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In memoriam
José Ramón Castaños, Troglo (1950-2018)
02/04/2018 | Jon Fano Letxepan, Petxo Idoiaga, Jaime Pastor, Martí Caussa, Raúl Camargo, Pierre y Sally Rousset, Roberto Montoya, Oskar Vellisca, Manuel Garí, Mario Klachko, Braulio Moro, Bego Zabala, Mikel de la Fuente, Arantza Fernandez de Garaialde, Joxe Iriarte Bikila

[A continuación recogemos algunos de los mensajes que nos han llegado a la redacción tras conocerse la muerte de nuestro amigo y camarada José Ramón Castaños Troglo. Además de los que reproducimos aquí, algunos de los cuales se han leído en el acto de despedida del martes día 3 en Bilbao, hemos recibido notas de afecto y recuerdo de compañeros y compañeras que han querido compartir con las personas allegadas de Troglo en estos momentos de dolor y tristeza: Charles-André Udry (Suiza), Daniel Tanuro (Bélgica), Sergio Rodriguez Lascano (México), Mario Klachko (Argentina), Alda Sousa (Sección portuguesa de la IV Internacional), Catherine Samary. Se está preparando un acto de homenaje con más sosiego, del que informaremos puntualmente.]

Aupa Troglo. Gogoan zaitugu!

Jon Fano Letxepan

Hemen dago zure familia osoa eta berarekin batera zure betiko kuadrilakoak eta jende pilo bat. Zure familia guztiari zuzentzen diogu gure sentimendurik maitatuena, bereziki azken urteotan zure ondoan egon direnei.

Saliste del caserío con apenas 18 años y te integraste en ETA para luchar por la liberación nacional y social de este pueblo, Euskal Herria.

Te llamábamos Troglo desde un principio, apodo cariñoso con el que te hemos conocido a lo largo de toda la vida. Venías de Galdames, de la Enkarterria profunda, a cuyos habitantes, por su carácter rural, les llamábamos también cariñosamente trogloditas. A ti te dejamos solo con Troglo por algunas trogladas que llevaste a cabo, en especial cuando estuviste exiliado en Paris.

Durante varios años, junto al resto de la cuadrilla, compartimos la clandestinidad y el exilio. Con la vuelta a la legalidad en el año 77, militamos juntos en LKI-LCR y lugo en Zutik! A finales de los 90 nuestro recorrido político se dividió un poquito: yo retorné a la izquierda abertzale y tu te mantuviste de un modo autónomo junto a otros compañeros y compañeras procedentes de LKI y del mundo progresista cristiano, impulsando siempre diversas iniciativas sociales y políticas a favor de nuestro país.

A ti hay que reconocerte el gran trabajo que realizaste en el impulso de una Iniciativa Legislativa Popular en el año 1997 a favor de la reducción de la jornada de trabajo en el sector público a las 35 horas y por un salario social digno y de calidad. Esa iniciativa abrió las puertas a que en el año 2000 el gobierno de Gasteiz asumiera la Renta de Garantía de Ingresos (RGI) que hoy conocemos. Que si bien no ha logrado sacar de la miseria a decenas de miles de personas, sí al menos ha logrado atenuar la miseria extrema que padecen más de 100 000 personas de la Comunidad Autónoma Vasca.

En los últimos años, a pesar de tu enfermedad has seguido jo ta ke, animando nuevas iniciativas a través de la Fundación Hitz&Hitz, iniciativas en algunos casos en colaboración con la izquierda abertzale.

Siempre fuiste muy radical en tus iniciativas, procurando animar las mismas ante problemas sociales y políticos bloqueados. A veces eras un poco exagerado y terco. Pero siempre aprendimos algo de tus argumentos y en no pcas ocasiones tuvimos que reconocer el acierto de tus propuestas.

En los dos últimos años, con tu enfermedad ya avanzada, todos los domingos a la tarde quedábamos a tomar un café o chocolate con churros. Algunas veces nos acompañaba Oskar. Siempre me preguntabas por mi hijo, preso en Algeciras, y arreglábamos medio mundo. El otro medio lo dejábamos para el domingo siguiente y así sucesivamente. Pero siempre con la ilusión de avanzar hacia una Euskal Herria más justa y libre y un mundo libre de opresión y explotación.

Te voy a echar de menos, te vamos a echar de menos. Baina gurekin izango zara beti. Aurrera Troglo!

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Besarkada bat lagun min hori (un abrazo querido compañero)

Petxo Idoiaga

En mayo de 1969. En esa fecha conocí a Troglo y desde entones hemos tenido una actividad política común y muy unida, además de una grandísima relación afectiva. Ambas ininterrumpidamente durante cuarenta y nueve años, mucho más de la mitad de nuestras vidas.

En mayo de 1969 tocaba reconstruir una ETA destrozada por la represión policial que en el abril anterior había terminado deteniendo a toda su dirección entre la caída de Artekalea de Bilbao y la del pequeño pueblo de Mogrovejo en los montes de Cantabria. Para 1970 había contra él –a quien el Ministerio de Interior apodaba “Rey”- una requisitoria por bandidaje y terrorismo en la que se le calificaba como “jefe supremo” de ETA.

Lo del apodo Troglo (abreviatura de troglodita) le cayó, algún tiempo después, porque un buen día preguntó si bitter era una marca de detergente; la pregunta iba de guasa, pero en este país en el que según te pillan te apodan, se quedó de muy buena gana con el mismo. Así le hemos llamado desde entonces y seguro que entre algunas de sus amistades cercanas hay quienes hasta hoy no se han enterado de lo de José Ramón Castaños Umaran. No es grave; para nuestro mundo al menos, Troglo es un nombre perfecto para una imborrable memoria.

Con más ilusión que esperanza comenzamos en 1969 y 1970 la reconstrucción de una ETA que ya en 1968, a raíz de los funerales por Txabi Etxebarrieta, su primer militante muerto, había demostrado que era referencia política principal para un movimiento sociopolítico de cierta amplitud. Durante aquellos años trabajamos siempre en el difícil equilibrio entre subrayar la identidad socialista y la nacionalista. En 1970 nos tocó exiliarnos a Francia. Allí vivimos el proceso no siempre sereno -a veces incluso ingrato ante injustas acusaciones de “españolistas”- que terminó separándonos a ETA Sexta de la otra ETA, la ETA Quinta, cuya prolongación ha sido la organización que ha perdurado como ETA hasta nuestros días.

Allí Mariví y él tuvieron a su hija Otxanda.

Persona de una generosidad política sin límites Troglo aceptó la llamada de ayuda internacionalista que le hizo la IVª Internacional y en 1973 marchó un tiempo a Argentina, a trabajar con el PRT, pese al riesgo personal tan grande que suponía la tremenda inestabilidad política dominante allí. Pero incluso en ese su tiempo latinoamericano estuvo muy cerca de la evolución de su organización en Euskal Herria.

