En el marco de la Gira por la Vida zapatista que este 2021 ha cruzado los mares y desarrollado amplias agendas en distintos países de Europa, nos encontramos con Ángel Sulub, delegado del pueblo maya originario de Quintana Roo, que acompaña la gira en representación del Congreso Nacional Indígena. Conversamos con él y repasamos los 25 años de lucha desde la constitución del CNI.

Maureen Zelaya: ¿Qué es el Congreso Nacional Indígena (CNI)? ¿Cómo está compuesto?

Ángel Sulub: El Congreso Nacional Indígena, el CNI, es un movimiento, una organización de los pueblos indígenas de México. Nosotros le llamamos la Casa de los Pueblos Indígenas de México pues participamos unos 58 pueblos indígenas de toda la geografía mexicana. Aún no hemos llegado a todos los pueblos indígenas, pero aspiramos a ello.

Después del levantamiento zapatista de 1994, se hace un llamamiento a todos los pueblos de México a encontrarnos, a dialogar, a reflexionar, a poner en común nuestras problemáticas. Después de algunos foros nacionales de pueblos indígenas, ese 12 de octubre del 1996, hace 25 años, se constituye el Congreso Nacional Indígena en la Ciudad de México y nace como el espacio político- organizativo de los pueblos. Desde entonces, a lo largo de los 25 años, el CNI camina junto con las y los zapatistas.

El CNI entonces está conformado por delegados y delegadas, hombres y mujeres de los diferentes pueblos indígenas de México que han sido nombrados por sus propias asambleas comunitarias. En este espacio lo que hacemos es dialogar, compartir y también organizarnos políticamente para la defensa de nuestro territorio, organizar las luchas y resistencias que tenemos como pueblos indígenas. Organizar la rebeldía que para nuestros pueblos es luchar por la vida.

Chiapas

M.Z.: ¿Cómo se ha avanzado en la lucha por la vida y las demandas de los pueblos indígenas en este tiempo?

A.S.: Como CNI entendemos que el camino hacia la dignificación de la vida de los pueblos indígenas es el fortalecimiento y la construcción de la autonomía indígena. Esto es lo que hemos identificado necesario para la reconstitución integral de los pueblos indígenas de México y de esto se ha ocupado el CNI en este tiempo: de la construcción de la autonomía, fortaleciendo las autonomías de los pueblos donde ya había un proceso iniciado y crear nuevos procesos autonómicos en donde nos habían arrebatado la autonomía indígena.

En estos 25 años, los procesos han sido muy diversos. Hay comunidades como Santa María de Ostula en Michoacán o San Lorenzo Atzqueltán en Jalisco, que son comunidades que viven sus autonomías políticas, administrativas, que tienen sus propias policías comunitarias, su propia organización política, etcétera. Otros pueblos apenas estamos iniciando esta construcción desde nuestros propios contextos locales, generando autonomías en la vida, la política, el autogobierno, los sistemas productivos, el comercio y la educación. Hay muchos procesos autonómicos de educación ante la necesidad de contrarrestar todas las políticas del Estado nacional, entre ellas la política educativa, que continúa siendo colonialista, asimilacionista, que desarraiga de su identidad indígena a la juventud y la infancia, alejándonos de la conexión con la tierra y el territorio. Esa política educativa nos impone un modelo de vida basado en esta idea de progreso, de desarrollo, que es totalmente ajena a la forma de pensamiento y de vida de los pueblos indígenas.

Cuando hablamos de nuestra resistencia y esta lucha, tenemos muy claro que es contra el colonialismo y por tanto contra el capitalismo, que lo hemos definido como el gran enemigo de los pueblos. Desde hace muchos años tenemos claro esto en el CNI, lo hemos debatido, con reflexiones de todos los pueblos y en especial, reflexiones de las mujeres. Porque también esta es una lucha antipatriarcal al mismo tiempo que anticolonial.

M.Z.: ¿Cómo se organiza y se construye la autonomía indígena a la que aspiran los pueblos?

