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Pakistán
El FMI quiere sangrar al país, ya devastado por las inundaciones.
06/10/2010 | Sampath Perera

Explotando sin pudor el desastre humanitario causado por seis semanas de inundaciones, el FMI se niega a conceder a Pakistán los fondos prometidos en 2008 en el marco de un préstamo mientras Islamabad no haya aplicado cambios considerables en sus políticas –cambios que reducirán aún más las rentas de los trabajadores empobrecidos del país.

Al comienzo del verano, se suponía que Pakistán iba a recibir 1,3 millardos de dólares que formaban parte de un préstamo total de 11,3 millardos. Pero el FMI ha atrasado la fecha de la transferencia después de que Islamabad no hubiera logrado alcanzar diversos objetivos fijados por el FMI.

Tras esto, más de 20 millones de personas y 79 de los 124 distritos administrativos de Pakistán han sido afectados por las inundaciones del valle del Indo.

El balance actual dado por el gobierno de 1700 muertos es débil comparado con el tsunami de 2004 en el océano Indico o al terremoto de enero pasado en Haití. Pero millones de personas hambrientas y sin abrigo siguen en grave peligro de enfermedades y, en muchos otros aspectos, esta catástrofe pakistaní supera de lejos las mencionadas tragedias.

Al comienzo de la semana, Maurizio Giuliano, de la Oficina de las Naciones Unidas para la coordinación de los asuntos humanitarios, calificó las inundaciones de “una de las peores catástrofes humanitarias de la historia de las Naciones Unidas, en términos de número de personas a las que hay que llevar asistencia y también del ámbito afectado”.

Según Giuliano, al menos diez millones de personas están actualmente sin abrigo. Una gran parte de la infraestructura física del país, incluyendo alrededor de 1000 puentes y 4000 Km. de autopistas ha quedado destruida y el 23% al menos de las cosechas de fin del verano y comienzo de otoño del país han quedado destruidas.

Las estimaciones de las devastaciones son aún aproximaciones puesto que las aguas no se han retirado completamente, en particular en el sur del Sind, y las pérdidas de los hogares y de las empresas acaban de empezar a ser evaluadas. Sin embargo, estas estimaciones gubernamentales, que alcanzan los 43 millardos de dólares, representan ya cerca de un cuarto del PIB anual de Pakistán.

Además, las inundaciones tendrán un efecto duradero sobre la economía de Pakistán, en particular sobre la disponibilidad y el precio de los alimentos y del algodón, que son vitales para la industria textil pakistaní, que constituye su mayor fuente de rentas a la exportación. Y esto se produce en una situación en que, incluso antes de las inundaciones, un pakistaní de cada cuatro, es decir 45 millones de personas, sufría malnutrición.

La semana pasada, la agencia de notación Moody´s Investor Service ha cambiado su estimación sobre los cinco mayores bancos de Pakistán, de estable a negativo, debido a las inquietudes provocadas porque podrían verse fragilizados por préstamos poco seguros. Nondas Nicolaides, un responsable de análisis en Moody´s, ha declarado al Financial Times británico que “serán sobre todo los sectores agrícolas y textiles (los que serán afectados por las inundaciones), pero nos esperamos que un efecto indirecto se desarrolle en el sistema bancario”.

En una crisis social y económica tan grave, los responsables pakistaníes esperaban que el FMI podría ser persuadido de flexibilizar sus criterios para conceder el sexto tramo del préstamo acordado en 2008. Pero cuando se han reunido con los dirigentes del FMI en Washington durante diez días a finales de agosto y comienzos de septiembre, se han visto despedidos secamente.

Según un artículo publicado el 8 de septiembre en Dawn, las autoridades del FMI adoptaron “una posición muy firme” durante las negociaciones, afirmando “que el consejo de dirección del FMI no tiene la intención de estudiar la demanda de fondos suplementarios de Pakistán mientras que éste no haya hechos progresos tangibles” en la aplicación de las reestructuraciones económicas dictadas por el FMI.

Las negociaciones terminaron con el director general del FMI, Dominique Strauss-Kahn, con una declaración pública en términos tan directos como los mencionados.

Strauss-Kahn ha indicado que la delegación pakistaní, dirigida por el ministro de Finanzas Abdul Hafeez Shaikh, ha prometido aplicar los diktats del FMI –incluyendo la supresión de las subvenciones a los precios de la energía y la imposición de una tasa general sobre las ventas. Pero ha declarado que el FMI no concedería ni un céntimo de los 2,6 millardos de dólares que quedan por entregar del préstamo de 11,3 acordado en 2008 mientras Islamabad no haya realizado efectivamente su promesa de aplicar las reformas exigidas.

El director general del FMI ha declarado que los logros del gobierno de Pakistán serían evaluados de nuevo a finales de año para determinar si las reformas habían sido llevadas a cabo realmente y que solo en ese caso una nueva cantidad sería transferida a Islamabad.

“Nuestro diálogo con Pakistán sobre el actual acuerdo se encuentra a la espera de avances”, ha declarado Strauss-Kahn, “y las autoridades han expresado su intención de aplicar medidas para terminar la quinta revisión del programa durante este año”.

“Permaneceremos en contacto estrecho durante el desarrollo de estos esfuerzos. La realización de la quinta revisión (de los objetivos fijados por el FMI) nos permitirá entregar 1,7 millardos suplementarios”.