Esa evolución nos llevó, en 1973, a la fusión de ETA VI con LCR. Comprometido -como siempre- con esa nueva fase política, tras ser amnistiado el año 1976, marchó a Madrid -junto a quien desde entonces ha sido su compañera, Totoya- como miembro de la dirección de LCR-ETA VI, que en Euskal herria acabó conociéndose como LKI (Liga Komunista Iraultzailea).

Troglo fue siempre activista y dirigente de LKI, también, cuando se produjo su unificación con EMK y se creó la nueva organización Zutik!. Por motivos diversos –políticos y organizativos- la fusión de ambas corrientes de izquierda revolucionaria en Zutik! no cuajó y se fracturó.

Aun después de esa experiencia negativa, Troglo nunca dejó a un lado su activismo político. Alma incansable de ILPs, iniciativas, encuentros, jornadas y debates, fue una de las personas iniciadoras de Goldatu (asociaciónde personas vascas presas y represaliadas por la dictadura franquista) que hoy sostiene activamente la "querella argentina" contra aquel régimen y fue, también, creador y una de las alma mater de la fundación Hitz&Hitz cuyo papel está siendo relevante en la definición y desarrollo del pensamiento y las prácticas ecosolialistas.

Pero el cáncer le atrapo. El invierno de 2016-2017 parecía que se nos iba. Pero el tratamiento inmunológico le dio un año más de una vida que, hasta el final-final ha mantenido con esa coherencia.

Hemos aprendido mucho de él. No sólo de esa su generosidad y su activismo político, sino también de su pensamiento y de su saber hacer en muchas cosas. Por ejemplo es, sin duda, quien desde nuestro entorno político relativamente autónomo ha sabido tejer mejores lazos y relaciones –no rotos pese a diferencias o debates- con la izquierda abertzale y, en particular, con el proceso que esta viene protagonizando los últimos años. Pero ha sido también quien, de entre nosotros, ha sabido sintonizar mejor con sectores cristianos comprometidos seriamente con la justicia, la igualdad y la defensa de los derechos humanos.

Hemos aprendido y hemos recibido mucho de la generosa y activa amistad de Troglo. Alguno, entre los que me encuentro por suerte, hemos recibido una cantidad ilimitada de esta. Sé que él ha sentido lo mismo de nuestra parte. Y de todo lo que Troglo ha sido para mí estos casi 50 años es, aunque en este escrito haya ocupado menos espacio, la que, en estos momentos, más quiero.

Sé que eso vale sólo para mí. Sé que mañana tendremos que publicar, en particular, el significado político de Troglo. Lo haremos. Pero ahora es esta parte la que más quiero.

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Troglo. Su ejemplo nos acompañará siempre

Jaime Pastor

Hoy nos ha dejado, tras una dura lucha contra la enfermedad que le perseguía en los últimos tiempos, un gran amigo y compañero de una larga lista de luchas desde comienzos de los años 70 del pasado siglo: José Ramón Castaños, Troglo. Su ejemplo nos acompañará siempre. Tantos recuerdos se acumulan desde que le conocí en el exilio parisino que, como decía el poeta, cuesta imaginarle ausente para siempre... El viernes 2 de marzo, aprovechando un viaje a Bilbao, estuve con él por última vez: como siempre, hicimos un repaso de la situación política, de Catalunya, de Podemos; también, sobre los debates dentro de la izquierda vasca, sobre sus últimas lecturas y quedamos en vernos en mayo reivindicando aquel 68. Ya no podrá ser pero nos quedan sus reflexiones, sus artículos, sus proyectos que seguía pensando y repensando hasta el último día y, sobre todo, su pasión y su afecto con toda la gente que le queríamos.

2/04/2018

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Resistente como militante y tierno como amigo

Martí Caussa

Esta es mi imagen de Troglo. Sin conocerle me contaron que había ido a Argentina y me admiró su disposición de ayudar a la revolución donde hiciera falta, aunque me pregunté si un joven vasco exiliado podría ser útil en un situación tan distinta y tan difícil. Al cabo de unos meses, unos compañeros argentinos me comentaron la ayuda que había supuesto como político y como amigo.

Mas tarde nos conocimos, primero superficialmente en reuniones y después en profundidad, sobre todo cuando los dos dejamos nuestra tierra para integrarnos en la dirección de la LCR en Madrid. Entonces me forme esta idea de resistencia y ternura combinadas. En realidad era una imagen compartida con Roser y que abarcaba a Troglo y Totoya, porque los cuatro compartíamos horas de militancia, de amistad y, además, ellos cuidaban a menudo a nuestras hijas para que pudiéramos ir al cine, a pasear o a cenar.

Troglo era resistente en su militancia y sus ideas, cuando abrazaba una no la soltaba fácilmente y la defendía con pasión. Esto le había llevado a muchas discusiones fuertes, conmigo y con otras personas. Y a enfados. Porque las discusiones, cuando son de verdad, muchas veces son así. Y en la LCR lo eran. Pero tras la discusión el amigo tierno seguía allí, con una amistad más resistente aún que sus ideas.

La penúltima vez que le vimos Roser y yo estaba realmente mal, pero muy lúcido. Sabía que no le quedaba mucho tiempo y nos dijo: “Voy a seguir en la brecha mientras me queden fuerzas”. A continuación nos preguntó por nuestras hijas, volvimos a contarnos viejas historias y quedamos que en el siguiente viaje iríamos a ver lo bonito que estaba el caserío.

Resistente y tierno hasta el final.

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In memoriam

Raúl Camargo

Conocí a Troglo hace como 15 años en alguna reunión de la IV o de la Conferencia de la Izquierda Anticapitalista Europea. Era entonces un dirigente de Zutik!, siempre con algún proyecto en la cabeza para reunificar a la izquierda vasca. Para la generación más joven Troglo era uno de los “ viejos rockeros” de la antigua dirección de la LCR/LKI. Desde Madrid no tuve el contacto que pudieron tener otras personas con él pero siempre que coincidimos le veía como un torrente de energía y de iniciativas ( aunque no estuviéramos de acuerdo en todas). Siento muchísimo la muerte de Troglo; con él se nos va otra pedazo de esa generación de luchadores y luchadoras que combatieron los últimos años del franquismo y que no se resignaron durante y después de la Transición. Esas personas que, aún formando parte de una minoría, no se rindieron ante los cantos de sirena del nuevo régimen instaurado en el 78. Otro de los imprescindibles. Un abrazo muy fuerte a su familia, amigos y amigas y camaradas.

¡Troglo vive, la lucha sigue!

