La pandemia de covid-19 ha tenido un impacto importante en los lugares de trabajo, pero los sindicatos apenas han logrado ofrecer respuestas en materia de salud y seguridad.

Desde que estalló la pandemia a comienzos de 2020, la transmisión del coronavirus en los lugares de trabajo ha sido objeto de una intensa atención. Dado el compromiso tradicional de los sindicatos con las normas de salud y seguridad en el trabajo, cabía esperar que los sindicatos se implicaran a fondo en la contención de la pandemia. Sin embargo, nuestro reciente estudio comparativo ‒centrado en Alemania, Luxemburgo y Francia‒ revela que los sindicatos han tenido crecientes dificultades para hacerlo en el curso de la pandemia. El reto era desarrollar posiciones políticas en materia de salud y seguridad en el trabajo (SST) que abordara al mismo tiempo la diversidad de situaciones y necesidades del personal armonizara su representación con consideraciones de salud pública.

Particularmente controvertido

En la época de los primeros confinamientos en 2020, las posiciones de los sindicatos eran relativamente claras: mientras que las empresas reclamaban en su mayoría la continuidad de la actividad, los sindicatos insistieron en el principio de cautela y exigieron la suspensión de la actividad de las empresas. Los gobiernos trataron de hallar una solución de compromiso.

Con las reaperturas iniciales, la situación de volvió más compleja debido a la heterogeneidad de los intereses en el seno de la fuerza de trabajo: variaciones que reflejaban el grado de vulnerabilidad, la edad, la situación económica, la naturaleza del trabajo y el grado de aislamiento de trabajadores y trabajadoras. Dos cuestiones fueron especialmente controvertidas: las estrategias de prueba diagnóstica y la vacunación obligatoria.

Las propias posiciones sindicales sobre los test en el puesto de trabajo eran divergentes. Muchos sindicatos franceses se oponían a los test obligatorios y a la implantación del pasaporte sanitario, en algunos casos incluso protestando en la calle. En cambio, los sindicatos en Alemania y Luxemburgo se mostraron de acuerdo, aunque en algunos casos a regañadientes, con la introducción de la norma de las 3Ggeimpft, genesen, getestet‒ y el pasaporte asociado, permitiendo que solo el personal vacunado, recuperado o con test negativo accediera al lugar de trabajo.

La reticencia sindical frente a los test obligatorios para el personal no vacunado puede explicarse por el hecho de que esta clase de medidas trasladan a la empresa la responsabilidad de controlar y sancionar a las personas recalcitrantes. De este modo, la patronal pasaba a ser la única instancia legítima en materia de salud y seguridad en el trabajo, en vez de implicar a representantes de la plantilla o establecer políticas en nombre de la salud pública.

Vacunación obligatoria

La vacunación obligatoria saltó a la palestra debido a un nivel de vacunación insuficiente en los tres países investigados. Así, Francia y Alemania decretaron que el personal sanitario debía vacunarse, cuestión que en Luxemburgo está siendo debatida. Pese a que desde el punto de vista de la salud pública la vacunación reduce los contagios y evita estados graves, los sindicatos han solido oponerse a la vacunación obligatoria en general.

De acuerdo con nuestro estudio, la reticencia sindical a adoptar una postura activamente favorable a la vacunación se debe principalmente a presiones de personas afiliadas no vacunadas y al miedo a perder miembros. No obstante, también puede deberse al hecho de que los sindicatos, que han visto a menudo que su representatividad ha sido puesta en duda por gobiernos y patronales, suelen concebir su función de representación como simple reflejo de las actitudes de sus miembros, más que como un mandato político creado por la democracia basada en el diálogo.

El escepticismo sindical con respecto a la obligatoriedad de las pruebas diagnósticas y la vacunación en el lugar de trabajo amenaza con poner en entredicho un principio clave de la SST: la obligación legal de las empresas de proteger al personal tan pronto como están disponibles los medios necesarios para ello. En efecto, si se considera que un miembro del personal es libre de optar por no protegerse frente a las posibles amenazas o incluso de exponerse conscientemente a ellas, la obligación de la empresa en materia de SST corre peligro de quedar anulada.

Evaluación de riesgos

La pandemia supuso un reto para los sindicatos en muchos aspectos y hasta ahora estos no han sido capaces de aprovecharla para imponer políticas más exigentes en materia de SST, sino que más bien han insistido en la utilidad y la importancia de las regulaciones europea y nacionales sobre las evaluaciones de riesgos. Es obligatorio llevar a cabo tales evaluaciones en los lugares de trabajo con el fin de minimizar los posibles riesgos para la salud física y mental del personal. Sin embargo, ya antes de que estallara la pandemia, el informe ESENER más reciente de la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo destacó la implementación desigual de las evaluaciones de riesgos entre los Estados miembros de la Unión Europea, distintos sectores y empresas de diversos tamaños. La pandemia ha mostrado que los riesgos que encierran muchos puestos de trabajo y numerosas tareas nunca se han evaluado debidamente.

Las y los representantes del personal ‒que en los tres países investigados suelen pertenecer a un sindicato‒ desempeñan una función importante en la implantación de medidas de SST en los centros de trabajo, en el seguimiento de las evaluaciones de riesgos y en la comprobación de si realmente se llevan a cabo. Sin embargo, ciertos cambios institucionales les han dificultado la tarea. En Francia, la abolición en 2017 de los comités de salud, seguridad y condiciones de trabajo redujo la influencia de las representantes del personal, socavando todavía más la cultura de prevención en los centros de trabajo. En Alemania, el número de comités de empresa y de trabajadores representados por ellos ha disminuido en los últimos años. A raíz de ello, el seguimiento en los centros de trabajo y la realizacián de evaluaciones de riesgos se han vuelto todavía más esporádicas.

Herramienta fundamental

En este contexto, los sindicatos deberían plantearse la necesidad de priorizar de nuevo la SST. Las evaluaciones de riesgos son una herramienta fundamental, en la medida en que se lleven a cabo regularmente e incluyan un amplio abanico de riesgos físicos y mentales potenciales. Puesto que la legislación necesaria ya existe, los sindicatos podrían ser agentes clave de la aplicación práctica de las normas correspondientes, pero hace falta que conviertan esta tarea en una prioridad estratégica para los próximos años. Si lo hacen, tanto los sindicatos como el personal trabajador resultarán beneficiados.

Sería una opción muy oportuna, teniendo en cuenta otro fenómeno importante que está cambiando el mundo del trabajo y resaltando la importancia de la SST: el cambio climático. Las olas de calor prolongadas y el estrés térmico, junto con los episodios meteorológicos extremos, confrontarán a muchos sectores de la economía con dificultades nunca vistas y con la pérdida de horas de trabajo. En las próximas décadas, estas condiciones requerirán estrategias sostenidas y coherentes para la anticipación y mitigación de riesgos si queremos garantizar unas condiciones de trabajo sanas y seguras.

Adrien Thomas, Nadja Dörflinger, Karel Yon y Michel Pletschette se dedican a la investigación en materias relacionadas con la seguridad y la salud en el trabajo.

28/04/2022

Social Europe

Traducción: viento sur

 

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