Cuando Robert Fico volvió al puesto de Primer Ministro de Eslovaquia prometiendo que “ni un solo cartucho” iría a Ukrania, parecía representar una nueva fractura potencial de la unidad occidental, ofreciendo a Vladimir Putin victorias diplomáticas sin disparar un solo tiro. Sin embargo, casi dos años después, la realidad muestra algo más bien cínico: una calculada actuación donde la retórica hostil coexiste con una producción masiva de armas, obteniendo beneficios de la desesperada situación de Ukrania y manteniendo a la vez una postura ostensiblemente antiguerra.
No se trata de neutralidad de principio o de un valeroso posicionamiento antiguerra. Es teatro político, concebido para explotar las quejas interiores mientras los fabricantes eslovacos de armas recaudan beneficios sin precedentes de la desesperada necesidad ukraniana de armas y municiones. Comprender esta paradoja es crucial para quien quiera apoyar la resistencia de Ukrania contra el imperialismo ruso -no para alabar el “pragmatismo” de Fico, sino para exponer el vacío de su pretendida posición antiguerra y para afrontar las frustaciones legítimas utilizadas en su retórica.
La retórica: jugar con el sentimiento prorruso
El posicionamiento anti-Ukrania no es accidental; está cuidadosamente calibrado para explotar las frustaciones y los temores reales de la población eslovaca. La desinformación rusa ha encontrado aquí un terreno fértil, con sólo un 40% de eslovacos que censuran a Rusia por la invasión, contra un 51% un año antes. Pero no se trata verdaderamente de sentimientos paneslavistas históricos. La desinformación y las campañas de propaganda rusa sólo son una parte de la historia. Como en otros países de Europa central, el declive del apoyo a Ukrania refleja sobre todo un resentimiento completamente comprensible hacia las instituciones occidentales.
Comprender las raíces del sentimiento occidental
El pasado año, el instituto DEKK ( centrado en el análisis social y político) publicó un informe sobre la desconfianza hacia el “sistema” en Eslovaquia. La conclusión de los autores merece una atención particular: “El antisistema eslovaco no es prorruso, es antioccidental. Rechaza el relato occidental y “sistémico” y llega lógicamente a alternativas. Y éstas son hoy día, entre otras, prorrusas también por casualidad. Pero el eslovaco medio no quiere más Rusia en su vida, quiere menos en Occidente. Y menos Occidente, según su comprensión, significa un sistema económico menos cruel y más igualitario, mayores derechos para la mayoría, una toma de decisiones políticas más comprensible, una interacción menos complicada y burocratizada con el Estado, y un modo de vida más comunitario y solidario" (https://www.europe-solidaire.org/sp).
Estas quejas reflejan prejuicios reales. Las políticas neoliberales occidentales han perjudicado a los medios de subsistencia y a las comunidades de los trabajadores eslovacos. La adhesión del país a la OTAN en 2004 se hizo sin referéndum, privando a los ciudadanos de una contribución democrática sobre una cuestión fundamental de seguridad. La adhesión a la UE trajo ventajas, pero impuso también medidas de austeridad y una reestructuración económica que ha concentrado la riqueza, abandonando a muchas comunidades. La crisis financiera de 2008 y la subsiguiente crisis de la zona euro golpearon duramente a Eslovaquia, y la gente corriente tuvo que soportar los costes de un sistema en el que apenas tenían voz.
Para la izquierda internacionalista, esto supone un desafío crítico: ¿cómo reconocer estas quejas legítimas sin caer en posiciones prorrusas que, sencillamente, sustituirían un imperialismo por otro? La respuesta no es elegir entre Washington y Moscú, sino construir la solidaridad con quienes resisten a la opresión en todas partes, incluídos los ukranianos que pelean por su soberanía y los eslovacos que luchan por la justicia económica.
Las cifras cuentan una historia
Los datos de opinión pública muestran el éxito con que ha instrumentalizado Fico estos sentimientos. Alrededor del 69% de los eslovacos consideran que el suministro de equipo militar “provoca a Rusia y acerca a Eslovaquia a la guerra”, mientras que Fico y sus acólitos gestionan una expansión sin precedentes de la industria privada de armamento del país. El apoyo a la adhesión de Ukrania a la UE y a la OTAN es tan sólo del 30%, el más bajo de la región. Más del 40% estima que sus valores y su identidad están amenazados por los refugiados ukranianos, y un 44% piensa que los refugiados agravan la situación del país, el nivel más alto de resentimiento entre las naciones de la UE.