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In memoriam

Pierre y Sally Rousset (IV Internacional)

La noticia del fallecimiento de Troglo nos ha conmocionado. Compartimos compromisos, nos conocíamos desde hace tanto tiempo que formaba parte de nuestra historia: una historia forjada desde hace decenios a los dos lados de los Pirineos. Con el paso del tiempo los amigos de lejos, aún cuando los vemos muy de vez en cuando, continúan estando cerca. Para nosotros la desaparición de Troglo es un momento de tristeza y de memoria que queremos compartir con sus camaradas, amigos y amigas.

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Troglo era Cisco en Argentina

Roberto Montoya

Lo conocimos a fines de 1972 o inicios de 1973 en París. Habíamos viajado varios miembros de la Fracción Roja del PRT-ERP argentino a un encuentro con Daniel Bensaid y otros dirigentes de la LCR francesa, tras la ruptura con Santucho y la dirección del PRT-ERP, hasta ese momento sección oficial de la IV Internacional en Argentina.

El último día de nuestra estadía nos presentaron a Troglo y otro compañero exiliado como él en París. Nos dijeron que querían “ser más útiles a la revolución”, que seguían con mucho interés lo que pasaba en Argentina y que pensaban que allí podrían ser más útiles que en Francia.

Los compañeros de la LCR nos habían puesto en antecedentes de la trayectoria de Troglo. y la larga charla que tuvimos con él aquel día nos permitió confirmar la fuerza de sus principios, su capacidad de análisis, su visión internacionalista, su serenidad. No hizo falta más, rápidamente acordamos los detalles para preparar su viaje a Argentina poco después y su estadía allí con ciertas garantías de seguridad.

La dictadura militar del general Lanusse estaba en sus estertores. Iniciada en 1966 con el golpe de Estado del general Onganía, su desgaste era cada vez mayor, la resistencia popular se había endurecido y la junta militar se vio obligada a convocar elecciones para marzo de 1973.

Troglo, que cambió allí su nombre de guerra por Cisco, se encontró un país en plena ebullición, las costuras de la dictadura se rompían por todas partes, había movilización y euforia en las calles, pero los servicios de inteligencia trabajaban horas extras, la represión seguía.

De inmediato se vio sumergido en la más dura clandestinidad, de nuevo en el seno de una organización armada.

Tardó muy poco en hacerse con Argentina, en entender los códigos de la vida política y social de allí, en integrarse de lleno en la vida militante de la Fracción Roja. Lo cooptamos a la dirección y a la redacción de nuestro órgano, Combate. Era uno de los nuestros, plenamente, un internacionalista consecuente.

Pronto empezamos a comprobar su aporte en las reuniones de dirección, en su capacidad de análisis sobre una situación tan compleja como la que se estaba viviendo en esos momentos, y en su capacidad de escribir para el periódico. Pilló rápidamente argentinismos y hasta incorporó palabras del lunfardo, el argot porteño.

El espejismo de libertad y democracia que se produjo con el triunfo de un peronista de izquierda en las elecciones duró poco. Perón fue dando cada vez más poder a la derecha de su partido y a la burocracia sindical mafiosa y comenzaron los asesinatos diarios de la paraestatal Triple A contra militantes, activistas y opositores de todo tipo.

Troglo conocía bien lo que era el fascismo, el falangismo, y aportó mucho al análisis de la nueva etapa que se abría. Cada vez se volcó más en el periódico y los editoriales que en la acción directa. En 1974 Argentina ya era un verdadero infierno, la fachada parlamentaria escondía un gobierno cada vez más represivo; el accionar guerrillero se intensificó, comenzaron las detenciones y las desapariciones y muertes de compañeros y compañeras.

La organización decidió que Troglo debía salir del país. Salió a fines de 1974 rumbo a París.

Años después, a inicios de 1978, pude volverlo a abrazar. Instalados los dos ya en el Estado español, militando de nuevo en la misma organización, esta vez en la LCR, fui con otros amigos exiliados argentinos a visitar Euskal Herria, la tierra de mis padres, y Troglo se unió a nosotros para hacernos de anfitrión.

Un día estábamos con nuestro viejo Citroen circulando por una carretera secundaria de Álava cuando nos detuvo un control de la Guardia Civil. Los dos jóvenes agentes se acercaron por ambos lados del coche, me pidieron mis documentos y los del coche. Vieron que era argentino y preguntaron: “¿Todos son argentinos?”. Troglo contestó: “No, yo soy vasco, soy de esta tierra, no como ustedes”. Se mosquearon, le pidieron sus documentos y los de la otra pareja argentina que viajaba en el asiento de atrás. “¿Y de qué se conocen?”, preguntó el mismo agente. Y para nuestra sorpresa Troglo contestó: “De Argentina, yo estuve exiliado allí por la dictadura y ahora son ellos los que se tuvieron que exiliar aquí”.

El agente no podía creer lo que escuchaba. Nos hicieron bajar a todos y estuvieron revisando el coche de arriba a abajo durante quince minutos.

Cuando por fin nos dejaron ir, a regañadientes, le pregunté cabreado a Troglo por qué había dicho eso. “Porque es la verdad, ¿o no?, me gusta provocarlos, que sepan que aquí no los queremos, son de una fuerza de ocupación”. Terminé riéndome, aceptando su argumento, tenía toda la razón.

Era Cisco y Troglo en estado puro. Más de una vez volvimos a recordar juntos ese episodio y aquella experiencia dura, amarga, intensa, que compartimos en Argentina. La tengo siempre presente.

Que la tierra te sea leve querido Cisco, Troglo, ¡Hasta la victoria siempre!

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Para Joserra Castaños. Amigo dentro y fuera de la politica

Oskar Vellisca

El último día que le vi al Troglo estaba muy adormilado, pero al preguntarle qué tal estaba, abrió los ojos y con una sonrisa pícara dijo: “Oso Ondo”. Era evidente que una de los logros que había conseguido el tratamiento era que la primera expresión, la más instintiva, la más troglodítica, lo fuera en euskera. De su frase a declinar correctamente los verbos solo quedaba ya un pequeño paso, que le faltó tiempo para darlo.

Troglo había sido transeúnte de múltiples países y ciudades y bilbaíno por adopción, convertido en un personaje ya típico del Casco Viejo, con su recién incorporada txapela, agitador incansable, con una capacidad de entrelazar complicidades y espacios con otras corrientes.

Y formaba parte de una generación que desde hace muchos años se empeñó en cambiar el mundo. Mujeres y hombres, como buena parte de los que estáis aquí, que fuisteis cooperadores necesarios en una inmensa tarea y a la que dedicasteis esfuerzos colectivos y personales tan grandes, gente que prefería cambiar la historia a aceptar simplemente padecerla. Una generación de la que aún hoy se puede escuchar su perceptible eco.