El director general del FMI ha dicho que recomendaría al consejo de dirección del FMI prestar a Pakistán 450 millones de dólares salidos del Programa de asistencia de urgencia en caso de catástrofe natural para ayudar a Islamabad a llevar socorro a las víctimas de las inundaciones.

Pero con una buena parte de Pakistán en ruinas –y con cerca de un tercio del presupuesto del país ya consagrado al reembolso de las deudas- esto no constituye más que un débil consuelo.

La posición de Strauss-Kahn ha sido apoyada por el Banco Mundial, que igual que el FMI es una organización bajo control de los Estados Unidos, dominada por los Occidentales.

En una declaración del 1 de septiembre, tras haberse reunido con el ministro de Finanzas Shaikh, el presidente del Banco Mundial Robert B. Zoellick ha subrayado la necesidad para Islamabad de aplicar reformas liberales ante todo. “Tenemos necesidad, ha dicho Zoellick, de responder con fuerza a esta crisis, pero debemos hacerlo sin perder de vista las importantes reformas económicas”.

Luego ha lanzado una amenaza contra el gobierno pakistaní y la población de Pakistán, declarando que “la respuesta de los donantes para las inundaciones dependerá igualmente de la capacidad del gobierno a hacer lo que ha prometido sobre este punto”.

Las ayudas a aportar a los millones de víctimas de las inundaciones de Pakistán constituyen también para las instituciones financieras imperialistas un arma que esgrimen para presionar a reformas liberales que faciliten la extracción del beneficio por los capitales nacionales y, aún más, internacionales.

Comparada a la amplitud del desastre, Pakistán no ha recibido más que una ayuda en cuentagotas por parte de los gobiernos del mundo. El Banco Mundial, por su parte, ha concedido un millardo de dólares a Islamabad para financiar a la vez las ayudas inmediatas y la reconstrucción a largo plazo. Pero todo este dinero ha ido a parar a otros programas existentes del Banco Mundial para Pakistán.

Las reformas exigidas por el FMI y el BM incluyen:

- La transformación de una tasa general sobre las ventas en un IVA al 15%. Este nuevo impuesto transfiere el impuesto de las empresas a los trabajadores.

- La eliminación completa de las subvenciones al precio de la energía. Hasta ahora, el gobierno se había comprometido a aumentar el precio de la electricidad en al menos 25% en tres fases de 6 meses a partir del 1 de octubre. (El Banco Mundial y el Banco para el Desarrollo de Asia habían estimado antes que un aumento del 49% sería necesario para realizar la promesa del gobierno de poner fin a todas las ayudas en la electricidad).

- La autonomía total del banco central del país y el freno de los préstamos de la banca al gobierno.

La coalición dirigida por el Partido del Pueblo Pakistaní que forma el gobierno actual de Pakistán ha garantizado en numerosas ocasiones al FMI sobre política de derechas así como un aumento de las privatizaciones. Lo hizo una vez más la semana pasada.

Tras la reunión de Washington, el ministro de Finanzas, Shaikh, declaró: “quiero reafirmar el compromiso del gobierno de Pakistán con el programa de reforma económica, que incluiría una austeridad fiscal, una movilización de los recursos domésticos, una reforma de las estructuras de gobierno, incluyendo empresas del sector público y un ambiente favorable al sector privado. Nos hemos comprometido con este programa porque es la vía a seguir para garantizar una recuperación fuerte y volver a ponerse en el camino del crecimiento”.

El gobierno pakistaní, sin embargo, se da cuenta de que está sentado sobre un barril de pólvora social. Es por lo que tiene reticencias a llevar a cabo cambios de política económica cuyo efecto inmediato sería alimentar la inflación y reducir la producción. La aplicación del IVA ha sido atrasada en varias ocasiones y está actualmente prevista para el 1 de octubre. Recientemente el gobierno ha anulado el aumento de los precios de la electricidad previsto para el próximo mes.

Incluso antes de las inundaciones de este verano, los periódicos pakistaníes rebosaban de comentarios sobre los disturbios sociales debidos al hambre en ascenso y a la desigualdad social, así como al distanciamiento de la población de un gobierno civil que ha proseguido en lo fundamental la política de la precedente dictadura militar a sueldo de los Estados Unidos. Esto incluye entre otras cosas la colaboración cada vez más estrecha con los Estados Unidos en la guerra en Afganistán y contra las milicias pachtunes aliadas a los talibanes en el noroeste del país.

Estas inundaciones que devastan la vida de millones de personas en Pakistán han puesto también claramente en evidencia la incompetencia, la indiferencia y la corrupción del gobierno y de las élites dirigentes en su conjunto, lo que refuerza aún más los temores de esas élites a un levantamiento social.

Pero, igual que la élite pakistaní se ha mostrado dispuesta en la prosecución de su alianza mercenaria con el imperialismo de los Estados Unidos a hundir a una gran parte del país en la guerra civil, acabará por plegarse a las presiones del FMI y del BM y aplicar reformas económicas de consecuencias sociales incendiarias los meses que vienen

17/9/2010

http://www.mondialisation.ca/index....

Traducido por Faustino Eguberri para VIENTO SUR de

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article18705





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