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Tras la experiencia de Catalunya
¿Cómo podemos entender el independentismo?
14/12/2017 | Jorge Stratós

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Y con permiso de Augusto Monterroso, he de decir que el independentismo se frotó los ojos, miró a su alrededor y comprobó con sorpresa que no uno, sino tres dinosaurios unionistas también estaban allí. Haciendo de las suyas, claro. Los dinosaurios empleaban toda su fuerza coactiva —la policial y la jurídica— y al tiempo acusaban al independentismo de dar un golpe de Estado, de llevar a cabo —dicho en el lenguaje florido de uno de sus escuderos— nada menos que “una conspiración de ruptura institucional, una revolución coral proyectada para su ejecución acompasada como la partitura de una orquesta”. Ahí queda. Los independentistas son hoy los culpables de todos los males que aquejan a la Patria, decretaron. Luego, por libre, algún osado un poco inconsciente se sumó a la condena: “Quizás sin quererlo, o a lo mejor buscándolo, habéis contribuido a despertar el fantasma del fascismo”, les dijo. Está visto, la escuela españolista del mundo al revés sigue funcionando a toda máquina, por la derecha tanto como por la izquierda.

Lo primero para la política belicista es nombrar como enemigo al “otro” que rechazas. Y ahora el odiado enemigo a destruir es el independentismo. Pues ni un vaso de agua. Todo vale, si es en su contra. Entonces, cuando las humillaciones y venganzas proliferan contra toda clase de independentismo (el catalán, el corso y cualquier otro que se ponga a tiro, incluido el canario), quizá sea el momento de hablar de la idea general de independencia. Pero hablar de otra manera, de manera razonable, es decir, crítica y constructiva. Marcando las diferencias con la tropa de dinosaurios, tratando de que no nazcan y crezcan también al otro lado del conflicto.

Hay que repensar las pretensiones de independencia, sin meter miedo y con argumentos. Y sin falacias y autoengaños.

Porque al igual que hay varios tipos de españolismo, también los hay de independentismo, al menos en teoría. En primer lugar, están las reivindicaciones de independencia estatal, de una parte, y de independencia nacional, de otra. Y esta es la cuestión básica. En segundo lugar, está la reivindicación de independencia —estatal o nacional— con procedimientos democráticos, de una parte, y con procedimientos antidemocráticos, de otra. Porque esta es la cuestión decisiva. Ambas disyuntivas en el abordaje de la independencia se entrecruzan en los procesos históricos.

Los independentismos estatales y nacionales, de naturaleza democrática y no-democrática, se dan en la realidad combinados en cuatro subtipos diferentes, conformando procesos políticos que avanzan en paralelo, o que se contraponen; que se dan como procesos legítimos, por democráticos, o como procesos ilegítimos, por antidemocráticos. Porque, a fin de cuentas, generan transformaciones políticas muy distintas.

Independentismo instrumental e independentismo fundamental. El independentismo, vaya por delante, se compone de una voluntad subjetiva y de un movimiento objetivo en pos de la realización de un valor político genérico y de las estrategias que lo orientan en su realización. En particular, el independentismo estatalista reivindica, como es sabido, un Estado propio para una o varias naciones, separándose del Estado del que vienen formando parte (incluso en tanto que naciones coloniales, de viejo o de nuevo tipo). En cambio, el independentismo nacionalista, si de verdad lo es, demanda una nación libre, no-dependiente ni de poderes externos (ya sean de otras naciones y Estados, ya sean de grupos de intereses) ni tampoco de poderes internos (de élites militares, económicas, religiosas, etcétera). La separación institucional y la igual libertad son objetivos distintos e implican estrategias diferentes.

El primero es un independentismo instrumental, dado que el logro de un Estado propio se presenta de un modo emotivo y pragmático como el gran objetivo liberador, como la gran herramienta instituyente que permite, de un lado, sacudirse ciertos lastres impuestos, y que promete, del otro, mejorar la vida entera de una sociedad desde nuevas instituciones. Aunque de suyo solo puede garantizar lo primero, la independencia formal de una nueva administración pública. El acabar con la dependencia material en la sociedad, que de hecho está determinada por la estructura de los poderes reales que la conforman, no queda garantizado de ninguna manera por este tipo de independentismo. De ahí que la democracia sea una condición necesaria a añadir desde el punto de partida.

