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Una mirada al retrovisor
La espiral infernal de la deuda externa
18/07/2016 | Ernest Mandel

[Inicialmente, este texto fue publicado en Inprecor nº 217 de abril de 1986. En este artículo, Ernest Mandel (1923-1995), que apoyó activamente la creación del CADTM en 1990, desarrolla varios argumentos en relación a la trampa infernal que representa el endeudamiento para los países del Sur, porque además de no facilitar el desarrollo económico y social de los países, lo bloquea. Ernest Mandel subraya de forma justa que los préstamos de los países del Sur sirven sobre todo para reemboldar los intereses de los préstamos precedentes, es decir, el servicio de la deuda, hundiendo sus economías en una espiral de la deuda de la que resulta prácticamente imposible de salir.

Escrito durante la primera crisis de la deuda pública en los países del Sur fruto de la suspensión de pagos de México en 1982, este texto, que tiene ya treinta años, sigue siendo muy actual en un momento en el que se perfila una nueva crisis dela deuda en los países del Sur debida a la caída de los precios de las materias primas y de un posible incremento de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos. Las cifras ya no son las mismas, los acreedores tampoco…, pero la tendencia continúa siendo la misma y resulta inquietante. Por ello es urgente luchar a favor de la abolición de las deudas públicas de los países del Sur.

En este artículo, Ernest Mandel da su apoyo al llamamiento lanzado en 1985 por Fidel Castro para la puesta en pie de un frente de los países endeudados con el objetivo de rechazar el pago de la deuda. "Esta propuesta constituye una aportación positiva a la lucha antiimperialista a escala mundial. Merece ser apoyada por los militantes antiimperialistas, los revolucionarios y el movimiento obrero internacional" escribe Mandel. Hace un llamamiento a la más amplia movilización (…) para exigir a los gobiernos de sus países respectivos la anulación de la deuda". Ernest Mandel no se hacía ilusiones en lo que respecta a la posibilidad de que los gobiernos capitalistas respondieran positivamente al llamamiento de Castro. Los acontecimientos que vinieron después, le dieron la razón. Como elemento positivo, esta toma de posición de Ernest Mandel a favor de la reivindicación de la anulación de la deuda del Tercer Mundo contribuyó al éxito de la movilización de 1989 en Francia durante la celebración del bicentenario de la revolución francesa y la adopción del llamamiento de la Bastilla, así como al lanzamiento del CADTM en 1990. Eric Toussaint-CADTM]

El endeudamiento creciente de los llamados países del tercer mundo, y las reacciones que desencadena no es sino un aspecto de un fenómeno mucho más amplio: la "aceleración"del crédito como motor de la economía del "capitalismo tardío". Es importante subrayarlo para comprender que la crisis financiera actual es el producto orgánico de la expansión, del "boom" de postguerra 1940-1968(1973)/1. Por tanto, no es en absoluto el resultado de la "impericia" de los países subdesarrollados, de sus clases poseedoras o de sus gobiernos, sino simplemente una manifestación particular del papel clave que ha jugado la inflación del crédito —y con ella la expansión de todas las formas de deuda— para estimular el crecimiento (o mejor: retardar la crisis) tras la 2ª guerra mundial, en todos los países y sectores capitalistas. Ciertamente, si desde 1940 vivimos bajo un régimen de inflación permanente en todos estos países, inflación y endeudamiento son en gran medida sinónimos. La inflación es esencialmente una inflación de la moneda escriturada/2, una inflación del crédito, y en consecuencia, un aumento de las deudas.

Como hemos repetido en numerosas ocasiones, tras la 2a guerra mundial, el capitalismo ha navegado hacia la "prosperidad" en un océano de deudas.

La composición real de la deuda

Para darse cuenta de la importancia del fenómeno hay que precisar en primer lugar su amplitud. Actualmente, solo la deuda en dólares en los Estados Unidos, más la deuda extranjera (en dólares u otras divisas) del resto del mundo sobrepasa la suma astronómica de 8 billones de dólares que, a finales de 1985, se reparten grosso modo así: deuda pública de EE UU: 2 billones de dólares; deudas de las empresas en EEUU: 2 billones 800 mil millones de dólares; deudas al consumo en EE UU: 1 billón 700 000 millones de dólares; deuda del tercer mundo: 900 000 millones de dólares; deuda pública de otros países capitalistas y de los países de la Europa del Este: 700 000 millones de dólares.

