Italia ha sido el laboratorio de la «normalización» de la extrema derecha. Desde los lejanos años 1990, Silvio Berlusconi actuó en esta dirección, uniendo a la derecha conservadora y reaccionaria con la «nueva» extrema derecha y las organizaciones postfascistas, de Alleanza Nazionale de Gianfranco Fini a Fratelli d'Italia de Giorgia Meloni. Actuando así las «legitimó», haciéndolas «presentables» como fuerzas de gobierno; un plan que Silvio Berlusconi acarició desde muy temprano, por lo menos desde finales de los años 1970, al adherirse a la logia P2 y financiar una escisión del Movimento Soziale Italiano (MSI), el movimiento neofascista surgido inmediatamente después de la Segunda Guerra mundial, para acudir en apoyo de la Democracia Cristiana en el parlamento1/.

Durante los años 1990, Silvio Berlusconi contribuyó al surgimiento de una nueva constelación de derecha con una poderosa capacidad de atracción, basada en un «espacio de sentido común»2/. Esta «derecha plural» se definía por unas «fronteras porosas» entre la derecha y la extrema derecha, y por la «dilatación» cada vez más perceptible de su espacio de intervención política y cultural3/. Consiguió colocar en el centro del debate sus temáticas faro: el rechazo de la inmigración, simbolizado a nivel gubernamental en 2002 por la ley Bossi-Fini, el rechazo del Estado social y la estigmatización de los pobres4/.Consiguió también apropiarse de lo que el politólogo argentino Ernesto Laclau denominaba significantes vacíos, invirtiéndolos con su gramática y haciendo de ellos un «arma formidable de hegemonía ideológica»; entre ellos, la libertad, la igualdad, el universalismo.

El doctor Frakenstein-Berlusconi consiguió juntar en 1994 al Movimento Soziale Italiano (MSI) de Gianfranco Fini, la más antigua organización neofascista europea, con la Lega Nord [Liga Norte] de Umberto Bossi, movimiento de exacerbado regionalismo identitario con influencia creciente desde comienzos de los años 1990; coaligar en 2000 a todas las derechas en la Casa delle Libertà [Casa de las Libertades]; y después en 2009, fusionar por un momentoa los herederos del MSI y de la derecha conservadora en un único Popolo della Libertà [Pueblo de la Libertad]. Pero las elecciones de marzo de 2018 marcaron el final de esa derecha. No porque ya no tuviera más funciones en la Italia actual, sino porque la cooptación de sus diversas almas, su amalgama en el laboratorio berlusconiano, condujo a una nueva aleación que se emancipó de su alquimista.

En las elecciones nacionales de marzo de 2018, la Lega«absorbió» los votos de de Forza Italia en el «centro», «canibalizando» por un tiempo a la derecha post y neofascista, mostrándose más capaces incluso que Forza Italia para representar las instancias conservadoras de una parte del electorado de Silvio Berlusconi5/. El traspaso de votos deForza Italiaal partido de Matteo Salvini (alrededor de un tercio de los sufragios de la Lega) consolidó su base de masas. Edmondo Berselli lo había denominado en 2007 el «forzaleguismo», una ideología profunda que conecta a «los sectores del comercio, de la pequeña empresa, del tejido empresarial, y en general del trabajo autónomo, en sustancia un universo social que rechaza antropológicamente a la izquierda, no quiere oir hablar de redistribución y considera que los impuestos son una exacción insoportable, a la que sustraerse cada vez que sea necesaria»6/. Las elecciones de marzo de 2018 sancionaron el paso del «forzaleguismo» al «legaforzismo» con la modificación de la relación de fuerzas en el seno de la derecha7/.

La Lega ha sabido jugar, ante sus miembros y su electorado, con su imagen de partido de oposición, a pesar de su larga participación en los gobiernos de Silvio Berlusconi. El movimiento ha conseguido extenderse del Norte al Sur de la península, y captado el desasosiego de una población que se siente empobrecida, yendo a buscar apoyos en las capas menos instruídas de la población (quienes justo han terminado la escuela obligatoria); lo que Pierre Bordieu denominaba la clase media con escaso capital cultural, entre los obreros cualificados del sector privado que trabajan en grandes empresas, entre quienes estandoen la cumbre de su carrera (48-50 años) tienen miedo por su futuro8/.

De esta manera, la Legano ha incidido sobre todo entre los pobres, precarios, parados, aunque lo diga una prensa mal informada. Su base social más sólida está entre los autónomos, arraigados en los antiguos bastiones de la Democracia Cristiana, actores del desarrollo del norte del país. Los resultados electorales del partido de Matteo Salvini son volátiles fuera de esta esfera tradicional de implantación, como lo muestra su caída en intención de voto en estos últimos meses. La Lega no ha conseguido por el momento imponerse como cimiento de un bloque burgués renovado.

El ascenso de Salvini

En diciembre de 2013, Matteo Salvini se convirtió en secretario de la Lega Nord, un partido en plena «agonía»9/. Hijo de un empresario lombardo y de unama de casa, era entonces prácticamente desconocido para el gran público; la prensa se ocupaba de otro Matteo (Renzi), que llegó casi en el mismo momento a la cúspide del Partido Demócrata (PD). En las primeras elecciones primarias organizadas por el partido, en todas las regiones donde estaba presente (norte y centro de la península), Salvini alcanzó el 82% de los votos (de 10.000 miembros, unos 8.000 votaron por él) rozando resultados casi plebiscitarios en el Friuli, Romaña y Liguria10/.

Desplazó entonces a Umberto Bossi, hasta ese momento líder indiscutido e indiscutible, debilitado por la enfermedad y empantanado, desde 2012, en asuntos de corrupción; se le reprochaba haber utilizado los reembolsos de gastos de campañas, 49,8 millones de euros, con fines personales. La Lega sería condenada, tras las elecciones de marzo de 2018, a pagar esta suma, en un plazo de ... casi 80 años11/. A esto se añadió la investigación contra el tesorero de su movimiento, Francesco Belsito, y sus «amistades peligrosas» con la N'drangheta (organización mafiosa en Calabria). Umberto Bossi y Francesco Belsito fueron acusados de desviación de fondos, una denuncia tanto más infamante cuando la Lega había hecho de la batalla contra la corrupción, proveniente supuestamente de Roma («Roma ladrona»), uno de sus principales argumentos de campaña desde su aparición en la escena política italiana. Para Umberto Bossi, es verdad, no era la primeravez; ya en 1998 había sido condenado a ocho meses de prisión por financiación ilegal (200 millones de liras de sobornos). Pero unido a importantes derrotas electorales, estos asuntos acabaron por derribar al clan Bossi y su vieja guardia.

