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Debates
Ganar el poder, no solo el gobierno
23/01/2018 | Florian Wilde

La izquierda europea ha estado uniéndose a gobiernos de coalición durante los últimos 25 años sin obtener resultados de los que sentirse orgullosa.

¿Es verdaderamente un atajo cuando parece que es el único camino a seguir? Muchos partidos de izquierda en Europa ven la participación en coaliciones de gobierno de centro izquierda como el único camino realista para poder conseguir reformas. A menudo justifican esta participación con el argumento de que tener un partido de izquierdas en el gobierno al menos sirve para bloquear las políticas más regresivas o para evitar que formaciones más reaccionarias tomen el poder. Estos partidos creen también que la participación en administraciones de gobierno aumenta su credibilidad frente a votantes y militantes, incrementando así en última instancia sus posibilidades de gobernar en solitario. Los 30 años que han pasado desde la caída del Muro de Berlín enseñan, sin embargo, que estas expectativas rara vez se ven cubiertas.

Italia

A principios de la década del 2000, el partido italiano Rifondazione Comunista se convirtió en un referente importante para la izquierda europea. Bien asentado en la larga tradición comunista del país, crítico con su propia historia, diverso y plural internamente, abierto a nuevas ideas y profundamente implicado en los movimientos sociales, Rifondazione apareció como un modelo a seguir para otras formaciones jóvenes de la izquierda radical a lo largo de todo el continente. Lideró las protestas antiglobalización de 2001 en Génova e hizo una contribución enorme al movimiento antiguerra, que sacó a la calle tres millones de personas el 15 de febrero de 2003.

Sin embargo, entre 2006 y 2008 Rifondazione se rindió a las políticas del mal menor y se unió al gobierno de coalición de centro izquierda para evitar que Silvio Berlusconi volviera al poder. Ya en el gobierno el partido se vio obligado no sólo a defender recortes presupuestarios a los que se había opuesto hasta el momento, sino que también votó a favor de las intervenciones militares en Líbano y Afganistán.

Rifondazione expulsó a dos senadores que habían continuado votando contra el despliegue en Afganistán. La participación en el gobierno transformó el partido de los movimientos en una organización que parecía oponerse a ellos con frecuencia. El partido alternativo se encontró a sí mismo aplicando las políticas del no hay alternativa. Y sus precarios intentos para impulsar reformas progresistas pasaron totalmente desapercibidos.

El resultado final fue catastrófico: tan sólo dos años después Berlusconi volvió al poder y Rifondazione no sacó ni un sólo diputado. La primera vez desde 1945 que el parlamento italiano se quedaba sin presencia de ninguna formación comunista.

Los resultados electorales han sido cada vez peores desde entonces. Tanto el partido como los movimientos sociales descendieron hacia una depresión política de proporciones históricas. Ver a antiguos aliados cruzar al otro lado de la barricada creó una atmósfera de desconfianza y sectarismo.

La subsiguiente alienación de grandes partes de la sociedad italiana hacia el sistema político benefició principalmente –aunque no en exclusiva– al partido protesta de Beppe Grillo, el Movimiento Cinco Estrellas. El periodo de Rifondazione en el gobierno lo desacreditó tanto que ya no es capaz de sacar ventaja de la amplia desafección reinante entre el electorado.

Francia

El Partido Comunista Francés (PCF), que en su momento fue otra de las formaciones que lideró la izquierda de Europa occidental, afrontó retrocesos similares después de unirse a una coalición de gobierno. En las elecciones parlamentarias de 1997 el PCF ganó el 9,9 % de los votos y se unió a la Izquierda Plural, una coalición roja-verde-roja liderada por el socialista Lionel Jospin.

Inicialmente este gobierno consiguió algunos éxitos, siendo capaz de aprobar varias reformas importantes, como la semana laboral de 35 horas y negándose a asumir la Tercera Vía promulgada por Schröder y Blair en aquel momento. A pesar de ello, fue totalmente incapaz de romper con el contexto neoliberal existente. En última instancia implementó el mayor programa integral de privatizaciones de la historia reciente y apoyo la participación en la guerra de la OTAN en Serbia en 1999.