Sin embargo, Troglo no sólo era el dirigente político, era también el amigo, accesible en la sintonía de ideas, y, un poquito menos, sólo un poquito menos, en la mayor de las discrepancias. Troglo se convertía en Joserra, en esas distancias más cortas, fuera del estricto mundo de la política, cuando el aprecio recíproco, afortunadamente, se impone al estruendo de las discusiones más incómodas.

Hay momentos imborrables en el álbum cronológico que merece la pena destacar. No se puede olvidar el empeño en que elogiáramos su paella de San Antolines aunque el punto de cocción no fuera el idóneo. O las partidas de mus en que, como pareja de hecho, les ganábamos a su primo y a Letxe Pan pese a sus infundadas protestas, ya que nunca aceptaron de buen grado una superioridad tan manifiesta.

Conversador incansable, Joserra era capaz de aportar su granito de arena en temas históricos, económicos,…; y de abordar otros asuntos más cercanos, de cómo resistir a la enfermedad como había resistido tantas veces las inclemencias de la vida; y la ilusión de ganarle tiempo al escaso tiempo.

Joserra estaba rodeado de mucha gente (las personas que estáis aquí sois buen ejemplo) alguna más reciente como yo, pero otras con muchos años y relación más profunda; en suma, una inmensa familia que crecía y le ha acompañado durante todo este tiempo. Y quienes le conocimos esperamos devolverle, en justa reciprocidad, mucho de lo que nos dio; y como él, cambiar y, a la vez, conservar el mundo.

Nadie sabe con exactitud dónde está hoy. Aun así, cuando en ese lugar alguien le pregunte como se encuentra exclamará: “Oso ondo”, y esta vez, libre de cualquier tratamiento y en tono claramente reivindicativo, será capaz de añadir: “Baldintza eta Subjuntibo, Baldintza eta Subjuntibo joder. Baldintza badakigu.”

Eskerrik asko Troglo!

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Troglo: la voluntad, la iniciativa y la generosidad revolucionaria

Manuel Gari

Esperábamos el fatal desenlace, pero, cuando llegó el golpe no fue menor. José Ramón Castaños, al que cientos conocían por su alias, Troglo, con el que siempre se identificó, ha muerto.

Una de las mejores experiencias de quienes estuvimos en la LCR fue conocer y fusionarnos con ese colectivo tan cercano que formaba la gente de ETA VI. Y muy en concreto tratar a Troglo. Desde puntos de partida y experiencias distintas, de pronto, al calor de la lucha antifranquista, de la común aspiración de una sociedad socialista y gracias a las buenas influencias de la gente de la Liga francesa y de la Cuarta, pudimos converger en puntos de vista y proyectos con alto grado de acuerdo. Y, además, cuestión a destacar, eran gente leal. Cosas de la clandestinidad tardé en conocer a Troglo. No recuerdo con precisión en que momento, pero estoy seguro de que comenzamos a tratarnos a raíz de su traslado a Madrid para participar en la dirección del partido unificado. En esos años pude comprobar lo fácil que era acabar discutiendo con Troglo, cuyas ideas y propuestas defendía con pasión, pero también, que aún más fácil era llegar finalmente al acuerdo sobre el qué hacer. Lo importante. Y todo ello acompañado de un compañerismo amigable, sin condiciones. Cosa a poner en valor en tiempos en los que la competitividad entre individuos y la falta de debate político presiden la vida de las fuerzas del cambio.

Es imposible resumir en unas líneas una vida plena de actividad revolucionaria de una persona con gran capacidad de iniciativa y de dedicación infinita a la causa. Voy a destacar dos aspectos no abordados en los artículos In memoriam precedentes y que me afectan más directamente. Tras el fracaso de la unificación con MC -fusión que comportó el injusto y erróneo precio de abandonar la IVª- Troglo y yo nos sentimos en la obligación moral y política de restablecer el daño hecho; fuimos cómplices de la “vuelta” al CEI de la gente en Euskalerria que compartía con Troglo la necesidad de establecer esa relación y de la gente que en Euskalerria y en el resto del Estado nos agrupamos en una larga secuencia (Izquierda Alternativa, Espacio Alternativo, Izquierda Anticapitalista y finalmente Anticapitalistas) que queríamos formar parte de la organización internacional. En esos años se reforzó nuestra amistad y colaboración, pese a que no teníamos el mismo proyecto político organizativo sobre la construcción del partido, pero sí un gran capazo de ideas, puntos programáticos y formas de ver la relación entre la lucha social y política. Y en concreto la visión ecosocialista. La otra cuestión que quiero resaltar es que Troglo, a partir de la iniciativa de los Encuentros Ecosocialistas que comenzaron en Ginebra, pasaron el testigo a Madrid y luego se celebraron en Bilbao gracias a su empeño cuando ya estaba muy enfermo, estableció una vía muy estrecha de colaboración con Anticapitalistas y con las organizaciones ecologistas del Estado español. Gracias a su propuesta y empeño en noviembre de 2018 tendrán continuidad en Lisboa.

Punto y coma. Tratando a Troglo es cómo comprendí de forma sencilla que se puede tener una firme posición política independentista en defensa de los derechos del pueblo vasco y, a la vez, no tener que recurrir al recurso identitario. O así lo entendí yo. Y, a la vez, fue internacionalista y solidario con la lucha de los pueblos como pocos.

Punto y aparte. Como amigo Troglo nunca me falló y conocí de su capacidad de afecto en el trato cuando más lo necesité en 2008 y 2009, en lo varios viajes que hizo para charlar. Sólo para charlar entre bus y bus. Parafraseando e invirtiendo el lema sandinista, para Troglo la ternura es la solidaridad entre las personas. Y la practicó.

Punto final. El 31 de diciembre de 2016 fuimos Sophie, Josu, Marga y yo a verle al caserío. Por suerte llegamos y no nos perdimos en aquellos caminos y curvas entre montañas y valles. En las horas de ese final de año no paró de hacernos propuestas de trabajo: un acuerdo entre fundaciones -que desgraciadamente no hemos documentado todavía-, una iniciativa social contra la precarización con sectores cristianos y lo dicho: la preparación de la cuarta edición de los Encuentros Ecosocialistas. Nos dio recados y propuestas. Las cumpliremos.
Troglo vive, la lucha sigue.

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Recuerdos de Troglo

Mario Klachko

No voy a hablar de la vida del Troglo, de como empezó a militar, de como fueron sus primeros años de militancia pues de eso no sé nada y ademas ya he visto que otros lo han hecho mucho mejor de lo que yo lo hubiera podido hacer. Conoci al Troglo a principios de 1974, supe que se llamaba José Ramón Castaños en 1985.

