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Tribuna viento sur
La política hacia los refugiados y los movimientos de apoyo y solidaridad en Alemania
17/05/2018 | Manuel Kellner

[Versión escrita de una intervención en Lieja del 12 de mayo de 2018 en un coloquio organizado por la Izquierda Anticapitalista y la fundación Léon Lesoil. n.d.r.]

1. Retrocedamos en primer lugar a mayo de 1993. Hasta entonces, el artículo 16 de la Grundgesetz (constitución alemana) estipulaba lisa y llanamente que “los perseguidos políticos gozan del derecho de asilo”. Sin embargo, en mayo de 1993, una amplia mayoría del Bundestag (el parlamento federal alemán) enmendó dicho artículo añadiendo un párrafo muy largo que relativiza enormemente este derecho de asilo, definiendo toda una serie de excepciones (por ejemplo, países de la UE, países de origen seguros, etc.). A causa de la guerra de Yugoslavia y de la intervención de la OTAN en ella, así como de la escalada bélica del Estado turco contra los kurdos, había muchos refugiados en Alemania en el periodo anterior a las movilizaciones racistas agresivas, incluidos algunos atentados incendiarios contra centros de acogida de refugiados. Sometido a esta presión, el discurso político oficial decía ahora: “El barco está lleno.” Así, mutilaron el derecho de asilo para convertirlo en una especie de derecho de gracia.

2. Vayamos ahora a octubre de 2015. Cientos de miles de refugiados marchaban por la ruta de los Balcanes a través de Turquía, Macedonia, Serbia y Hungría en dirección a Europa Occidental. En Budapest hubo campamentos salvajes cada vez más abarrotados. Las fronteras de Alemania y Austria estaban cerradas para la mayoría de estas personas, que en su mayor parte huían de las atrocidades de la guerra de Siria y de la situación cada vez más insoportable de los campos de refugiados de la región, o que sufrían graves discriminaciones, como por ejemplo los gitanos en los países de Europa Oriental. Hubo manifestaciones de protesta espectaculares en Budapest, donde los refugiados luchaban por sus derechos elementales. Después hubo una marcha masiva hacia la frontera austriaca, para forzar el derecho de entrar en este país. En Alemania, durante ese periodo, y por primera vez desde hacía decenios, una mayoría de la población, según los sondeos de opinión, estaba a favor de acoger e integrar a muchos más refugiados.

El 5 de septiembre, Angela Merkel declara la suspensión de los llamados reglamentos de Dublín y la apertura de la frontera alemana. El gobierno austriaco, prácticamente obligado, adopta la misma medida. En Múnich, y después en toda una serie de ciudades alemanas, hubo una explosión de solidaridad espontánea. Era la cultura de la bienvenida y el comienzo del movimiento de masas de ayuda a los refugiados. La gente aplaudía en las estaciones a los refugiados por su valentía, les llevaba víveres, agua, mantas, juguetes para los niños.

Merkel declaró, frente a las crecientes críticas de la derecha de su propio partido (la CDU cristiana-conservadora y su homólogo bávaro CSU): “Wir schaffen das! – ¡Lo lograremos!”. Poco después concluyó una declaración en el parlamento federal con estas palabras: “Si ya no se puede mostrar una cara amable a seres humanos que lo pasan mal, entonces este ya no es mi país.” A raíz de la apertura de la frontera y de esta clase de manifestaciones, Merkel es desde entonces y hasta hoy la diana preferida de las diatribas violentas de la extrema derecha, de los xenófobos del Pegida y de los nazis de todo pelaje. Sin embargo, aunque sería mucho más tarde que se lamentó de haber dicho “Wir schaffen das!” (“vista la experiencia posterior, no la habría dicho”), de hecho, la marcha atrás frente a la política humana de acogida comenzó inmediatamente después de la apertura de la frontera.

3. El 7 de septiembre ya hubo en el seno del gobierno de coalición un acuerdo de principio entre los partidos que lo conformaban (CDU/CSU y el socialdemócrata SPD) en torno a una serie de medidas disuasorias a fin de eliminar los “falsos estímulos” (“falsche Anreize”) para buscar refugio en Alemania. La idea principal de Merkel había sido la distribución a partes más o menos iguales de los refugiados en los distintos países miembros de la UE. Sin embargo, esto no funcionaba. La autoridad alemana, tan fuerte cuando se trataba de imponer la feroz austeridad contra la población friega, no bastaba para imponer nada en este ámbito.

