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Antropología herética
Carta desde España de un pashtun
04/09/2010 | Euclides Perdomo (por la trascripción)

El documento que sigue fue enviado por email desde algún lugar de España a un destinatario desconocido que probablemente habita entre Afganistán, Pakistán e Irak. Los servicios de vigilancia electrónica de la OTAN consiguieron interceptarlo por pura casualidad y lo retransmitieron a sus centros de poder en Zurich, Tel Aviv y Washington. Desde allí, fue reenviado -¿previa censura?- a los centros de combate, también llamados cinéticos o kinetics. Desde estos últimos puntos, fue colgado en una intranet militar a la que hemos tenido acceso clandestino. No sabemos si nuestro acceso ha sido consecuencia de una filtración. Tampoco podemos saber si, por la parte de los militares gringos, esa supuesta filtración ha sido voluntaria o involuntaria.

El pueblo Pahstun (o Pashto, Pathan en Pakistán), el más numeroso en Afganistán, habita la frontera entre ese país y Pakistán. La trascripción de las palabras en lengua pashtun sigue la ortografía del manual Pashto Basic. Language Survival Guide editado por el Defense Language Institute (Presidio of Monterey, California, marzo 2005) y distribuido ampliamente a los soldados destacados en los frentes de combate. Utilizamos este manual por su popularidad, no por su fidelidad puesto que sus errores se ponen de manifiesto desde la primera palabra de la Carta: “que la paz de dios sea contigo” no se debería reducir a un prosaico “hola”.

As saalamu álaikum (= hola) Tsenga yee? (¿cómo estás?) Za kha yam, manana (yo estoy bien, gracias) Te escribo para que pongas a los hermanos en alerta ante un nuevo peligro que se cierne sobre nuestra querida familia. Por si no fueran suficientes las desgracias que afrontamos desde que los cristianos descubrieran que tenemos ese litio –sea su nombre mil veces maldecido- en el que tantas inversiones han puesto los fabricantes de automóviles y de teléfonos celulares, ahora está a punto de extenderse por toda esta lacayuna Europa la moda gringa de utilizar a los antropólogos como punta de lanza de la invasión.

Como sabes mejor que yo porque te los has encontrado en los caminos -unos gringos barbudos acompañados por mujeres-, desde el año 2006, el Pentágono decidió que podía gastarse unos 200 millones de US$ en la creación del programa Human Terrain System (HTS, yo lo traduzco para los hispanohablantes por Sistema Territorial), pelotones de exterminio asesorados por antropólogos que así, de uniforme, pretenden “ganar el cerebro y el corazón afgano”. Obviamente, se trata de una operación de pura propaganda -una cosa es asesorar y otra mandar-. Lo demuestra que esos centenares de millones salieran de la partida presupuestaria destinada a la agit-prop. El peligro está en que la maniobra no se reduce a un lavado de cara sino que apunta a destrozar las raíces de nuestro pueblo.

Ten en cuenta, mi querido wrohr (hermano), que los antropólogos son lobos disfrazados de corderos. Surgen de los tanques forrados de aparejos marciales pero, en el colmo de su fanfarrona hipocresía, no siempre llevan armas. ¿Para qué las necesitarían rodeados como van por una soldadesca de gatillo fácil? Son una especialísima Special Force y por eso no llevan apellido en su uniforme; tampoco son asesinos profesionales: ellos no matan, para eso están sus analfabetos guardaespaldas. El peligro está en que, conociendo la piedad innata de nuestra familia, se aprovechan de ella para señalar dónde son más letales los bombardeos.

No todos los antropólogos son así; algunos son nuestros aliados pero éstos son pocos y sus autoridades no les permiten viajar a Oriente. Los que tú ves hollando nuestra casa son de otra raza; no enseñan sus dientes pero eso que ellos llaman su ‘cuaderno de campo’ es peor que colmillo de lobo. Si puedes entrar en el Afghan War Diary que ha publicado Wikileaks, comprobarás que sus anotaciones son venenosas. Te doy algún ejemplo: el 31.VIII.07, anotaron que en el pueblo de Kandaw Kalay todos son Pashtun y, al lado de ese dato -banal porque figura en cualquier etnografía-, estaban otros no menos sabidos –que todos tienen familia en Pakistán, que emigran como mano de obra o que les interesa la irrigación- y también otros que son medias verdades: que no tienen “sentido de identidad nacional”. ¿Cómo van a tenerlo si desconocemos esa maldita Línea Durand que, desde 1893, divide a nuestras familias entre dos Estados para que los dos sean inviables? En todo caso, de tener alguna, aquellos parientes tienen dos identidades nacionales, la afgana y la pakistaní. Pero esa noción de doble o nula identidad es algo que los occidentales dejan para los locos.