Y como de él ya esta todo dicho o casi me limitaré a mostrar algunos pasajes de un libro que escribí y donde hablo de él y de otros vascos, publicado en Buenos Aires en diciembre del 2017. Es una novela, en la cual se entreveran ficción y recuerdos.

« Luego Mario debió viajar a París, donde tomó contacto con los camaradas de la Liga Comunista Revolucionaria que se encargaban de América Latina y de España; Daniel Ben­saïd y otros. Le organizaron varias entrevistas con perua­nos, mexicanos, catalanes, vascos; fue de estos últimos de quienes se hizo amigo. Horas de charla en bares, en bancos de plazas, incluso lo hospedaron en su casa en Vincennes, casi en el límite con Montreuil, al este de París. Por las noches se quedaban siempre hasta muy tarde: los vascos le contaban la historia de su país, del combate de los nacio­nalistas vascos, del nacimiento del ETA; Mario les devolvía la moneda describiéndoles el infierno en que se encontraba Argentina en aquel entonces.

Los vascos se aburrían en París. Consideraban que es­taba todo muy bien, las manifestaciones, las peleas con la extrema derecha en las universidades y en las calles, pero entendían que había que combatir al fascismo con sus pro­pias armas, es decir a tiros. Como en España los conocían demasiado y ya tenían muchos clandestinos en

Bilbao, Pamplona, San Sebastián y Madrid, los que habían sido «exfiltrados» a Francia debían quedarse allí.

—Mira, Pelado, ya estamos hasta los cojones de los «gabachos».

—Hombre, ¡que no son gabachos, son camaradas in­ternacionalistas!

—Pues ya los querría ver yo en el batallón Itxas Albe o en el Itzarkundia en el frente de Bilbao en 1936.

—Mirá que varios hicieron la resistencia contra los nazis.

—¡Pero coño, Pelado, eso fue hace 39 años!

—Pues Manolo, ¿qué me quieres decir?

—Que quiero irme a Argentina contigo, que quiero ir allí donde se combate al fascismo con las armas en la mano.

—Bueno, Manolo, ¿y si formamos unas brigadas in­ternacionales? Podemos desembarcar en la bahía de Sam­borombón y remontar hacia Buenos Aires caminando entre los cangrejos.

—Pelado, déjate de chorradas y cursa nuestro pedido ante los jefes que a ti te tienen por la buena.

Mario aprovechó su estadía en París para consultarle al respecto a Daniel Bensaïd.

—¿Ustedes están locos?

—Mirá Daniel, hablan castellano, el Troglo nos puede ser muy útil pues es un camarada con una excelente forma­ción política y Manolo es un combatiente aguerrido, repu­so Mario.

—Justamente, Pelado, ese es el problema. Cuando lo sacamos de Euskadi estaba planeando matar al goberna­dor militar del País Vasco, él y otros dos montañeses. Era muy simple, se apostaban cerca de la Gobernación y cuan­do saliera le tiraban con bazooka y luego los acababan a tiros.

—Bueno Daniel, no es para tanto, un exceso de celo.

—Pelado, hay que ir a informar a la dirección del ETA VI en Madrid sobre la preparación del próximo congreso; voy a proponer que vayas tú. ¿Estás dispuesto?

—Sí, por supuesto.

—De paso, aprovechas este encuentro para saber qué piensan ellos sobre este viaje de turismo a América del Sur.

Mario arribó al aeropuerto de Barajas a las 11 de la mañana con La Vanguardia en la mano izquierda, un ele­gante traje gris oscuro, portafolio de cuero, gafas oscuras; aspecto de joven ejecutivo de una empresa.

Mientras esperaba que llegaran sus camaradas, pudo ver algunos grupos de la Guardia Civil patrullando en el aeropuerto; iban de a tres. No parecían muy concentrados en sus tareas pues charlaban entre ellos, fumaban. Llevaban subfusiles Star Z-62, 9 mm Parabellum, pistolas Star súper S 9 mm; todo eficaz y adaptado al combate de proximidad.

Mario vio venir hacia él a cuatro hombres jóvenes ves­tidos con parcas militares, barbas de cuatro o cinco días; era casi una caricatura de un comando guerrillero en acción. No lo podía creer: tanto esfuerzo de camuflaje tirado por la borda; imposible que la Guardia Civil no los detectara. Y él ni siquiera tenía una navaja, solamente un cuchillo del ejército suizo con una pequeña hoja y una serie de adminí­culos –tijera, mondadientes, lima de uñas– en el portafolio.

Los vascos se le acercaron y le dijeron:

—Ongietorri, ¿borondate gisa?

Uno de ellos lo tomó del brazo y lo condujo a los aseos. Entraron en una cabina y el vasco le dijo:

—¿Cómo te sientes? ¿Has tenido buen viaje?

Mario estuvo por preguntarle si estaban locos, pero no dijo nada, solo se encomendó a Dios.

—Toma, es una Astra, ¿sabes servirte de ella?

—Sí, ¿tienes más cargadores?

—Dos más, toma.

Salieron, pasaron entre la gente y las patrullas de la Guardia Civil y se dirigieron al estacionamiento. Nadie les prestó atención.

¿El parkinson de Francisco Franco reper­cutía sobre la moral de las tropas?

Un día y medio de reunión en Getafe, informe y discu­sión sobre el congreso de la Cuarta, acuerdo de la dirección de ETA VI para que los vascos de París fueran a Argentina. Despedida afectuosa y viril, a la vasca.

—Cuídate, guárdate de los fascistas argentinos, sabe­mos que son peligrosos. ¡Ale, te llevamos al aeropuerto!

—No es necesario –dijo Mario–, no tengo ningún equipaje, camino 200 o 300 metros y cojo un taxi.

—Bien, Jospo te acompañará hasta el taxi. ¡Agur!”

“El cordobés y ella empezaron a buscar pequeños bancos, sucursales de correo donde pudieran comenzar a hacerse conocer en la provincia. Esto duró poco, pues Glynes comenzó a tener pérdidas ocasionadas por los largos viajes en motocicleta. El cordobés, que era médico, diagnosticó el riesgo para el bebé y su madre. Debía hacer reposo absoluto y consultar con un especialista, lo que no podía hacerse en Córdoba pues tenían muy pocos contactos. Debieron volver precipitadamente a Buenos Aires, donde el ginecólogo sostuvo lo mismo que el cordobés: reposo absoluto hasta el parto.

Cuando empezaron las contracciones, fueron a una clínica privada en el barrio de Belgrano donde ya habían inscripto a Glynes con un nombre falso pero sin haber asistido a ninguna consulta previa; los acompañaban los dos camaradas vascos. En la recepción les pidieron que esperaran, el director iría a verlos. Cuando llegó, les dijo que era totalmente inusual un parto en esas circunstancias, que les recomendaba ir a una maternidad pública. Mario le dijo que el parto debía realizarse allí. Manolo entreabrió su chaqueta, dejando ver al médico la Colt 45 enfundada en su cintura.

