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Pakistán
De una catástrofe natural a una catástrofe social
04/09/2010 | Snehal Shingavi

Las inundaciones que han devastado inmensas regiones de Pakistán son quizá un fenómeno debido a la naturaleza, pero la agravación de la crisis humanitaria que ha seguido es el resultado directo de las carencias de los corruptos dirigentes pakistaníes y del impacto de la “guerra contra el terror” llevada a cabo por los Estados Unidos.

Según las estimaciones oficiales, más de 22 millones de personas han sido desplazadas y más de 1.600 (a fecha de 15 de agosto) han muerto como consecuencia de una de las peores inundaciones de la historia de Pakistán. En ciertas regiones, las lluvias han dado al Indo una anchura de 15 millas, lo que representa alrededor de 25 veces su anchura normal. (Según la ONU, el 25 de agosto, más de 7 millones de personas están en una situación de peligro extremo desde el punto de vista de su alimentación –agua, alimentos-, de su salud y de su falta de toda vivienda).

La inundación comenzó cuando las lluvias del monzón cayeron sobre las montañas del noroeste del país (región llamada Khyber-Pukhtunkhwa). Cuando las aguas invadieron las provincias de Sindh y del Punjab, se llevaron centenares de miles de casas y destruyeron más de 1,7 millones de acres (alrededor de 700.000 ha.) de tierras agrícolas. Varias grandes ciudades han quedado también sumergidas, como Naushera, Muzaffarabad y Abottabad. La gente que ha podido abandonar las regiones devastadas por las inundaciones se encuentra ahora amontonada en abrigos improvisados o en edificios gubernamentales a rebosar.

Quienes han podido escapar a las inundaciones se encuentran sin acceso a la alimentación, al agua potable, y a la asistencia médica. Todo esto ha exacerbado la crisis, y es muy probable que mucha gente vaya a morir de diarrea, del cólera y otras enfermedades.

Las zonas afectadas

El encaminamiento de la ayuda hacia las zonas afectadas por las inundaciones ha sido también difícil, puesto que las inundaciones han destrozado una gran parte de las infraestructuras necesarias para los organismos de ayuda a las víctimas: centrales eléctricas han sido inundadas, conducciones de gas rotas y zonas de almacenamiento de cereales han sido reducidas a la nada.

Particularmente desmoralizador es el hecho de que muchos de quienes se encuentran ahora sin domicilio son exactamente los mismos que se vieron obligados a abandonar sus casas el año pasado durante la campaña militar pakistaní en el valle de Swat contra los talibanes y sus aliados en la región. Cada puente de Swat fue borrado del mapa y numerosas casas que habían sido reconstruidas después de que los aviones no tripulados americanos hubieran bombardeado la región han sido destruidas de nuevo. Además, Pakistán no se ha recuperado aún completamente de los efectos que había tenido un terremoto particularmente mortífero en 2005.

Dos factores interconectados han hecho que la inundación sea aún peor. En primer lugar, el número de incidentes meteorológicos extremos en Pakistán ha aumentado en los últimos años, un hecho que muchos científicos atribuyen a los efectos del cambio climático global. Numerosos comentaristas han relacionado la devastación en Pakistán con los desplazamientos de tierra en China y las inundaciones en Bangladesh, formando todo ello parte de un amplio cambio de los modelos meteorológicos habituales en la región.

En segundo lugar, la amplia red de presas y de canales que cubre como una red todo Pakistán ha sido construida para servir a los intereses de los grandes propietarios de tierras y los grandes capitalistas más que para los del pueblo. Esto significa que la reparación de las infraestructuras y las medidas de urgencia han sido repartidas de una forma extremadamente desigual y han sido organizadas a fin de preservar los intereses de la élite terrateniente más que para intentar prevenir las inundaciones.

Las lluvias del monzón, después de todo, se producen cada año y se han producido más de una docena de inundaciones importantes desde los años 1970. Sin embargo, la lucha contra las inundaciones sigue siendo inadecuada.

La red de canales

Desde la ocupación británica de la India en el siglo XIX, los dirigentes del Punjab y del Sindh intentaron transformar un paisaje árido en una región agrícola fértil construyendo una red de canales de irrigación a través de toda la región. En el Punjab y el Sindh, no son las lluvias las que han causado las inundaciones, sino más bien el hecho de que el sistema de irrigación no posea mecanismos de control de las inundaciones a gran escala.

