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Libros
Negación de la Shoah …y negación de la Nakba
22/09/2010 | Entrevista a Gilbert Achcar

En lugar del habitual artículo sobre la obra de Gilbert Achcar, Les Arabes et la Shoah (Actes sud Sindbad, 2009), publicamos aquí una entrevista del autor con Eldad Beck, publicada el 27 de abril de 2010 en Yedioth Ahronoth, en dos páginas. Yedioth Ahronoth es el periódico más difundido en Israel. Una traducción/adaptación inglesa fue publicada, el 2 de mayo de 2010, en el bimensual Jerusalem Report, principal revista israelí de lengua inglesa. A continuación ponemos a disposición de nuestras lectoras y lectores una traducción del original hebreo, tal como apareció en Yedioth Ahronoth. En efecto, una entrevista así, en ese periódico, da luz no solo sobre el contenido de esta obra, sino también sobre su función heurística (Red.).

“El fenómeno de la negación de la Shoah en el mundo árabe es erróneo, desorientador, y causa daño a la causa palestina”. En su nuevo libro, el universitario franco-libanés Gilbert Achcar aborda por primera vez las actitudes árabes hacia la Shoah.

Gilbert Achcar abandonó el Líbano en 1983, durante la primera guerra de gran envergadura llevada a cabo por Israel en su país. Cerca de 30 años más tarde, Achcar, profesor de relaciones internacionales en la School of Oriental and African Studies (SOAS) de Londres, militante de izquierdas y por la paz, afirma que fue la brutal guerra entre Israel y los palestinos en el Líbano lo que marcó un giro en la mirada que dirigía el mundo árabe sobre la Shoah. Sostiene que las comparaciones que el primer ministro Menahem Begin había hecho entonces entre Yasser Arafat y Hitler y entre los enemigos de Israel y los nazis desvalorizaron la Shah y llevaron a mucha gente del lado árabe a comparar a su vez a Israel con los nazis e incluso a pretender que Israel había inventado la Shoah para justificar su política en Próximo Oriente.

El investigador francés de 59 años ha publicado un nuevo libro en Francia, cuyo título indica su contenido inhabitual: Les Arabes et la Shoah. En esta obra, Achcar –que ya ha publicado libros con el militante de izquierdas estadounidense Noam Chomsky y el israelí Michel Warchawski- aborda por primera vez un asunto altamente explosivo: la actitud de los árabes hacia la Shoah desde la llegada de los nazis al poder hasta hoy. El libro, que no esquiva los aspectos más problemáticos de la cuestión, acaba de ser publicado en dos ediciones árabes, en El Cairo y Beirut.

Achcar nació en Senegal en una familia de emigrantes libaneses, pero fue educado y escolarizado en Líbano. “Estudié en un instituto francés en Líbano y oí hablar de la Shoah muy pronto. Soy un humanista. La Shoah ha sido siempre muy importante para mí”. Hace algunos años, se le pidió escribir un artículo para una publicación académica (Storia della Shoah, UTET, Turin 2005) sobre la relación de los árabes con la Shoah. La investigación que realizó para el artículo le llevó al cabo del tiempo a escribir esta gruesa obra sobre el tema.

G. Achcar, que ha enseñado en Paris y Berlín, comienza su libro con una cita del evangelio de Mateo: “¿Porqué ves la paja en el ojo de tu hermano, y no ves la viga en tu ojo?”. En esta entrevista con Yedioth Ahronoth, la primera que ha dado nunca a un periódico israelí, Achcar explica: “La lección de esta parábola es que antes de criticar a otro, uno debería preguntarse si algo no va bien en sí mismo”. Prosigue preguntando lo que no va bien con nosotros: “Del lado israelí, una serie de acusaciones han sido lanzadas contra el mundo árabe a propósito de la Shoah sin ninguna autocrítica. Hay algunos escritores israelíes que son tan egocéntricos que no pueden ver que sus acusaciones contra el mundo árabe podrían igualmente ser dirigidas a Israel –a veces con más razón. Sin embargo la parábola se aplica también a los árabes, por supuesto. En mi libro, he intentado tratar ciertos asuntos actuales que considero reprensibles. No defiendo a nadie de forma acrítica. Pienso que es deseable dirigir una mirada crítica sobre el grupo al que se pertenece antes de criticar a los demás”.

