Comunicado de Madrileñ@s por el derecho a decidir
Madrid, 7 de abril

Si un pueblo decide ejercer pacífica y democráticamente sus derechos, sólo cabe apoyarles. La democracia es como el aire, un bien compartido y sin rincones reservados: si está sucio, está sucio para todos; si está limpio, también lo está para todos.

Mantenemos el “no nos representan” que gritábamos en el 15 M. Especialmente no nos representan cuando criminalizan cualquier atisbo de libertad, de oposición política o reivindicación social, lo vemos contra pensionistas, raperos, tuiter@s, exposiciones de arte, con Alfon, contra movilizaciones republicanas, con la Ley Mordaza o las leyes de excepción que se mantienen contra el País Vasco, y por supuesto, lo vemos en Catalunya, contra las aspiraciones democráticas sostenidas por millones de ciudadan@s.

En el último año y medio, ha aumentado exponencialmente la represión en una especie de exhibicionismo neofranquista desbocado. El Régimen vuelve a su útero materno. Su cordón umbilical con el franquismo del que proviene no se ha roto. Durante todo el periodo de Monarquía parlamentaria, o Parlamento monárquico ha habido pres@s polític@s en el Estado español, enmascarados, eso sí, con un silencio absoluto y cómplice de los medios de comunicación.

Su argumento preferido es que la democracia es el imperio de la ley. Pero, todas las dictaduras han tenido, tienen y tendrán leyes. Eso, por sí mismo, no define nada. La democracia es la libre expresión de la voluntad popular y la obediencia al mandato que emana de ella. Si la ley es un obstáculo y una amenaza eso no es democracia.

La democracia hay que medirla con otros indicadores: ¿cuántas familias sin techo? ¿cuántos libros prohibidos? ¿cuántos pensamientos criminalizados? ¿cuántas familias desprotegidas? ¿cuántas decenas de miles de cadáveres en las cunetas? ¿cuántos jóvenes sin empleo? ¿cuántas mujeres maltratadas? ¿qué respuesta democrática se da a la voluntad política de millones de catalanes?...

El punto cumbre de inflexión en la crisis del Estado monárquico ha sido la celebración del Referéndum del pasado 1 de Octubre. Una mayoría de catalanes/as quiso decidir sobre su futuro, democrática y pacíficamente, en las urnas, y el Estado español, histérico, respondió con brutalidad. Y perdió. El pueblo de Catalunya pudo hablar. Y dijo: “Queremos República”. El gobierno respondió: “Pues tendréis cárcel. Y ocupación policial”. Y en esas estamos.

La judicatura está siendo utilizada contra la justicia. Se ha convertido en la herramienta principal para criminalizar la política, para someter la voluntad popular, en lugar de protegerla. Es el brazo ejecutor de la demofobia. Tan independiente del Poder político como el badajo de la campana.

Se comenzó por encarcelar a dos líderes sociales, Jordi Sánchez, presidente de la ANC, y Jordi Cuixart, presidente de Omnium. Después uno y otro y otra, legítimos representantes políticos democráticamente elegidos, con acusaciones y peticiones fiscales demenciales, que causan asombro y perplejidad en los países de nuestro entorno.

Nueve presos políticos: Carme Forcadell, Jordi Sánchez, Jordi Cuixart, Joaquim Forn, Raül Romeva, Jordi Turull, Josep Rull, Oriol Junqueras y Dolors Bassa… Siete en el exilio: Toni Comín, Lluis Puig, Meritxell Serret, Clara Ponsatí, Marta Rovira, Anna Gabriel y el President de la Generalitat, quien se encuentra en libertad bajo fianza, a la espera de la decisión judicial alemana sobre su extradición a España.

PP, PSOE y Ciudadanos, la Santísima Trinidad del “atado y bien atado”, impusieron el artículo 155. Y, a partir de ahí, al rey rezando y prevaricando, disolvieron órganos democráticamente constituidos y constitucionalmente reconocidos. Impusieron unas nuevas elecciones, bajo ocupación policial del territorio catalán y con candidatos en la cárcel o el exilio, y aun así perdieron. Ahora, es bien sabido que, utilizando una vez más la prevaricación, impiden que los candidatos mayoritariamente escogidos por la ciudadanía catalana puedan ser investidos. No respetan los resultados de unas elecciones que ellos mismos convocaron a su medida. No hay un problema democrático en Catalunya; hay un problema de NO democracia en el Estado español.

Por eso nació Madrileñ@s por el derecho a decidir, para apoyar la masiva voluntad democrática del pueblo catalán de decidir sobre sí mismo, y también nosotr@s, nuestras propias aspiraciones, que el futuro sea fruto de la decisión soberana de nuestros pueblos, en procesos constituyentes abiertos, decidiendo sobre los cambios políticos y sociales necesarios para acabar con un régimen monárquico surgido de una transición bajo el chantaje de la amenaza militar, y que hoy muestra a todas luces su absoluta incapacidad para ser vehículo de progreso y libertades sociales.

Seguimos defendiendo el irrenunciable derecho a decidir, de todos los pueblos que integran el estado español y, por tanto, el derecho que asiste al pueblo catalán para elegir su futuro y configurarse como estado independiente en forma de república.

¡Son ellos y ellas las que deciden! Hoy lo queremos hacer extensivo al pueblo palestino, que desde hace más de setenta años sufre la negación criminal de su realidad como pueblo y estado soberano. Nos solidarizamos con ellos y compartimos su dolor por las últimas matanzas del estado de Israel.

Manifestamos nuestro rechazo a los nuevos procesos abiertos por la Fiscalía contra cargos de la administración catalana, exigimos la libertad de los y las presos políticas y nos reafirmamos en la necesidad de una salida democrática.

Es la hora de decidir, la hora de los pueblos, y hay que estar a la altura.

¡Por la Libertad, Democracia, Repúblicas!!!

Madrileñ@s por el Derecho a Decidir. Sábado 7 de abril de 2018





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