El segundo es un independentismo fundamental, porque exige que sea la estructura básica de la nación la que esté constituida por relaciones sociales de poder externo e interno no-dependientes en teoría. Es decir, por relaciones sociales en teoría “democráticas”, relaciones sociales en teoría de “igual libertad para todas las personas” que —por tanto— han de tener el “derecho de acceso a la condición ciudadana”, a los “plenos derechos de ciudadanía”.

Mientras que el independentismo estatalista es un instrumento separador, que puede instituirse de diversas formas (como se ha comprobado en los muy diferentes resultados históricos surgidos de los procesos de descolonización), el independentismo nacionalista ha de ser —por el contrario— una permanente exigencia de mejora material, que otorga un poder constituyente a un pueblo soberano, si hay democracia, o a un soberano restringido, si no la hay.

Independentismo democrático y antidemocrático. El carácter democrático —deliberativo y participativo— o no-democrático —impositivo y dictatorial—, define por tanto de forma decisiva a los independentismos, de la misma manera que a cualesquiera otros valores, normas y metas políticas (especialmente a los unionismos). Una voluntad colectiva y un movimiento nacional popular que aspire de forma democrática bien que a un Estado propio, bien que a una nación libre, y lo haga con el apoyo —por ejemplo— de dos terceras partes de la sociedad (mediante debates, movilizaciones, consultas, votaciones, etcétera), está legitimado para iniciar una ruptura política con cualquier minoría de poder que esté imponiendo su dominio antidemocrático, sea cual sea la legalidad vigente.

Para desgracia del pueblo catalán, este no ha sido el caso del reciente procés. El gobierno del independentismo estatalista de Catalunya contó en el año 2017 con una mayoría absoluta de votos parlamentarios, pero no con una mayoría simple de los votos populares. Al lanzarse en esas condiciones a una ruptura jurídico-política con un Estado que está fuertemente conformado y controlado por un muy amplio españolismo unionista, se precipitó. No calculó bien ni su fuerza real, ni sus apoyos populares y ni su legitimidad poli(é)tica, que no fueron suficientes para abrir un proceso constituyente democrático e instaurar una república independiente. Así, la fuerza autoritaria de la coalición de dinosaurios españolistas ha podido imponer, de momento, y de forma chapucera, su sacrosanta voluntad, al amparo de la vieja e irreformada Constitución de 1978, de su artículo 155, etcétera. Pero…

En conclusión. A medio plazo, el futuro está más abierto para los catalanes que para ningún otro de los pueblos sometidos del Estado plurinacional español. Merecidamente. Porque un pueblo que lucha democráticamente por su soberanía y bienestar en todos los frentes, aunque a veces se equivoque, es un pueblo digno, capaz de rectificar, de redoblar sus aspiraciones y de avanzar.

Es obligado preguntarse, entonces, si el independentismo canario es estatal o nacional, si es suficientemente democrático o no. Preguntarse a continuación el por qué, para qué y cómo de su razón de ser. Plantearse y plantearle estos interrogantes —y las mismas preguntas hay que hacerle a los diferentes unionismos de las Islas—, tratando de argumentar las respuestas, puede ayudar a la búsqueda de las soluciones idóneas a los principales problemas del recurrente malestar social canario.

13/12/2017

Enlace a referencias subrayadas:

Ahí queda: Ignacio Camacho, abc.es/opinion/abci-tecnica-golpe-estado-201711230948_noticia.html

El fantasma del fascismo: elpais.com/ccaa/2017/12/03/catalunya/1512306979_203983.html

Hay varios tipos de españolismo: Jorge Stratós, tamaimos.com/2017/10/21/como-podemos-entender-el-espanolismo/

Un pueblo digno: Jorge Stratós, tamaimos.com/2017/11/05/nueva-leccion-desde-catalunya-i/, y tres partes más.

Jorge Stratós es un heterónimo de Pablo Ródenas Utray

http://www.tamaimos.com/2017/12/13/como-podemos-entender-el-independentismo/







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