¿Podría Vd. ser más concreto?

G. Achcar: Del lado árabe, no siento ninguna simpatía por lo que el Mufti de Jerusalén, Hajj Amin al-Husseini, hizo durante la Segunda Guerra Mundial. Pienso también que la negación de la Shah en el mundo árabe es errónea, desorientadora, y que causa daño a la causa palestina. Pero del lado israelí, ¿cómo podéis criticar la negación de la Shoah en el mundo árabe cuando Israel niega la Nakba palestina? No estoy comparando la expulsión de 1948 con la Shoah. La Shoah ha sido un genocidio y una tragedia bastante mayor que el sufrimiento de los palestinos desde 1948. Pero no fueron los árabes ni los palestinos quienes cometieron la Shoah, mientras que Israel si es responsable de la Nakba. Historiadores israelíes lo han probado. Sin embargo, Israel continúa negando su responsabilidad histórica en este drama. La ex ministro de Asuntos Exteriores Tzipi Livni protestó ante el secretario general de las Naciones Unidas a propósito de la utilización del término Nakba, que en árabe significa “catástrofe”. Es como si se protestara contra la utilización por Israel del término Shoah.

En mi libro denuncio vigorosamente a los negacionistas palestinos y árabes de la Shoah, que son más numerosos ahora que hace 30 o 40 años. Se trata principalmente de una reacción suscitada por la cólera más que de un negacionismo deliberado. El palestino o árabe que pretende que la Shoah ha sido inventada por los sionistas para justificar sus acciones reacciona a la utilización de la Shoah por Israel para sus propias necesidades.

Es una reacción estúpida. Creo que la negación de la Shoah es el antisionismo de los imbéciles. Pero son gentes que niegan un acontecimiento histórico en el que su pueblo no ha jugado ningún papel. Por el contrario, la negación de la Nakba por Israel es mucho más importante, porque es Israel quien ha sido responsable de ella. Esto ha sido un momento decisivo en la fundación de Israel. Otros países se constituyeron en circunstancias similares, pero hay que reconocer la realidad y la responsabilidad históricas. La opresión actual de los palestinos por Israel agrava la situación.

Incluso quienes no están de acuerdo con todo lo que escribe Achcar deberán reconocer que ha abordado valientemente una cuestión que se ha convertido en tabú en el mundo árabe estos últimos años.

Supongo que si el asunto no me interesara no se me habría pedido abordarlo. Las personas que me lo pidieron sabían que comprendía la importancia histórica de la Shoah y que tenía la sensibilidad necesaria para abordar esta cuestión. Sabía desde el comienzo que sería un asunto delicado y que cada lado del conflicto tendría un relato diferente, sobre todo en lo que concierne a la actitud del mundo árabe hacia la Shoah. Hay mucha propaganda sobre este tema. Tenía el sentimiento de que había descripciones muy caricaturescas de las posiciones históricas. En el curso de mi investigación, he descubierto que era peor aún de lo que había pensado, y que había habido deformaciones sustanciales.

Afirma Vd. sin equívoco en su libro que si no hay ninguna comparación entre la Shoah y la Nakba, existe sin embargo una relación entre estos dos acontecimientos.

La relación es evidente. Sin la Shoah y sin el ascenso del nazismo, no pienso que el proyecto sionista hubiera logrado realizarse. Si observa la inmigración a Palestina antes de 1933 y la caída del número de inmigrantes tras la erupción de las revueltas de 1929, aparece claramente que sin el terrible fenómeno llamado nazismo y el desencadenamiento del antisemitismo en Europa, no habría habido la emigración judía masiva hacia Palestina que permitió la constitución de Israel. El ascenso de Hitler al poder y todo lo que ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial dieron una legitimidad a la idea sionista.

