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China
2018: ¿Adónde va Hong Kong?
22/02/2018 | Promise Li

Desde la revuelta de los paraguas y el ascenso de Xi Jinping a la presidencia, el gobierno chino viene aplicando una política represiva acentuada hacia Hong Kong, que alcanza niveles nunca vistos con anterioridad. El último ataque a los derechos humanos fundamentales y la libertad política del pueblo de Hong Kong se produjo el pasado mes de enero, cuando la comisión electoral de la ciudad denegó oficialmente a la candidata del partido socialprogresista Demosisto, Agnes Chow, el derecho a presentarse en las elecciones al Consejo Legislativo de 2018.

Demosisto es un partido-movimiento que saltó a la palestra en el hervidero político de Hong Kong a raíz de la revuelta de los paraguas. Crearon el partido las jóvenes estrellas del movimiento social de 2014, dirigentes del grupo activista estudiantil Scholarism, Nathan Law, Joshua Wong y Agnes Chow. Con la descalificación de Chow, el gobierno de Hong Kong ya ha impedido que 13 dirigentes localistas e independentistas ocupen cargos políticos desde la revuelta de los paraguas. Nathan Law, de Demosisto, obtuvo un escaño en el Consejo Legislativo en 2016, pero fue rápidamente descalificado por jurar su cargo “inapropiadamente” (pronunciando un discurso disidente antes de jurar y prestando el juramento “en actitud refractaria”) y posteriormente encarcelado por su participación en ocupaciones y manifestaciones de la revuelta de los paraguas.

Represión creciente

La descalificación de Chow marca una nueva era en la represión de los líderes políticos de Hong Kong favorables a la democracia. Desde la cesión del enclave británico a China, en 1997, los tradicionales líderes disidentes, sean socialdemócratas de izquierda o populistas de derecha críticos con el gobierno chino, han podido presentarse a las elecciones al Consejo Legislativo y ejercer su mandato como miembros del mismo. La heterogeneidad política del campo disidente ha dado lugar a alianzas inesperadas y escisiones, cuyos ejemplos más destacados son los recientes cismas en el partido llamado Liga Socialdemócrata (LSD).

La LSD se había formado como una coalición de políticos populistas conocidos por sus tácticas de acción directa provocadora dentro y fuera del Consejo Legislativo, con diputados como Leung Kwok-hung (antiguo miembro del grupo trotskista que fue en la década de 1970 la sección china de la Cuarta Internacional, la Liga Marxista Revolucionaria) o el populista de derechas Wong Yuk-man. Wong y muchos de los elementos de derechas rompieron con la LSD en 2011, formando su propio partido político, Poder Popular. Las complicadas alianzas y luchas intestinas dentro del campo pandemócrata, desde las tensiones dentro de la LSD hasta los liberales de siempre, leales al régimen, como el Partido Demócrata y, de manera más reciente, el partido juvenil Demosisto, reflejan las contradicciones y la diversidad del movimiento democrático y de la sociedad civil de Hong Kong en su conjunto.

La revuelta de los paraguas, que llevó a una nueva generación joven de Hong Kong a abrazar el compromiso político y cívico, también proporcionó al gobierno la oportunidad de lanzar una nueva oleada de represión política. En el plano electoral, la “controversia del juramento” provocó el año pasado la expulsión de inveterados miembros electos del Consejo Legislativo como Leung, y de miembros más nuevos como los socialprogresistas Lau Siu-lai y Nathan Law, así como de los populistas de derechas Baggio Leung y Yau Wai-ching. Las “desapariciones” de Lee Bo y otros libreros disidentes a finales de 2015 en la China continental alarmó a la ciudad, y el testimonio subsiguiente de Lee sobre su detención durante ocho meses arrojó luz sobre los flagrantes abusos por parte de China de los derechos humanos en Hong Kong.

Descalificación de la democracia

La declaración de la comisión electoral en que se detallan los motivos de la descalificación de Chow pone de manifiesto la postura antidemocrática de los gobiernos de China y Hong Kong y su osadía de cuestionar abiertamente la autonomía y los derechos fundamentales del pueblo de Hong Kong. Según el documento publicado, Chow no puede ser elegida a un cargo público debido a su postura sobre la autodeterminación de Hong Kong. Concretamente dice:

La autodeterminación o el cambio del sistema de la Región Administrativa Especial de Hong Kong (HKSAR) mediante un referéndum que incluye la opción por la independencia, es contraria al estatuto constitucional y jurídico de la HKSAR tal como está estipulado en la Ley Fundamental, así como en las políticas fundamentales de la República Popular China (RPC) con respecto a Hong Kong.