Hasta aquí, esa suerte de notas que podemos llamar triviales o mentirosas. Ojalá todas fueran así. Mucho peor es cuando, gracias a la debilidad de algún hermano, el mismo antropólogo y en aquel mismo día, anotó que en Gerda Zurai hay problemas entre Sultan Khel y Toro Khel. Si uno de los dos clanes se ve agobiado y no resiste la satánica tentación de que el pleito lo resuelvan los invasores y, dejado de la mano de dios, acusa de talibanismo o alqaedismo al otro clan, ¿te imaginas quién será bombardeado?

Khabar wosa (¡cuidado!), también te prevengo de otra especialidad antropológica. Esta clase de pretendidos científicos sociales, cuando van a la guerra, tienen la fea costumbre de enviar por delante a los objetos de sus estudios. Deben pensar que, cuantos menos queden, menos tienen que trabajar. Por ello, en marzo del año 2003, durante la primera ola invasora, nuestros hermanos de la resistencia irakí tuvieron que matar a una mujer-soldado. Fue la primera de una serie que no terminará hasta que nos dejen en paz. Se llamaba Lori Piestewa, tenía 23 años y, lamentablemente, era una piel roja -Hopi por más señas-. Dejó dos hijos y ningún marido. Un año después, ví las fotos de su paupérrima familia en la edición española de una revista famosa [se refiere al National Geographic, septiembre 2004] Seis años después, todos están olvidados. Junto con sus restos mortales, enterraron también a su verdadero nombre: Qotsa-hon-mana, Muchacha Oso Blanco.

Querido wrohr, toma buena nota de este ejemplo porque Occidente nos domina merced a que sabe cómo dividir a la koranay (familia). Y recuerda que tiene una enorme experiencia en este sentido. No te extrañe que en la próxima guerra utilice contra quién sabe quién a parientes Pashtun; el renegado rey Zahir y ese payaso de diseño al que llaman ‘presidente Karzai’ sólo son los adelantados. Sí, ya sé que eso es justamente lo que Occidente hace ahora pero me refiero a cuando le hayamos expulsado para siempre. Me refiero al futuro en otras tierras e incluso en otros continentes. Ta poheegee? (¿entiendes?)

Hasta hace pocos meses, el HTS no era conocido más allá de Gringolandia y, dentro de ésta, sólo en algún cuartel y sólo en algún departamento de antropología. Los pocos que lo censuraban dependían exclusivamente de internet. Eso ha cambiado. Para empezar, el HTS quiere extenderse inmediatamente al AFRICOM -Cuerpo de Ejército encargado de sojuzgar a nuestros hermanos africanos- para, poco después, incrustarse en el Comando del Pacífico y, mucho más preocupante para mis vecinos españoles, en el Southern Command –América Latina y el Caribe-. Para continuar, ahora mismo el HTS quiere darse a conocer en Europa y por eso te escribo esta Carta, para avisarte de que, dentro de pocos años, cuando el enemigo privatice totalmente la invasión de nuestra casa –como está haciendo en Irak-, entre los mercenarios habrá antropólogos europeos al igual que ya los hay entre las tropas regulares gringas. Para darte las claves de todo ello es por lo que esta Carta es tan apretada y tan prolija en nombres y siglas: para que puedas instruirte vía google sobre las personalidades de nuestros qawee (poderosos) asesinos.

La primera señal de alarma fue la entrevista que Montgomery McFate (MMF) concedió al diario italiano Corriere della Sera. Titulada Vi svelo i veri Avatar (Les mostraré los Avatar de verdad, 05.III.2010) era pura publicidad de principio a fin. En ella, MMF presume de ser la versión real de la heroína que Sigourney Weaver interpreta en la famosa película Avatar. Si hemos de creerla, su sabiduría antropológica ha logrado derrotar a los guerrilleros musulmanes. Gracias a su simultánea empatía y distanciamiento con los indígenas, dice haber disminuido el número de civiles asesinados y, lo que para ella es más importante: ha conseguido que el pueblo gringo se familiarice con los militares. Está de más añadir que su modelo es Lawrence de Arabia –volveré dos veces más sobre este individuo-.

