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Siria
Un año después de la caída de Alepo-Este
06/01/2018 | Joseph Daher

En diciembre de 2016, los barrios de Alepo-Este, fuera del control del régimen Assad y de las fuerzas yihadistas, caían a causa del diluvio de fuego de la aviación rusa y del régimen de Assad, y el avance por tierra de las fuerzas prorégimen y de las milicias fundamentalistas islamistas chiítas, encuadradas por Irán y Hezbolá. Esto suscitó una gran emoción en todo el mundo con numerosas manifestaciones de solidaridad con los y las asediadas de Alepo-Este. ¿Qué ha ocurrido desde entonces?

El régimen de Bachar al-Assad no ha dejado de reforzar su posición a lo largo de todo el año, multiplicando victorias con el apoyo de sus aliados ruso e iraní, así como en el Hezbolá libanés. Las diversas negociaciones diplomáticas, de Ginebra a Sotchi o Astana, intentan consolidar este proceso, sin poner en cuestión el régimen de Damasco. Por otra parte, el presidente francés Emmanuel Macron declaró a mediados de diciembre que contaba con dedicarse a "ganar la paz" en Siria, sin excluir a Bachar al-Assad del proceso.

Los yihadistas del Estado Islámico (EI), por su parte, han perdido la gran mayoría de las ciudades y centros urbanos sirios e iraquíes. Con la pérdida de la ciudad de Raqqa en octubre pasado, el EI ya solo controla el 10 % del territorio sirio, contra el 33 % a comienzos de año. Solo algunas regiones aisladas, en particular en zona fronteriza entre Irak y Siria, permanecen actualmente bajo su control. No obstante, el fin de la expansión territorial de la organización yihadista no significa de ninguna manera su fin como organización.

La posición de fuerza del régimen le empuja ahora a querer recuperar los territorios actualmente bajo el dominio de las fuerzas kurdas del PYD. Bachar al-Assad ha calificado de "traidoras" a las YPG, milicia del PYD, por su colaboración con los Estados Unidos, añadiendo que el régimen sirio no dejará ninguna parcela del país fuera de su autoridad.

La cuestión de la reconstrucción

Además, este año ha puesto en un primer plano la cuestión de la reconstrucción, cuyo montante se estima entre 200 y 300 mil millones de dólares.

Para Bachar al Assad, sus allegados y los hombres de negocios ligados a su régimen, la reconstrucción se percibe como un medio para consolidar los poderes ya conquistados y consolidar de nuevo una dominación política y económica sobre la sociedad siria.

La reconstrucción del país será también un medio para recompensar a los aliados del régimen, en particular Irán, Rusia y China, concediéndoles partes del mercado. Algunos mercados, como las minas de fosfato y campos de petróleo y gas, ya han sido atribuidos a Moscú y Teherán. Pero a pesar de estos llamamientos de al Assad, la realidad de la reconstrucción con capitales extranjeros sigo siendo frágil. Rusia e Irán carecen de medios para ayudar en lo inmediato, mientras que China duda en implicarse masivamente en un país tan inestable. Para Pekín las inversiones en países emergentes, como en África, están a menudo condicionadas a un acceso privilegiado a los recursos naturales. Ahora bien, Siria es bastante débil en materias primas.

La reconstrucción de estas zonas se desarrolla cuando más de 6 millones de habitantes han huido del país y alrededor de 7,6 millones están desplazados en el interior de las fronteras de una Siria que en 2011 contaba con 22,5 millones de habitantes.

En junio el Banco Mundial estimó que alrededor de un tercio de los edificios y cerca de la mitad de las instalaciones escolares y hospitalarias de Siria han sido dañadas o destruidas por el conflicto, mientras que la economía ha perdido 2,1 millones de empleos reales y potenciales entre 2010 y 2015. El paro alcanzó el 55 % en 2015, pasando entre la juventud del 69 % en 2013 al 78 % en 2015.

¿Qué porvenir?

Las fuerzas democráticas y progresistas que estuvieron en el origen del movimiento popular sirio han sufrido una represión masiva por parte del régimen -los y las desaparecidas se cuentan hoy por decenas de miles- y su revuelta ha sido también atacada y desfigurada por los movimientos islamistas fundamentalistas.

En estas las circunstancias, la prosecución de la guerra es la peor solución posible y no beneficiará más que a las fuerzas opuestas a un proyecto de sociedad democrática, socialmente justa e inclusivo: a las de Damasco y a los movimientos fundamentalistas islamistas.

Tanto desde el punto de vista político como humanitario, y esto incluso si los combates persisten hoy y la oposición democrática merece apoyo, el final de la guerra en Siria es una prioridad absoluta. Pero esto no significa aceptar la continuación del régimen de Assad y su relegitimación a nivel internacional, ni olvidar los crímenes de guerra, las decenas de miles de personas presas políticas que siguen en las mazmorras del régimen, etc.

Sobre todo, esto no significa olvidar el proceso revolucionario sirio, uno de los más documentados hoy. Esta memoria, estas experiencias políticas deben ya ser utilizadas para (re)construir las resistencias, aunque haya que organizarlas bajo un régimen autoritario, esperando ver emerger un futuro movimiento democrático, social e inclusivo, en el que el amplio activismo hoy en el exilio tendrá igualmente un papel que jugar. Pero será necesaria la paciencia, y una solidaridad internacional continua.

https://npa2009.org/actualite/international/syrie-un-apres-la-chute-dalep-est

Hebdo L´Anticapitaliste 411 (04/01/2018)

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur







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Actos
Madrid. 4 de octubre de 2018, 09:00h
Madrid. 4-6 octubre 2018. Pensar con Marx hoy -Organiza: Fundación de Investigaciones Marxistas
Universidad Complutense Madrid











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