Por tanto, quienquiera que “defienda o promueva la autodeterminación o la independencia por cualquier medio” sería incapaz de cumplir y hacer cumplir la Ley Fundamental y de ser miembro del Consejo Legislativo.

La distinción entre “independencia” y “autodeterminación” es una cuestión crucial en el clima político actual de Hong Kong y puede convertirse en un importante indicador del posicionamiento ideológico de las distintas fuerzas del campo pandemócrata. Con algunas excepciones, como la de Wong Yuk-man, quien defiende una prórroga indefinida del actual arreglo de “Un país, dos sistemas”, los grupos nativistas de derechas como Youngspiration tienden hacia un “nacionalismo” puro y duro (un fenómeno relativamente nuevo en la historia política de Hong Kong) en nombre de los derechos de la ciudad no solo a la autonomía política, sino también a la soberanía independiente. Chow y Demosisto se diferencian de estos grupos en que no abogan por la independencia de Hong Kong, sino por el derecho de la ciudadanía a elegir a su gobierno e impulsar la “autodeterminación democrática” y la “autonomía política y económica frente a la opresión del Partido Comunista Chino (PCC) y a la hegemonía capitalista”.

Pero incluso esta distinción se pierde a veces en la realidad. Demosisto y Youngspiration surgieron del mismo entorno político, a pesar de sus diferencias ideológicas; ambos grupos estuvieron a la cabeza del movimiento de masas de comienzos de esta década, y ambos sufrieron un destino similar en la controversia del juramento, en que los líderes elegidos democráticamente de ambos partidos resultaron depuestos injustamente. Para una generación joven recién politizada que pasó a la acción, no sobre la base de una tradición política marxista, sino principalmente como reacción al creciente autoritarismo de China, las distinciones ideológicas entre estos grupos quedan en gran medida desdibujadas, incluso entre sus líderes.

La descalificación de Chow favorecerá aún más la postergación de estas diferencias ideológicas fundamentales. La gran implicación de la decisión de descalificar la candidatura de Chow es que no solo los líderes de Demosisto, sino también de otros grupos localistas de izquierda o de derecha, que han adquirido protagonismo al calor de las recientes movilizaciones de masas, no pueden acceder a ningún tipo de cargo político electoral porque el gobierno se lo impide activamente. En otras palabras, China se dedica a atacar de palabra y obra al movimiento democrático de Hong Kong y controlar al gobierno de la HKSAR de modo tan directo como sea posible.

¿Adónde va Hong Kong?

La situación política cada vez más deteriorada en Hong Kong nos recuerda que seguir atendiendo a las críticas de la izquierda radical al movimiento de los paraguas puede ser una manera efectiva de hallar soluciones. Al igual que en el caso de la masacre de la plaza de Tiananmen hace casi 30 años, la cuestión de la participación de la clase trabajadora y la intersección del movimiento obrero y el movimiento de masas más amplio es clave. Tanto en Tiananmen como en el movimiento de los paraguas, el apoyo de la clase trabajadora resultó ser decisivo, pero la debilidad del movimiento obrero a la hora de movilizarse libre y ampliamente en ambos casos limitó el potencial de ambas revueltas masivas.

Como señala el activista sindical Au Loong-yu, residente desde hace mucho tiempo en Hong Kong, mientras que muchas organizaciones sindicales, incluida la influyente Confederación de Sindicatos de Hong Kong (HKCTU), de 160.000 afiliados y favorable a la democracia, se sumaron a la revuelta de los paraguas, su inconsistencia ideológica y su giro al centroderecha para acercarse al sector liberaldemócrata y sus aliados, apagaron sus voces y mermaron toda posibilidad de ejercer el liderazgo y cualquier poder real. Las presiones y los esfuerzos organizativos de la otra organización obrera influyente, la Federación de Sindicatos de Hong Kong (HKFTU), favorable a Pekín, fragmentó aún más la participación de la clase trabajadora en el movimiento.