MMF merece párrafo aparte. En 1966, nació llamándose Mitzy Carlough; luego fue señora de Sapone y, al final, se quedó con el apellido de su suegra Mary, una arpía propietaria de una empresa de accidentes por encargo. Estos tres cambios de nombre y apellido se corresponden con las tres etapas de su vida: primero fue seudo-punki, más tarde chivata que hizo desastres en los ambientes contraculturales americanos y en las células del IRA irlandés. Del espionaje británico pasó finalmente al gringo convirtiéndose en la famosa fundadora y alma del HTS. Una involución ejemplar: de hija de hippie a Diva del Pentágono –como ahora prefiere ser llamada-. Por lo demás, querido hermano, si quieres ver pornografía asesina, mira en su viejo blog [http://iluvamaninauniform.blogspot.com, inerte desde el 2008 pero aún visitable] Pero, si no quieres que tus ojos peligren, te lo resumo: consta de las semblanzas de los peores charlatanes de la muerte que en el mundo habitan seguidas de las más impúdicas adulaciones y de las más groseras exclamaciones sobre lo calientes que ponen a las mujeres. Como lo lees. Unos ejemplos: el general Petraeus es “el hombre más poderoso del planeta” y, por ello y porque posa muy bien, es “totally hot y me lo puede hacer a cualquier hora”; la calva del milico McMaster es “el símbolo fálico definitivo”; su compinche David Kilcullen, gurú de la contrainsurgencia, es tan macho que puede llevar corbatas rosas y está tan colosalmente bien dotado que “carga” a ambos lados de la bragueta. Para esta Pentagon Diva, hasta los perros callejeros de Irak se retuercen de gusto cuando divisan a un soldado gringo. Wrohr, te ahorro el chiste fácil sobre las perras pero nunca olvides que el HTS está dirigido por una adolescente que está satisfaciendo sus perversas fantasías punkies con los sufrimientos de nuestros hijos.

Al lado de la autodesignada antropóloga MMF, sus subordinados parecen monjes budistas. Así los quiso presentar la revista alemana Geo cuando consiguió el permiso para publicar un reportaje sobre el antropólogo Ted Callahan (TC), destacado en Afganistán [véase Ein Ethnologe im Krieg, Un etnólogo en la guerra, 05.V.2010] Por desgracia, el antropólogo TC no es tan genuino como su jefa pero lo compensa con una soberbia similar. Así, dice sentirse “como una figurita en un juego electrónico” y como un nuevo Lawrence de Arabia –¡imágenes sumamente originales!- a la vez que descubre la utilidad etnográfica de comer con los afganos, extremo que puede parecer el abc del antropólogo pero que –dicho sin ironía- resultó absolutamente novedoso para los militares. En cuanto a su soberbia, baste señalar que se cree “El portavoz del pueblo afgano”. Obviamente, TC se cree el inventor de esa frase que estás harto de oír: “Moong delta raghlee yu che staase sara maresta wukru” (Estamos aquí para ayudarles) Por todo ello, TC está orgulloso de que su trabajo “ha reducido las bajas civiles en un 60%”. ¿Y por qué no un 95%? ¿Quién se lo impide cuando las estadísticas son fabricadas por los coroneles según les interese a los genocidas del Pentágono?

Baladronadas cuando no puro zaher (veneno) Pero, querido hermano, llega un momento en el que la fanfarronería del antropólogo asesino me irrita especialmente. Es cuando dicta que nuestra Resistencia “carece de ideología y de religión: sólo pelea por los recursos y por un deseo de seguridad y de progreso”. No voy a comentar nada de la primera parte pero sí quiero preguntarme si los gringos se han vuelto marxistas; lo digo más por lo del progreso y los recursos que por la supuesta ausencia de ideología o religión. Y me respondo: se han vuelto tan marxianos como todos los occidentales pero mucho más canallas que la mayoría. ¿Puede haber canallería mayor que justificar sus matanzas alegando que no ha traicionado a ningún hermano porque no se ha ganado la confianza de ningún pashtun?

