[El 16 de marzo, la factoría de Mercedes Benz en Vitoria-Gasteiz saltó a la portada de los medios de comunicación: el Comité de empresa bloqueó la producción ante la actitud diletante de la dirección para hacer frente a la evolución de la epidemia no ya a nivel social, sino en el interior de la planta. En su momento no se conocía cómo se habían desarrollado los hechos. Hoy contamos con una exposición detallada de los mismos por parte de Dani Ramos, sindicalista de ESK y miembro del Comité de Empresa.

Este ejemplo de Mercedes pone en evidencia varios elementos. En primer lugar uno de los puntos negros del Estado de Alarma decretado por el Gobierno que, por una parte, impone un confinamiento total a la gente y, por otra, permite que empresas que en ningún caso desempeñan una actividad indispensable (como son garantizar la nutrición y la asistencia médica o trabajos de sanidad y limpieza, etc.) puedan seguir trabajando, con lo que implica de movilidad de la gente y cercanía física en la actividad productiva; en segundo lugar, la irresponsabilidad criminal de los sistemas de salud (central y autonómico) de no realizar test sistemáticos en la población (como en Corea del Sur) para detectar los focos de la crisis y poder establecer barreras eficaces contra su propagación; en tercer lugar, el despotismo de la empresa que, en un territorio de especial riesgo, como Vitoria-Gasteiz, pretendía seguir como si la epidemia no fuera con ellos, cuando para esa fecha –en Francia, sin ir más lejos- Renault ya había cerrado sus tres factorías; y en cuarto lugar, la necesidad de salir de la parálisis-confinamiento en la que se encuentran los sindicatos, los grandes ausentes en esta crisis que afecta al 99%.

La crisis es grave y aún estamos a tiempo de recuperar el tiempo perdido. Gobierno y patronal siguen en sus trece: querer abordar la crisis del Covid-19 sin poner en cuestión los elementos fundamentales de las políticas neoliberales impulsadas hasta ahora, así como limitar su alternativa a un agotamiento del personal sanitario y la aplicación cada vez más dura de medidas de confinamiento en una dinámica de militarización de la sociedad. Corresponde a la izquierda social y política comenzar a plantear alternativas a esta catástrofe respondiendo a las inquietudes de la gente y presionando a las instituciones y los gobiernos para un giro radical en sus políticas.]

********************************

Pasado un tiempo de los hechos sucedidos el pasado lunes 16 de marzo en la fábrica de Mercedes en Vitoria, que derivaron en la paralización de la producción, escribo este artículo con las pulsaciones más bajas y el estado de ánimo más tranquilo.

Debo comenzar explicando que, desde que se inició la crisis por el COVID-19, la sensación de vértigo que he tenido ha sido similar a lo sucedido en la sociedad, fruto de los acontecimientos que me han llevado, desde no darle excesiva importancia al tema del coronavirus, a verme confinado en casa en aplicación del Estado de Alarma Sanitaria establecido por real decreto del Gobierno del Estado español del sábado 14 de marzo, con aplicación inmediata desde el domingo 15.

Cronología de la crisis en Mercedes Benz

Paso a centrarme en cómo se sucedieron los acontecimientos en la fábrica de Mercedes. Desde los primeros días de alerta en el tema del COVID-19, la empresa puso de referencia a la comisión de riesgos laborales (PRL). Organizó una serie de reuniones periódicas (lunes, miércoles y viernes de cada semana), para hacer un seguimiento de posibles casos, acciones a realizar y recoger sugerencias de la parte social sobre el tema. En esos primeros días, se conocen los primeros casos aislados en la sociedad y se descubren “contactos estrechos” (nombre oficial que el servicio vasco de salud, Osakidetza, da a las personas que han tenido relación directa con casos positivos de COVID-19) en la fábrica. La empresa siempre ha dicho seguir a rajatabla las indicaciones de Osakidetza, por lo que, en esos primeros casos, envió a casa a las personas que los habían mantenido. Mientras, fue tomando otro tipo de medidas, centradas sobre todo en el tema de la higiene: colocó dispensadores de desinfectantes para las manos, nos consta que reforzó la contrata de limpieza para mantener limpias las zonas comunes, líneas de montaje, cuando no se estaba produciendo, y vestuarios. Y así fueron transcurriendo los días. Hasta que llega el 5 de marzo.