Se ve bien claro que la deuda del tercer mundo, que provoca tan ásperos comentarios por parte de los medios bancarios, no es más que una parte modesta de la masa mundial de las deudas en dólares y divisas extranjeras, del orden de un 10 % del total. Dado que esta suma total engloba la deuda de China, concierne a los 2/3 de los habitantes del globo. Un décimo de la deuda para las dos terceras partes de la población mundial no es nada desproporcionado. Las recriminaciones reflejan, a la inversa, el adagio burgués: "sólo se presta a los ricos",traducido más crudamente por la fórmula: "sólo deberíamos haber prestado a los ricos".

Esta cifra no tiene más que un valor indicativo. No engloba la deuda en divisas "nacionales" del conjunto de los países capitalistas, salvo la de EE UU. Sin embargo tiene un valor operativoreal, en la medida que permite comprender la vulnerabilidad del sistema bancario americano y del sistema monetario internacional, basado en un papel privilegiado del dólar.

Recordemos brevemente por qué mecanismo la inflación del crédito, el aumento de las deudas amortigua, a corto y medio plazo, la agudeza de las principales contradicciones del capitalismo contemporáneo: Recordemos brevemente por qué mecanismo la inflación del crédito, el incremento de las deudas, amortigua a corto y medio plazo la agudeza de las principales contradicciones del capitalismo contemporáneo:

• Las deudas de las economías domésticas permiten reducir momentáneamente la separación entre el aumento de la capacidad de producción de las empresas que fabrican bienes de consumo por una parte y el aumento mucho más modesto del poder de compra de las masas por otra. Una parte de los bienes de consumo duraderos (sobre todo vivienda y automóviles) se compran a crédito.

• Las deudas de las empresas permiten reducir momentáneamente la separación entre el ritmo de acumulación del capital y el ritmo de aumento de las ganancias; permiten, pues, atenuar en lo inmediato los efectos de la caída tendencial de la tasa media de ganancia. El ritmo de la acumulación se mantiene en la medida que una parte de las nuevas inversiones (compra de nuevas máquinas, de cantidades suplementarias de materias primas, etc.) está financiado por el crédito y no por las ganancias realizadas.

• El incremento de la deuda pública permite atenuar momentáneamente la crisis fiscal del Estado, es decir, disminuir la separación entre el ritmo de aumento de los gastos públicos y el del aumento, bastante más lento, de las entradas del Estado (ante todo los impuestos)/3.

Claro está que el endeudamiento no puede jugar este papel de "amortiguador" de algunas de las contradicciones inherentes al modo de producción capitalista más que por un cierto tiempo y con ciertos límites. La agudeza de estas contradicciones hace que cada vez hagan falta más créditos, es decir, más inflación para obtener este efecto. De lo que se sigue una aceleración inevitable de la inflación. Pero desde el momento en que la inflación se embala y sobrepasa un cierto nivel, ya no puede alimentar la expansión; incluso comienza a estrangularla. Se convierte pues en uno de los factores de cambio de dirección, desde la "onda larga expansiva"1940(48)-1968 (comienzo de los años setenta) hacia la "onda larga depresiva"en la que nos seguimos encontrando actualmente). De ahí el paso en la política económica capitalista del keynesianismo (estimulación de la demanda y con ello inflación moderada), hacia el monetarismo (estabilidad monetaria a cualquier precio, incluso al precio del estancamiento y de la depresión económicas). No es el cambio de política económica lo que ha provocado el cambio de la coyuntura. Es el cambio de prioridades en los objetivos a alcanzar por la burguesía lo que ha determinado el cambio de política económica, cuando ya se había dado el cambio de la coyuntura. Tras 1945 el objetivo n° 1 era la estabilización social y política de los principales países capitalistas (América del Norte, Europa occidental, Japón): de ahí la orientación hacia el pleno empleo y la utilización prioritaria de técnicas keynesianas. Tras 1970, y sobre todo tras 1973, la prioridad absoluta era el relanzamiento de la tasa de ganancia, aunque fuera al precio de un paro masivo y de una agravación de las tensiones sociales.

El papel de la iniciativa bancaria en el hinchamiento de las deudas

Lo que caracteriza a la sociedad burguesa es sobre todo el hecho de que incluso los intereses generales de la burguesía (expresados normalmente por el Estado burgués) son defendidos por agentes particulares (hombres políticos, altos funcionarios, hombres de negocios) que, en el 99% •de los casos, no pueden hacer abstracción de sus intereses privados. La expansión general del crédito a partir de 1940(1948) correspondía sin ningún género de dudas al interés general de la burguesía. Estaba estimulada por una elección deliberada de política monetaria. Pero estaba aplicada por bancos que no perseguían en primer lugar el objetivo de "servir al interés general"del gran capital. Buscaban ante todo aumentar sus propios beneficios, las ganancias bancarias.