En las siguientes elecciones de 2002 el PCF se derrumbó, obteniendo tan sólo el 4,8 % de los votos. Dos años después este apoyo se redujo al 4,3%. Se recuperó levemente gracias a su alianza en 2012 con el Partido de la Izquierda de Mélenchon, consiguiendo entonces un 6,9 %, mejoría que seguía estando muy por debajo de los apoyos obtenidos antes de unirse al gobierno. Presentándose de nuevo en solitario para las elecciones parlamentarias de 2017, el PCF se hundió al 2,7 %.

La fuerza más importante de la izquierda francesa se desacreditó a sí misma a través de la participación en un gobierno neoliberal, circunstancia que contribuyó a que el Frente Nacional (FN) se convertirse en el partido más fuerte del país. De hecho, el Frente Nacional está consiguiendo sus mejores resultados en los antiguos bastiones del PCF.

Escandinavia

Dirigiendo una ola de indignación pública al inicio de la crisis financiera, el Movimiento Rojiverde islandés (VG) consiguió un espectacular 21,7 % en las elecciones de 2009, lo que le permitió liderar el gobierno. Aunque Islandia estructuró su rescate bancario de forma diferente a como lo hicieron otros países, continuó operando dentro del paradigma neoliberal. Aunque el VG se había opuesto a la integración de Islandia en la OTAN y la Unión Europea, empujó al gobierno a realizar una solicitud para ser miembro de la UE.

Para 2013 los resultados electorales del partido se habían reducido casi a la mitad, con un 10,9 por cierto. Después de que los papeles de Panamá reavivaran la crisis en el sistema político, los Rojiverdes, ya en la oposición, tan sólo consiguieron un escueto aumento de cinco puntos, llevándoles al 15,9 % de apoyo en las elecciones parlamentarias de 2016. El recién creado Partido Pirata, libre de rémoras por participar en gobierno alguno, quedó justo detrás, con un 14,5 %.

Vemos trayectorias muy similares en otros partidos de izquierda escandinavos: el Partido Socialista de Izquierda de Noruega (SV) vio cómo su apoyo electoral se desplomaba desde el 8,8 al 4,1 % durante su periodo en el gobierno (2005-2013). Tras volver a la oposición, el partido se recuperó levemente hasta el 6 % en las elecciones de 2017.

El Partido de la Izquierda sueco (V) tuvo un declive similar. Una década después de su campaña de 1998 (orientada muy hacia la izquierda y crítica con la UE), consiguió un 12 % de apoyo electoral. Después suavizó su imagen radical y se unió a la alianza roja-verde-roja. En 2014 el partido obtuvo tan sólo un 5,6 % de apoyo.

El Partido Socialista Popular de Dinamarca (SF) desarrolló una campaña igualmente crítica con la UE en 2007, obteniendo así un 13 % en las elecciones. En 2011, con la esperanza de unirse a la coalición de gobierno, realizó una campaña mucho más moderada y su apoyo cayó al 9,2 %. Su consecuente participación en la coalición de centro izquierda redujo su popularidad aún más. En 2015 consiguió sólo un 4,2 % de los votos.

La situación ha sido algo menos dramática en Finlandia. En 1995 la Alianza de Izquierdas (VAS) se unió al gobierno de la coalición arcoíris tras obtener un 11,2 % en las elecciones. En 2003 el partido recibió sólo un 9,9 %. En 2011 se unió al gobierno de nuevo tras haber obtenido un 8,1 %. La decisión de abandonarlo antes de que acabara la legislatura probablemente le salvó de un declive aún más acusado: consiguió asegurar el 7,1 % en las elecciones de 2015.

¿Sentados al volante?

Se puede esgrimir que las circunstancias serían otras cuando un partido de izquierdas dirige un gobierno en lugar de entrar como un socio menor. Pero la experiencia griega muestra que no tiene por qué ser así. El poder institucional de la Troika forzó a Syriza a implementar e incluso expandir políticas neoliberales. Como resultado el partido perdió toda una capa de miembros, incluidas muchas personalidades notables. Después de tan sólo seis meses en el gobierno había ya perdido varios centenares de miles de votos en las elecciones de septiembre 2015, aunque conservando un 35,4 % de apoyos. Según las encuestas de finales de 2017, Syriza conseguiría ahora tan sólo un 22 % de los votos.