Las elecciones administrativas de 2012 supusieron en efecto el hundimiento de la Lega en el «Norte profundo», allí donde se fabrica el «made in Italy», poblado de pequeñas y medias empresas que sufrían de lleno la crisis de las subprimes porque vendían sus productos sobre todo en el mercado nacional. Una región donde la tasa de suicidios es superior a la del resto de Italia12/. «El Norte de la Lega, que se sentía más austríaco o alemán que italiano, escribió sobre esto Valerio Renzi, se descubrió de pronto como el terrone [el paleto del sur] de Europa, un país "Piigs" junto a griegos, españoles, portugueses e irlandeses»13/.

La Lega fue el único partido representado en el parlamento en rechazar la unión sagrada de Mario Monti, pero pagó la crisis económica que segaba su base tradicional en la región: en la Brianza (región de Como, Monza y Milán) más del 42% de las empresas de menos de 50 trabajadores tuvieron que echar la persiana, fue el caso también de 1709 en Venecia.

El descenso a los infiernos continuó en las elecciones nacionales de febrero de 2013; la Legasólo obtuvo el 4,08% de los votos. Pero el 7 de diciembre de 2013, Egisto mató a Agamenón; Matteo Salvini, invirtiendo el orden de sus víctimas, quitó la vida a su tío (Agamenón-Bossi) antes de asesinar a su padre (Tiestes-Berlusconi). Desde su elección, controla firmemente el partido, redimensionando el número de cuadros intermedios y la libertad de las estructuras descentralizadas con las que Umberto Bossi, año tras año, había tenido que dialogar. Se desembarazó además de aquellos que, como Roberto Maroni, en el centro del sistema de la Lega desde hacía años, podían constituir un obstáculo para su liderazgo.

El joven secretario, que contaba entonces 40 años, centralizó el partido y lo convirtió en una organización vertical a todos los efectos, jugando no ya con el carisma sino con la autoridad adquirida por este animal político durante los muchos años de ascensión en el seno del aparato del partido. Había estado a la cabeza de su órgano de prensa, La Padania, así como de su radio, Radio Padania, desde 2003. Había participado también en el grupo de los «comunistas de Padania», que le ofrecía el barniz social que toda extrema derecha necesita para imponerse.

Con esta lista se presentó en 1997 a las «elecciones de Padania» organizadas por su partido: «La Lega ganaba votos en todos los barrios, explicó más tarde, a derecha y a izquierda, ateos y católicos. Era necesario organizarse en consecuencia»14/. Y lo que es más importante aún, entre 1994 y 2004estaba en la dirección de la juventud de la Lega; ahí iba a encontrarse con una parte de los que formarán su guardia cercana, recompensada para algunos con escaños gubernamentales en junio de 2018 (en particular Giancarlo Giorgetti, Gian Marco Centinaio, Lorenzo Fontana, Stefano Candiani).

Programa racista y estrategia político-cultural

Su programa se resumía entonces en la consigna«Prima il Nord»[Primero el Norte], pronto sustituído por «Prima gli Italiani» [Primero los italianos], retomando el slogan de Donald Trump y, antes que él, de Jean-Marie Le Pen15/. El objetivo asumidoes una ruptura con el período precedente: acabar con la identidad regionalista de un partido que pierde velocidad, «extraño a Italia y representando a un territorio inventado (Padania)», y con la alianza, útil pero molesta, con Forza Italia16/. Transformar la Lega separatista en una formación nacionalista, ésta era la opinión de Steve Bannon, antiguo consejero de Donald Trump, supremacista blanco y antisemita, una verdadera «genialidad» que constituía un giro esencial para reforzar los vínculos entre todas las corrientes neo (reclamando explícitamente una filiación con el fascismo italiano) y post fascistas y la Lega, consolidando el papel federador de Salvini.

Aunque Matteo Salvini no es nuevo en política, hasta su llegada al ejecutivo del país en junio de 2018 no había tenido ninguna responsabilidad importante. Consejero municipal en Milán entre 1993 y 2012, diputado europeo de 2004 a 2006, después en la Cámara en 2008 y 2013, cargo al que renunció tras su elección en 2009 y 2014 para el Parlamento Europeo. Pero su imagen engloba la de la Lega, hasta el punto de hacer olvidar que su partido ha formado parte de los gobiernos de derecha desde 1994.

Un ascenso fulgurante, para el que ha sido ayudado por complacientes medios de comunicación, consultoras de comunicación, y por la «bestia», un sistema informático construído para él por Luca Morisi, director de la empresa Sistema Intranet, que registra las reacciones de sus seguidores a sus post FB y a sus tweets, la «máquina de marketing viral más potente de la política italiana»17/. Siempre provisto de su IPad, da la impresión a sus seguidores de que forman parte de sus decisiones, y después, de junio de 2018 a agosto de 2019, de las decisiones del gobierno. Según Eva Giovannini, «Salvini es el rey de este tecno-populismo, apoyado en los algoritmos y desplegando sus tentáculos en los millones de smartphones de la península»18/.

Matteo Salvini es unstar televisivo y está omnipresente en los medios sociales19/. Ha mejorado lo impulsado Beppe Grillo y Gianroberto Casaleggio, que permitió al Movimiento 5 Estrellas (M5S) convertirse en la primera fuerza política del país en 2013. Ha acentuado los rasgos de vulgaridad del cómico genovés, presentándose como un «decir las cosas claras», una «búsqueda de autenticidad», una «sinceridad» que prescinde de la verdad: «irreverente, agresivo y provocador»20/. Matteo Salvini restablece de esta manera el ADN de la Lega, que había abierto la vía, desde final de los años 1980, a la «nueva» expresión de una cólera popular contra los partidos, «todos podridos», alimentado porunos «sentimientos de persecución y de odio» que no se habíanencontrado en Italia desde el fascismo:

«La Lega, ha escrito el historiador Antonio Gibelli, ha sido la formación que más rápidoha comprendido los humores de la revuelta popular contra los partidos y contra el Estado; la ha interpretado de la forma más radical»21/.

Todas las cadenas se disputan a quien parece encarnarla mejor. Sólo entre enero y febrero de 2015 Matteo Salvani acumuló más de 73 invitaciones, en todos los canales; entre julio de 2019 y febrero de 2020, considerando el conjunto de sus entrevistas en las siete emisoras de televisión, tuvo la palabra durante 140 horas, 38 más que el entonces presidente del Consejo22/. Una característica que comparte con otro Matteo (Renzi), así como el estilo político sin florituras, la arrogancia, aunque también las condiciones de ascensión en el seno de un partido al que contribuye a desestructurar la base militante en favor del party in central office, que personifica desde el 4 de marzo de 201823/.

