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In memoriam
Carlos Slepoy Carli mostró el camino para acabar con la impunidad
18/04/2017 | Roberto Montoya

“¿Te digo bien, o te cuento?”. Con esa frase tan típicamente argentina me respondía hace pocos meses Carlos Slepoy, ’Carli’, cuando le pregunté cómo estaba de salud. “Contáme, contáme”, le respondí, interesado realmente por su salud, que sufrió tantos golpes durante décadas. “Te lo resumo en pocas palabras: al menos todavía no canto ’Mi cuerpo enfermo no resiste más’, y eso ya es bastante”.

Con esa alusión al dramático tango “Adiós muchachos” dio por cerrado el ’capítulo salud’ y quiso que entráramos de lleno a hablar sobre el contenido de la entrevista que le estaba por hacer.

No la llegó a ver, pronto la emitiremos.

A Carli no le gustaba crear situaciones embarazosas para sus amigos, no hablaba de sus problemas de salud, pero sí se interesaba por la de su interlocutor o la de amigos comunes.

Recorrimos por los mismos caminos de la izquierda revolucionaria argentina de los años ’70 aunque en distintos frentes; puede que hayamos tenido con poca diferencia de tiempo los mismos torturadores, bajo el gobierno de ’Isabelita’ Martínez de Perón, quien tras dejar un reguero de cientos de asesinados en sólo 632 días vive su exilio dorado en España.

Es posible que con Carli hasta compartiéramos el mismo pabellón de presos políticos de la cárcel U-9 de la ciudad de La Plata, pero no nos conocimos personalmente hasta llegar al exilio en Madrid a fines de esa década de plomo.

Pronto todos los miembros de esa enorme comunidad argentina que se formó en el Estado español en aquellos años empezamos a reconocer en Carli a una persona especial y a un líder nato. Él, junto a otros abogados argentinos y españoles comenzó desde el primer momento a preocuparse por los problemas legales, por los papeles y las necesidades materiales elementales de los que seguían llegando por centenares a los puertos y aeropuertos españoles huyendo de la dictadura militar que sucedió a la ’democracia’ de ’Isabelita’.

Él fue una pieza clave en la creación de la Casa Argentina de Madrid, de la que fue presidente durante más de una década y a la que siempre siguió ligado; ejerció durante años como abogado laboralista de la UGT; estaba en todos los frentes.

España no era precisamente un santuario para los exiliados políticos, eran tiempos del ultraderechista Batallón Vasco-Español, precedente del GAL; el jefe de los escoltas de Manuel Fraga era nada menos que Rodolfo Almirón, el que había sido jefe de la Triple A y de quien fue abogado Alberto Ruiz Gallardón.

La embajada argentina en Madrid albergaba a numerosos miembros de los servicios de inteligencia de la dictadura, que controlaban los movimientos de la comunidad argentina e intentaban infiltrarse en ella. Una de las fundadoras de Plaza de Mayo, Noemí Esther Gianetti de Molfino, fue asesinada en 1980 en Madrid.

Carlos Slepoy, como Eduardo Duhalde, Gustavo Roca, Andrés López y otros abogados argentinos exiliados, sentían por su profesión una especial responsabilidad para proteger al resto de exiliados y al mismo tiempo para seguir denunciando ante el pueblo y las instituciones españolas el genocidio que estaba teniendo lugar en Argentina.

En el caso de Carli un hecho accidental habría de cambiar en aquella época su vida para siempre. No habían pasado aún cinco años desde que saliera de la cárcel y llegase a Madrid cuando un día de 1982, coherente con su inmensa humanidad, se enfrentó con un hombre que estaba agrediendo a unos adolescentes en la plaza Olavide de Madrid.

El individuo estaba ebrio y después de algún intercambio fuerte de palabras y forcejeo se dio a conocer como policía y pretendió detener a Carli, mientras los jóvenes se escapaban. Él no le hizo caso, se dio vuelta y se marchó caminando, pero el policía sacó su pistola y sin aviso previo le disparó por la espalda, en la zona lumbar.

La vida no sería la misma para Carli desde entonces. Tuvo operaciones y operaciones, su salud se complicó y de las muletas pasó con el tiempo a la silla de ruedas, quedó parapléjico. Semejante drama personal no impidió sin embargo que él se involucrara cada vez más en la lucha por los derechos humanos y en defensa de la justicia universal, hasta llegar a tener un gran reconocimiento internacional y recibir numerosos premios por su tenaz labor. Los dos infartos y la angina de pecho que padeció, las múltiples infecciones que obligaron a internarle una y otra vez no lograron pararlo.