Fico ha explotado hábilmente estas actitudes. Su declaración de setiembre de 2025, diciendo que “el objetivo principal de nuestra política exterior no es la derrota de Rusia sino el final más rápido posible de la guerra”, recoge deliberadamente elementos de lenguaje del Kremlin sobre “los eslavos que se matan entre ellos”. Sus visitas a Moscú -el tercer dirigente de la UE en reunirse con Putin desde la invasión- proporcionan a Rusia una legitimidad diplomática crucial y permiten a Fico presentarse como un actor independiente que desafía a Bruselas.
La política en materia de refugiados representa un chantaje particularmente cínico. Las amenazas de Fico en enero de 2025 de cortar la ayuda humanitaria a 136.000 refugiados ukranianos por las diferencias sobre el tránsito de gas no se han materializado, pero crean un miedo real y una presión diplomática. Se trata de seres humanos utilizados como moneda de cambio en las negociaciones energéticas.
La realidad: una floreciente economía de guerra
La actuación “no alineada” de Fico no resiste el examen: mientras Fico bloquea la ayuda militar de Estado, Eslovaquia se ha convertido, bajo su gobierno, en uno de los centros improbables de fabricación de armas en Europa. Las cifras son impresionantes: las exportaciones de armas de Eslovaquia han alcanzado los 1.150 millones de euros en 2023 multiplicando por diez los 100 millones de euros de 2021, representando el 1,1% del PIB y compitiendo con Estados Unidos en porcentaje de exportación.
Ganancias privadas, postureo público
Las grandes empresas eslovacas siguen produciendo sistemas de armas que son cruciales para Ukrania. Konštrukta Defence fabrica los obuses Xuzana2. MSG Group y ZVA Holding producen al año centenares de miles de proyectiles de artillería de 155 mm, precisamente las municiones que Ukrania necesita desesperadamente para defenderse contra la superioridad de la artillería rusa. La capacidad de producción eslovaca ha ido aumentando de forma regular a lo largo del mandato de Fico, estimándose la producción de 2024 en 150.000 proyectiles y la de 2025 aún más elevada.
El gobierno de Fico estimula activamente estas exportaciones privadas a la vez que bloquea la ayuda de Estado a Ukrania. Como reconoce cínicamente el Ministro de Defensa Robert Kaliňak: “Hemos dicho antes y después de las elecciones que no vamos a limitar a las empresas de defensa, porque necesitamos crecimiento económico”. Es capitalismo puro y simple: aprovecharse del sufrimiento de Ukrania pretendiendo oponerse a la “propaganda guerrera”. El antiguo Ministro de Defensa Jaroslav Nad ha lanzado incluso su propia empresa, tras dejar sus funciones, para vender municiones a Ukrania, mostrando cómo la supuesta división entre la coalición “antiguerra” de Fico y la oposición “pro-Ukrania” se disuelve cuando los beneficios están en juego.
El consenso militar-industrial
Mientras los partidos de oposición, conservadores y liberales, acusan a Fico y a sus acólitos de corrupción, no se oponen al crecimiento masivo de la propia industria de armamento. También están de acuerdo con Fico en decir que Eslovaquia debería ser indemnizada por el final de su lucrativo papel en el tránsito del gas ruso encaminado vía Ukrania. El complejo militar-industrial transciende a las pretendidas diferencias políticas, varía sólo el embalaje retórico.
La escena política eslovaca no se divide entre “demócratas pro-Ukrania” y “autoritarios prorrusos”. Los fabricantes de armas ganan cualquiera que sea la coalición en el poder.
Financiación por terceros y presiones de la UE
Los acuerdos de financiación por terceros muestran la sofisticación del papel de Eslovaquia como “aliado circunstancial”, tal como lo llaman algunos analistas. Dinamarca, Alemania y Noruega han financiado 92 millones de euros para 16 obuses Zuzana2 producidos por empresas eslovacas para Ukrania, el mayor contrato extranjero de la historia de la industria armamentística eslovaca. Eslovaquia ha obtenido también 15 carros Leopard 2 de Alemania a cambio del suministro de 30 vehículos de infantería BMP-1 a Ukrania. Estos acuerdos permiten a Eslovaquia mantener la producción de armas sin compromiso presupuestario directo.
Los marcos institucionales de la UE y de la OTAN limitan el margen de maniobra de Fico. Eslovaquia está obligada a participar en el programa europeo de ayuda a Ukrania con 50 millones de euros y contribuye al programa de asistencia global de la OTAN. El país acoge a más de 1.200 soldados de la OTAN y mantiene gastos de defensa por el 2,3% del PIB, muy por encima de las exigencias de la OTAN. Las exigencias de unanimidad de la UE sobre las sanciones han forzado a Eslovaquia a levantar su veto sobre el diochoavo paquete de sanciones en julio de 2025, tras semanas de resistencia.