En cuanto a su página de Facebook, es una de mas más visitadas de Italia, con más de 3,6 millones de seguidores y una reactividad sin precedentes. Matteo Salvini interpela a sus seguidores y éstos acuden a la cita: más de 110 mensajes por minuto en cuatro horas el 17 de agosto de 2019, en plena crisis del gobierno Lega-M5S, mientras se perfilaba la creación de un nuevo ejecutivo PD-M5S24]. A ellos se añaden los 1,1 millones de seguidores en Twiter y 1,4 millones en Instagram. Pero la difusión de sus consignas se realiza más allá de este círculo[25]. En 2015, el hashtag#Salvini fue el tercero por orden de importancia asociado a la temática de la migración.

Matteo Salvini construye en sus redes, en el día a día, una imagen de la «italianidad» pretendidamente intemporal (tortellinis, una rebanada de pan con Nutella, un vaso de vino, la pantalla de televisión...) en lo que Matteo Pucciarelli denomina una «continua superposición de lo público y de lo privado»[26]. Una apuesta para quien, en 2011, todavía podía decir: «la bandera tricolor no me representa, no la siento mía, en mi casa sólo tengo la bandera de Lombardía y la de Milán»[27].

El secretario de la Lega sabe manejar el sentido común, eso que Antonio Gramsci definía como «la filosofía de los no filósofos, es decir, una concepción del mundo absorbida de manera acrítica por los diversos entornos sociales y culturales en los que se desarrolla la individualidad del hombre medio»[28]. Ha hecho del «buen sentido» un slogan eficaz, invocando la «revolución del buen sentido» para Italia y llamando a «la Europa del buen sentido» de cara a las elecciones europeas de mayo de 2019. El buen sentido se alza en su léxico contra los «bienpensantes», el «buenismo» del que acusa a sus oponentes políticos, y lo «políticamente correcto», nociones tras las que se esconden la solidaridad, la igualdad y la empatía.

Presentar como «buen sentido» sus opciones y su programa le permite colocarsemás allá y de alguna manera también más acá de la confrontación ideológica y de clase, a la vez que reduciendo sensiblemente el impacto de quienes intentan poner en guardia a la población contra los peligros presentes o futuros de sus orientaciones radicales[29].

Agita los miedos propulsando en las redes sociales gran cantidad de fake news que tienen como punto de mira a los migrantes y a aquellos que les están asociados, designándolos como una especie de quinta columna responsable de todos los males que afligen al país y haciendo de los italianos las únicas verdaderas víctimas; en Radio Pedania, puso en marcha una hotline de denuncia contra los hechos y fechorías de los inmigrados.

Campañas racistas que se apoyan en la idea, tematizada por Renaud Camus, de la «gran sustitución», expresión utilizada en muchas ocasiones por Matteo Salvini, tanto en Facebook como en las cadenas de televisión. Una noción que no resulta extraña a la antigua Lega, la de Umberto Bossi, que en 2008 la había utilizado para un slogan electoral: «Los indios de América sufrieron la inmigración, hoy viven en reservas»[30]. Su racismo es diferencialista, como el de Umberto Bossi, y al igual que éste Matteo Salvini fustiga la Revolución Francesa, la Ilustración, madre de la mundialización, y sus valores igualitarios, el «mestizaje que puede destruir el vínculo entre la comunidad y el pueblo»[31].

La narración identitaria de la Lega de Salvini cambia el fotograma de un pueblo del Norte, virtuoso y culturalmente homogéneo que sólo la Lega Nord era capaz de proteger contra las élites financieras y políticas de Roma, los migrantes y los italianos del Sur (Salvini exclamaba el 9 de abril de 2008: «¡Qué pestilencia, hasta los perros huyen cuando desembarcan los napolitanos!»), por el de un«pueblo italiano» que sólo Matteo Salvini pueden encarnar, contra Bruselas y los refugiados[32]. Acompañado de la criminalización de todos los que son identificados con una amenaza (migrantes, militantes de los centros sociales, antifascistas y de izquierda, feministas, LGBTQI*) y que dentro de esta narración constituyen la anti-nación.

Familia, seguridad, religión

Las temáticas preferidas de la Lega desde hace más de veinte años (inmigración, seguridad, identidad) son nacionalizadas con el fin de conquistar a los electores del centro y sur de la península con mensajes aptos para superar las divisiones socio-económicas y territoriales. De esta manera, concluyen Gianluca Passarelli y Dario Tuorto,«la actual fase del partido no debe ser tanto interpretada como una ruptura respecto del pasado, sino como una aceleración decisiva dentro de un proceso de lenta transformación a la que ha contribuído también la nueva coyuntura política, económica y social»[33].

No es sorprendente por tanto que en diciembre de 2019 la Lega aprobase por una amplia mayoría un nuevo estatuto «nacional», que fue aceptado también por el antiguo líder Umberto Bossi[34].

La identidad italiana propagada por la Lega de Salvini se basa en la nostalgia de la familia «italiana», de la seguridad, donde las referencias al pasado son un aglomerado que no distingue lo que es mito y lo que corresponde a la realidad. La revalorización del orden y de la autoridad se pregona abiertamente como un cuestionamiento de la democracia pluralista. El electorado de la Lega tiende a privilegiar la delegación de poder por encima de la democracia directa; una idea bien asumida por el propio Matteo Salvini, que en agosto de 2018 dijo representar al  «pueblo italiano», y por sus partidarios, que le llaman El Capitán.

Para «delimitar una comunidad étnica», la identidad de la Lega de Salvini se basa también en la defensa del Occidente cristiano contra el Islam, «incompatible» en su opinión con la sociedad italiana[35]. Matteo Salvini utiliza de manera ostentosa los signos religiosos en sus mítines, blandiendo según las circunstancias el rosario, el crucifijo o la biblia. El 24 de febrero de 2018, al acabar su campaña electoral, juró en Milán por la Constitución y el evangelio, con el rosario en la mano en una especie de autoproclamación que provocó la ira del Vaticano: «Me comprometo y juro ser fiel a mi pueblo, a 60 millones de italianos, servirlos con honestidad y valor, juro aplicar autenticamente la Constitución italiana, ignorada por muchos, y juro hacerlo respetando las enseñanzas contenidas en el evangelios. [...] ¡gobernemos!».

En julio de 2018, la Lega depositó en el parlamento un proyecto de ley para introducir el crucifijo en todos los lugares públicos. La «arrogante exhibición» de los símbolos religiosos sirve esencialmente para consolidar lo que él define como la identidad y la «cultura» italiana. Una politización de la religión que no es del gusto de las instancias vaticanas, con quienes el partido mantiene relaciones conflictivas. desde hace mucho tiempo. En sus comienzos, la Lega secesionista denunció a la Democracia Cristiana, que asimiló al Estado central, y al Vaticano, considerados ambos como corruptos[36]. Una de sus propuestas era crear una Iglesia del Norte. Mario Borghezio, presidente de la organización «Padania Cristiana», cercana a los lefebvrianos, expulsados por Juan Pablo II y reintegrados por Benedicto XVI, defendió esta idea en 1995 porque, sostenía, «la Lega está hasta la coronilla del clero romano»[37].

