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Tribuna viento sur
Las divergencias encallan la investidura
06/03/2018 | Martí Caussa

Artículo original en catalán

En Cataluña, las dos noticias más importantes de la primera semana de marzo han sido el paso atrás de Puigdemont a fin de proponer a Jordi Sánchez como candidato a la presidencia de la Generalidad y la negativa de la CUP a apoyarlo. La investidura sigue pues atascada.

El paso atrás de Puigdemont es un reconocimiento fáctico de que no hay relación de fuerzas para hacerlo presidente e implementar la República. Y la solución alternativa propuesta por JuntsxCat y ERC era combinar un gobierno autonómico presidido por Sánchez y un Consejo de la República en Bruselas.

Esta solución necesitaba al menos dos votos a favor de la CUP para poder elegir a Sánchez en segunda vuelta (en el supuesto de que el Constitucional no lo impidiera). Pero los anticapitalistas sólo están dispuestos a abstenerse, porque no quieren apoyar un gobierno autonómico, quieren que se haga efectiva la República proclamada el 27-O y que se implementen las leyes de transitoriedad. La posición de la CUP no es un impedimento absoluto a la investidura de Sánchez –porque todavía es posible la negociación y porque Puigdemont y Comín podrían renunciar a su acta de diputado y dar paso a dos suplentes– pero sí un indicador de las divergencias dentro del independentismo. Estas no se limitan a los partidos, como lo muestra la decisión de la ANC de convocar el día 11 de marzo una manifestación para exigir al nuevo gobierno que "obedezca el mandato del 1 de octubre y ponga en marcha la Ley de transitoriedad y las instituciones de la República ".

No se trata pues de una discusión sobre personas, sino sobre orientaciones políticas de fondo. Vicent Partal las ha resumido así: el "gran debate de fondo que se enmascara tras la negociación [es]: si hay que poner la directa y hacer la República o si hay que tratar de construir lo posible desde el régimen autonómico, y aceptar por tanto las reglas impuestas por el golpe de Estado". Creo que, efectivamente, el debate de fondo está enmascarado y que para hacerlo visible se deberían abordar tres cuestiones centrales: qué ha fallado, dónde estamos realmente ahora y qué orientación estratégica adoptar para avanzar hacia la República. Si se hiciera este debate creo que el dilema planteado por Partal se mostraría simplista.

Tres debates necesarios

En mi opinión hay que empezar por analizar qué pasó realmente el 1 de octubre y los días posteriores.

Hace ya mucho tiempo que sabemos que el factor fundamental del éxito del 1-O fue la gente que quería hacer un referéndum sí o sí y que no toda esta gente era independentista. También sabemos que el gobierno no planificó ni la ocupación ni la defensa de los colegios electorales. Y también hemos visto confirmado (por nuevas declaraciones ante el juez Llarena) que el gobierno se planteó detener la votación el día 1 al mediodía, pero todavía no sabemos quién era favorable y quien, afortunadamente, se resistió. Sabemos también que el gobierno celebró el resultado del referéndum, pero tenía dudas de qué hacer con la victoria; la huelga general del 3 de octubre tampoco fue iniciativa del gobierno, a pesar de que la favoreció. Una semana después, la combinación entre la indecisión, las divergencias y el miedo de verse desbordado por el movimiento llevó al gobierno a apretar el freno para no perder el control.

En una larga e interesante entrevista en RAC-1 Puigdemont dijo que cometió un error el 10 de octubre cuando proclamó la República y la dejó en suspenso pocos segundos después porque confió en las promesas de diálogo del Estado. Ahora cree que se hubiera podido proclamar la República y “defender la posición”. Me parece el comienzo de una reflexión interesante, pero incompleta, porque hay que dar un paso más y decir cómo se hubiera podido defender la posición. Este es un punto fundamental si no se quiere repetir el mismo error en el futuro.