Eslovaquia participa en el programa de aprovisionamiento conjunto de municiones de la Agencia europea por un valor de 2.000 millones de euros en el conjunto de Estados miembros, integrando a las empresas eslovacas en cadenas de aprovisionamiento de defensa europeas más amplias. El país ha recibido 66,5 millones de euros de financiación de la UE para la integración de refugiados ukranianos y continúa exportando electricidad hacia Ukrania.
Estos marcos vinculantes explican por qué la retórica de Fico sobre el “pacifismo” y el “no alineamiento” es sólo una actuación vacía. Ha hablado vagamentesobre ideas de abandonar la OTAN y la UE pero nunca ha propuesto una retirada concreta. Su “pacifismo” significa vender armas a Ukrania y respetar las sanciones de la UE contra Rusia, no parece ser esto la pretendida neutralidad de principio.
En octubre de 2025, tras casi dos años de rechazo de la ayuda de Estado, Fico ha anunciado finalmente que Eslovaquia transfira cinco máquinas de desminado Božena y material médico, presentado como una ayuda “humanitaria” más que militar. Esta reanudación cuidadosamente coreografiada de la ayuda militar centrada en el supresión de minas permite a Fico pretender que suaviza su posición evitando un verdadero cambio de política.
Opinión pública: terreno contestado
¿El sentimiento prorruso en Eslovaquia es inevitable o reversible? Los datos sugieren un terreno complejo y contestado. El apoyo a la OTAN volvió a subir hasta cerca del 70% a comienzos de 2024, tras haber caido al 58% en 2023; el declive se produjo antes de la vuelta de Fico, y el apoyo se ha restablecido algo bajo su gobierno. Aunque muchos eslovacos están descontentos de la OTAN (a la que que el país se adhirió sin referéndum), nadie ha propuesto todavía una estrategia no alineada o neutral creible para un país de 5,5 millones de habitantes fronterizo con Ukrania.
La cuestión de los refugiados muestra una erosión más clara de las simpatías por Ukrania, con actitudes negativas que han hecho bajar el índice del 52% en setiembre de 2022 al 44% en marzo de 2023, estimando que los refugiados agravan la situación del país. La aprobación parlamentaria de diciembre de 2024 sobre las reducciones de asistencia refleja y refuerza estas actitudes. Sin embargo, más de 136.000 refugiados ukranianos continúan en Eslovaquia, y ciudadanos eslovacos privados han recaudado de forma independiente 5 millones de euros para municiones ukranianas, sugeriendo que el apoyo de la sociedad civil transciende la retórica gubernamental.
Manifestaciones masivas y resistencia democrática
Las manifestaciones masivas de enero a marzo de 2025 -entre las más importantes de la historia moderna de Eslovaquia- muestran una significativa resistencia al giro ruso de Fico. Más de 100.000 personas se manifestaron en 30 ciudades rechazando las visitas de Fico a Moscú y su posicionamiento prorruso. El mensaje de apoyo del presidente ukraniano Volodymyr Zelensky (“Bratislava no es Moscú. Eslovaquia es Europa”) se repitió entre los manifestantes, que ven su futuro en la integración europea y no en la influencia rusa. Los partidos de oposición están en cabeza en los sondeos recientes, sugiriendo que la estrategia de Fico podría tener límitaciones electorales.
Sin embargo, estas manifestaciones atraen sobre todo a partidarios de oposición conservadores y liberales. La izquierda está muy ausente de estas movilizaciones, creando un vacío peligroso. Sin alternativa progresista que aborde a la vez las legítimas quejas económicas y la amenaza del imperialismo ruso, el debate queda atrapado entre “atlantismo” neoliberal y “soberanismo” nacionalista, sin que ninguno de ellos sirva a los intereses de los trabajadores.
La desinformación rusa es la variable crucial. Moscú ha invertido con éxito en “influencers” locales, en medios de comunicación sociales y en partidos de extrema derecha. Los relatos principales presentan a Rusia como víctima y protectora de los valores tradicionales, y presentan las críticas como “rusófobas”. La penetración de estos relatos desde 2014 ha sido notablemente eficaz, explotando el vacío ideológico creado por la debilidad de la izquierda.