El sistema está constituido de grandes pantanos pero hay también pequeños pantanos cuya función primera es desviar los flujos de agua normales hacia los canales. Pero hasta ahora, en lugar de actuar río arriba preparándose para la eventualidad de una inundación, el gobierno pakistaní no ha hecho sino poner en pie diques que supuestamente apoyarían a esta infraestructura inadecuada. Resultado: las aguas de la crecida han sido dirigidas hacia regiones que están mal equipadas para hacer frente a tales problemas.

Como ha declarado Mushtaq Gaadi, profesor de la Universidad Qaid-e-Azam en Islamabad : “Cuando el Banco Mundial comenzó su proyecto de rehabilitación de la presa de Taunsa hace tres años, intentó restaurarla (esta presa fue construida en 1958) y reparar toda la presa. Se asignaron 140 millones de dólares para esos trabajos. Les pedimos conceder una atención particular a las cuestiones ecológicas, particularmente a la cuestión de la inclinación, de la posición, de la sedimentación de la presa y a la forma en que la ecología global de la presa sería modificada debido a la multiplicación de los canales que dependen de ella y al hecho de que las zonas bajas estarían en adelante más expuestas al riesgo de inundación… Todo esto fué ignorado. Justo seis meses después del proyecto de rehabilitación, la presa no ha logrado aguantar el agua y se ha fisurado. Es pues en realidad el fallo de la presa de Taunsa el que ha provocado destrucciones a tan gran escala. No son inundaciones naturales, son las estructuras creadas las que han sido perjudiciales y mal mantenidas por el departamento de irrigación, lo que ha provocado una tal destrucción y agravado la situación”.

Para hacer la situación peor aún, puros intereses personales han dominado la asignación de los recursos y las decisiones en cuanto a saber donde y como actuar. En un caso por ejemplo, en Kot Mittin en el sur del Punjab, el gobierno ha construido un muro para proteger una urbanización de gente rica. Pero en sus tentativas de salvar la presa de Tonsa, ha actuado de forma que ha sumergido un barrio pobre vecino. En el curso de esta “operación”, cerca de 100.000 personas han perdido su casa.

Pero aún más abrumadora ha sido la actividad de los señores de la tierra en el Sindh que han tallado unas incisiones en los bordes de los canales para salvar sus propias tierras. En una tentativa por dar seguridad a la presa de Guddu en el Sindh, los señores de la tierra no han dudado en ahogar a la gente de Jacobabad. Y está demostrado que hay políticos, como el primer ministro Yusaf Raza Gilani, que desvían la ayuda de urgencia destinada a las regiones más necesitadas de Pakistán hacia los distritos en los que viven ellos mismos.

La corrupción estatal

Esta catástrofe tendrá sin duda una serie de consecuencias sociales y políticas en Pakistán. En primer lugar, ha puesto en duda seriamente la capacidad del estado pakistaní para responder a las necesidades de su pueblo. Más allá del hecho de que la nación depende de una inyección considerable de ayuda internacional para permanecer a flote económicamente, una gran parte de esta ayuda acaba en las arcas de los militares.

Para añadir el insulto a la injuria, los políticos pakistaníes, incluyendo el presidente Asif Ali Zardari, han estado prácticamente desaparecidos durante varios días mientras millones de pakistaníes sufrían. Un índice de la cólera en aumento sentida por el pueblo fue que Hina Rabbani Kher, una joven ministra del Pakistán People´s Party, ha sido acogida a pedradas tras haber estado ausente de su circunscripción durante toda la semana que ha seguido a las inundaciones.

Como ha dicho Fátima Butto, la sobrina de la asesinada exprimera ministra Benazir Bhutto: “Todo el escalón superior del Estado pakistaní ha viajado a Europa y a Dubai a costa del pueblo pakistaní. Zardari ha vivido en hoteles de cinco estrellas allí por donde pasaba. Se ha paseado por todas partes en limusinas privadas. La seguridad para él y su entorno está asegurada por agencias privadas. No hay ninguna justificación para gastar ese dinero cuando Pakistán tiene desesperadamente necesidad de él. Es ridículo decir que el presidente ha tenido que ir al extranjero para recoger fondos para las víctimas de las inundaciones, cuando de hecho esas víctimas habrían podido beneficiarse del dinero que el tesoro pakistaní ha gastado para esos viajes perfectamente inútiles”.