Después de todo, el sionismo era una ideología minoritaria entre las comunidades judías antes del ascenso del nazismo. La mayor parte de los judíos europeos no era sionista. Además, hubo la hipocresía del mundo occidental que cerró sus puertas a los refugiados judíos.

Hay universitarios israelíes que pretenden que los palestinos tienen una responsabilidad en la Shoah porque se rebelaron y exigieron que los británicos limitaran la inmmigración judía a Palestina. Habrían así impedido a centenares de miles de judíos inmigrar a Palestina, lo que les ha conducido a su exterminio en la Shoah. Se trata de un argumento muy tendencioso. ¿Porqué reprochar a los palestinos haberse rebelado contra un proyecto cuyo objetivo explícito era establecer un estado extranjero en su territorio, y olvidar que mientras los británicos restringían la inmigración judía a Palestina, habrían podido permitir a los judíos emigrar a su propio país y a otras partes del amplio imperio que controlaban?

Se podría decir otro tanto de los Estados Unidos y de los demás países del mundo entero que tomaron parte en la conferencia de Evian en 1938 convocada por el presidente Roosvelt y rechazaron acoger a refugiados judíos en sus territorios. Son ellos los responsables de la Shoah y no los palestinos. La Shoah creó las condiciones que permitieron la realización del proyecto sionista, proyecto que era imposible de realizar por medios no violentos. Es la realización violenta del proyecto sionista lo que creó la Nakba: ésta es pues el resultado de esos desarrollos.

¿La cooperación de ciertos partidos árabes con los nazis derivaba de una ideología común, o se trataba de una táctica política en el espíritu del dicho según el cual “el enemigo de mi enemigo es mi aliado”?

Me parece evidente que en lo que se refiere al Mufti al-Husseini, había una combinación de oportunismo político y de afinidad ideológica antisemita. El Mufti no compartía la visión del mundo política, social y económica de los nazis. Estos aspectos de la ideología nazi no le interesaban. Por el contrario, el odio a los judíos y los británicos constituía una base común entre él y los nazis. No era íntegramente nazi, sino más bien colaborador de los nazis. Desarrolló un odio hacia los judíos que convergió con el antisemitismo nazi. Por otra parte, tampoco lo ocultó. En sus Memorias recientemente publicadas, expresa una visión del mundo claramente antisemita.

¿Cómo explica Vd. la acogida calurosa que recibió en el mundo árabe tras la Segunda Guerra Mundial?

La idea de que el Mufti habría recibido una acogida triunfal en el mundo árabe es un mito. El hecho de que los palestinos le trataron como un dirigente nacional perseguido por sus enemigos –los británicos y el movimiento sionista- es una cosa. Pero si consideráis su influencia real en el mundo árabe, incluso durante la guerra, veréis que era muy limitada. El Mufti pasó su tiempo en Berlín y en Roma exhortando a los palestinos y los árabes a unirse al Eje germano-italiano contra los Aliados, y por supuesto contra el movimiento sionista. Se estima que solo 6.000 árabes se unieron a las diferentes organizaciones armadas de la Alemania nazi.

Sin embargo, durante el mismo tiempo, 9.000 palestinos árabes lucharon al lado de los británicos. Un número aún mayor de árabes lucharon en las filas aliadas, incluso un cuarto de millón de norteafricanos que combatieron en las filas gaullistas. La influencia real del Mufti ha sido pues mínima. Hoy el Mufti tiene poca consideración en el mundo árabe. Ha sido asociado con la derrota antes incluso de que se fuera a Europa: la derrota de la revuelta en Palestina, la de la revolución fracasada contra los Británicos en Irak. El hecho que eligiera el campo de los alemanes contribuyó al sentimiento de rechazo hacia él, incluso entre los nacionalistas árabes.