Comparación entre Fico y Orbán: pragmatismo contra ideología
El análisis occidental suele agrupar a Fico con Viktor Orbán de Hungría. Ambos se oponen a la adhesión de Ukrania a la OTAN y mantienen vínculos energéticos rusos, pero la comparación oscurece las importantes diferencias entre ambos. Fico parece motivado pragmáticamente por la política interior, más que comprometido ideológicamente con Rusia. Al contrario del apoyo constante de Orbán a Moscú, Fico condenó inicialmente la invasión rusa y apoya la adhesión de Ukrania a la UE, a pesar de su retórica.
El encuentro de setiembre de 2025 en Oujhorod entre Fico y Zelensky -en el que acordaron una cooperación bilateral y Fico confirmó que Eslovaquia “estaría del lado de Ukrania en los esfuerzos de paz”- sugiere que Fico ha tomado sus distancias respecto a un alineamiento completo con Orbán. Los expertos en política exterior describen a Fico como “retórico maximalista, y político moderado”, que proporciona algunas acciones concretas anti-Ukrania para satisfacer a su base, evitando el aislamiento completo de la UE.
Orbán ha construído un proyecto ideológico en torno a la “democracia iliberal” y el alineamiento explícito con Rusia. El proyecto de Fico es más oportunista, explotando el sentimiento antioccidental para lograr ventajas electorales, pero manteniendo los vínculos institucionales y las relaciones económicas que benefician al capital eslovaco. Esto hace a Fico más cínico que Orbán, pero también potencialmente más atrapado por los intereses materiales y las dinámicas de coalición.
La actuación de Fico le pemite explotar los dos lados: reivindicat referencias antiguerra a nivel nacional y mantener las exportaciones de armas y las ventajas de la adhesión a la UE/OTAN. Es el peor de los dos mundos, al proporcionar una cobertura diplomática a Rusia con su retórica, mientras los oligarcas locales se aprovechan de las necesidades militares de Ukrania.
Retroceso democrático y deriva autoritaria
Aunque los marcos institucionales limitan los daños políticos de Fico sobre Ukrania, sus prejuicios reales sobre la democracia eslovaca no deben ser minimizados. Sus dos visitas a Moscú han proporcionado a Putin victorias propagandísticas y una legitimidad diplomática, pero las fábricas eslovacas seguían produciendo municiones para las fuerzas ukranianas.
La respuesta de Fico a las manifestaciones masivas muestra tendencias autoritarias que deberían alarmar a cualquier persona apegada a los valores democráticos. Citando un informe del servicio secreto, ha alegado sin prueba alguna que las organizaciones de oposición se coordinaban con entidades extranjeras para organizar un “golpe de Estado”, previendo ocupar los edificios gubernamentales y provocar enfrentamientos con la policía. Las críticas han señalado que el servicio de información está dirigido por el hijo de un asociado cercano al partido de Fico que ha hecho frente a acusaciones de utilización abusiva de la policía con fines politicos.
El gobierno ha tomado medidas para ejercer un mayor control sobre los medios de comunicación, ha abolido la Oficina del Procurador Especial encargado de la corrupción y ha propuesto enmiendas constitucionales para afirmar la primacía del derecho natural sobre el derecho de la UE, limitando los derechos LGBTQ+ y el acceso de los niños a la educación sexual. Este retroceso democrático sigue el esquema de Orbán en Hungría, amenazando la posición de Eslovaquia como democracia liberal funcional.
La declaración de Fico de que Ukrania “no es soberana” porque está “bajo la influencia y el control total de Estados Unidos” repite la propaganda del Kremlin y deslegitima la agenda ukraniana. Su caracterización de la guerra simplemente como “eslavos que se matan entre ellos”, suprime el imperialismo ruso y la resistencia ukraniana. Estas posiciones retóricas tienen consecuencias reales, envenenando el discurso público y proporcionando una cobertura a la apatía sobre la lucha de Ukrania.
Estas restricciones dependen de una presión institucional continua y de la estabilidad de la coalición, ambas actualmente bajo presión. El socio de coalición de Fico, el Partido Nacional Eslovaco (SNS) de extrema derecha, le retiró su apoyo en enero de 2025, creando una crisis gubernamental que sólo fue resuelta en marzo con remodelaciones ministeriales. El gobierno se aferra a una débil mayoría, vulnerable a las defecciones.
Militarismo: la realidad mata
Las discusiones sobre la “militarización” en Eslovaquia muestran contradicciones reveladoras. Mientras el 67% del público no quiere tropas americanas en suelo eslovaco y el 45% se opone en general a las tropas de la OTAN, el país sigue acogiendo a más de 1.200 soldados de la OTAN y tiene unos gastos de defensa muy por encima de las exigencias de la alianza. Eslovaquia participa en ejercicios militares de la OTAN sin oposición interior significativa.