Al final y en la que debe ser su única frase libre de cinismo aunque no de su congénita fatuidad, confiesa que su motivo para alistarse fue tan prosaico como narcisista pues sólo quería “aprender de primera mano sobre uno de los mayores acontecimientos de este siglo” -¿se aprende en cabeza ajena?-. Ojalá se cumpla aquello de que la curiosidad mató al gato.

Otros ejemplos serían las seudo-noticias aparecidas recientemente en el Reino Unido (BBC, The Guardian, 11.VI.2010), Austria (Die Presse, 30.VI.2010) y Rumania (Adevarul, 5.VII.2010) Por lo demás, aquí en el septentrión de Al Andalus, el HTS será propagandeado en cualquier momento pero, mientras llega ese oprobio, creo que los españoles se conforman con bajarse de YouTube el video-reportaje de descarada propaganda que la ubicua National Geographic Society perpetró este año 2010 por encargo del propio HTS y en el que aparecen la inevitable McFate amén de otros carroñeros como Petraeus, el coronel Steve Fondacaro y el “experto en seguridad” John Nagl.

Otro caso que ha tenido cierta repercusión mediática es el de Katherine Carroll (KC), actualmente profesora de ciencia política en una elitista universidad gringa. KC nos cuenta que, cuando estaba pensando en alistarse, al final el único obstáculo que veía era el miedo -o sea, que la ética no existía-. Añade que aprendió en el macro-cuartel de Fort Leavenworth a “efectuar ciencia social en zona de guerra” -hay occidentales que se buscan las academias más insólitas para los trabajos más sucios-. ¿Cómo hacía su trabajo?: muy fácil, ganándose la confianza de los jeques gracias a que les entregaba su tarjeta de visita y, además, les pasaba los borradores de sus informes –really? ¿entregaba información sensible al enemigo?-. Durante su primer día en Irak, los bombazos la hicieron llorar pero nos confiesa que, un año después, contemplaba las batallas desde la seguridad de un blindado Stryker mientras chismorreaba con su inseparable intérprete. Asimismo, KC se vanagloria de que su estancia en el HTS le cambió la vida porque la hizo “amar a los militares”.

Quizá lo más revelador de su libelo sea la reacción de su mohr (madre) Cuando la niña-demonio gimoteaba al ver cómo la Resistencia Irakí pulverizaba a otra antropóloga del HTS, Nicole Suveges, esta señora la disuadía de sus temores argumentando que “Si dimites ahora, toda tu experiencia girará sobre la muerte de Nicole. Perderás toda tu inversión (investment)”. Toda una Madre Coraje que no contemplaba la posibilidad de que su hija corriera la misma suerte que su colega. Una madre igualita que la del famoso chiste:

Al parecer, una cara del victimismo sionista se ha colado en la médula de las madres gringas. Al parecer, en los EEUU las madres cuidan más del dinero que de sus lurey (hijas).

En definitiva, para esta politóloga -antropóloga por un año y reinsertada en esa política guerrerista que ella confunde con la Politología-, fue un privilegio ver cómo se “restauraba la democracia en Irak”. En cuanto al Ejército USA, KC nos asegura que, simplemente, es una “major U.S. institution”, dogma con el que incluso yo estaría de acuerdo si dijera que es la única institución gringa pues el resto son excrecencias que viven del botín que aquella obtiene. [Seguramente, el anónimo escriba ha encontrado todos estos datos en “Professor Carroll goes to War”, Arts and Science Magazine, primavera 2010, Vanderbilt University]

Y ahora, mucho khabar wosa: a principios de este año papal de 2010, nuestros sempiternos verdugos ingleses crearon una nueva especialidad militar, el Defence Cultural Specialist (DCS), bajo la consigna de que sus tropas no están para guerrear sino para “hacer amistad entre las naciones y construir la paz”. Sic. El petimetre que funge como embajador de Karzai en Londres y el renegado Cdte. Mohamed Safi, asistieron a sus primeras reuniones, una prueba más de que el DCS es un calco del gringo HTS.