Sin embargo, el movimiento obrero de Hong Kong no está ni mucho menos comprometido enteramente ni es del todo ineficaz. La famosa huelga de los trabajadores portuarios de Kwai Tsing en 2013, dirigida por la Unión de Estibadores, afiliada a la HKCTU, fue una de las acciones obreras más efectivas y prolongadas de la historia reciente de Hong Kong. La huelga recibió un apoyo público sin precedentes. Organizaciones estudiantiles como la Federación de Estudiantes de Hong Kong y el pequeño colectivo socialista Left 21, entre otros, ayudaron a los trabajadores recogiendo productos de primera necesidad y recaudando fondos para los huelguistas y sus familias. Gracias a ello, los trabajadores y estudiantes lograron entorpecer la actividad en el tercer puerto de más tráfico del mundo durante más de un mes. Como explica un artículo entusiasta del blog anarquista Nao,

Pese a que no había ninguna conexión directa con el movimiento Occupy, la huelga y las manifestaciones actuales, está claro que todas fueron generadas por el mismo estancamiento económico y el mismo antagonismo de clase creciente. Sobre todo, cada movimiento ha provocado un cambio de la conciencia política general de la gente, y esta nueva conciencia se ha convertido en la base de apoyo de los movimientos subsiguientes.1/

Ante las derrotas y reveses electorales, la organización y conexión política entre los movimientos sociales encabezados por los y las estudiantes y las luchas obreras deben situarse en el centro. La pérdida de posiciones en el ámbito electoral indica que los progresistas y radicales han de centrarse en organizar el apoyo masivo desde la base y en materializar las alianzas entre trabajadores y estudiantes. Fuera del ámbito electoral, la geografía de Hong Kong facilita la aplicación de estrategias innovadoras de resistencia anticapitalista. Siendo Hong Kong una de las ciudades más compactas del mundo, pero también más cosmopolitas, su situación expresa lo que el teórico social Michel Foucault llama una heterotopía, un único espacio real que puede contener varios espacios distintos. Acciones directas como la huelga de los estibadores implican la ocupación de un espacio local real a través de la lucha material, pero puede tener efectos globales debido a la posición singular de Hong Kong como centro financiero internacional de primera magnitud.

La propiedad del suelo y los derechos territoriales, especialmente las cuestiones de la gentrificación y la rápida urbanización, no solo son frecuentes motivos de confrontación en China y Hong Kong, sino que a menudo también llaman la atención de diferentes partes de la izquierda radical y centran directamente las luchas de las poblaciones más desfavorecidas de la ciudad. Las manifestaciones relacionadas con el servicio de transbordadores Star Ferry en 2006 y la controversia en torno al ferrocarril de alta velocidad a comienzos de la década de 2010 estimularon directamente el surgimiento de colectivos de base locales de izquierda, como Left 21 y la Land Justice League, que sigue operativa. La toma del Consejo Legislativo por grupos de activistas en relación con sendas disputas en torno al plan parcial de los Nuevos Territorios en 2014 y la protesta pública contra el proyecto de alta velocidad Hong Kong-Guangzhou, el año pasado, demuestran que los problemas de la gentrificación, los usos del suelo y la soberanía territorial siguen siendo una cuestión central en torno a la cual puede organizarse y unirse la izquierda.2/

Sobre todo, el desarrollo de la solidaridad entre el movimiento obrero y los movimientos sociales en Hong Kong y en China sigue siendo fundamental. El nuevo discurso populista de derechas y contrario a la inmigración también ha influido en los movimientos juveniles, animado por la tremenda ineficacia del gobierno de C. K. Leung. Partidos como Youngspiration, Hong Kong Indigenous, Civic Passion y People Power, que defienden una independencia de Hong Kong excluyente y acrítica y en ocasiones incluso miran con nostalgia hacia el pasado colonial de Hong Kong, han desempeñado a menudo un papel activo en los movimientos populares de esta década. Hemos de apartarnos de estas fuerzas y tratar de marginarlas con el fin de volver a centrar el debate en torno a la solidaridad de clase entre China y Hong Kong y a la autonomía política de la ciudad.

Una Hong Kong anticapitalista

Hong Kong desempeñó un papel clave en el rápido giro de China hacia el capitalismo, o “socialismo con características chinas”, a partir de la década de 1970. Desde las tempranas inversiones chinas en empresas con sede en Hong Kong en la década de 1990 hasta la creación por China de su primera plataforma financiera extraterritorial en esta ciudad,<3>3/ Hong Kong es desde hace tiempo un lugar de experimentación capitalista para el régimen de la RPC. Los males sociales y políticos de Hong Kong no deben contemplarse como algo aislado de las políticas neoliberales de China y los problemas laborales concomitantes. La burbuja en continua expansión de una mano de obra emigrante del medio rural en China puede resultar incompatible con el rígido autoritarismo del PCC y la extensión de la economía liberal.