Los sucesos en Chipre son también muy poco inspiradores. En 2008 un comunista ganó la presidencia por primera vez en la historia del país. Su partido, el Partido Progresista del Pueblo Obrero (AKEL) contó con un apoyo público masivo pero el gobierno sin embargo se plegó a la presión de las instituciones europeas e impulsó medidas de austeridad. Los resultados electorales del partido cayeron al 10% en las siguientes elecciones presidenciales.

Fuera del territorio directamente europeo, podemos observar un desarrollo similar en Groenlandia: en 2009 el partido democrático socialista Inuit Ataqatigiit recibió un clamoroso 43,7 % del total de votos. El partido se hizo con el poder pero falló a la hora de cumplir las expectativas de sus votantes. Su apoyo cayó al 34,4 % en 2013, tras lo que abandonó el gobierno.

Las raíces de la derrota

Esta exposición demuestra que no existe ni un solo ejemplo de participación de partidos de izquierda en gobiernos que haya sido capaz de producir una ruptura con el neoliberalismo en los últimos 25 años. La estrategia del mal menor simplemente no ha funcionado; ni siquiera explicada en sus propios términos. Estos fracasos decepcionaron a los votantes -que esperaban reformas a gran escala- y han contribuido a la percepción de la izquierda como parte del establishment. En muchos países, este proceso ha ayudado a alimentar el crecimiento de partidos fascistas y populistas de derecha.

¿Por qué han fallado tantos gobiernos de izquierda? Podríamos afirmar que los líderes de estos partidos en toda Europa son lobos neoliberales vestidos con piel de cordero rojo, y que intencionadamente han traicionado los principios de sus propios partidos una vez que han llegado al gobierno. O bien podríamos postular que estos mismos líderes tienen buenas intenciones, pero fueron víctimas de las maniobras realizadas por sus socios neoliberales en la mesa de negociación. Si alguna de estas dos explicaciones fuera cierta, lo único que se tendríamos que hacer es reemplazar estos líderes corruptos o ineficientes por los pertenecientes a otro sector del partido. Aunque hay que reconocer que ejemplos de ambas situaciones se han producido en la historia reciente, vistas en conjunto, no constituyen una explicación suficiente de las derrotas recurrentes de la izquierda. Las respectivas tradiciones de los partidos, su composición y orientación, difieren demasiado como para poder reducir sus fracasos a un problema de liderazgo.

Debemos en cambio localizar las causas de esta debacle en el balance de las fuerzas sociales. El capital se ha vuelto tan poderoso que no sólo es capaz de resistirse a los intentos de reformarlo por parte de los gobiernos de izquierda. Puede incluso transformar esos mismos gobiernos en instrumentos que sirven a su propio interés. Los ejemplos descritos arriba muestran que el reformismo de izquierdas europeo no puede ni producir una ruptura real con el neoliberalismo ni fortalecer a las fuerzas de izquierdas.

Pensar estrategias más allá del gobierno

Los partidos europeos de izquierda deberían aceptar que la senda de la transformación social a través de gobiernos de centro-izquierda está actualmente bloqueada. Deben en cambio desarrollar estrategias alternativas y trabajar para cambiar el balance de fuerzas: a través de la construcción paciente de partidos de izquierda fuertes, interconectados y bien organizados, de movimientos de masas y de sindicatos militantes. La izquierda será sólo capaz de arrancar concesiones de importancia al capital cuando consigamos ponerle contra las cuerdas. Y esto se consigue intensificando las luchas sociales y haciendo que los capitalistas teman por su futuro. Incluso entonces quedará abierto el debate de si la constitución de gobiernos de izquierda representa una estrategia adecuada para la transformación socialista. Al menos en esta situación los partidos de izquierda tendrán la oportunidad de hacer más en el gobierno en lugar de repetir las mismas viejas derrotas.

18/04/2017

Florian Wilde, Doctor en historia y residente en Berlín. Trabaja como experto en política sindical para el Instituto de Análisis Social de la Fundación Rosa Luxemburg.

https://www.jacobinmag.com/2017/04/left-parties-government-elections-socialist-politics

Traducción: Miguel Sanz Alcántara.







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