–¡Calma! Todo transcurrirá bien.

–Eso esperamos –dijo Manolo.

Una hora y media más tarde volvió el médico partero. Todo había transcurrido normalmente, el bebé era una niña y tanto ella como su madre se encontraban bien. Les dijo que volvieran al otro día, a lo que Mario y Manolo contestaron que no, que se las llevaban de inmediato; que les indicaran cuánto debían pues estaban dispuestos a pagarle con tal de no remover aún más el avispero.

El director de la clínica les dijo que no le debían nada; que se fueran rápido le convenía. Volvieron a la casa en un auto que los esperaba a la salida de la clínica y el ginecólogo que había asistido a Glynes con las pérdidas fue a revisar a la madre y a la niña recién nacida.

Los vascos, sin dejar lugar a discusiones, propusieron tres nombres: Oihane, Edurne y Maïte. Glynes y Mario finalmente eligieron Maïte, que en Euskera significa amada, la más querida”

“En París, Glynes y Maite fueron a vivir a una casita en el fondo del pasaje Des Abesses, en Montmartre. Arantxa y Marichu las recibieron y prodigaron a la madre y a la beba todo el cariño y el sostén necesario para comenzar una nueva vida. De las cuestiones materiales se ocupaba la Liga Comunista y del apoyo cotidiano el ETA-VI a través de Arantxa y Marichu”

¿Es poco decir que el Troglo, Manolo, Arantxa, Marichu, y todos los demás camaradas del ETA VI que conocí en Paris y en el pais vasco están presentes en mis recuerdos y en mi corazón desde hace 44 años?

Vi muchas veces al Troglo. Pasamos varias noches viejas juntos, en Galdames, con su madre y su hermana Begoña, con amigos, con su hija Otsanda. Yo deslumbrado cuando todos cantaban en coro.

Y las discusiones interminables, como en los ‘70. Y aquél encuentro en Donosti donde me presentó al camarada que había robado en Biarritz el pasaporte vasco a nombre de Iñaki Azpeitía Gorriti que utilicé hasta que partí de Argentina. Por la noche fuimos a un txoko donde se juntaba plata para financiar viajes de las personas que tenían familiares presos lejos del país vasco.

Lo vi por ultima vez cuando fui con L al país Vasco, en el 2012. Pero siempre estábamos en contacto. Incluso me propuso el tema de un cuento que me costo meses escribir y que será publicado junto con otros en Buenos Aires y que está a disposición de quien lo quiera leer.

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Troglo se fue y con él un amigo y camarada, una parte de mi historia política

Braulio Moro

París.- Conocí a Troglo al final de los años 80, en Ámsterdam. Fue en una de esas reuniones que como movimiento de la Internacional realizábamos cuatro veces cada año para "medir el pulso" de la situación internacional. Fue exactamente en 1989, el año de la caída del Muro de Berlin (y la del mundo que lo acompañaba), un año que marcó un giro cualitativo en la situación internacional. Junto con el Moro, participaba como uno de los representantes del Estado español. Había otros camaradas, pero ahora prefiero centrarme en él. Yo representaba a una organización mexicana que con el tiempo acabo hundida en el fango político. Desde el primer contacto entablamos una relación amena, franca, camaraderil, solidaria.

Tuvimos ocasión de vernos muchas ocasiones más. En Ámsterdam, Madrid, Bilbao o San Sebastián. Cada encuentro era tiempo para intercambiar ideas políticas, cambiar el mundo a nuestra manera e imaginar tal o cual iniciativa. No siempre coincidimos pero hasta el final pudimos decir lo que uno y otra pensaba. Como sucedió al momento que los camaradas de la LKI decidieron fusionarse con el EMK y dar así nacimiento a Zutik. Tuve oportunidad de asistir al congreso de fundación de Zutik que algunos años después acabo por disolverse. El Troglo siempre compartió los reparos que mantenía con ese proceso.

Zutik hizo su propia vereda. Troglo intentó durante varios años de asegurar un vínculo más que formal entre esa organización y la Internacional, con la que se mantuvo identificado muchos años más. Como uno de los responsables financieros de Zutik apoyó con todo he hizo que su organización ayudara materialmente para traducir al español el libro Marx l’Intempestif , escrito por Daniel Bensaid.

Compartimos, celebramos y discutimos largas horas y muchos días el surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) de México en 1994, y con él la llegada de un aire renovador en la política internacional, aunque no siempre comprendido, ni entonces ni ahora, por las diversas corrientes de la izquierda. Interesado siempre en lo que sucedía en América Latina, tuvimos oportunidad literalmente de darle mil vueltas al subcontinente. Brasil y el PT, Uruguay y el Frente Amplio, Colombia con sus guerrillas y dirigentes sociales asesinados; la revolución en Nicaragua, el FSLN y la descomposición política de sus dirigentes ; el Salvador, ese pulgarcito revolucionario vestido de FMLN, Argentina y los recuerdos de su estancia allá, en la década de los años setentas y, claro, México, motivo de heridas, divisiones, corrupciones y grandes esperanzas.

Pero el Troglo no sólo fue un revolucionario internacionalista convencido. También fue una persona plena de humanidad. De cabo a rabo, como dicen en mi pueblo. En alguna ocasión vino a Francia y me pidió ayudarle a encontrarse con Christine Daure Serfati, mi suegra, en aquel entonces presidenta del Obervatorio Internacional de las Prisiones. Quería que el OIP interviniera a propósito de las inhumanas condiciones de detención de los prisioneros de la ETA recluidos en el Estado español, en concreto sobre el tema del alejamiento entre los prisioneros y sus familias.

Y también hablamos mucho, muchísimo cuando se enteró que iba a ser abuelo, y después cuando nació su nieto. Agur escuchaba cada vez que terminábamos una prolongada llamada, condimentada por una buena dosis de actualidad política y una inevitable e inconfundible sonrisa cuando le preguntaba cómo va el abuelo.

La enfermedad, el cáncer llegó inesperadamente. Y es que el Troglo fumó como locomotora a vapor durante años, aunque hacía rato que había decidido dejarlo. Para entonces nos veímos mucho menos, aunque eso no le impidió llevarme a disfrutar una excelente e inolvidable tarde de buen comer en una Sociedad Gastronómica en Bilbao, con viejos camaradas de la organización con la que inició su vida política.