Teniendo en cuenta lo que ahora sabe todo el mundo sobre la reacción del Estado español (y que antes del 1-O se podía prever), está claro que no hubiera bastado con una declaración de independencia y la activación de las leyes de transitoriedad, porque esto sólo son palabras y papeles. Ni tampoco hubiera sido suficiente pedir a los Mossos que protegieran el gobierno y el Parlamento porque, en el supuesto (incierto) de que hubieran obedecido masivamente, eran una fuerza demasiado pequeña frente a la que podía movilizar el Estado (sin necesidad de utilizar el ejército). Lo que se necesitaba para defender efectivamente la República era, no sólo más votos a favor, sino un levantamiento pacífico y masivo de la población, más allá de los dos millones largos de personas que votaron el 1-O y una solidaridad contra la represión de los pueblos en el Estado español. Pero al gobierno nunca se le pasó por la cabeza preparar algo así y, si lo hubiera improvisado en el último momento, no está claro que hubiera tenido éxito, porque toda su política antes del 1-O no facilitaba sino que dificultaba un levantamiento democrático de esta envergadura, tanto por su política económica contraria a los intereses de las clases populares (por ejemplo, los últimos presupuestos), como por su falta de radicalidad democrática (por ejemplo, incumpliendo la promesa de poner en marcha la fase participativa del proceso constituyente antes del referéndum). Los días anteriores y posteriores al referéndum del 1-O mucha gente creía que se estaba iniciando una revolución democrática, pero la intención del gobierno parece claro que no era hacer nada parecido, sino sólo una demostración de fuerza controlada que le permitiera negociar con el Estado con el apoyo de las instituciones europeas. El rey, Rajoy y el aparato de Estado evaluaron mejor la situación, actuaron más rápidamente y de forma más contundente: con el 155, las movilizaciones españolistas y la fuerza policial y judicial.

En la citada entrevista a RAC-1 Puigdemont reconoce que el 27-O ya no había relación de fuerzas para hacer efectiva la República. Ahora podemos sospechar con fundamento que nunca hubo esa intención. Quién lo ha dicho más claro ha sido Artur Mas en declaraciones ante el juez Llarena: según él todos los diputados que votaron la DUI (se supone que se refiere a los de JuntsxCat y ERC, porque la diputada de la CUP Mireia Boya ha dicho explícitamente lo contrario) "sabían que no tenía recorrido real" ... Y como prueba de que fue una mera "acción parlamentaria" simbólica, el expresidente recalcó al juez del Supremo que después el gobierno de la Generalitat no se reunió para tomar ninguna decisión. "En el mundo de la política hay un componente simbólico y estético. Muchas veces un argumento se exagera o se hincha para quedar bien posicionado ante la opinión pública. ¿Es esto un engaño o una exageración? Lo puede llegar a ser". También sabemos ahora que la dispersión del gobierno no fue el resultado de ningún plan diseñado y acordado previamente. ¿Por qué no se analizan con valentía todas las carencias y errores? No sería eso la mejor garantía de no volver a repetirlos?

Tampoco se quiere reconocer claramente qué situación se creó el 27-O. Cuando los entrevistadores de RAC-1 preguntan a Puigdemont si la República es real responde con una adivinanza: lo es en la mente de muchos catalanes; lo es desde el punto de vista institucional porque se declaró en el Parlamento y se ha validado en dos elecciones; pero no hay estructuras de República.

La realidad es que sólo tenemos una declaración simbólica de República y que el abandono del gobierno y de las instituciones ante al artículo 155 decretado por el adversario significó una derrota importante. La dignidad de la no rendición defendida tanto desde la cárcel como desde Bruselas no elimina esta derrota. La victoria electoral del 21-D, por mucho que vuelva a demostrar la voluntad de la mayoría del pueblo de Cataluña y el carácter antidemocrático del Estado, no es suficiente para compensar la derrota del 27-O. Esta sólo se podrá superar con una movilización masiva que fuerce la libertad de los presos, el regreso de los exiliados y la eliminación de todas las consecuencias del artículo 155, y que se sitúe en un marco de lucha por más democracia y más derechos sociales para el conjunto del pueblo de Cataluña, agrupando independentistas y no independentistas en la lucha por la República, sin renunciar a la desobediencia y a las medidas unilaterales cuando sean necesarias para asegurar las reivindicaciones.

