La invasión rusa de Ucrania es el segundo momento decisivo de la nueva Guerra Fría en la que se ha sumido el mundo desde el cambio de siglo, como consecuencia de la decisión de Estados Unidos de ampliar la OTAN. El primer momento definitorio fue la invasión estadounidense de Irak en 2003. Fue un fracaso total en la consecución de los objetivos imperialistas de estadounidenses. El precio que pagó Irak -y sigue pagando junto con los países vecinos- fue enorme, pero la propensión del imperialismo estadounidense a invadir otros países se ha reducido mucho, como lo confirma la reciente retirada de sus tropas de Afganistán.

El destino de la invasión rusa de Ucrania determinará la propensión de todos los demás países a la agresión. Si fracasa, el efecto sobre todas las potencias mundiales y regionales será de una fuerte disuasión. Si tiene éxito, es decir, si las botas de Rusia logran "pacificar" a Ucrania, el efecto será un cambio importante en la situación mundial hacia una ley de la selva sin límites, envalentonando al propio imperialismo estadounidense y a sus aliados para que continúen con su propio comportamiento agresivo.

Por el momento, la heroica resistencia del pueblo ucraniano ha desconcertado a todo el espectro de admiradores reaccionarios de Vladimir Putin, desde la derecha dura y la extrema derecha mundial hasta los partidarios del imperialismo ruso, supuestamente de izquierda. Una victoria de Putin en Ucrania reforzaría enormemente este espectro de la política reaccionaria.

Más allá de la condena general de la invasión rusa, también ha habido cierta confusión en las filas de las auténticas corrientes antiimperialistas en cuanto a la posición específica que se debe adoptar en cuestiones relacionadas con la guerra actual. Es importante aclarar esas cuestiones.

1- No basta con pedirle a Rusia que detenga sus ataques y reclamar "un alto el fuego inmediato y la vuelta a la mesa de negociaciones". No utilizamos ese lenguaje de la ONU cuando Estados Unidos invadió Irak, pero sí exigimos la retirada inmediata e incondicional de los agresores, como hemos hecho en todos los casos de invasión de un país por otro. Asimismo, debemos exigir no sólo el cese de la agresión, sino también el retiro inmediato e incondicional de las tropas rusas de Ucrania.

2- La exigencia del retiro ruso se aplica a cada centímetro cuadrado de territorio ucraniano -incluyendo el territorio invadido por Rusia en 2014. Cuando hay una disputa sobre la pertenencia de cualquier territorio en cualquier parte del mundo -como Crimea o las provincias orientales de Ucrania, por ejemplo- nunca aceptamos que el mismo se resuelva por la fuerza bruta y la ley del más fuerte, sino siempre y únicamente por el libre ejercicio por parte de los pueblos afectados de su derecho a la autodeterminación democrática.

3- Nos opusimos a los llamamientos a la intervención militar directa de una fuerza imperial contra otra, ya sea con tropas terrestres o con la imposición de una zona de exclusión aérea a distancia. Por principio, estamos en contra de la intervención militar directa de cualquier fuerza imperialista en cualquier lugar. Pedir a una de ellas que se enfrente a la otra equivale a desear una guerra mundial entre potencias nucleares. Además, es imposible que tal intervención se lleve a cabo dentro de los límites del derecho internacional, ya que la mayoría de las grandes potencias imperialistas tienen poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU. Aunque es comprensible que las víctimas ucranianas de la agresión hagan llamamientos en ese sentido por desesperación, no dejan de ser pedidos irresponsables.

4- Estamos a favor de la entrega incondicional de armas defensivas a las víctimas de la agresión, en este caso, al Estado ucraniano que lucha contra la invasión rusa de su territorio. Ningún antiimperialista responsable le pidió a la URSS o a China que entraran en guerra en Vietnam contra la invasión estadounidense, pero todos los antiimperialistas radicales estaban a favor de un mayor suministro de armas de Moscú y Pekín a la resistencia vietnamita. Darles a los que luchan en una guerra justa los medios para luchar contra un agresor mucho más poderoso es un deber internacionalista elemental. Oponerse en bloque a estas entregas contradice la solidaridad elemental debida a las víctimas.

5- No tenemos una posición de principio general sobre las sanciones. Estábamos a favor de las sanciones contra el Estado del apartheid de Sudáfrica y estamos a favor de las sanciones contra la ocupación colonial israelí. Estábamos en contra de las sanciones impuestas al Estado iraquí tras su destrucción por la guerra de 1991, porque eran sanciones asesinas que no servían a ninguna causa justa, sino sólo a la sumisión de un Estado al imperialismo estadounidense con un costo casi genocida para su pueblo. Las potencias occidentales decidieron toda una serie de nuevas sanciones contra el Estado ruso por su invasión de Ucrania. Algunas de ellas pueden reducir efectivamente la capacidad del régimen autocrático de Putin para financiar su maquinaria bélica, otras pueden perjudicar a la población rusa sin afectar demasiado al régimen o a sus acólitos oligárquicos. Nuestra oposición a la agresión rusa, combinada con nuestra desconfianza en los gobiernos imperialistas occidentales, significa que no debemos apoyar sus sanciones ni exigir su levantamiento.

6- Por último, la cuestión más obvia y más directa de todas desde una perspectiva progresista es la exigencia de que se abran todas las fronteras a los refugiados de Ucrania, como debería hacerse con todos los refugiados que huyen de la guerra y la persecución, independientemente de su origen. El deber de acoger y de amparar a los refugiados y el costo de recibirlos deben ser compartidos de forma equitativa por todos los países ricos. Los desplazados internos dentro de las fronteras de Ucrania también deben recibir ayuda humanitaria urgente.

¡Solidaridad con el pueblo ucraniano!

 

A l'encontre, 27-2-2022

http://alencontre.org/

Traducción de Correspondencia de Prensa

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