A.S.: Lo más importante de las autonomías es la Asamblea Comunitaria. En nuestros pueblos las decisiones son asamblearias y el trabajo de la tierra es comunal, de tal manera que decidimos por nosotros mismos qué hacer con nuestro territorio desde lo más básico, que es dónde cultivar, qué hacer con los productos que obtenemos de la tierra, cómo distribuimos para todos y todas esos alimentos. Esta es una base de la autonomía indígena: la autosuficiencia alimentaria y eso lo defendemos. Somos nosotros y nosotras quienes cultivamos, sembramos y cosechamos para nuestros pueblos. Pero esta parte está en grave peligro, totalmente amenazada. Hay lugares como Quintana Roo en la península de Yucatán, el pueblo al que pertenezco, que la autosuficiencia y autonomía alimentaria nos fue arrebatada hace mucho tiempo. A los pueblos mayas nos han convertido en dependientes del turismo y han desplazado nuestro apego a trabajar la tierra. Y esto ha sido por las políticas del Estado federal, del Estado de Quintana Roo y de todos los niveles administrativos del Estado.

Ese desmantelamiento de nuestra autonomía es lo que queremos revertir, desde la autosuficiencia alimentaria hasta la educación, pasando por el tejido comunitario, el pensamiento y las formas de vida de los abuelos y las abuelas. Algo tan sencillo como que la infancia, la juventud, participen de los procesos comunitarios como son la siembra de la milpa, la cosecha, la ritualidad que gira en torno a la a la milpa, las fiestas tradicionales de los pueblos indígenas, que también todas están vinculadas a la tierra, a la cosecha, a la siembra. Y eso es parte de nuestros procesos educativos propios, autónomos. También es parte de otra manera de resistir: mantener nuestra vida tradicional y comunitaria.

Así, la Asamblea comunitaria es donde se toman y se democratizan las decisiones y la práctica de la autonomía. Ahí participan jóvenes, mujeres, toda la comunidad, normalmente a partir de 18 años que aún es una práctica tradicional del sistema político. A partir de esas decisiones, se elige a personas representantes. Y en esas asambleas, pues hay comisiones distintas: salud, educación, asuntos agrarios, comisiones que se encargan de los asuntos productivos de comercialización. Normalmente también hay cooperativas que se conforman en estas autonomías, y no son necesariamente cooperativas insertas en el sistema fiscal mexicano, sino formas cooperativas de trabajo y de producción del campo, para que sea redistribuido en la propia comunidad mientras que los excedentes son vendidos a otras comunidades. Y también esas son las formas propias de economía, pasos hacia la autonomía.

Cuando surgen conflictos, básicamente con relación al trabajo de la tierra o entre las familias, la base para dirimir es la asamblea, pero normalmente las asambleas comunitarias tienen una comisión según sea el caso. Sin embargo, las formas de estructura son muy diversas, como también lo es la ejecución de las decisiones de las autonomías, porque cada pueblo tiene sus propias formas. El zapatismo por un lado tiene su propia forma, tal como lo están dando a conocer en esta gira, cómo ha evolucionado todo su proceso de autonomía.

Por ejemplo, en San Lorenzo Atzqueltán ya han cumplido ocho años de autonomía. Recientemente, inauguraron una clínica comunitaria autónoma equipada y con medicamentos que utilizan la medicina tradicional, herbolaria. El personal médico que llega a estos centros autónomos de salud aporta su conocimiento a promotores de salud y de esa manera funcionan y se sostienen los centros. Así, hay diferentes grados de autonomía. Otros territorios no tienen aún esto, pero empiezan, por ejemplo, con clínicas comunitarias, como en mi territorio. O que empiezan con prácticas de autonomía política administrativa, o en la cuestión productiva y de comercialización.

También como CNI tenemos la Asamblea General como autoridad máxima que toma las decisiones, con la representación de las diferentes regiones y pueblos que forman la autonomía indígena.

M.Z.: ¿Cuál es la situación actual de la lucha política de los pueblos indígenas en relación con el Gobierno mexicano, los sectores empresariales y otros actores que ostentan el poder en México?

A.S.: Lo que ha sucedido con la llegada de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en 2018 a la Presidencia de la República es la continuidad. Los pueblos indígenas vivimos con mayor fuerza el embate del sistema político asociado a la primacía de corporaciones y empresas multinacionales con proyectos de despojos para nuestros pueblos. El Gobierno mexicano hizo desaparecer por decreto el neoliberalismo en México, pero la realidad de lo que vemos y vivimos es que continúa todas las políticas neoliberales en la misma línea de continuidad de los gobiernos pasados. Entonces, que hayamos tenido un gobierno del PRI, luego otro del PAN y ahora un gobierno de MORENA para los pueblos no ha significado algo positivo, sino todo lo contrario.