No faltan motivos de fricción y la jerarquía vaticana intenta contrarrestar su presencia en las regiones más católicas del norte. Porque es justamente en las llamadas zonas blancas de la península, allí donde la Iglesia «contribuía a estructurar la sociedad local a través de una densa red de asociaciones» y donde el voto a la Democracia Cristiana se asimilaba hasta los años 1980 a un sufragio «por la Iglesia y contra el comunismo», donde la Lega ha consiguido, desde su aparición, sus mejores resultados[38].

Molesta por esta instrumentalización, la Iglesia católica está sin embargo en sintonía con la Lega en asuntos importantes, un acuerdo sancionado desde 2010 cuando Benedicto XVI recibió a Giulio Tremonti, entonces Ministro de Economía del gobierno Berlusconi: la defensa de la familia tradicional, «compuesta por una mamá y un papá», que el partido de Salvini blande contra los derechos de las familias LGBTQI*; la lucha contra la reproducción asistida médicamente; la prima a la natalidad junto a una revisión de la ley 194 que legaliza el aborto en Italia (una ley ya pisoteada a diario por el rechazo a aplicarla por parte de servicios enteros de ginecología en toda la península) con el fin, en palabrar del senador de la Lega Simone Pillon, de llegar al objetivo de «cero abortos»; así como la voluntad de modificar la legislación sobre el divorcio (lograda en diciembre de 1970), resumida por el proyecto sobre la «biparentalidad perfecta» propuesto por Simone Pillon y senadores del M5S, en contra la convención de Estambul, ratificada por Italia[39].

Matteo Salvini pretende que una parte significativa de la población italiana se identifique con él. La utilización más supersticiosa e identitaria de la creencia de la religión favorece esta perspectiva. Salvinirompe con el neopaganismo de la primera Lega, por medio de la politización de la religión instituída. Su modo de vestir, sus fotos y videos en Facebook, su «exuberancia trash-dicionalista», acompañada del hecho de describirse obsesivamente como un «buen padre», y también sus milimetrados baños de multitudes, que supuestamente le ponen en contacto con «su» pueblo, todo tiende a esta identificación[40].

«Su eclecticismo social, escribe a este respecto Matteo Pucciarelli, está calculado con el fin de mostrar un rostro humano tranquilizador al lado de sus provocaciones: a pesar de las leyendas y de los análisis radicales que me presentan con los rasgos de un mostruo retrógrado, como un populista poco fiable, yo soy fundamentalmente una persona de bien. Hablo así porque soy como vosotros, confiad por tanto en mí. El mensaje: el hombre de la calle ha encontrado por fin un líder que piensa y actúa como él, para lo mejor y para lo peor»[41].

El modo de comunicación de las redes sociales privilegia la rapidez de exposición y una economía de palabras, medios eficaces para los objetivos de su discurso, caracterizado por el llamamiento a una forma de resentimiento, una de sus marcas de fábrica desde su entrada en política, explotando los «bajos instintos» de sus interlocutores.

Su lenguaje se pretende efizaz. Matteo Salvani se considera el heraldo de la «seguridad pública» (justificando el patrulleo en los barrios, anunciando que es necesario que un ciudadano de cada dos esté armado, proclamando que la defensa siempre es legítima) llevando a cabo abiertamente la guerra contra los pobres, los precarios, los inmigrados, las mujeres, las minorías sexuales; una vez nombrado Ministro del Interior, se viste el uniforme de la policía o de los carabineros. Justo antes de las elecciones de marzo de 2018, se distingue como el candidato que redacta más comentarios ofensivos contra los refugiados, los gitanos, las mujeres y las personas LGBTQI*, superando a Giorgia Meloni (Fratelli d'Italia) e incluso Simone di Stefano (CasaPound) y Roberto Fiore (Forza Nuova)[42].

Una constante de su acción política; recordemos que en 2009 prometió establecer una forma de apartheid contra quienes denomina los extracomunitarios, ampliado a todas las personas «mal educadas», indicando de esta manera que forman o no forman parte del «pueblo» al que se dirige: «Antes, escribe el 7 de mayo de 2009, había [en los autobuses] asientos reservados para inválidos, personas mayores y mujeres embarazadas. Hoy día, podríamos pensar en asientos o vagones reservados para los milaneses»[43].

El 18 de marzo de 2016 anunció que «es necesaria también en Italia una limpieza de masas, calle a calle, barrio a barrio, plaza a plaza, utilizando la fuerza si es preciso». Una banalidad del mal a relacionar con los actos de violencia contra inmigrantes del Africa subsahariana, contra militantes de asociaciones de solidaridad y feministas, que se suceden a un ritmo desenfrenado desde febrero de 2018 en el panorama italiano. Con el decreto sobre seguridad bis firmado por el presidente de la república, Mattarella, a comienzos de agosto de 2019, esta violencia tiene una base legal: legítima defensa, criminalización de los migrantes, bloqueo de manifestaciones y penalización de los movimientos sociales.

Fascioleguismo y «Europa de las naciones»

Hay que atribuir también los éxitos de la Lega al hecho de que su discurso y su práctica política se ensartan resueltamente en la extrema derecha, abandonando la calificación «ni de derecha ni de izquierda» que había privilegiado la vieja Lega de Umberto Bossi. La Lega de Bossi se declaró siempre antifascista. Antes de la alianza electoral de 1994 con Gianfranco Fini, Umberto Bossi anunciaba: «no quiero tener nada que ver con la porquería fascista», presentando su movimiento como «el heredero de la lucha de los partisanos», aunque su Lega mantuviera también relaciones con la derecha ultra, en particular desde mediados de los años 1990.

La Legade Matteo Salvani se exhibe con los neofascistas y reivindica sus alianzas. Antes de su elección a la dirección del partido, frecuentaba ya el círculo de cultura neofascista Talebano. En mayo de 2013, participó en una conferencia dedicada a «Europa entre Islam y Occidente, raíces, formas y alianza de la Europa de los pueblos»; ahí conoció al intelectual de extrema derecha Buttafuoco con quien tiene una fecunda «convergencia ideológica». A través de aquél, Matteo Salvini se reunió, en diciembre de 2013, con Alain de Benoist, jefe de filas europeo de la nueva derecha, y en febrero de 2015 con los jóvenes del movimiento Pegida de paso por Roma. Con la ayuda de esta extrema derecha decidida a apostar por Salvini, la Lega no sólo emprendía un ascenso en sus regiones tradicionales, sino que se extendía a nuevas provincias. El partido de Salvini lograba convertirse en el principal punto de apoyo.