Cuando la coyuntura económica es buena, cuando el barómetro está fijo en el "buen tiempo", el interés general de la burguesía y la búsqueda particular del beneficio por los bancos coinciden en gran medida. Los bancos funcionan como centros de "socialización objetiva"de los capitales. Recolectan los excedentes de capitales para orientarlos hacia las empresas (y tras la 2ª guerra mundial, en medida creciente, hacia los consumidores de la grande, mediana y capa superior de la pequeña burguesía) que tienen necesidad de ellos para ampliar sus inversiones y sus compras.

Pero cuando el sistema entra en crisis, esta correspondencia se trastoca. El objetivo particular de los bancos —defender ante todo sus ganancias y su propia rentabilidad, puede entrar en colisión con el interés general del capital, es decir, restaurar la rentabilidad del conjunto del sistema, ante todo de los principales trust, monopolios y grupos financieros. En la búsqueda de ganancias suplementarias, los bancos se comprometen en prácticas que trastornan la estabilidad del sistema en su conjunto, al menos a largo plazo. El control del Estado sobre los bancos, muy amplio tras la experiencia traumática de la crisis bancaria de los años 30, es incapaz de suprimir este mal/5 que es inherente a la propiedad privada, a la competencia y a la búsqueda del beneficio como motor principal de la economía capitalista.

Las ganancias bancarias provienen, esencialmente, de la diferencia entre la tasa de interés concedida a los depósitos y la tasa de interés obtenida de los préstamos. Cuanto más aumenten los depósitos bancarios, más interés tienen los bancos en buscar "clientes" en los que colocar préstamos a tasas superiores a la media. A partir de la "conmoción petrolera" de 1973, las rentas del petróleo de una serie de países exportadores fueron a aumentar los depósitos de una serie de bancos americanos y británicos (en menor medida, alemanes, suizos, japoneses etc.). Eran los famosos petrodólares. Los bancos se veían confrontados al siguiente problema: ¿a quién prestar estos nuevos capitales-dinero?.

Ahora bien, la larga depresión que acababa de comenzar en los países imperialistas reducía simultáneamente la demanda de créditos suplementarios por parte de las firmas y de los consumidores, ya excesivamente endeudados. Para buscar nuevos deudores, los bancos se dirigieron a otra parte, fundamentalmente hacia los países del tercer mundo (y en menor medida, hacia los Estados Obreros burocratizados). Fueron los bancos quienes ofrecieron estos créditos al "tercer mundo", no fue el tercer mundo quien los mendigó a los bancos/6.

La operación fue estimulada por tres condiciones particulares que coincidieron a mediados de los 70.

En primer lugar, hubo una desincronización entre la depresión en los países imperialistas por un lado, y la de América latina, de Asia del Sudeste y del Este/7. Existía la ilusión de que la solvencia de los países semiindustrializados dependientes, al menos en estos sectores geográficos, estaba creciendo.

También, mientras que la tasa de interés real —teniendo en cuenta la inflación— era muy baja, incluso negativa en los países imperialistas, a estos países se les impusieron tasas de interés más elevadas que se vieron obligados a pagar dada la penuria crónica de capitales que sufren/8. Además, los bancos privados llenaron el vacío dejado por la dejadez de los organismos internacionales capitalistas, o más exactamente, por la reticencia de los gobiernos imperialistas, empezando por el de EE UU, a funcionar en "interés general" del sistema capitalista internacional en tiempos de crisis. La "conmoción petrolera" había redistribuido la plusvalía (y su capitalización bajo la forma de capital-dinero) a escala internacional. Las principales víctimas de esta redistribución eran los países del tercer mundo no exportadores de petróleo. Los principales beneficiarios eran las clases poseedoras de los países exportadores de petróleo. El déficit de la balanza de pagos amenazaba con estrangular la capacidad de importación de los primeros, no sólo en el dominio de los bienes de equipo sino incluso en el de las materias primas vitales para su naciente industria, o en el de la alimentación. Se planteaba pues un problema de reciclaje de los petrodólares. Había que prestar los excedentes de los países de la OPEP a los países más deficitarios. Fue lo que en resumidas cuentas hicieron los bancos privados.

Pero lo hicieron con precipitación, imprudencia y a cambio de grandes ventajas. Aquí intervino otro factor: la degradación progresiva del personal dirigente del sistema bancario Internacional. Durante el período abierto por la 2ª Guerra Mundial, ha habido una ampliación considerable de las operaciones de