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El CNI y la resistencia indígena a la entrada de AMLO se debilitó, se dividió, se fracturó. Muchas personas que estaban en la lucha y en la resistencia están ahora como funcionarios en el gobierno federal. El mismo titular del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas, Adelfo Regino Montes, fue uno de los fundadores del CNI y en su momento estuvo en la lucha. Pero no sólo eso, el Gobierno está arreciando el ataque contra los pueblos y lo vemos con la criminalización de la defensa de nuestros derechos, con las personas asesinadas, desaparecidas, encarceladas que son defensores y defensoras del territorio. Muchos de ellos integrantes del CNI, como el caso de Samir Flores que fue asesinado hace dos años.

Entonces, lo que estamos viviendo es la imposición de grandes megaproyectos que sirven al interés político del Estado mexicano, pero también al interés de otros países como Estados Unidos y a los intereses económicos de las corporaciones multinacionales. Por poner un ejemplo, hay dos grandes megaproyectos que se están imponiendo, que son el corredor interoceánico y el conocido como Tren Maya, en el sureste de México y forman parte del Plan Nacional del Desarrollo del gobierno, pero que también engarzan con la política migratoria.

Lo que nosotros hemos analizado como CNI es que estos dos megaproyectos serán esta nueva frontera entre Estados Unidos y Centroamérica. Es decir, la migración que viene de Centroamérica o del sur de México se quedaría en ese corredor industrial, ese corredor turístico. Es lo que se propone en el Plan Nacional de Desarrollo como mano de obra, por supuesto, y es parte de esa política migratoria mexicana que actúa como muro de contención. Cuando Trump dijo que los mexicanos pagaríamos el muro, no se refería al muro físico de la frontera norte de México, sino a todos estos megaproyectos, a todo este nuevo muro industrial y turístico que se está creando.

Estos megaproyectos sirven a estos intereses políticos de EE.UU., pero también a sus intereses comerciales, porque el corredor interoceánico es un paso entre el Océano Pacífico y el Atlántico, que será una nueva ruta comercial paralela al Canal de Panamá y que les resultará geopolíticamente más atractivo y económicamente más rentable tanto a multinacionales como a los gobiernos de Estados Unidos, independientemente de que sean republicanos o demócratas.

Poco importa que estos megaproyectos que se están imponiendo violen derechos humanos, despojen del territorio, extorsionen a campesinos para las ventas de sus ejidos. En Quintana Roo, que ya es turístico, ahora con el proyecto del Tren Maya lo que busca es, por una parte, potenciar el turismo masivo, replicar los ejemplos de Cancún y Riviera Maya en toda la región, que el gobierno y las empresas lo siguen presentando como un modelo de éxito, de desarrollo. Y para nosotros ha sido la muerte para nuestros pueblos. Y eso es algo que sucede todos los días, porque la criminalidad, los feminicidios, el narcotráfico, la trata de personas, el turismo sexual, es algo que ocurre todos los días.

M.Z.: Por favor, desarrolla más ¿qué implicaciones trae el Tren Maya para los pueblos indígenas de la región?

A.S.: Con el Tren Maya se pretende construir más de 16 nuevos centros urbanos, o sea, nuevas ciudades turísticas en torno a las estaciones del tren, con todas las consecuencias que traería tanto ambientales como ha sucedido en Cancún y Playa del Carmen, que ha sido una devastación ambiental completa, pero también y sobre todo de los impactos sociales y culturales para los pueblos. Es un verdadero infierno que se vive en Cancún y Riviera Maya, y entonces esos son los modelos que se quiere llevar a todo el corredor por el que pasará el tren Maya. Los turistas que visitan estos lugares compran una fantasía, se meten en una burbuja en la que parece que están en un paraíso. Pero estos proyectos turísticos, como el Tren Maya, es todo lo contrario a lo que quiere vender el gobierno mexicano y el desarrollismo.

Además, implica el impulso a la agroindustria, porque el tren no será nada más un tren turístico, sino un tren de carga. Y lo que se está impulsando es la agroindustria con la siembra de soja transgénica, de maíz transgénico, de sorgo y arroz. Toda esta producción no es para los pueblos, sino que forma parte de una cadena porque es el alimento de animales de macrogranjas, para empresas productoras de carne y toda esa carne tampoco es para los pueblos, sino para exportar principalmente a China. Todo este proyecto forma una cadena en la que los únicos beneficiados realmente son las empresas multinacionales. Mientras, lo que se queda en el territorio es la contaminación, la destrucción de la selva, la deforestación, el agua que se contamina con el uso de agrotóxicos y los desechos de las macrogranjas de cerdos que terminan en el manto freático.