En 2014, en las elecciones europeas, la Lega lograba un escaño en la circunscripción del Lazio, donde presentaba a Mario Borghezio, gracias al apoyo de Gianluca Iannone, antiguo miembro del MSI y fudador de CasaPound.  Procedente de las filas neofascistas y además eurodiputado saliente, anteriormente elegido en el Norte, Borghezio es conocido por sus declaraciones racistas y negacionistas. Tras el atentado de Anders Breivik en Utoya en 2011, dijo compartir algunas de las ideas del terrorista. El mismo Borghezio hizo bendecir un belén en el parlamento europeo durante la celebración de Navidad en 2007, «en homenaje a las raíces cristianas de Europa», por el padre Floriano Abrahamowicz, amigo del criminal nazi Erich Priebke, antisemita y negacionista; en 2009, este último declaraba que las cámaras de gas existieron sin duda, pero sólo para «desinfectar»; fue expulsado de la Fraternidad San Pío X (lefebvriana) en 2010[44]. Borghezio puede ser definido como un personaje clave en las relaciones entre la Lega y la derecha neofascista[45].

En octubre de 2014, la Lega desfiló en Roma junto a CasaPound contra la emigración, bajo la bandera «Stop a la invasión». En 2015, la Lega se situó decididamente en el corazón del «laboratorio de las derechas»[46]. El 11 de mayo de 2015, Matteo Salvini fue entronizado por CasaPound en el teatro Brancaccio, bajo el cántico de «no hay más que un único capitán». En marzo de 2017, la Lega continuó su inserción en los territorios del sur de la península, apoyándose sobre todo en la red de CasaPound, y en un nuevo espacio político de la derecha dura, el Movimento per la Sovranité [Movimiento por la Soberanía] que reunía a la Azione Nazionale [Acción Nacional] del neofascista Gianni Alemanno (antiguo miembro del MSI y de Alleanza Nazionale), antiguo alcalde de Roma y miembro de La Destra [La Derecha], de Francesco Storace, también ex-miembro del MSI, Ministro de Sanidad de Berlusconi entre 2005 y 2006 y antiguo presidente de la región del Lazio entre 2000 y 2005. Reunidos en parte para las elecciones de marzo de 2018, en la coalición Italia agli Italiani [Italia para los italianos], las fuerzas neofascistas anunciaron su apoyo a un gobierno en el que Matteo Salvini llegaría a la presidencia del Consejo.

Matteo Salvini es un ejemplo ideal típico en el corazón de Europa de los vínculos que cultiva la derecha nacionalista con agrupamientos abiertamente neofascistas, útiles para su ascensión dentro de la Lega y para su control del aparato[47]. Más aún, Matteo Salvini ha hecho claramente ostentación de sus afinidades, al participar en numerosas manifestaciones organizadas o apoyadas por estos movimientos, y poniéndose sus camisetas. Recordemos también el post que publicó en Facebook el día del aniversario del nacimiento de Benito Mussolini, «muchos enemigos, mucho honor»[48].

Una nueva constelación de la derecha ultra parece alzar vuelo; más conocida bajo el nombre de fascioleguismo, no se refiere tanto o únicamente a las alianzas electorales o a los apoyos del neofascismo a la Lega, sino más bien a lo que ValerioRenzi denomina un «dispositivo político» de geometría variable. El discurso antieuropeo, la guerra contra Bruselas y el euro asociados a la construcción paciente de una Lega nacionalista, abren a Matteo Salvini la posibilidad de sacar a su partido de los bastiones del Norte, aportándole un eco internacional, mientras la derecha nacionalista y postfascista avanza a paso seguro por todo el Occidente, frente a la atonía de la izquierda y la desbandada de los partidos gubernamentales.

El objetivo claramente afirmado es el de reunir a la extrema derecha europea:«A nivel internacional, escribe en La Padania, la prioridad es socavar este euro y refundar esta Europa. Decimos por tanto sí a las alianzas, incluso con aquellos que no son europirla [plumíferos eurófilos tan ingenuos como incapaces]: los franceses de Le Pen, los holandeses de [Gert] Wilders, los austríacos de [Andreas] Mölzer, los finlandeses... en suma, los de la Europa de las patrias»[49].

En 2014, Matteo Salvini propuso a Marine Le Pen un programa común de cara a las elecciones europeas; los dos colegas se unieron en su batalla contra el euro, por sus respectivos vínculos con la derecha neofascista y en particular CasaPound[50]. A la salida de las urnas, la victoria histórica de Marine Le Pen parecía indicar el camino, con cerca del 25% de los votos (frente a 6,3% en 2009), convirtiéndose en el primer partido de Francia. La derecha dura, desigualmente eurófoba, mueve entonces una parte del tablero europeo; una progresión anunciada, teniendo en cuenta la crisis económica, social, política y moral que afecta a la UE desde hace algunos años. Relaciones e intercambios que el secretario de la Legaiba a hacer fructificar a lo largo de la legislatura europea; reforzando sus alianzas, en particular con Marine Le Pen.

En enero de 2017, Matteo Salvini acudió a Coblenza a festejar la investidura de Donald Trump junto a la fina flor de la derecha ultra europea y lanzar el «año de los patriotas» para luchar, según dijo, contra la «gran sustitución». «Estamos al alba de un Nuevo Mundo», declaró Marine Le Pen en aquella ocasión. Gert Wilders anunció una «nueva Europa por llegar, después de los Estados Unidos»; «si todo va bien como pensamos, continuó, todos nosotros llegaremos al poder [...]. 2016 ha sido el año en que ha despertado el mundo anglosajón. 2017 verá, estoy segura, el despertar de los pueblos de Europa continental»[51]. El 22 de mayo de 2018, fue Marine Le Pen quien se alborozó ante el anuncio de un nuevo gobierno italiano: «Nuestros aliados, dijo, llegan al poder y se abren estupendas perspectivas gracias ante todo a la gran vuelta de las Naciones»[52].

«Los nacionalistas europeos han encontrado a su heraldo», escribía Matteo Pucciarelli en las páginas de la New Left Review a comienzos de 2019, y Matteo Salvini se dedicó a ello[53]. En el corazón de la tercera economía europea, en uno de los países fundadores de la Unión Europea, el secretario de la Lega, convertido en Ministro del Interior, prosiguió su objetivo de conquistar Europa junto a sus partidos hermanos. Desde julio de 2018, Matteo Salvini anunció la creación de la «Liga de las ligas», la Internacional de quienes van a «vencer a la Europa de los banqueros y de las multinacionales»: «O nosotros o ellos,continuó: derribaremos el muro de Bruselas como se derribó el muro de Berlin, cuando eso parecía imposible»[54].

