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Alemania
Angela Merkel en Davos
21/02/2018 | Matthias Schindler

El pasado 24 de enero de 2018, la canciller alemana Angela Merkel pronunció un discurso en el Foro Económico Mundial en Davos en el que tocó varios asuntos político-históricos, desde la Primera Guerra Mundial hasta la situación actual. Asimismo, expresó una verdad no mencionada por ningún gobierno alemán o de otro país del Norte, industrializado y rico, pero cuya importancia no puede sobreestimarse. Señaló que "los europeos tenemos una deuda profunda con el continente africano desde los días de la colonización".

Sin profundizar en estos pensamientos, insinuó al menos, que la injusticia histórica ejercida contra África -el saqueo, el genocidio, la esclavización y el secuestro de millones de personas y la división arbitraria de este continente entre las potencias coloniales- sigue impune y en su mayor parte aún no está reconocida. Lo que no mencionó es que las condiciones postcoloniales de hoy todavía significan una transferencia de riqueza neta desde el Sur hacia el Norte y que la brecha entre la pobreza allí y la riqueza aquí sigue creciendo. En lugar de reconocer el sistema económico y social neoliberal, que prevalece actualmente, como una de las causas principales de la pobreza, el hambre, la muerte, la destrucción, la guerra y la migración, propone este sistema asesino como el modelo de solución para liberar a la humanidad de estos flagelos.

Aparentemente, algunas de sus expresiones pueden parecer clarividentes y autocríticas, especialmente cuando se preguntó: "¿Aprendimos de la historia?". De hecho, mencionó algunos problemas reales obvios. Pero sus soluciones no son nada más que un "¡sigamos en lo mismo!" en la política global actual que ha llevado precisamente a la situación de crisis social internacional de hoy. Ello se ilustra con los siguientes ejemplos, que siguen el orden en su discurso.

Angela Merkel comenzó su discurso recordando la Primera Guerra Mundial, cuyo final en 1918 marca este año su centésimo aniversario. Desde su punto de vista, los actores políticos de la época llegaron "como sonámbulos" a esta terrible catástrofe. Sin embargo, el rearme del Imperio alemán y de los demás poderes de Europa no tuvo nada que ver con un misterioso fenómeno psíquico, sino con una pura política de poder, que terminó en guerra, porque los poderosos amenazaban con ella. Mientras que casi no existe ningún tratamiento para el sonambulismo, sin duda alguna hubo una alternativa a la Primera Guerra Mundial: el desarme en lugar del rearme, la distensión en vez del belicismo, pero sobre todo, el rechazo de los créditos de guerra en los parlamentos de Europa. Sólo la aprobación de los créditos de guerra por parte de los partidos políticos –¡incluidos los socialdemócratas!– en sus Estados respectivos despejó el camino hacia aquella guerra. A los partidos socialdemócratas no les agrada mucho que se les recuerde que, en contra de sus propios programas, votaran en todos los países a favor de esta guerra. Ninguno de los partidos políticos gobernantes en Alemania y Europa –incluido el SPD alemán– cuestiona actualmente el objetivo de gastar el 2 % de la producción económica nacional (PIB) anual en equipamiento militar, aunque esto signifique la duplicación del gasto militar alemán y el comienzo de una nueva carrera armamentista internacional. Los Estados Unidos gastan más de 600 mil millones de dólares al año en armamento, más del doble que China y Rusia juntas, más de un tercio del gasto total militar mundial, y la Administración Trump quiere aumentar este gasto un 10 % más. Ni la CDU, ni el SPD y el FDP, ni tampoco la CSU han criticado jamás estos gastos inimaginables para las armas y la guerra. Y no encontramos la menor insinuación en los manifiestos y programas de estos partidos en oposición a esta marcha aparentemente "sonámbula" hacia los armamentos y la guerra.