Entonces, ¿porqué, se pregunta Achcar, el Mufti recibe tal atención en Israel?

Israel y el movimiento sionista no tenían respuesta a la afirmación de los palestinos de que si la Shoah había sido algo terrible, ellos no eran responsables y que no había pues ninguna razón para que pagaran por los actos cometidos por los europeos. Los sionistas presentaron entonces al Mufti como la prueba de que los palestinos eran cómplices de la Shoah. Es así como se constituyó el relato que presenta a los árabes como cómplices de los nazis, lo que permite decir que la guerra de 1948 era la última batalla de la Segunda Guerra Mundial contra los nazis. Pero esta narración no resiste los hechos históricos. Es propaganda.

Pero la colaboración no acabó con el Mufti. Muchos criminales nazis encontraron refugio en países árabes y varios partidos árabes como el Baas se han inspirado en la ideología nazi.

No hay pruebas de que el Baas fuera influenciado en sus comienzos por la ideología nazi. Incluso la tentativa de presentar al Baas así como a su fundador, Michel Aflak, como nazis es propaganda. Aflak fue influenciado por la izquierda y estaba en contacto con comunistas y marxistas que eran opuestos al nazismo. La única pieza de convicción contra él es que tenía en su biblioteca una copia de la traducción francesa de una obra de Alfred Rosenberg (el principal ideólogo del movimiento nazi y autor de su programa racista –E.B.). Esto equivale a decir que cualquiera que tenga una copia de Mein Kampf en su casa sería un nazi. Sin embargo quienes leen libros no están forzosamente de acuerdo con su contenido. Si habláis del Baas de los años 1960 y 1970, el nazismo no existía ya. Si el partido Baas irakí de Saddam Hussein pudo utilizar argumentos antisemitas, esto no tenía relación con el nazismo.

Hay efectivamente un cierto número de antiguos nazis que encontraron refugio en el mundo árabe, en Egipto y en Siria. Sin embargo, con la excepción de Alois Brunner (brazo derecho de Eichmann), que se refugió en Siria, no había entre ellos ningún dirigente nazi que hubiera formado parte de la máquina de exterminio. Pero, ¿porqué este argumento es utilizado contra los árabes, cuando amigos de Israel, empezando por los Estados Unidos, dieron refugio a nazis y ayudaron a la emigración de criminales mucho más importantes que los que encontraron refugio en el mundo árabe?

Después de todo, Israel recibió bastantes fondos de la Alemania federal, que estaba llena de antiguos nazis algunos de los cuales participaban incluso en el gobierno. El más cercano consejero del canciller Adenauer, el amigo y financiero de Israel, había redactado las leyes raciales de Nuremberg. Si se quiere presentar retroactivamente a los árabes como nazis, se podría también tratar como nazis a toda América latina, los Estados Unidos y Alemania. No es más que pura propaganda.

¿La falta de debate sobre la colaboración con los nazis en el mundo árabe ha tenido un impacto sobre la negación de la Shoah en los diferentes sectores de la sociedad árabe y musulmana?

La tensión en aumento entre Israel y los árabes y los palestinos durante los últimos años ha radicalizado las posiciones en los dos lados. Pero ni siquiera Hamas ha establecido brigadas en nombre del Mufti al-Husseini. Tampoco hay misiles o calles que lleven su nombre. No interesa a nadie. El héroe de Hamas es Izz el-Din al-Qassam. Hay que comprender esto para no dejarse engañar por la propaganda. Por otra parte, si la gente se interesara verdaderamente por el Mufti, no habría negación de la Shoah.

Al-Husseini no era un negacionista. En sus Memorias cuenta que Himler le dijo en 1943 que Alemania estaba exterminando a los judíos, y había matado ya tres millones. El mufti escribe con satisfacción que finalmente los judíos han pagado un precio más elevado que el que los alemanes tuvieron que pagar, y que un tercio de la judeidad mundial había encontrado la muerte. Confirma así el número conocido de las víctimas de la Shoah.