Zardari era ya considerado como muy corrupto por la mayor parte de los pakistaníes. Sus últimas “meteduras de pata” van probablemente a beneficiar al ejército pakistaní, que ha dispensado efectivamente la mayor parte de la ayuda proporcionada a las víctimas de las inundaciones.

En segundo lugar, una gran parte de la ayuda de emergencia provendrá del dinero destinado a proyectos de desarrollo. Esto significa que incluso si la gente puede sobrevivir durante los próximos meses (meses que estarán marcados por hambrunas y explosiones de violencia), no tendrán verdaderos proyectos de vida hacia los que volverse. La rehabilitación y la reconstrucción no se harán más que en un futuro lejano. Hay ya signos que muestran que todo esto desencadenará pronto una cólera de masas contra el estado pakistaní. Los comentaristas especulan con el hecho de que motines del hambre y protestas importantes son altamente probables.

En tercer lugar, el desastre no hará sino exacerbar la situación étnica ya tensa en Pakistán. Durante los últimos años, una fuerte hostilidad se ha desarrollado entre las personas desplazadas del Khyber-Pukhtunkhawa (antigua provincia fonteriza del noroeste) y los habitantes del Sindh y del Punjab que piensan que los refugiados se aprovechan de sus escasos recursos y los consideran como responsables del aumento del militantismo islámico.

El aspecto más trágico de la catástrofe humanitaria en Pakistán es el hecho de que la ayuda internacional ha llegado muy lentamente. A día de hoy, la comunidad internacional no ha proporcionado más que la miserable cifra de 150 millones de dólares, cuando las autoridades pakistaníes estiman que miles de millones de dólares serán necesarios.

Ciertos medios americanos han sugerido que el problema sería debido a una “fatiga del donante” o a una “fatiga de Pakistán” (dando así a entender que los muertos pakistaníes son menos importantes que los causados por otros desastres naturales). La comunidad internacional ofreció, por ejemplo, mil millones de dólares de ayuda por el terremoto de Haití, y más de 13 millardos de dólares para la ayuda a las víctimas del tsunami en la India.

El imperialismo americano

Pero el verdadero problema es bastante más sencillo: el establishment americano en el poder ha pasado los últimos años haciendo de Pakistán el responsable de sus sinsabores en Afganistán. Lo que ha alimentado vergonzosamente la islamofobia ya creciente en los Estados Unidos y en Europa.

Washington, por ejemplo, logra dar un millardo de dólares cada año a Pakistán para su ayuda en la lucha contra los talibanes en la frontera afgana. Pero cuando se trata de ayuda humanitaria, los Estados Unidos no han logrado encontrar sino unos 70 miserables millones de dólares.

La razón de esta ridícula suma se explica porque los Estados Unidos están más concernidos por su propia agenda geopolítica en la región que por la ayuda humanitaria. Pero esto refleja igualmente las presiones políticas ejercidas por el ala conservadora del establishment político estadounidense que acusa a Pakistán de ser responsable de los fracasos americanos en Afganistán.

Otros países proporcionan igualmente una ayuda limitada. La vecina India, por ejemplo, un país bien situado para ofrecer una asistencia sustancial a Pakistán, ha puesto su rivalidad política por delante de la ayuda humanitaria no proporcionando más que 5 millones de dólares de ayuda. Los oportunistas políticos en India ponen en guardia contra el hecho de que toda ayuda enviada a Pakistán irá a manos de “organizaciones terroristas”.

La gente corriente de Pakistán está cogida entre la guerra en Afganistán que está matando un número creciente de pakistaníes y los políticos corruptos que están arruinando la economía. La respuesta que dan los Estados Unidos y Pakistán a las inundaciones actuales no hace sino revelar la incapacidad de los dos gobiernos para llevar una ayuda verdadera al pueblo pakistaní.

* Snehal Shingavi es profesor en Berkley University (California). Este artículo ha sido escrito para la página web SocialistWorker.org, animado por los compañeros de la ISO.

Traducido de la versión francesa publicada en http://www.labreche.ch/Ecran/Pakistan08_10.html

Traducción: Alberto Nadal para VIENTO SUR





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