En su siguiente reflexión, Merkel mencionó la Segunda Guerra Mundial, pero nuevamente, sin decir ni una sola palabra sobre sus causas. Los millones de desempleados, el ascenso del fascismo, la alianza de los partidos de derecha con los nazis y el apoyo de las grandes empresas y los bancos a Hitler, todo esto se deja de lado. Si hay una lección esencial que aprender de esta catástrofe, es que todas las fuerzas democráticas, sean cristianas, liberales, socialdemócratas o comunistas, deben unirse contra la derecha nacionalista, el racismo y el fascismo. Sin embargo, sobre eso no se pudo escuchar nada en Davos.

Con razón, señaló que las Naciones Unidas se fundaron con el objetivo de resolver los conflictos internacionales, no a través de la guerra, sino mediante la negociación. Pero debido a que los Estados poderosos del mundo, en su práctica, no reconocen el principio de no intervención en otros países, de acuerdo con el artículo 2 de la Carta de la ONU, esta no pudo impedir ni la guerra de Vietnam (1960-1975) ni la de Irak (2003), ni la ocupación de Crimea (2014), la de los territorios palestinos (desde 1967 hasta la actualidad) o la del Sáhara Occidental (desde 1976 hasta la actualidad), ni la invasión de la isla de Granada (1983), ni decenas de guerras más. Por lo tanto, este organismo todavía tiene un largo camino por recorrer para alcanzar su objetivo principal: crear y mantener la paz en el mundo. Sin embargo, en vista de la creciente desigualdad e injusticia interna e internacional, actualmente es más probable, en contra de este objetivo, que se agraven aún más los conflictos y las guerras.

Para Merkel, el final de la Guerra Fría abrió el camino al multilateralismo y la cooperación. De hecho, el capitalismo mundial, con la caída de los países llamados de "socialismo real", tenía la oportunidad histórica única, de mostrar, sin la competencia de los sistemas y la presión militar externa, el potencial que tendría para crear un mundo mejor. En aquellos momentos se habló de un "dividendo para la paz", los gastos decrecientes de armamento deberían ser utilizados para mejorar el bienestar de las personas, apoyar al Tercer Mundo y promover la protección del medio ambiente. El resultado después de 25 años es devastador: incluso en las metrópolis industriales, decenas de millones de personas están excluidas del mercado laboral, no tienen expectativas, viven al margen de la sociedad. Aquellos que trabajan, a menudo, ganan menos que sus padres hace 30 años. La injusticia en los ingresos y la distribución de la riqueza internacionales continúa profundizándose. El medio ambiente, la base material de la vida humana, sigue siendo destruido sin piedad. Los conflictos bélicos aumentan. Las libertades están en peligro, el egoísmo y el nacional-chovinismo van en aumento. Las sociedades a las que les gusta adornarse con las etiquetas de los "valores occidentales" –o, alternativamente, "cultura occidental" o "civilización"– han fracasado completamente, no han cumplido su promesa del dividendo para la paz.

En el siguiente punto, la Sra. Merkel estuvo complacida con la "respuesta multilateral" que ayudó a resolver la crisis financiera internacional de 2007 y 2008. Sin embargo, en Grecia, España o Portugal, es más probable que se perciba esta respuesta como un dictado de Merkel-Schäuble, que ha puesto a la mayoría de las personas de estos países en una situación de necesidad imperiosa y está amenazando con erosionar la cohesión social de sus sociedades. No dijo ni una palabra sobre como los miles de millones de euros de deudas de Grecia son el resultado de contratos ilegítimos e ilegales realizados sobre la base del soborno y la corrupción. Ni una palabra sobre el hecho de que los grandes bancos en Grecia, Alemania, España, Bélgica y varios otros países, que habían perdido su fortuna en el casino de la especulación financiera internacional, fueron salvados con recursos y garantías estatales, es decir, con el dinero de nuestros impuestos, que pagamos y aún tendremos que pagar durante muchos años más.