Y así lo estamos viviendo en todos los megaproyectos: el proyecto Integral Morelos, la Refinería dos Bocas y muchos otros que están en marcha. La política del gobierno es abrir y facilitar la entrada de las multinacionales y, si hace falta, AMLO lanza decretos presidenciales determinando que estos megaproyectos son parte de la seguridad nacional para posibilitar a todas las dependencias públicas a facilitar la ejecución de estos megaproyectos.

M.Z.:¿Cómo se ha agudizado la militarización y paramilitarización en los contextos de resistencia a megaproyectos?

A.S.: Esto es algo muy alarmante. Toda la resistencia se acompaña de más militarización en nuestros territorios, que es algo que nos preocupa. Nunca como ahora se ha visto el fortalecimiento del presupuesto de la Secretaría de Defensa Nacional. En Quintana Roo ya se ha anunciado la creación del primer “batallón turístico”, un batallón turístico-militar cuya justificación es el combate al crimen organizado. Chiapas y Palenque están totalmente militarizadas, son las regiones donde pretenden imponer varios megaproyectos incluido el Tren Maya.

En Chiapas, además, está el grupo paramilitar llamado Orcao, que es una organización de tenedores cafetaleros y que fue armado por el gobierno de Ernesto Zedillo, por ejemplo, y que son los que en este momento están ejecutando ataques en contra de comunidades zapatistas. Recientemente quemaron una escuela autónoma zapatista, bodegas de café zapatista y están provocando directamente a los pueblos autónomos zapatistas. También hay otras organizaciones paramilitares en Oaxaca y en otros estados que de igual manera son parte de este brazo armado del poder político de México. Es sumamente grave lo que está poniendo en cuestión de paramilitarismo, militarización y la legitimación de la violencia de la policía, que es al nivel de las fuerzas militares.

Nosotros reflexionamos que la militarización también se suma a las políticas migratorias por desmantelar las caravanas de migrantes en el paso de Centroamérica a México rumbo a Estados Unidos. El sistema migratorio mexicano es delincuencial y solo provoca víctimas. Es común encontrar trailers llenos de personas migrantes, en ocasiones se han encontrado con personas muertas, miles de personas desaparecidas.

Hay una complicidad entre los tres niveles de gobierno, porque al final es un negocio para la delincuencia organizada que también es, decimos nosotros, como un brazo armado del sistema político nacional. Hemos investigado y hemos encontrado vínculos estrechos entre gobernadores con el crimen organizado, presidentes municipales que son parte del crimen organizado. Aún así, con denuncias y recursos judiciales, no hemos podido hacer más que tratar de visibilizar esta situación y también la presencia de paramilitares.

M.Z.: Además de la construcción de la autonomía indígena, ¿Con qué otras estrategias cuentan para enfrentar esta situación?

A.S.: Cuando en 2001, que estaba Adelfo Regino, junto con Marichuy, la comandanta Ester, el Tata Juan Chávez, hablamos ante el Congreso de la Unión en México, lo hicimos exigiendo que, en la reforma de la Constitución Mexicana quedasen consagrados los Acuerdos de San Andrés que ya estaban firmados. Se había acordado previamente que estos Acuerdos se incorporarían a la Constitución y no fue así. Esto, que llamamos la Gran Traición, no solo por el Gobierno mexicano sino por los partidos políticos, fue un momento importante porque como pueblos del CNI decidimos que con o sin reconocimiento de la ley se iba a ejercer la autonomía. A partir de entonces, el hecho de ejercer nuestra propia autonomía nos ha llevado a tener una lucha frontal contra el Estado, y por tanto nosotros denunciamos al Estado desde sus propias prácticas de Estado.

La forma que nosotros pensamos que es más importante de lucha y resistencia es la construcción desde abajo, es decir, la organización del mismo pueblo es lo más importante y de largo plazo en un proceso de resistencia. Sin embargo, también tenemos otros frentes de lucha como CNI. Seguimos insistiendo en el marco jurídico que existe, que a pesar de que no nos garantiza un acceso efectivo de la justicia, presentamos denuncias, amparos, todo tipo de recursos judiciales que han logrado frenar, por ejemplo, en la península de Yucatán a Monsanto y a Bayer, que han logrado cerrar parques eólicos en Oaxaca, que hemos logrado cerrar granjas por cinco días en Yucatán. Pero al final esta lucha jurídica es muy desgastante, sobre todo en un país que no respeta las resoluciones de los jueces o las empresas tienen muchos más recursos para desplegar estrategias.