Para la sección sindical de ESK ese día saltan todas las alarmas. Ese jueves se confirma el primer positivo por COVID-19 en la fábrica. Se trata de una trabajadora del turno de mañana que llevaba sin ir a trabajar desde el martes por presentar síntomas y estar a la espera de conocer el resultado de la prueba. Se da la circunstancia de que esta trabajadora, durante esa semana, estaba realizando uno de los famosos cursos, fuera de horario laboral, para poder pasar de tramo, por lo que se encontraba en contacto con muchas más personas que también trabajan en Mercedes. La respuesta de Mercedes no fue mandar a casa a las compañeras y compañeros de alrededor como medida preventiva de cuarentena. Tampoco comunicó el positivo hasta última hora del viernes 6 de marzo y se limitó a entregar el documento de las recomendaciones de Osakidetza (guardar una especie de cuarentena, incluyendo, tomarse la temperatura, no socializar, no viajar, etc.), que hizo firmar a quienes pertenecían al mismo grupo de trabajo y a quienes realizaban el curso con la afectada. Al tratarse del turno de mañana, a nuestro entender, la empresa pretendía ganar tiempo ya que ese turno no volvía a incorporarse hasta el lunes a las 10 de la noche. Les indicó además que si se encontraban sin síntomas deberían ir a trabajar.

A partir de ahí, la semana del 9 al 13, se vivió con un goteo incesante de gente en toda la fábrica que presentaba síntomas. Pero, en relación al foco positivo, 3 personas de la misma zona de trabajo y otras 2 que realizaban el curso son enviadas a casa por presentar síntomas. Las 2 personas del cursillo (hablé personalmente con ellas el miércoles 11) permanecen de baja a día de hoy con síntomas leves, pero sin que parezca que vayan a hacerles la prueba.

A todo esto, el lunes 9 se produce la clausura de los centros escolares de Vitoria. La reunión de PRL se adelanta al martes 10 y en ella la empresa comunica que se facilitará la alternativa del teletrabajo y que la gente pueda disponer de cierta flexibilidad para atender su situación familiar siempre que el sector de la fábrica donde se trabaja pueda permitirlo. Evidentemente, esta notificación de la dirección no tenía efectividad alguna y sólo estaba dirigida cara a la galería, ya que, en un proceso de montaje en cadena a 3 turnos, es imposible esa flexibilidad. El COVID-19 sigue su imparable rodillo y los acontecimientos se suceden en la sociedad creando más temor y a la vez más concienciación en todo el mundo. Antes de las restricciones impuestas ya se advierte a la empresa que con los procesos de montaje es imposible garantizar 1,5 metros entre las personas y que no se están produciendo desinfecciones en las herramientas que las trabajadoras y trabajadores comparten. Por no hablar de la masificación de gente en lugares y momentos puntuales, vestuarios, zonas de descanso, máquinas expendedoras, entradas, salidas, desplazamientos en autobús y compartiendo coches. Las sustancias desinfectantes se agotan en los expendedores y la suma de todo lo que sucede en la fábrica y en la sociedad se agranda, provocando una sensación muy personalizada de riesgo para la salud. El temor y el enfado van aumentando.

El viernes 13, el Comité de Empresa exige el cierre de la planta por no garantizarse las medidas de seguridad y, además, no existir un criterio único en los sectores sobre las mismas. La empresa no se plantea parar bajo ningún concepto y nos insta a abrir una mesa negociadora para negociar un ERTE. Un planteamiento sin pies ni cabeza que consiste en parar zonas específicas y turnos de trabajo de la fábrica según vayan faltando piezas o personas. Si bien desde ESK considerábamos que había que tomar una decisión ya, la jornada termina quedando pendiente para tomar una resolución el lunes.

Pero, la cascada de sucesos se dispara y el fin de semana acabamos en estado de emergencia. El fin de semana se convierte en una absoluta locura telefónica en la que el temor y la indignación de la gente va en aumento. Me sería imposible resumir aquí todo lo sucedido a lo largo del fin de semana y la exactitud del torrente de hechos y emociones acaecidos hasta el lunes 16.