Para mucha gente, el desarrollo de la digitalización no es completamente comprensible en su profundidad y consecuencias. En este desarrollo, Angela Merkel ve acertadamentee el peligro de rupturas sociales que pueden excluir a una gran proporción de personas de la convivencia social. Pero la digitalización no es magia, no tiene lugar en el vacío. Se realiza por un modo de trabajo concreto, y es un gran negocio. Es tarea de los gobiernos establecer normas en este campo que garanticen la participación universal y protejan las libertades y derechos individuales y colectivos de la gente. El progreso tecnológico y el aumento de la productividad deben beneficiar a todos los seres humanos, en lugar de utilizarse sólo para enriquecer a unos pocos ricos y enfrentar a la masa de las clases medias y a los pobres en una competencia cada vez más dura, y de esta manera empujarlos en una interminable espiral social descendente.

Cuando habló sobre la situación en Alemania, Merkel proclamó de manera fanfarrona en el glamoroso Davos: "Estamos bien, lo estamos haciendo muy bien", y habló de la "promesa de prosperidad para todos". ¿Lo ven así también los 2,6 millones de desempleados? ¿O los 3,5 millones de subempleados? ¿O las cerca de un millón de personas sin hogar? Ella sospechaba de antemano las objeciones, y por lo tanto frenó las posibles ilusiones en medidas de mejora social desde un principio, afirmando que las necesarias inversiones futuras no dejan mayor margen de maniobra para repartir beneficios hoy. Naturalmente, no se pregunta cuánto se ha distribuido de abajo hacia arriba en las últimas décadas. Es más, no hizo ninguna sugerencia para detener esta transferencia de riqueza, ni tampoco para revertirla. ¡Con el próximo gobierno no habrá aumento de los impuestos para los activos, ingresos y rentas altas, ni siquiera un 1%!

Por supuesto, Europa y una política exterior común de la UE no podían faltar en un discurso tan básico. Al observar las situaciones de crisis en Irak y Siria, explicó: "Debemos asumir más responsabilidad" y, en este contexto, llamó a medidas concretas para buscar una "política de defensa común" y "proteger nuestras fronteras externas". ¿Hay alguna diferencia entre estas declaraciones y las demandas hechas por el AFD o el PEGIDA para rechazar a los refugiados sirios en Alemania? ¿No habría sido más adecuado hacer una declaración clara, sólo cuatro días después del ataque homicida de Turquía contra los kurdos en el Norte de Siria, que condene de manera inequívoca esta violación del Derecho Internacional? ¿Qué credibilidad puede tener una política europea que se mantiene tranquilamente callada ante esta guerra? En la lucha contra el Estado Islámico, las fuerzas kurdas fueron un socio bien recibido. Después de derrotar y expulsar ISIS, hoy son tácitamente sacrificados por las maquinaciones y los intereses de los grandes poderes de Turquía, Siria, Irán, Rusia y los EE.UU. Es casi imposible encontrar palabras adecuadas para caracterizar adecuadamente esta despiadada doble moral.

Al final, Angela Merkel retomó el hilo de sus comentarios introductorios al pedir "evitar que los errores del siglo XX se repitan". Sin embargo, con las orientaciones de este discurso, nuevamente nos vemos abocados precisamente a nuevas catástrofes para la humanidad: aumenta la desigualdad social dentro de los países y también internacionalmente, así como el egoísmo y chovinismo nacionalista, las restricciones de las libertades y de la democracia, la destrucción del medio ambiente, hambre y huida, rearme y guerra. Es notable e inquietante al mismo tiempo que la socialdemocracia alemana, en principio, no presente ninguna otra propuesta mejor a ninguno de los problemas mencionados aquí. Un cambio hacia una mayor justicia social, una mejora en las condiciones de vida de todos, un equilibrio entre el Norte y el Sur, un equilibrio entre la humanidad y la naturaleza y más paz en el mundo, son cosas que no se pueden lograr con estos partidos.

En comparación con Trump o Erdogan, Putin o Rajoy, Kim Jong-un o Kaczyński, Angela Merkel quizás puede aparecer como una luz resplandeciente de Ilustración y democracia, de equilibrio y razón. Pero posiblemente no representa nada más que la versión mundial más inteligente del neoliberalismo, para tranquilizar las mentes y para impedir que toda la miseria, el sufrimiento, la desesperación y la ira de la gente se convierta en una gran revuelta anticapitalista.

7/2/2018





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