La Lega parece sufrir hoy por su apoyo al gobierno de Mario Draghi y sus relaciones con la Rusia de Putin; en 2019 se abrió una investigación sobre la presunta financiación rusa en la campaña de las elecciones europeas del partido de Matteo Salvini (unos 3 millones de euros). Relaciones que corresponden a afinidades ideológicas concretas y muy reales, como parece confirmarlo la presencia, durante el nombramiento de Salvini para la dirección de la Lega, de Alexey Komov, presidente honorario de la asociación cultural Lombardía-Rusia fundada por Gianluca Savoini, ex-portavoz de Matteo Salvini, cercano al oligarca Konstantin Malofeev y miembro del Congreso Mundial de las familias[55]. Simpatías que Matteo Salvini proclamó orgullosamente en un selfie colgado en Facebook justo después de las europeas de 2019: sonriente y sujetando un panel en el que podía leerse «Primer partido de Italia: GRACIAS», de pie, delante de una biblioteca sin libros presidida por fotos de Vladimir Putin vestido de soldado, la gorra de la campaña electoral de Donald Trump y... un icono de Cristo.

Pero Salvini ha pavimentado el camino al agrupamiento de Giorgia Meloni, Fratelli d'Italia, heredero directo de los movimientos neofascistas de postguerra. Este agrupamiento llega a obtener incluso el 21% de intención de voto, por delante de todas las demás agrupaciones políticas, incluída la Lega, caída a la tercera posición. Angelo d'Orsi habla a este respecto de «algo que se parece [al fascismo], algo que unas veces parece una réplica del pasado y otras una de sus formas actualizadas»[56].

Esta extrema derecha, «en el interior» y a la vez «contra» el sistema, aboga al mismo tiempo por la desregulación, la reducción de impuestos para los ricos (la famosa flat tax), el repliegue nacional con el cierre de las fronteras a la inmigración, y por medidas económicas liberal-autoritarias sin excluir la nacionalización, bajo fuerte control de las empresas de servicio; exalta la cristiandad como base común de una nueva Europa conservadora, basada en las naciones, resueltamente islamófoba; se asocia a una visión del mundo patriarcal y reaccionaria, que impone la vuelta de las mujeres al hogar, con la consecutiva legitimación de recortes de los servicios públicos para la infancia y la explotación de las mujeres para el trabajo reproductivo, de la cuna a la tumba. Sus objetivos comunes se resumen en lo esencial en la destrucción del Estado Providencia, el antimarxismo, el racismo violento y reivindicado en particular contra los migrantes, esos «herederos de las clases peligrosas del siglo XIX»[57].

Este fascismo es a la vez producto y productor de crisis[58]. Un fascismo que se dispensa de una utilización generalizada de la violencia paramilitar, porque se inscribe poco a poco, por impregnación, en el territorio social, político, cultural, mental italiano, porque está «inserto en las entrañas brutalmente egoístas» de su sociedad. Pero no renuncia a emplear el léxico de la violencia desestabilizadora, que desemboca a veces en la violencia física frente a todos aquellos y aquellos que son definidos como adversarios políticos. Un fascismo miasmático, de alguna manera, exhalando el aire viciado (la mal aria) de una cultura que ha sobrevivido al régimen instalado por Mussolini.

Pier Paolo Pasolini ya lo daba a entender en 1965, cuando la entrada de Italia en el «milagro económico» iba acompañada de la renovación de los movimientos neofascistas, celebrando la marcha sobre Roma, el aniversario de Mussolini, el Ventennio y la República de Salò. Denunciaba en aquel momento más sus «formas mundanas» que sus «manifestaciones absurdas y ridículas» que pretendían inocular el miedo (un miedo basado en amenazas bien visibles y reales del terrorismo de extrema derecha). Un ambiente tanto más viciado cuando la desfascistación en marcha de estas organizaciones va a la par con la revisión del pasado fascista de la península[59].

La máscara fascista de Europa[60]

En marzo de 2019, Emilio Gentile dedicaba un pequeño volumen a la cuestión del retorno del fascismo en Italia, justo cien años después de la creación de los fascios de combate en Milán[61]. Entrevistado tras la publicación de su libro, el historiador italiano destacaba que es absurdo hablar de una vuelta del fascismo porque el fascismo nunca había desaparecido de la península:

«Los nostálgicos del Duce nunca se fueron: se reorganizaron después de 1945 y fundaron el MSI, presente en el parlamento desde la primera legislatura»[62].

El alza en la intención de voto a la agrupamiento de Giorgia Meloni, Fratelli d'Italia, es un claro índice de ello, así como el armazón de la Lega por organizaciones que reivindican una relación de continuidad con el fascismo de los años 1930, en particular CasaPound. Matteo Salvini y Giorgia Meloni se alimentan de la cultura antidemocrática que sobrevivió al fascismo y que hoy día parece estar ampliamente admitida en la península, la que se impacienta frente a la defensa del medio ambiente, de la igualdad mujeres/hombres, de los derechos de las personas LGBTQI*, la que rechaza a los inmigrados, a los musulmanes, a todo aquel que puede ser asociado con los «otros»[63]. Los dos defensores de la extrema derecha italiana podrían incluso llegar al gobierno en 2023.

Su desdiabolización ha procedido de una transformación y modernización del fenómeno; ha ido acompañada de la reapropiación y la difusión del léxico político de la derecha ultra por parte de los partidos gubernamentales, Forza Italia, desde luego, pero también el Partido Demócrata; una normalización en la que el M5S ha sido la correa de transmisión en el seno de los movimientos sociales de comienzos de los años 2000. A ello se añade la incapacidad de la izquierda radical para hacerse oir, acercándose a la sideración, una izquierda inadaptada e impotente para trazar una horizonte de espera a los miedos y a la cólera popular.

El fascismo, como revelador de los males precedentes, pero también como cuna, incubador de instituciones y de culturas que no desaparecen con él, sino que se modifican en el curso del tiempo; una nueva derecha que ya no es un fenómeno marginal, sino otra cosa, en transición diría Enzo Traverso. Sin embargo, no se trata de un «fascismo postmoderno sin otro horizonte de espera que el retorno», como escribía el propio Traverso, sino como un movimiento organizado en subcultura política, como CasaPound, ocupando sede, barrios, centro de deportes, librería, grupo de música (a la manera del grupo de Gianluca Iannone Zeta Zero Alfa) y editorial[64]: «Es impresionante ver hasta qué punto son precisos, eficaces, dice Alain Soral. Tienen un buen número de espacios, además del espacio principal, restaurante, bar, almacén, galería de arte, todo autogestionado, todo bien cuidado (...) Fuerzan al respeto por su trabajo de campo, y sobre todo por una muy importantedimensión social»[65].