Ni autonomismo ni poner la directa

Ni JuntsxCat ni ERC impulsan una orientación de este tipo. Su propuesta sitúa la lucha por la libertad de los presos, el regreso de exiliados y la retirada del 155 en el marco de la normalización de un gobierno autonómico combinado con la presión internacional desde el Consejo de la República, esperando que en el futuro mejoren las condiciones para negociar con el Estado (Puigdemont reconoce que su exilio puede durar años). No es un camino realista para llegar a la República catalana, porque no se está corrigiendo ninguna de las carencias que se mostraron antes y después del 1-O.

Pero esta crítica no significa que se pueda poner la directa tal como reclaman el artículo citado de Vicent Partal, la CUP o la dirección de la ANC. Para poder avanzar hay que admitir con realismo cuál es la situación actual, cuál es el punto de partida. Hay que aceptar que este punto no es la activación de las leyes de transitoriedad, ni siquiera la restitución del presidente y del gobierno legítimos.

Hay que abrir la discusión sobre una vía hacia la República que evite las falsas salidas del autonomismo y de poner la directa. Admitiendo que tenemos un problema y que hay desacuerdos, pero evitando las descalificaciones. Ya han empezado a salir ideas en este sentido y conviene reflexionar, incluso si no se está de acuerdo con ellas. Citaré dos.

Roger Palà ha escrito : "El independentismo se encuentra en una encrucijada: o seguir alimentando las tesis del pensamiento mágico, o tomar algunas decisiones partiendo del pragmatismo. Nada indica que de forma inminente pueda hacerse efectiva la República proclamada el mes de Octubre, que no existe más allá de los lícitos anhelos de cientos de miles de personas ... Desde un punto de vista racional, recuperar el autogobierno –aunque sea bajo la presión intervencionista de un PP desbocado– puede ser el punto de partida necesario recuperar fuerzas y rearmarse de ideas".

La otra cita, más polémica, es de Joan Tardà: "Sin embargo, el independentismo sólo tendrá éxito si entiende que debe acumular fuerzas ("no somos bastantes", hemos repetido muchas veces)... el republicanismo debe converger con las fuerzas políticas que también defienden el referéndum vinculante, lideradas por Xavier Domènech, y debe abrir vías de diálogo franco ... con el socialismo catalán del PSC de un Miquel Iceta que debe decidir si se planta o abona la involución los derechos y libertades". No creo que se puedan abrir vías de diálogo con los dirigentes del PSC mientras sigan defendiendo el 155 (pero sí con sus bases). Pero es evidente que "no somos bastantes" y entonces la convergencia en la acción con los Comunes es imprescindible, para luchar contra el 155, defender la democracia, las reivindicaciones sociales o impulsar el debate constituyente (como recordaba Jaume López recientemente).

Opino que se puede aceptar que el gobierno efectivo que puede haber inmediatamente sea de carácter autonómico siempre que, al mismo tiempo, se ponga en marcha la lucha por defender las necesidades económicas, sociales, democráticas y culturales de la población con el objetivo de conquistar la República. Lo que me parece decisivo es impulsar un plan de lucha de los movimientos y las entidades sociales, que no espere lo que dirá el gobierno sino que le plantee exigencias, que impulse la desobediencia y la unilateralidad cuando sea necesario, que se encamine hacia una movilización más masiva, autónoma y autoorganizada que el 1 de octubre, con un contenido nacional, democrático y social, y que trabaje activamente desde ahora mismo la solidaridad activa de los pueblos del Estado español (sobre la base del oposición al régimen monárquico y la defensa de la república) y de Europa. Parece difícil y ciertamente lo es, pero ya hemos experimentado que, a veces, las cosas que se presentan como fáciles –como el paso a la independencia "desde la ley a la ley"– son las más irreales.

6/03/2018







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