La última vez que nos encontramos fue en Bilbao, gracias a Josu que arregló la cita. Fue antes de comenzar su tratamiento. Se veía fatigado pero optimista como siempre. Después hablamos dos o tres veces por teléfono y aunque sabía que iba mal, a mi reiterada pregunta cómo vas, respondía siempre bien. Otro amigo, Juan, me previno la semana pasada que el Troglo vivía sus últimos momentos y este pasado lunes me informó de su fallecimiento. Se fue un amigo y camarada. Uno de los nuestros.

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Troglo: Agur eta ohore!

Bego Zabala

No volver a oír, ni a escuchar las palabras de Troglo sobre la necesidad de la refundación de la izquierda vasca, no me va a resultar cosa fácil. Era un elemento recurrente en nuestras conversaciones. Podíamos estar hablando de lo que fuese, incluso de montar unas jornadas eternamente pospuestas sobre feminismo o sobre la Memoria en Euskal Herria. O estábamos organizando una lista unitaria imposible, para que la izquierda vasca apareciera unida y con contundencia frente a la derecha unionista en la siguiente cita electoral. Era lo mismo, siempre, en la palestra, estaba esta idea de la refundación, de la llamada a la creación de algo que nos uniese a todas las gentes que por aquí andamos y batallamos.

Si embargo, cuando lo conocí, ni de lejos podía pensar que aquel refugiado que quería regresar a la patria a seguir peleando bajo las banderas de la IV Internacional, aquí, en la Sección simpatizante, todavía llamada LCR-ETAVI, iba a terminar siendo un amigo y camarada más que cercano.

Apareció en el despacho que teníamos en la Calle Portu, en Barakaldo, con su padre. Era quinto mío, o sea del año 50, aunque siempre nos parecía a los dos que él era mayor. Y no era habitual que los clientes apareciesen con su padre o con su madre a hacer consultas sobre sus asuntos. Su padre era todo un ejemplar. Currela en la margen izquierda, ya lo conocía de aquellas guerras y luchas obreras. Quería asegurarse, en persona, de que la vuelta del exilio no tenía peligro para él. Conocía muy bien el optimismo natural de Troglo, y por eso, no se fiaba,...

El caso era que, visto el Sumario, aún cuando aparecía implicado en algunos asuntos bastante delictivos, según mi buen saber y entender en aquellas cosas de Orden Público, podía volver a casa y no sería encarcelado por aquellos hechos. El padre dio el visto bueno. Siempre que hacíamos estas predicciones, nos pasábamos muchos de los días siguientes pendientes de las caídas, las redadas y los teléfonos. No era fácil saber cómo aquellos energúmenos represores iban a aplicar la legislación. Así que cruzando los dedos no nos quedaba otra cosa que esperar.

Después, con el paso del tiempo, corto, resultó que estábamos en el mismo partido. Ya habíamos superado el “stage” de simpatizantes y éramos la LKI y la LCR, Sección de la IV Internacional.

Y todavía después, cuando ya no teníamos estatus como colectivo en la Cuarta, ni siquiera colectivo como tal, todas las veces que he estado con el Troglo ha sido para proponerme mil aventuras organizativas y políticas por él pensadas. Siempre, detrás de una cita, había una propuesta que trastocaba bastante mi vida. Muchas veces no estábamos de acuerdo. Yo siempre pugnaba por seguir en el movimiento feminista y en el feminismo. No importaba. Seguíamos pensando en eso de que había que refundar la izquierda vasca... Y en eso seguimos, camarada Troglo.

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Vivió intensa y apasionadamente la política

Mikel de la Fuente

Aunque le conocía de vista de algunos años antes, conviví intensamente con Troglo, en lo personal y lo político a partir de la VIª Asamblea de ETA, en agosto del 70. Esa proximidad quizá se favorecía por compartir origen en la misma comarca de Bizkaia (Enkarterriak-Las Encartaciones). Unas semanas antes de su muerte me decía que habíamos cometido importantes errores en esa época, al habernos contentado con proclamar el derecho de autodeterminación sin impulsar suficientemente la lucha por la libertad nacional. Después, he estado próximo a Troglo casi siempre: en el exilio parisino, cuando nos acercamos a la IV y después nos fusionamos con la LCR, hasta que su profundo sentido internacionalista le llevó a acompañar a los camaradas argentinos del PRT en una militancia de enorme riesgo; ya en Bilbao, en LCR-ETA VI, en la LKI y posteriormente en Zutik, de cuyas direcciones formó parte. Compartimos reticencias y oposición al abandono de la IV que supuso la fusión entre la LKI y el EMK para formar Zutik. Como se recoge en alguna de estas notas, siguió siempre de cerca los debates y actividades de la IVª y también de las organizaciones y compañeras y compañeros con los que habíamos compartido militancia en la LCR, aunque ahora estuviesen en otros proyectos políticos y organizativos.

Tras nuestra salida de Zutik empezó un largo período en el que Troglo tuvo dos preocupaciones principales, relacionadas entre sí. Por una parte lo que llamaba refundación de la izquierda vasca. Por la otra el impulso unitario de cualquier iniciativa que, a la vez que mejorase las condiciones de vida de las clases populares, favoreciese la actividad unitaria entre organizaciones tanto políticas como sindicales y sociales. Así, Troglo fue uno de los impulsores, yo diría que el principal, de la Iniciativa Legislativa Popular para una Carta de los Derechos Sociales, que recogió más de 82.000 firmas en la Comunidad Autónoma Vasca. La Carta fue promovida por la Plataforma Gogoa, cuyo surgimiento impulsó, y contó con el apoyo de organizaciones sindicales, plataformas contra la exclusión social y movimientos sociales muy diversos. La campaña se llevó barrio a barrio y pueblo a pueblo y Troglo estuvo presente en un gran número de actos y organizó otros muchos. En ella mostró, no solo su gran disposición para el trabajo incansable sino también su voluntad y capacidad para tejer lazos con todo tipo de organizaciones y corrientes. Esta Carta dio lugar que al de varios años se aprobase una ley que mejoró las rentas de inserción (actual RGI) que han atenuado de forma importante la pobreza y fue también uno de los elementos que creó el clima social, huelgas generales incluídas, para la fijación de las 35 horas en el sector público de la Comunidad Autónoma Vasca.

En esa campaña y posteriormente Troglo estableció alianzas sólidas con comunidades cristianas de base. Algunos militantes de las mismas nos han acompañado en Gogoa y ahora en la Fundación Hitz&hitz y han sido y siguen siendo amigos y colaboradores. Eso sólo ha sido posible por la claridad de ideas que ha mostrado Troglo para superar algunos de los clichés que nos habían atenazado durante décadas sobre el papel de la gente cristiana en la lucha social y política. También sobre los temas ecológicos Troglo mostró una gran capacidad de iniciativa al impulsar la colaboración de nuestra Fundación con el movimiento ecologista y su convergencia con una parte del movimiento sindical vasco en encuentros ecosocialistas y otras jornadas.

