independentistas. Para mí, es evidente que la coalición entre los comunes, ERC y la CUP en ciudades como Badalona puede generar espacios de transformación mucho más potentes que una coalición independentista con el PDeCAT. Poner el independentismo en el centro de las próximas elecciones municipales rompería de raíz con esta potencialidad de transformación.

4. Garantizar el Proceso Constituyente

Quim Torra enfatizó en sus discursos de investidura la propuesta de sacar adelante un Proceso Constituyente que culmine con la redacción de una nueva constitución catalana. Ante esto, Carles Riera advirtió que “un Proceso Constituyente no puede ser un taller de pegatinas”. Cómo se desarrolle y qué acabará siendo el Proceso Constituyente tendría que ser una de las preocupaciones de las izquierdas, no sólo en las instituciones (no tan sólo de la CUP), sino también de los movimientos sociales, incluyendo los que no compartan la apuesta independentista. La potencialidad en el ámbito de cambio de hegemonías de un Proceso Constituyente no tendría que ser despreciada por nadie que esté luchando por la transformación y la justicia social, política y económica.

Desde los movimientos sociales y fuerzas políticas de izquierda no podemos permitir que se malogre la posibilidad de realizar un Proceso Constituyente que realmente nos permita debatirlo todo, cambiarlo todo. En este sentido, la nueva realidad republicana, autoorganitzada, que ha aparecido después del 1 de octubre alrededor de los CDR y otros espacios de base locales, tendría que formar parte de la matriz del Proceso Constituyente. Un proceso que queremos protagonizar desde abajo por la gente, distribuido en el territorio, no excluyente, con garantías democráticas de igualdad para todo el mundo. Esto significa que los ‘lobbies’, representados por expertos académicos, no pueden pasar por encima de la ciudadanía. Y que la ciudadanía no puede excluir a nadie. Migrantes (con papeles y sin) tienen que poder formar parte con voz y voto de este proceso. Adultos pero también jóvenes y niños. Nadie puede ser excluido por razón de origen, cultura, religión, edad, género o adscripción política. Si queremos hacer un país para todo el mundo, tenemos que contar con todo el mundo para hacerlo.

El Proceso Constituyente sin duda será también foco de los embates represivos del Estado. Ante este riesgo evidente, la gente, autoorganizada, se verá abocada a defenderlo como defendimos las urnas el 1 de octubre. Más que defender el proceso institucional que se proponga desde el Gobierno o el Parlamento, tendremos que estar dispuestas a defender el proceso de base, el que nos permita avanzar en la construcción de nuevas materialidades que serán las que harán posible la República. Y tenemos que ser conscientes de que para un proceso de estas características las peores compañeras son las prisas. Miremos al futuro con amplitud de miras y abordemos un Proceso Constituyente con garantías, que quiere decir dotándonos del tiempo necesario.

5. Hacer República sin prisas

Para muchas de nosotras, República no es simplemente una forma jurídica, no es una constitución ni nuevas fronteras; República no se construye de la ley a la ley, sino haciendo realidad espacios y materialidades republicanas. República no es un Estado, sino un proceso de transformación que desemboca en un nuevo país mejor. Un proceso largo que, nuevamente, requiere tiempo que nos permita construir República con cuidado, para nosotras y para el territorio. Conformar un nosotras que incluya a las convencidas pero también a las que no lo están requiere tiempos. Retejer las diferencias y heridas en la sociedad que el proceso pueda dejar requiere tiempo. Desplegar y reafirmar soberanías requiere tiempo. Construir no solamente un nuevo país, sino un país mejor en el que ejercer, desde abajo, la soberanía plena, requiere mucho tiempo.

Dotémonos de este tiempo, con estrategias de mirada larga y de paciencia infinita para que el proceso de hacer República pueda, en efecto, poner la vida, los cuidados y la justicia social en el centro. Este es el reto más grande que afrontamos desde las izquierdas si no queremos renunciar al hecho de que hacer República signifique generar un proceso realmente emancipador y que el resultados sea un país de justicia social. Las prisas quizás podrían hacer que el nuevo país llegue antes (a pesar de que no lo garantizan), pero no será el país que queremos. Dotémonos no tan sólo de los espacios, sino del tiempo suficiente para encontrarnos, pensarnos, organizarnos y construir República conjuntamente.

17/5/2018

Traducción: Àngels Varó Peral

http://www.elcritic.cat/blogs/sentitcritic/2018/05/17/5-reptes-que-haura-dafrontar-lesquerra-independentista-ara-que-ja-tenim-govern/







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