Por eso insistimos que lo más importante es el ejercicio de nuestra autonomía. Contra ellos, sin marco legal, porque el derecho es nuestro, nos asiste y defendemos nuestro legítimo derecho de existir, de decidir. También por eso tenemos alianzas puntuales con otros movimientos sociales que apoyan si es necesario. Al interior del CNI, sobre todo de los últimos años, nuestra idea es sumar las luchas, causas que nosotros reflexionamos que están aisladas o automatizadas y que al final nos damos cuenta de que se trata de una misma lucha. Es una lucha por la vida, por la libertad, por la dignidad. Entonces, desde hace ya varios años estamos trabajando en sumar causas y hacer alianzas con otras luchas donde compartimos fines.

Otra estrategia fue cuando el CNI participa en el proceso electoral mexicano a través del Consejo Indígena de Gobierno, que fue una propuesta colectiva de concejales y concejalas que conforman este Concejo Indígena de Gobierno y con la vocera Marichuy, que se inscribe como aspirante a una candidatura presidencial. Esa fue una estrategia también de los zapatistas para visibilizar qué está sucediendo en los pueblos indígenas, pero sobre todo para acercarnos a las comunidades y a otras luchas que también se vinculan con las luchas de los pueblos indígenas. Ese fue un momento muy importante porque el objetivo del CNI se logró, que fue acercarnos a otras luchas, nunca el objetivo fue llegar a la presidencia sino utilizar este mecanismo para visibilizar nuestras demandas, nuestra lucha. En ese caminar, también nos encontramos con gente de la ciudad, con jóvenes que defienden el medio ambiente, que están luchando por mejores condiciones laborales, por mejores condiciones de vivienda, etcétera. Y a partir de entonces se crearon redes que en su momento se llamaban redes de apoyo al Consejo Indígena de Gobierno y que después han tomado distintos nombres como Red de Resistencia y Rebeldía y otras con otros nombres, ahora vinculadas al CNI y de igual manera, con el zapatismo. Entonces hemos formado alianzas con grupos ecologistas, con grupos de mujeres, artistas, pero teniendo como base que sean luchas anticapitalistas, antipatriarcales y anticoloniales desde cuya base establecer un trabajo colaborativo.

Entonces esta gira también se enmarca en esta estrategia y es una oportunidad muy importante para seguir tejiendo alianzas con otras luchas en el marco de la Gira por la Vida, desde lugares muy distintos. Para nosotros como CNI, aceptar esta invitación de los zapatistas nos está dando la oportunidad de encontrarnos con otras resistencias, encontrarnos con otras organizaciones de distinto tipo, pero que están igual luchando contra lo mismo.

M.Z.: ¿Cuál ha sido vuestra principal propuesta en esta Gira?

A.S.: Cuando nos han preguntado algunas personas aquí en Europa cómo podemos ayudar a las luchas del CNI, algunas de las respuestas que hemos reflexionado son que, primero, tendríamos que como pensar que no se trata de ayudar a una lucha externa. Es necesario apropiarnos de las luchas, sentirnos parte de la misma lucha. Y lo importante para nosotros en estos encuentros es generar estos diálogos y entendimientos para poner sobre la mesa la reflexión de que al final la lucha de los pueblos indígenas no es solo para los pueblos indígenas, sino que es una lucha para la humanidad, la lucha por la conservación de la madre tierra y de los territorios.

Entonces, más allá de ayudar a los pueblos indígenas, es como humanidad que tenemos que organizarnos para desmontar este sistema porque nos está llevando a un colapso total. Y vemos que le llaman esta crisis civilizatoria, o cambio climático, calentamiento global, etc. Pero es solo el reflejo de lo que este sistema hace. Y cada pueblo lo vive de manera diferente y también lo enfrentamos de maneras distintas. Los pueblos originarios no le llaman calentamiento global o cambio climático, pero vemos en la producción de la tierra, con las siembras, las milpas, el reflejo de lo que está sucediendo, vemos el reflejo del sistema. Reconocemos que somos parte de una misma lucha. Y entonces la invitación que hemos traído desde el CNI es a continuar organizándonos, continuar utilizando estas dos grandes armas contra el capitalismo que son la solidaridad y la colectividad, entendida ésta como el sentido de lo común, lo que nos une.

Maureen Zelaya forma parte del Área de Antirracismo de Anticapitalistas

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