En este sentido,no se puede describir simplemente a esta constelación de derecha radical con los oropeles del pasado neofascista de postguerra, una manera muy cómoda para los partidos de gobierno de desentenderse de políticas, que han conducido a los socialistas a «matar la izquierda» y a la derecha a integrar cada vez más abiertamente la gramática política de la extrema derecha en su discurso y en su práctica. Pero tampoco puede resumirse en la «gran narración soberanista» que Matteo Pascoletti criticaba en la web Valiglia Blu, tomando parte en el proceso de normalización de estos nuevos fenómenos políticos[66];¿acaso el término de soberanismo, al igual que el de populismo, no se aplica de forma indiferente a la izquierda y a la derecha del tablero político?

En definitiva, hay que interrogarse por esta discordancia de los tiempos del fascismo. Italia constituye una vez más un terreno privilegiado. Las «nuevas síntesis» del fascismo histórico con sus formas actuales, surgidas y consolidadas durante los veinte años de revisión cultural y política del berlusconismo, se presentan como «claves de lectura», «en nombre de la sangre y de la raza», de la realidad caótica, móvil, lábil, de este comienzo del siglo 21. El nacionalismo juega el papel de vector privilegiado con su nostalgia de un pasado construído en el transcurso del tiempo, los Treinta Gloriosos, con referencias sociales, políticas y culturales, estables, y los años 1980[67]:«los italianos, primero». El espectro del fascismo rueda a la par que las crisis política, económica, social, ambiental y moral aumentan el «sentimiento de inseguridad» para una parte creciente de la población,creando un contexto favorable al desarrollo de la extrema derecha[68]. Las resonancias con la situación de entre guerras amplifican los temores cuando se trata de los apoyos potenciales que da la derecha a estas nuevas extremas derechas.

La historia enseña en efecto que en condiciones particulares, como fue el caso durante la crisis de la primera postguerra y la gran recesión de los años 1930, la burguesía, incluída la burguesía industrial y financiera «avanzada», puede decidir abandonar el terreno de la legalidad y de la confrontación institucional y la competición política clásica para utilizar medios extralegales y soluciones basadas en la violencia.El fascismo se convierte en una variable posible del conflicto social, por lo menos para una parte de las clases dominantes, enfrentada con sus propias diferenciaciones y contradicciones internas.

Podríamos aplicar a Salvini y Meloni el análisis que hacía Wendy Brown de la relación entre los «auténticos neoliberales» y la victoria de Donald Trump:

«Su pesadilla era el autoritarismo y la irracionalidad encarnados por Trump. Su pesadilla era un régimen político receptivo a la movilización de los afectos populistas. Trump es su Frankenstein. Pero los Frankenstein son, después de todo,bastante frecuentes en política.Hay una especie de ensayo en la diferencia del fascismo emergente de Weimar. El neoliberalismo ha producido el opuesto exacto del régimen político, económico e ideológico qus sus diseñadores tenían en mente»[69].

El neoliberalismo aparece así como una máquina suicida que tiende a destruir las instituciones de la democracia representativa. El futuro de un capitalismo que no encuentra solución a su propia crisis parece abrir de lleno la puerta a la «barbarie».

Stefanie Prezioso es historiadora

[1]Nicola Tranfaglia, Vent’anni con Berlusconi (1993-2013). L’estinzione della sinistra, Milan, Garzanti, 2009, p. 72.

[2]Guido Caldiron, La destra plurale. Dalla preferenza nazionale alla tolleranza zero, Roma, Manifestolibri, 2001, p. 9.

[3]Stéfanie Prezioso, “Italie: un concentré de l’histoire du monde. Entrevista con David Broder”, Contretemps, 20 octubre 2021; Stéfanie Prezioso, “Fin de cycle politique et nouveaux départs pour la gauche italienne”, Contretemps, 18 diciembre 2013.

[4]Dwayne Woods, «A critical analysis of the Northern League’s ideographical profiling», Journal of Political Ideologies, n°15, 2010, p. 212-13

[5]Gianluca Passarelli, Dario Tuorto, Estrema destra di governo, Bolonia, il Mulino, 2018 (ebook).

[6]Edmondo Berselli, «L’ideologia del forzaleghismo», la Repubblica, 20 agosto 2007.

[7]Fabio Bordignon, Luigi Ceccarini, Ilvo Diamanti, Le divergenze parallele. L’Italia dal voto devoto al voto liquido, Bari, Laterza, 2018.

[8]Paolo Mancini, Franca Roncarolo, «Tanto tuonò che piovve», en Itanes, Vox populi. Il voto ad alta voce del 2018, Bolonia, Il Mulino, 2018 ; Marco Maraffi, «Le basi sociali del voto del 2018», in ibid.

[9]Gianluca Passarelli, Dario Tuorto, La Lega di Salvini (ebook).

[10]«Matteo Salvini è il nuovo segretario della Lega Nord», la Repubblica, 7 diciembre 2013.

[11]Para una reconstrucción minuciosa de estos asuntos, Giovanni Tizian, Stefano Vergine, Il libro nero della Lega, Bari, Laterza, 2019 (ebook).

[12]«Giornata mondiale per la prevenzione del suicidio: le statistiche dell’ISTAT», 9 setiembre 2017, istat.it.

[13]Valerio Renzi, La politica della ruspa (ebook).

[14]Citado por Matteo Pucciarelli, «Salvini Ascendant», New Left Review, 116/117, Marzo-Junio 2019, p. 12.

[15]Jean-Marie Le Pen, Les Français d’abord, París, Michel Lafon/Carrere, 1984.

[16]Furio Colombo, «La dittatura dolce», MicroMega, 13 noviembre 2008.

[17]Christian Salmon, «Comment Salvini a pris le contrôle de l’agenda politique italien», Mediapart, 2 junio 2019 ; Matteo Pucciarelli, «Salvini Ascendant», art. cit., p. 17 ss.

[18]Christian Salmon, «Comment Salvini a pris le contrôle de l’agenda politique italien», art. cit.

[19]Francesco Maria del Vigo, Domenico Ferrara, Il metodo Salvini, Milan, Sperling & Kupler, 2015; Matteo Salvini, «Italy’s de facto leader is instinctively authoritarian», The Economist, 26 julio 2018.

[20]Matteo Pucciarelli, « Salvini Ascendant », art. cit., p. 18.

[21]Antonio Gibelli, Berlusconi passato alla storia. L’Italia nell’era della democrazia autoritaria, Rome, Donzelli, 2011, p. 49; Furio Colombo, «La dittatura dolce», MicroMega, 13 noviembre 2008.

[22]Giandomenico Crapis, «Il leghista è sempre in TV. 140 ore da luglio», Il Fatto quotidiano, 12 abril 2020.

[23]Valerio Renzi, La politica della ruspa (ebook).