El lunes, el departamento de PRL da una serie de consignas a los sectores para que las trasladen a las líneas de montaje. Respetar los 1,5 m de separación, con esperas en lugares de coincidencia con la línea parada, si fuera necesario y entregar mascarillas para trabajos que se realizan por parejas. Los miembros del Comité empezamos a pasar por las líneas y vemos que el miedo, el enfado y la indignación son palpables. Hay incluso quien nos echa en cara no haber orientado los esfuerzos del comité a no acudir a trabajar. Pronto vemos que la intención de los propios mandos es cumplir escrupulosamente con las consignas de PRL, lo que supone paradas continuas en la producción. El trabajo se acompaña esporádicamente con silbidos, caceroladas y toques de claxon espontáneos, sin consignas por parte de trabajadoras y trabajadores. Al principio tenemos momentos de recelo y tensión con algunos mandos, pero pronto coincidimos que la intención es la misma. Por no faltar a la verdad tenemos que decirle a la gente que debe permanecer separada en cuando la producción está parada, lo que significa no formar “corrillos”. Así pasamos la primera hora. A las 7:00 h. acudimos a PRL, donde se están entregando mascarillas y les decimos que están incumpliendo lo establecido en el real decreto de Estado de Alarma Sanitaria que exige entregar mascarillas a la Sanidad Pública. Además, les decimos que no se cumple la distancia de separación de 1,5 metros, que las mascarillas no son las adecuadas para no contagiarse, que se entregan sin protocolo ni instrucciones de uso, que no se desinfecta la herramienta al rotar de puesto, etc., etc. En fin, todo es un verdadero desastre. Posteriormente nos enteramos que Mercedes poseía 4.000 mascarillas y que repartió 3.200 al turno de mañana.

Estaba claro que la producción no iba a ser como un día normal pero no lo consideramos como suficiente ya que también parecía claro que de esa manera no iban a mandarnos a casa. Entre los compañeros de ESK empezamos a hablar de la posibilidad de hacer una sentada al final de la línea 10, última línea de montaje. Para ello nos pusimos en contacto con la asesoría del sindicato y fuimos comentándolo con el resto de secciones sindicales. Según pasaba la mañana fueron llegando más representantes sindicales de otros sindicatos y representantes de la empresa. La oficina de PRL se convierte en el epicentro de la situación. Una representación del comité decidimos llamar a la Ertzaintza para denunciar las medidas de seguridad y la no entrega de las mascarillas a la Sanidad Pública. Se mete como punto-denuncia en PRL el incumplimiento de las normas de seguridad y, según van llegando los representantes de la empresa les exigimos que paren cuanto antes y que adelanten la reunión de las 10:30. Todos se remiten al director de la planta de Mercedes Gasteiz, Titos.

El señor Titos aparece poco antes de las 8:00 de la mañana y nos cita para las 9 o 9:30. La gente de ESK decidimos volver a las líneas a estar con la gente y seguir tratando que se pare lo más posible la producción. Recibimos las recomendaciones de la asesoría y decidimos no realizar en solitario la sentada, que sólo la haríamos con una amplia participación del comité de empresa.

A las 9 se nos comunica que la reunión se producirá a las 9:30. A esa hora acudimos a la misma. La empresa llama solicitando retrasarla 15 o 30 minutos y ahí se desencadena todo.

Empezamos a protestar y proponemos ir a la línea 10 a parar la producción y esperar allí a que nos convoquen. Sorprendentemente resulta más fácil de lo que creíamos y por unanimidad nos dirigimos todas las secciones sindicales a realizar la sentada. Nos plantamos allí y paramos la producción. Lo que sucede a partir de entonces tiene 2 desarrollos y 2 escenarios.

En primer lugar, está el escenario de la propia línea 10. Espontáneamente surgen aplausos, vítores y agradecimientos. A las 10, hora de la parada para el bocadillo, se convierte en el lugar de reunión y concentración de la nave sur de montaje final. Cientos de trabajadoras y trabajadores de Mercedes se suman, así como de las contratas.

En segundo lugar, está el escenario de la reunión con la empresa, que finalmente tiene lugar. El director Titos no cede, dice que no se parará por el momento, que su intención es parar, pero paulatinamente a partir de la tarde. Que la producción en el turno de mañana debe continuar con normalidad y que en el turno de tarde sólo trabajará el personal necesario para ir parando poco a poco. Lo grave es que toma la decisión porque no tiene mascarillas suficientes para el turno de tarde. Le seguimos insistiendo en el paro inmediato y que facilite a la gente marchar a casa. Nos acusa de hablar desde la emocionalidad y de sabotaje. Nos cruzamos reproches, acusaciones, pero no logramos nada. En esto llega la Ertzaintza, pero nos dice que no puede hacer más que recoger la denuncia (sobre que Mercedes no ceda las mascarillas al servicio de salud). La Ertzaintza rehúsa requisar las 800 mascarillas que aún retiene la empresa. Nos citamos con la empresa para una nueva reunión a las 12:30 y el Comité decide mantener la sentada.