Pero no te fíes porque estos ingleses se lo están tomando más en serio que sus maestros. Para empezar la Unidad, han planeado varios cursos cuya duración oscila entre una semana (level 1; al que, en marzo, asistieron 250 asesinos profesionales) y un curso académico de nivel master (level 2). En ambos niveles, cuentan con 25 “asesores culturales” todos los cuales hablan pashto o dari, idiomas que enseñan en un curso paralelo de 40 semanas de “inmersión lingüística”. Todo el sistema está asesorado por la hazaa (mujer) inglesa Sippi Azerbaijani-Moghaddam [sippiam@gmail.com] quien, según el creador del DCS, el teniente coronel Windmill, es “uno de los cinco mayores expertos mundiales en cultura afgana” -¿quiénes serán los otros cuatro y qué entenderá ese buscapleitos por ‘cultura afgana’?-. Aunque Sippi es joven, le ha dado tiempo para derivar del desarrollo rural estudiado en Birmingham a la antropología en Aberdeen –sin llegar al doctorado-. Conoce Afganistán desde 1995 y dice dominar “el idioma persa” (¿), incluídos el farsi, el dari y el tayiki. Asimismo, dice leer muy bien el francés y entenderse en italiano, español, turco y, lo que más nos puede interesar, ¡en pashto!

En cuanto a mi situación aquí, en Al Andalus, sigue siendo de extrema debilidad económica pero sin que ello afecte a mis convicciones. Sólo lamento la ausencia de mis kh-pelwaan (familiares) En lo que respecta al enemigo descrito en esta Carta, poco puedo decir puesto que no es mi trabajo. Si acaso, puedo aventurar que en este extremo de la Umma apenas hay orientalistas y, menos aún, antropólogos. Su ignorancia etnológica es tan grande como lo fue su Imperio. Aunque no te lo creas, sólo disponen de un ensayo en el que se estudian desde ese punto de vista las guerras de Irak y de Argentina y, encima, no es producto de un investigador local sino que es una traducción [seguro que el firmante ha bajado de internet el artículo de Antonius C.G.M. Robben titulado “Un trabajo de campo desde la distancia: las paradojas de una antropología de la guerra al terror”, en M. Bullen y C. Díez Mintegui, coords., Retos teóricos y nuevas prácticas, 2007]

Por su parte, los pensadores militares –no te rías-, que se refugian en el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional [www.ceseden.es] parecen estudiar a sus homólogos gringos en escasa mayor medida que a los provenientes de otros países. Además, el HTS no les interesa [es una opinión muy discutible y, probablemente, basada en que sólo se menciona a figurones como McFate y Kilcullen en una nota perdida –la nº 186- dentro de la monografía nº 111 editada por el CESEDEN y titulada “Las nuevas guerras y la Polemología”, 2009, disponible en internet]

Finalmente, en lo que atañe a la izquierda oficial española y pese a mis esfuerzos por entrarles en información y en razón, el panorama sigue tiyaareh (oscuro). Por ejemplo, de los sindicatos españoles no podemos esperar ninguna ayuda y, como muestra, basta un botón: para quien figura ¡desde 1994! como secretario general del sindicato UGT, Lawrence de Arabia es “Precursor de la descolonización… liberador de los pueblos árabes… luchador por la libertad con una perspectiva claramente supranacional… paradigma de ‘interculturalidad’ en su más pleno sentido” [la referencia que hemos encontrado es: Cándido Méndez, “Mi héroe: Lawrence de Arabia”, pág. 130 en La Aventura de la Historia, año 5, nº 55, mayo 2003] Ya ves, querido hermano: el que dilapidó la sangre de los resistentes árabes; el que les arrebató la soberanía incrustándoles al arquetípico rey pelele Feisal I; el supuesto arqueólogo y real espía que, inspirándose en “nuestra” Línea Durand, asesoró en 1916 el diseño de esa igualmente maldita Línea Sykes-Picot que está en el origen de las sempiternas desgracias del Oriente Próximo; ese tajer (comerciante) de la sangre ajena… es el héroe de un líder sindical español que debe saber de aquel genocida lo que le ha contado Hollywood. Como dicen por aquí, cosas veredes.

Desde el exilio andalusí, quedas avisado de las últimas argucias antropológicas. Siempre tuyo [no hay nombre ni firma]





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