[24]Marco Cremonesi, «Salvini “Ragionerò su tutto purché non tornino Renzi e i suoi”», Corriere della Sera, 17 agosto 2019.

[25]Christian Salmon, «Comment Salvini a pris le contrôle de l’agenda politique italien», Mediapart, 2 junio 2019.

[26]Matteo Pucciarelli, «Salvini Ascendant», art. cit., p. 18.

[27]Citadoen Gianluca Passarelli, Dario Tuorto, La Lega di Salvini (ebook).

[28]Antonio Gramsci, Cahiers de prison. Cahiers 6, 7, 8, 9. Cahiers 8, § 173, Paris, Gallimard, 1983, p. 355-357.

[29]Matteo Pascoletti, «La normalizzazione mediatica dell’estrema destra: dall’alt-right ai “sovranisti”», Valigia blu, 29 junio 2019 (https://www.valigiablu.it/normalizzazione-estrema-destra/).

[30]Dwayne Woods, «A critical analysis of the Northern League’s ideographical profiling», Journal of Political Ideologies, N°15, 2010, p. 189

[31]Hans‐ Georg Betz, Carol Johnson,  «Against the current—stemming the tide: the nostalgic ideology of the contemporary radical populist right», Journal of Political Ideologies, n°9, 2004, p. 316; Renzo Guolo, Chi impugna la Croce. Lega e Chiesa, Bari, Laterza, 2011.

[32]Daniele Albertazzi, Duncan McDonnell, James L. Newell, «Di lotta e di governo: The Lega Nord and Rifondazione Comunista in office», Party Politics, n°17(4), 2011, p. 474.

[33]Gianluca Passarelli, Dario Tuorto, La Lega di Salvini (ebook).

[34]Monica Rubino, «La nuova Lega a congresso diventa nazionale», Corriere della Sera, 21 diciembre 2019.

[35]Michele Prospero, «Disobbedienza, Cattolici più avanti della sinistra», Il Manifesto, 27 julio 2018 ; Leo Lancari, «Salvini cancella le famiglie gay», Il Manifesto, 11 agosto 2018.

[36]Paolo Bertazzolo, Padroni a chiesa nostra, Vent’anni di strategia religiosa della Lega nord, Bologne, Emi 2011.

[37]Barbara Frandino, «Nella Lega si invoca la chiesa del Nord», la Repubblica, 26 noviembre 1995.

[38]Martina Avanza, Les «Purs et durs de Padanie». Ethnographie du militantisme nationaliste de la Ligue du Nord (Italie), Tesis doctoral, Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, Paris, diciembre 2007.

[39]Gianluca Passarelli, Dario Tuorto, La Lega di Salvini (ebook).

[40]Raffaele Carcano, «Quel gran bigotto di Salvini», MicroMega, 24 mayo 2019.

[41]Matteo Pucciarelli, «Salvini Ascendant», p. 18.

[42]Il Manifesto, 22 febrero 2018.

[43]Citadoen Gianluca Passarelli, Dario Tuorto, La Lega di Salvini (ebook).

[44]«Lefebvriani e Shoa, nuove polemiche», Corriere della Sera, 29 enero 2009.

[45]Corporate Europe Observatory, «Europe’s two-faced authoritarian right: “anti-elite” parties serving big business interests», 15 mayo 2019 (https://corporateeurope.org/).

[46]Valerio Renzi, La politica della ruspa.

[47]Gideon Rachman, «Donald Trump leads a global revival of nationalism», Financial Times, 25 junio 2018.

[48]Hanna Roberts, «Racist attack spark division between Italy’s coalition partener», Financial Times, 31 julio 2018.

[49]Citado en Gianluca Passarelli, Dario Tuorto, La Lega di Salvini; subrayados míos.

[50]Marine Turchi, «Les jeux d’ombre du prestataire de Le Pen avec les néofascistes italiens», Mediapart, 6 noviembre 2014.

[51]Thomas Schnee, «L’inquiétante mascarade des extrêmes droites européennes à Coblence», Mediapart, 22 enero 2017.

[52]Strisciarossa, 22 mayo 2018.

[53]Matteo Pucciarelli, «Salvini Ascendant».

[54]Carmelo Lopapa, «Salvini alla crociata nella UA», la Repubblica, 1 julio 2018

[55]Corporate Europe Observatory, «Europe’s two-faced authoritarian right: “anti-elite” parties serving big business interests», 15 mayo 2019 (https://corporateeurope.org/).

[56]Angelo d’Orsi, «Contro il nuovo fascismo. L’Europa dei popoli», MicroMega, 31 enero 2019

[57]Enzo Traverso, «La fabrique de la haine : xénophobie et racisme en Europe», Contretemps, 17 abril 2011 (contretemps.eu).

[58]Geoff Eley, «Fascism then and now», Socialist Register, 2016.

[59]Cf. Chapitre 1.

[60]Nadia Urbinati, «La maschera fascista dell’Europa», la Repubblica, 17 octubre 2017.

[61]Emilio Gentile, Chi è fascista, Bari, Laterza, 2019 ; Ugo Palheta, La possibilité du fascisme, Paris, La Découverte, 2018.

[62]Antonio Carioti, «Emilio Gentile: il fascismo oggi non è la vera minaccia. Temo di più le urne deserte», Corriere della Sera, 8 mayo 2019.

[63]Francesco Biscione, Il sommerso della Repubblica. La democrazia italiana e la crisi dell’antifascismo, Turín, Bollati-Boringhieri, 2003; Gianluca Passarelli, Dario Tuorto, La Lega di Salvini (ebook).

[64]Enzo Traverso, «Spectres du fascisme. Les métamorphoses des droites radicales au XXIe siècle», Revue du Crieur, N°1, 2015, p. 104.

[65]Marine Turchi, «Les jeux d’ombre du prestataire de Le Pen avec les néofascistes italiens», Mediapart, 6 noviembre 2014.

[66]Matteo Pascoletti, «La normalizzazione mediatica dell’estrema destra : dall’alt-right ai “sovranisti”», Valigia blu, 29 junio 2019 (https://www.valigiablu.it/normalizzazione-estrema-destra/).

[67]Dominique Vidal, «Introduction», en Id. (dir.), Les nationalistes à l’assaut de l’Europe, Paris, Demopolis, 2019, p. 13 ; Maddalena Gretel Cammelli, The legacy of fascism in the present: ‘third millennium fascists’ en Italy, Journal of Modern Italian Studies, N°23, 2018, p. 199.

[68]Enzo Traverso, «Spectre du fascisme», art. cit., p. 104-121.

[69]Wendy Brown,  ”Rien n’est jamais achevé”. Un entretien avec Wendy Brown sur la subjectivité néolibérale», Terrains/Théories, N°6, 2017, p. 4.

Publicado en Contretemps 09/05/2022

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