Las reformas de la “sociedad armoniosa” del periodo de Wen Jiabao e incluso las recientes reformas de Xi en relación con el sistema opresivo del hukou,4/ no han sido más que vendas sobre un hueso fracturado. El número de huelgas violentas no sancionadas ha ido en aumento, y pese a la incapacidad de mantener un movimiento sindical amplio, ha habido muchos ejemplos de huelgas y manifestaciones coordinadas entre varios centros e incluso varias ciudades. Dada la profunda interdependencia económica entre Hong Kong y China, el elefante en la habitación del campo pandemócrata de Hong Kong es el hecho de que todo cambio sistémico real en Hong Kong es improbable a menos que podamos crear un espacio de solidaridad con la clase obrera, los estudiantes y los activistas en China.

En el contexto internacional, la resistencia democrática de Hong Kong también es importante porque la ciudad es una puerta de entrada en China, que ocupa una posición destacada en la economía mundial. Como superpotencia capitalista en rápido desarrollo y alternativa a la hegemonía imperialista de EE UU, China también está creando su propia marca imperialista y hegemonía capitalista. Por ejemplo, la inversión de 62.000 millones de dólares en el Corredor Económico China-Pakistán (CPEC) ha despertado sospechas 5/ de que el proyecto generará una deuda insostenible para Pakistán. De un país comunista cuyo difunto primer ministro Zhou Enlai suscribió en su tiempo los Principios de la Ayuda Extranjera, alabados por la izquierda como un mecanismo justo y equitativo, China practica ahora lo que antes condenaba.

En esta situación, la lucha por los derechos democráticos y económicos de Hong Kong constituye un factor importante del movimiento más amplio, encaminado a subvertir el nuevo capitalismo chino. La continua pérdida de influencia de Demosisto a lo largo del año pasado, con las detenciones y/o descalificaciones electorales de la mayoría de sus líderes, nos obliga a reexaminar el legado de la revuelta de los paraguas y los próximos pasos. Demosisto no es en absoluto un partido radical o revolucionario; los líderes estudiantiles de la revuelta de los paraguas apuestan por la política electoral y su creciente relación diplomática con EE UU indica que hace falta otro modelo de resistencia de masas al autoritarismo chino. Sin embargo, hemos de reconocer su papel crucial en la primera línea de la movilización de masas en los últimos años. Es posible que necesitemos un nuevo terreno de lucha, que tal vez surja, no del olvido de la valiente vanguardia de la revuelta de masas de los primeros años de esta década, sino del aprendizaje a partir de sus contradicciones, errores y aciertos.

12/02/2018

https://borderless-hk.com/2018/02/12/2018-whither-hong-kong/

Traducción: viento sur

1/ Nao, Black vs Yellow: Class Antagonism and Hong Kong’s Umbrella Movement’, libcom.org, 2014. https://libcom.org/blog/black-yellow-hk

2/ Linda Poon, The High Speed Train at the Heart of Hong Kong’s Political Future, CityLab, 2017. https://www.citylab.com/transportation/2017/12/china-high-speed-rail-project-in-hong-kong-autonomy/547808/

3/ http://www.hkma.gov.hk/media/eng/doc/key-functions/monetary-stability/rmb-business-in-hong-kong/hkma-rmb-booklet.pdf

4/ Hukou: registro de residentes de una localidad que obliga al trabajador inmigrante a volver a su lugar de origen si pierde el empleo. [red.]

5/ https://thediplomat.com/2017/06/can-pakistan-afford-cpec/







Agenda
Actos
Madrid. 2 de octubre de 2018, 18:00h
Centro de Cultura y Participación Ciudadana Chamberi Plaza del Parque Móvil (Bravo Murillo, 39 - Magallanes 44)
Actos
Bilbao. 3 de octubre de 2018, 19:00h
Arrupe Etxea. C/ Padre Lojandio, 2
Actos
Madrid. 4 de octubre de 2018, 09:00h
Madrid. 4-6 octubre 2018. Pensar con Marx hoy -Organiza: Fundación de Investigaciones Marxistas
Universidad Complutense Madrid











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