En el lugar de la sentada, el presidente del Comité se dirige a la gente concentrada para informarles de lo que pretende la empresa y de que no lo aceptamos. Planteamos a la gente que vuelvan a sus puestos de trabajo a estar a expensas de los mandos y dejarnos al comité la responsabilidad de lo sucedido.

A las 11:30 tenemos un encuentro técnico con los responsables de los sectores desde el punto de partida de la no reanudación de la producción. En ese encuentro acordamos la forma de recoger y enviar a la gente a sus casas sin que se produzcan aglomeraciones. Finalmente, poco antes de las 13:00 abandonan la fábrica las últimas trabajadoras y trabajadores.

A las 12:30, Titos, desencajado, amenaza con tomar las medidas necesarias contra las personas que realizamos la sentada y decide que después de lo sucedido no hay nada de lo que hablar y suspende la reunión.

En la tarde del martes 17 el Comité consensúa una solicitud de reunión para el miércoles 18, pero la empresa dice no poder juntarse hasta el viernes 20 a las 10:30.

Curiosamente, con la plantilla en casa, están creciendo las llamadas desde los servicios médicos a grupos de trabajadoras y trabajadores que han podido estar en exposición al virus. Además, en la tarde del miércoles 18 el PRL habla ya de 4 positivos confirmados y 154 personas con síntomas a las que no se les ha realizado la prueba.

Conclusión

Lo que explica que en Mercedes hayamos llegado a una decisión radical es evidente: la famosa línea 10 no es una línea cualquiera: es la línea por donde sale el vehículo acabado, la última; parándola, antes o después, se paran todas y, por lo tanto, se paraliza toda la producción de vehículos. La responsabilidad exclusiva le corresponde a la empresa, que no ha mostrado la más mínima empatía con la plantilla, ni los sentimientos que le embargaban, que no ha comprendido que en la mente de toda la gente trabajadora se había grabado a fuego la idea de que la actitud de la empresa reflejaba que producir furgonetas era prioritario sobre la salud de las personas.

En cuanto a labor sindical, desde ESK nos tomamos muy en serio el problema desde el principio, si bien el proceso para que esta conciencia se fuese extendiendo al conjunto de la plantilla ha tomado su tiempo ante la posición de la empresa que afirmaba en todo momento que seguía las recomendaciones sanitarias de Osakidetza. Desde ESK poníamos en cuestión estas explicaciones, sobre todo a partir del positivo del 5 de marzo, pero la empresa se mantenía en sus trece. Es de suponer que estaban a la espera de medidas económicas a las que acogerse, pero los acontecimientos les han superado. Nuestra opinión es que Mercedes buscaba seguir trabajando a tope para que la parada se produjese por desabastecimiento y así las contratas o proveedores tuvieran la responsabilidad de la parada de producción o incluso provocar que el absentismo por bajas o cuarentenas (el absentismo se había disparado las últimas semanas), hubiera provocado la parada y pudiese optar a algún tipo de beneficio económico por ello. En cualquier caso, la salud de sus trabajadoras y trabajadores, de las contratas y de sus familias, no eran obviamente su prioridad.

Lo más importante de todo es que la acción del día 16, supuso un alivio en las trabajadoras y trabajadores de la plantilla, así como de las contratas. Se veía el miedo, la tensión, la incomprensión; y, luego, la alegría y el agradecimiento. En el conflicto de la empresa, el director Titos decía que hablábamos desde la emocionalidad y, en efecto, tenía razón: claro que nuestra motivación se insertaba en lo emocional. Pero cómo no iba a ser así: estamos hablando de la salud de las personas, de sus vidas, un principio irrenunciable para un sindicalismo que se precie. Pues bien, el lunes 16 contribuimos como nunca a poner la vida de las personas en el centro de nuestra acción sindical.

20/03/2020

Dani Ramos, miembro del Comité de Empresa de Mercedes Benz por el sindicato ESK

(Visited 116 times, 1 visits today)