Vivió intensa y apasionadamente la política. No se desanimaba cuando alguna de sus propuestas no lograba concretarse sino que las reformulaba una y otra vez. Las discusiones con él no siempre fueron fáciles. Mostraba una sinceridad radical en sus opiniones ante todo el mundo y en el calor de los debates de vez en cuando se producían enfados. Pero a él le duraban poco tiempo y no tenía ningún empacho en disculparse si creía que había cometido algún error en el trato personal. Siempre con una sonrisa y palabras de cariño. Recuerdo la felicidad que le producía juntar a una parte de sus amigas, amigos y allegados, en las fiestas de Galdames a inicios de cada septiembre. Afrontó la enfermedad, sabiendo que no tenía remedio pero intentando atrasar la cita con la muerte con voluntad y optimismo. Además de una enorme pena, su muerte me ha dejado un gran vacío y también la convicción de que debemos seguir la senda que tanto contribuyó a desbrozar.

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Troglo: un referente

Arantza Fernandez de Garaialde

No es necesario conocer a Troglo desde siempre para ubicarlo en cualquier momento de la vida, te ha contado dónde estuvo antes de cruzarse en tu camino, y antes de que nacieras, y antes, incluso, de nacer él mismo; porque ni su relato, ni el sentido de su vida, empiezan ni terminan con él.

Luchador creativo, tenaz e inteligente, tramposo en ocasiones, y con un muy peculiar sentido de la organización, ha conseguido enredar a gentes de corrientes diversas y generaciones variadas, a golpe de sinceridad.

Troglo se ha dedicado profesionalmente a la política durante toda su vida, pero ha sido lo mas opuesto a un burócrata que nadie se pueda imaginar; realmente, se la ha jugado. Nada le ha salido gratis, ha conocido la clandestinidad y el exilio, y también descalificaciones y desprecio; yo diría que ha aprendido de todo ello, de victorias y de fracasos, de amigos y enemigos, porque su curiosidad no ha tenido límites.

Ha tenido un profundo sentido de la lealtad combinado con una incansable búsqueda de espacios y alianzas para nuevas iniciativas.

Su proyecto de país ha incluído una solidaridad teórica y práctica que lo harían merecedor del título "vasco universal", o, mas bien, de internacionalista consecuente.

Le hemos visto hacer planes hasta el último momento, intentar despistar a su enfermedad como si esta fuera el banquero gordo de los cómics, no resignarse jamás, ha vivido como ha querido y ha muerto cálidamente acompañado y estupendamente cuidado, pero igualmente lloramos al pensar que ya no está.

Gogoan zaitut, kamarada zaharra

Joxe Iriarte, Bikila

Fue Petto quien me comunicó que Troglo había sufrido un derrame cerebral y estaba ingresado en el Hospital de Basurto, y previsiblemente no saldría de esta. A los dos días fui a visitarle. A pesar de la sedación me reconoció y respondió afablemente a mi pregunta: ¿Como estas? ¡Bien, bien!, me dijo. Su fallecimiento me ha cogido de viaje y he tardado en enterarme. Durante el viaje de vuelta a casa, así como en estos momentos ante la pantalla del ordenador, bullen en mi cerebro un sin fin de recuerdos y sentimientos encontrados y entremezclados.

Comparto la opinión según la cual el recuerdo es siempre selectivo y tendente a olvidar lo malo y desagradable y quedarnos con lo mejor. De mis recueros con Troglo destacan afanes y batallas compartidas, intensas y luminosas, sin duda mas gratas que los malos rollos, las tensiones y los enfrentamientos, desgraciadamente tan frecuentes en nuestras historias militantes.

Muchos de los que leáis estas letras sabéis de la ruptura de relaciones que tuvimos Troglo y yo a raíz de los enfrentamientos relativos a la etapa final de ZUTIK. Por mi parte seria falso y postizo si obviase lo terrible y doloroso que supuso los años que duro nuestra ruptura, sobre todo en el terreno personal.

Fue el conocimiento de su enfermedad, lo que me motivo a intentar recomponer relaciones. Estas fueron las primeras lineas de la misiva que le envié: “Créeme, lamento sinceramente todo lo relativo a tu enfermedad. Y lamento que sea esta, la que me empuje a dar este paso, pues otras veces lo he pensado e intentado pero no he podido, no se si por cobardía o por el hecho de que los choques personales me afecten de forma dolorosa. Y nuestra ruptura lo fue. Y cuando digo nuestra ruptura no entro a valorar las causas y razones. Lo pasado, pasado esta, y el tiempo si bien no cura todo, sí nos hace ver las cosas de otra manera.”.

En homenaje al viejo camarada, y a aquel otro, que afirmaba “que nada humano le era ajeno”; abogo por incorporar a nuestros recuerdos vivencias y reflexiones, las luces y sombras de nuestra historia militante, tan cargada de virtudes estoicas y sacrificios, como de miserias (por ello quizás mas humanas que las derivadas de las consideradas virtudes) que no nos deben de avergonzar, sino servir para ser algo mejores, tanto en el alcance de los ideales, como en los comportamientos personales. Y es que las desavenencias, y los conflictos, acompañan a las gestas militantes mas luminosas como la sombra al sol. Por lo menos allí donde el paisaje deja de ser horizonte ilimitado y se convierte en profundos valles y altas colinas, como de hecho es nuestra Euskal Herria.

Importante es reconocer los desamores y ser capaces de recomponerlos sobre nuevas formas; como las que se a veces se retoman en la vejez. Esa fue mi impresión cuando volvimos a juntarnos y ser capaces de vernos frente a frente como dos viejos (por primera vez veía a Troglo con txapela [boina] y canosa barba, ¡menudo camuflaje para la clandestinidad!) y ya casi ancianos, pero llenos todavía de ilusión por la vida, dure esta lo que dure.

A diferencia del viejo dicho “ El Acero Bizkaino es corto en palabras pero largo en hechos”, Troglo era largo en palabras y hechos. Dotado de una visión propia de los acontecimientos opinaba sin tapujos. Recuerdo allí por los 90 cuando otros repetíamos la cantinela del “empate infinito entre el Estado y ETA” popularizado por Elkarri, Troglo, a contracorriente (y con mayor certeza), afirmaba que “ETA estaba siendo derrotada” (otra cosa era la izquierda abertzale en su conjunto) lo cual le valió no pocas critica .

Nadie esta exento de errores. Troglo tampoco. Y lo que es cualidad, a veces, es dificultad para superar enfrentamientos (sobre todo cuando el otro, es como el menda, de los que no se bajan fácilmente del burro). Y uno de ellos, como he mentado antes, nos separo. Y mas tarde, sirvió para la reconciliación. A esa me agarro para seguir llamándole Kamarada.







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