Los días 15 y 16 de octubre de 2015 se aprobó el Asylpaket I, un primer conjunto de medidas que suponían un enorme deterioro de la situación de los refugiados: estancia prolongada (de 3 a 6 meses) en los centros de acogida (muy poco confortables; más prestaciones en especie y menos dinero en efectivo para castigar los casos de “falta de cooperación”; más preavisos de expulsión; declaración de Albania, Kosovo y Montenegro “países de origen seguros”. El 26 de febrero de 2016 siguió el Asylpaket II: suspensión durante dos años del derecho de reagrupamiento familiar para los protegidos subsidiarios (condición menos ventajosa que la de los refugiados reconocidos como tales con arreglo a la Convención de Ginebra), categoría que desde entonces ha crecido sustancialmente; expulsión incluso de refugiados gravemente enfermos, sobre todo de las personas afectadas por los trastornos del estrés postraumático; aceleración de los trámites.

El bloqueo de las rutas en Hungría y posteriormente en la frontera entre Macedonia y Grecia, pero sobre todo el acuerdo con Turquía alteró dramáticamente la situación. Más de dos millones de refugiados sirios se encontraron atrapados en Turquía; a cambio, el régimen de Erdogan recibió montones de dinero alemán y armas de guerra alemanas. Se han concluido acuerdos similares con Libia, Sudán, Eritrea y otros Estados africanos.

En mayo de 2017 se promulga la “ley de imposición del cumplimiento de la obligación de abandonar el país”. La ONG Pro Asyl la ha calificado con razón de “Hau-ab-Gesetz”, lo que traducido sería algo así como ley de largo de aquí. Su contenido es en esencia el siguiente: espionaje sistemático de datos en los teléfonos móviles (entre otras cosas, para ver si la persona en cuestión no ha pasado previamente por otro Estado Dublín, porque en este caso puede ser expulsada); expulsiones sorpresa inmediatas (sin previo aviso) de los tolerados. La Duldung (tolerancia) es el estatuto más débil de los refugiados (antes había que retirar previamente el estatuto de Duldung, y emitir después un preaviso de expulsión con un mes de antelación); prolongación de 4 a 10 días de la detención a efectos de expulsión (Abschiebehaft); posibilidad para los länder (en Baviera esto ya se aplica con bastante amplitud) de retener a los refugiados en los campos durante toda la tramitación judicial de las peticiones de asilo (y por tanto sin contactos, sin asistencia letrada, etc.); para los refugiados menores, obligación de presentar una petición de asilo político, con el fin de poder expulsarlos más fácilmente cuando hayan cumplido 30 años de edad y su solicitud haya sido denegada, como ocurre en la gran mayoría de los casos.

4. Hoy, la gran coalición está adoptando o preparando nuevas medidas contra los refugiados, como por ejemplo el aumento de las prestaciones en especie en vez de la entrega de dinero, pero sobre todo la instalación de los llamados centros AnkER (que significa ancla, pero es un acrónimo de Ankommen-Erkennen-Rückführen, o sea, llegar-identificar-devolver). Sí, se trata de campos puros y duros, y en Baviera ya han comenzado a instalarlos. La experiencia de Baviera muestra, por cierto, el carácter vicioso de todas estas medidas, que crean guetos de refugiados: en un primer momento, en este land, los refugiados habían sido distribuidos por todo el territorio, de modo que hasta la más pequeña aldea tenía su refugiado o sus dos o tres refugiados.

En presencia de seres humanos de carne y hueso, los prejuicios xenófobos y culturalistas se volatilizaban rápidamente. Esta es la razón reaccionaria que subyace a las medidas de creación de los campos, centros, etc. Para la reagrupación familiar, para los protegidos subsidiarios, el número se ha limitado a 1.000 personas al mes; los ministros de la CDU/CSU y los del SPD han discutido, una vez aprobada la medida, si se trata de un promedio anual o si se aplica estrictamente cada mes. ¡He aquí a qué se reducen a menudo las “divergencias de principio” entre los cristiano-conservadores y los socialdemócratas!