La realidad es que la industria de la defensa de Eslovaquia representa una gran oportunidad económica. La multiplicación por diez de las exportaciones de armas bajo Fico demuestra que la retórica “pacifista” coexiste con la militarización cuando están en juego los beneficios. Las empresas eslovacas están plenamente integradas en las cadenas de aprovisionamiento de la OTAN, produciendo municiones compatibles en todos los sistemas de la alianza y aprovisionando a los Estados bálticos, Polonia e incluso Estados Unidos.
Conclusión: las contradicciones y la vía a seguir
La Eslovaquia de Robert Fico muestra la intersección cínica del populismo de derechas, la retórica nacionalista y el beneficio capitalista. Su gobierno se sirve de un legítimo sentimiento antioccidental -basado en quejas económicas reales y en déficits democráticos- para mantener el poder, permitiendo simultáneamente beneficios sin precedentes a la industria de armamentos. Esto no es una aberración: es un esquema cada vez más habitual entre los populistas europeos de derechas, que instrumentalizan la retórica anti-establishment, sirviendo a los intereses de la élite.
La contradicción fundamental es clara: Fico pretende oponerse a la “propaganda guerrera” y al imperialismo occidental, cuando su gobierno preside una multiplicación por diez de las exportaciones de armas. Amenaza a los refugiados ukranianos mientras las empresas eslovacas producen las municiones que Ukrania necesita desesperadamente. Visita Moscú con fines de propaganda al tiempo que respeta las sanciones de la UE y mantiene los compromisos de la OTAN. Esta calculada ambigüedad sirve a sus propias perspectivas electorales y a las cuentas de resultados de los fabricantes eslovacos de armas.
Para la izquierda internacional, la paradoja eslovaca ofrece lecciones cruciales. En primer lugar, no podemos ceder a la extrema derecha la oposición a las instituciones occidentales. Las quejas que explota Fico -referidas a las políticas neoliberales, la toma de decisión antidemocrática en la UE, las intervenciones y estrategias de la OTAN- son reales y están justificadas. Cuando los progresistas no logran articular una alternativa que aborda estas preocupaciones, los nacionalistas de derechas llenan el vacío con una retórica que parece anti-establishment pero que finalmente sirve al capital.
En segundo lugar, debemos rechazar los falsos binarios. La elección no está entre un apoyo incondicional a la expansión de la OTAN y el acomodamiento al imperialismo ruso. Un verdadero anti-imperialismo exige oponerse a ambos, apoyar la autodetermiación ukraniana contra la agresión rusa y contestar el complejo militar-industrial que se aprovecha del conflicto. La incapacidad de la oposición conservadora y liberal para cuestionar el crecimiento de la industria de armamento, incluso cuando ataca la corrupción de Fico, muestra que la política dominante no ofrece ninguna escapatoria a la militarización.
En tercer lugar, el complejo militar-industrial funciona cualesquiera que sean las divisiones partidarias. Ya gobierne la coalición de Fico o la oposición liberal, los fabricantes de armas eslovacos se aprovechan de las necesidades de Ukrania. La industria de armamentos no se preocupa por la retórica política; se preocupa por los contratos y por los beneficios. Para contestar a esto hay que ir -más allá de las elecciones entre facciones concurrentes de la élite- hacia la construcción de movimientos capaces de cuestionar el poder del capital mismo.
En fin, para abordar las quejas económicas legítimas sin caer en el nacionalismo se necesita articular una visión positiva del internacionalismo. Los eslovacos y los ukranianos comparten intereses comunes con toda la gente de las zonas fronterizas de los bloques económicos de la UE y de Rusia. Construir esta solidaridad -en vez de la concurrencia por los recursos o la identidad- es la alternativa progresista a la cínica manipulación de Fico.
La calculada ambigüedad de Fico continuará probablemente mientras sirva para su supervivencia política y satisfaga los imperativos de beneficio del capital eslovaco. Para oponerse a ello se necesita algo más que defender las instituciones occidentales existentes; se necesita construir una política de izquierda capaz de responder a las necesidades reales de la gente a la vez y mantener una solidaridad de principio con quienes resisten al imperialismo en todas sus formas. La paradoja eslovaca muestra no sólo la hipocresía de Fico, sino también el agotamiento de un marco político que no ofrece más que formas concurrentes de subordinación. La tarea por venir es construir verdaderas alternativas.
Adam Novak