El negacionismo en el mundo árabe de hoy proviene principalmente de la ignorancia. Hay sin embargo que distinguirle del negacionismo en Occidente, donde constituye un fenómeno patológico. En Occidente, esa gente son enfermos mentales, ferozmente antisemitas. En el mundo árabe, el negacionismo que existe entre ciertas corrientes de la opinión pública, aún minoritarias, deriva de la cólera y la frustración suscitadas por la escalada de la violencia israelí, que va acompañada de una utilización en aumento de la Shoah. Esto comenzó con la invasión del Líbano en 1982.

Menahem Begin abusó de la memoria de la Shoah, incluso en su discurso de política interior. Es lo que condujo a gente en el mundo árabe a reaccionar de la forma más estúpida posible diciendo: si Israel intenta justificar sus acciones refiriéndose a la Shoah, entonces ésta debe ser una exageración o una invención de la propaganda. Cuanta más violencia haya, más se encontrará este tipo de reacción, pues se trata de un desafío simbólico, y no de algo más profundo.

Vd. afirma igualmente que los árabes que comparan Israel con los nazis reaccionan a la comparación hecha por Israel entre los dirigentes árabes y Hitler.

La tendencia a ver nazis por todas partes conduce a la banalización de estos últimos. Hitler es una figura histórica tan negativa que es absurdo comparar con él a (el presidente iraní Mahmoud) Ahmadinejad. Se puede pensar lo que se quiera del presidente iraní, pero su país no tiene campos de concentración, como tampoco está perpetrando un genocidio.

Irán es una sociedad en conflicto político; no es una sociedad totalitaria como la Alemania nazi. La comparación con los nazis y Hitler es muy frecuente también en Israel. Ben Gurion comparó Begin con Hitler. La extrema derecha en Israel ha distribuido imágenes de Rabin en uniforme SS. Los israelíes ven a Hitler en todas partes: Nasser, Saddam Hussein, Arafat, Nasralá. Entonces, ¿porqué extrañarse de que los árabes hagan lo mismo?. Se trata evidentemente de exageraciones políticas que no son útiles.

¿Cómo se podrán superar los numerosos obstáculos si del lado árabe no se reconoce la sensibilidad de Israel respecto a la Shoah?

Esta sensibilidad es comprendida en el lado árabe. No hay que ver a los árabes como un bloque monolítico. Por supuesto, existen corrientes que no la comprenden, pero no es la posición de la mayoría. Por ejemplo Arafat, que ha sido completamente diabolizado. Después de todo, en los años 1970, la OLP (Organización de Liberación de Palestina) comenzó un serio esfuerzo para comprender esta cuestión. Cuando el negacionista francés Roger Garaudy fue acogido con honores en el mundo árabe, Arafat comprendió el daño que ello causaría a la causa palestina. Pidió entonces visitar el Museo del Holocausto en Washington. Al rechazar la administración del museo recibirle con la consideración debida a su rango, se sintió insultado y anuló la visita. Sin embargo, visitó la casa de Ana Frank en Amsterdam. Sin embargo, salvo en Israel, la prensa casi no habló de ello.

Gentes como Edward Saïd y Mahmoud Darwish comprendían completamente la sensibilidad israelí respecto a la Shoah. Es preciso que dejemos de caricaturizar la imagen del enemigo, lo que envenena la atmósfera. Le garantizo que si Israel tuviera una actitud diferente para con el mundo árabe y los palestinos, una actitud de paz, esos fenómenos que se han reforzado durante los últimos años, desaparecerían muy rápidamente.

Actes Sud Sindbad, 2009
Traducido de http://www.labreche.ch/lb/Rev06_ALireAchcar.pdf
Traducción: Alberto Nadal para VIENTO SUR





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