5. Por mucho que la extrema derecha de Alternative für Deutschland (AfD) continúe subiendo en las encuestas, en Alemania la situación sigue estando polarizada. Las manifestaciones antirracistas y antifascistas son a menudo bastante más masivas que las de la extrema derecha. Este es especialmente el caso de Colonia, donde les resulta muy difícil a los nazis, los pegidas y la AfD manifestarse en público sin sufrir una derrota en toda regla. El movimiento de apoyo civil a los refugiados sigue siendo masivo. Desde finales del año 2015 hubo un fuerte aumento del número de personas dispuestas a realizar trabajos voluntarios. En 2017 se alcanzó la cifra récord de 475.000, y en la gran mayoría de los casos se trata de trabajos voluntarios diversos de apoyo a los refugiados.

La posición oficial de los sindicatos también es bastante buena, y una parte del movimiento sindical se solidariza de un modo práctico con los refugiados. La posición programática y las declaraciones oficiales del partido Die Linke (La Izquierda) también es correcta: en defensa de los derechos de los refugiados, por una cultura de acogida y bienvenida, por una regularización rápida y generosa de los estatutos, por la apertura de fronteras. Sin embargo, hay que añadir que esta última reivindicación es controvertida en el interior del partido (véase más abajo), y que las prácticas de expulsión de los länder en que Die Linke gobierna en coalición con el SPD y los Verdes, o incluso –como es el caso de Turingia– es el partido gubernamental mayoritario, no difieren apenas de las de los demás länder.

También hay que decir que en Alemania no hay movilizaciones de protesta masivas contra las medidas políticas que deterioran cada vez más la situación de los refugiados. Tampoco hay acciones masivas contra las expulsiones. Son únicamente fuerzas minoritarias del movimiento asociativo –como Kein Mensch ist illegal (Ninguna persona es ilegal)– y de la izquierda radical las que actúan contra la corriente en este sentido, por mucho que aquí o allá tengan lugar actos de solidaridad espontáneos, como por ejemplo en alguna escuela en que las alumnas y alumnos se han rebelado contra la expulsión a Afganistán de una joven compañera de clase que ha vivido su infancia en Alemania.

6. Sarah Wagenknecht, portavoz muy mediática del grupo parlamentario de Die Linke en el Bundestag, y Oskar Lafontaine llaman públicamente a formar un nuevo movimiento político de izquierda, a imagen de la France Insoumise de Mélenchon, con una línea populista de izquierda. Una y otro se pronuncian en contra de la reivindicación de fronteras abiertas, con el argumento de que se trata del programa de la burguesía liberal destinado a reforzar la competencia entre los trabajadores con el fin de poder rebajar más fácilmente el nivel de los salarios reales. Dicen que hay que tener en cuenta los temores y preocupaciones de la clase trabajadora y de los alemanes pobres, que temen por sus salarios, sus viviendas, etc., y que por eso se oponen a la inmigración descontrolada. Con este planteamiento, Wagenknecht y Lafontaine esperan disputar a la AfD la posibilidad de aprovechar la crisis electoral de los partidos establecidos en general y del SPD en particular.

Es cierto que son pocos los miembros de Die Linke que apoyan el planteamiento de Wagenknecht y Lafontaine. No obstante, su retórica pesa sobre los debates en la izquierda en general, y el argumento de la competencia en el seno de la clase trabajadora y de la población desprovista de propiedades y fortunas impresiona: ¿acaso las personas que actúan por un impulso humanitario no son conscientes de los intereses de clase del proletariado alemán?

Parece, por tanto, que se plantea un problema real. Sin embargo, el error primordial está en la limitación de la cuestión al territorio nacional, incluso en el plano de la reflexión estratégica. El problema de la competencia no tiene solución en el plano puramente nacional. La respuesta válida ya la dieron Karl Marx y la práctica de la Primera Internacional: hay que superar el marco nacional y organizar la acción solidaria internacional, primando ante todo los intereses de aquellas y aquellos que son los más explotados y oprimidos.

12/05/2018

Manuel Kellner es miembro de la ISO, sección alemana de la Cuarta Internacional, y del partido Die Linke y del sindicato IG Metall. También es redactor de Sozialistische Zeitung – SoZ en Colonia.

Traducción: viento sur







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