Carli formó parte de la acusación particular en causas judiciales en España contra represores latinoamericanos, como en el caso Pinochet, en el caso Scilingo -militar condenado en España a 1.084 años de cárcel por los ’vuelos de la muerte’- el ex teniente Ricardo Cavallo; el ex dictador guatemalteco Ríos Montt y tantos otros, asistiendo con gran esfuerzo a los juicios en la Audiencia Nacional con su silla de ruedas.

Carli sufría viendo cómo en el Estado español, donde en un momento se llegó a hacer un trascendental avance en pro de la justicia universal y se abrieron causas contra represores de países en los que no se los podía juzgar, fuera precisamente el país donde no se pudieran juzgar los crímenes del franquismo tantas décadas después de acabada la dictadura.

Y fue así que, en coordinación con asociaciones de víctimas y familiares de víctimas del franquismo y fiscales y jueces argentinos, decidió en 2010 presentar en Argentina una querella contra los crímenes del franquismo. Para muchos era solo un acto simbólico, sin posibilidad alguna de prosperar, lo consideraban una batalla perdida.

Con enorme esfuerzo, con su silla de ruedas en aviones de ida y vuelta sobre el Atlántico, recogiendo testimonios, analizando a fondo los argumentos legales y la legislación de uno y otro país, la querella avanzó, la jueza Servini de Cubría tomó testimonio en Argentina y también en España a víctimas del franquismo y a familiares de víctimas y pidió la extradición de una veintena de imputados. Carli dedicó buena parte de sus energías en convencer a víctimas del franquismo y a familiares de los 113 000 asesinados y enterrados en fosas comunes en cunetas de toda España para que se sumaran a la querella. Ya son centenares los que lo han hecho y miles los que apoyan la Querella con su ayuda económica y con trabajo voluntario.

Treinta organizaciones crearon en 2012 la Red Ciudadana de Apoyo a la Querella Argentina contra los Crímenes del Franquismo y su coordinadora para coordinar la acción.

En los siete años transcurridos la jueza obtuvo la colaboración de varios magistrados españoles, que abrieron sus juzgados para que pudiera tomar testimonios a víctimas o familiares, e incluso se logró que por primera vez desde el fin de la dictadura franquista un guardia civil, Muñecas Aguilar y el inspector de policía González Pacheco, ’Billy el Niño’, acusados de torturas y crímenes de lesa humanidad, tuvieran que comparecer ante un tribunal español.

A pesar de ello el Gobierno de Rajoy denegó en 2015 tramitar las extradiciones, decisión por la que fue criticado por el propio Consejo de Derechos Humanos y otros organismos especializados en desapariciones forzadas de la ONU, por Amnistía Internacional y otras organizaciones humanitarias.

Slepoy nunca cejó en su empeño; en 2015 intervino ante el Parlamento Europeo en el marco de unas jornadas tituladas “Con impunidad no hay democracia”, denunciando el retroceso que se había producido en España con respecto a la justicia universal y reclamando una implicación activa de las instituciones europeas en la Querella Argentina, la única existente actualmente en el mundo contra un genocidio aún impune en plena Europa.

Hasta último momento Carli reclamó a los partidos políticos, gobiernos autónomos y ayuntamientos de todo el Estado español que apoyaran de foma expresa la Querella Argentina, que ha pasado a convertirse en la herramienta principal para acabar de una vez con la impunidad de los crímenes del franquismo y sus tantísimos cómplices. La coordinadora estatal de la causa abierta en Argentina (CeAQUA, www.ceaqua.org) cuenta ya con miles de apoyos y numerosos ayuntamientos, instituciones y organizaciones de todo tipo le han dado su apoyo.

La lucha a la que Carli dedicó tantos años de su vida en condiciones tan adversas no ha sido en vano, ha tomado cuerpo aunque aún está muy lejos de terminar. Con la Querella nos mostró el camino, cómo provocar una grieta en el muro de la impunidad hasta que este termine por desmoronarse.

Al Che Guevara se le atribuye la frase: “A un combatiente no se lo llora, se recoge su fusil y se lo reemplaza en su puesto en primera línea de frente”.

Sin embargo, ni él ni nadie nos pudo decir cómo hacer para no llorarlo a Carli, junto a Andrea, a Paula, Natalia, Óscar y a tantos miles y miles de personas agradecidas a su labor en todo el mundo, ni tampoco nos pueden decir cómo reemplazar a un combatiente por la vida y por la justicia tan grande como él.

Los muros caerán, Carli, tenlo por seguro, temprano o tarde caerán y tú habrás hecho una contribución gigantesca para lograrlo.

¡Hasta la victoria siempre compañero, es un orgullo haber sido tu amigo, nunca te olvidaremos!

Roberto Montoya es miembro del Consejo Asesor de viento sur



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