El 8 de septiembre de 2025, la policía nepalí abrió fuego contra manifestantes en Katmandú. Human Rights Watch documentó las cifras: 2.642 balas de fuego real, 1.884 balas de goma, 6.279 bombas de gas lacrimógeno. Entre los muertos había niños con uniforme escolar[1]. La violencia estatal provocó una explosión popular que en 48 horas quemó el parlamento, forzó la renuncia del primer ministro K.P. Sharma Oli y produjo un levantamiento coordinado a través de Discord por más de 160.000 jóvenes.
Lo que siguió no fue transformación sino contención tecnocrática. El 12 de septiembre, Sushila Karki —ex presidenta del Tribunal Supremo, 73 años— fue nombrada primera ministra interina. Como documentó Aarati Ray en The Kathmandu Post, su nombre emergió de una encuesta informal en Discord con 7.713 votos, legitimada posteriormente mediante negociaciones con el presidente y el jefe del ejército[2].
Dos meses después, el gobierno de Karki ha apropiado la legitimidad anticorrupción mientras mantiene continuidad con el FMI, evita toda rendición de cuentas por la violencia estatal y reproduce las exclusiones tradicionales de casta, etnia y clase. Como argumentó Sankha Subhra Biswas en Viento Sur, las protestas en Nepal son el resultado de un proceso revolucionario sistemáticamente neutralizado[3]. Este artículo examina los mecanismos de esa neutralización.
Continuidad económica bajo gestión tecnocrática
El gobierno interino no rompió con el marco económico que generó la crisis. El 1 de octubre de 2025, completó la sexta revisión del programa de Facilidad de Crédito Ampliado del FMI, desembolsando 43,05 millones de dólares con elogios del Fondo por el desempeño "satisfactorio". El ministro de Finanzas Rameshwar Prasad Khanal anunció la congelación de 120.000 millones de rupias (855 millones de euros) en proyectos, utilizando el encuadre clásico de austeridad como eficiencia.
La estructura económica de Nepal —donde las remesas constituyen el 33 por ciento del PIB con 5 millones de trabajadores en el extranjero— permanece intacta[4]. Como documenta el periodista Roman Gautam en Nueva Sociedad, desde 2008 Nepal ha tenido 13 gobiernos con tres partidos rotando en el poder; a pesar de sus nombres, hay poco de comunista en su ideología[5]. El gobierno Karki representa continuidad con este patrón: gestión tecnocrática del mismo modelo económico que produjo desempleo juvenil del 20,8 por ciento y emigración masiva.
Las exclusiones del levantamiento
Comprender quién protestó y quién no revela los límites del levantamiento y las oportunidades que la élite aprovechó para contenerlo.
La organización digital a través de Discord, Instagram y VPN creó barreras de clase. Requería acceso a teléfono inteligente, conectividad confiable, alfabetización tecnológica y competencia en nepalí o inglés. Esto excluyó a poblaciones rurales (60 por ciento del país), jóvenes urbanos de clase trabajadora sin dispositivos, trabajadores del sector informal, mujeres enfrentando brechas de acceso digital y hablantes de lenguas indígenas. El carácter horizontal y sin líderes del levantamiento -celebrado como radicalmente democrático- reprodujo desigualdades favoreciendo a quienes tenían educación y competencia tecnológica.
La cuestión de casta revela contradicciones más profundas. En The Kathmandu Post, el activista Mitra Pariyar preguntó: "¿Ha escuchado alguien a algún activista de la Generación Z hablar alguna vez sobre la difícil situación persistente de los dalits?"[6] Los dalits -el 13,6 por ciento de la población- ocupan apenas el 5,6 por ciento de escaños parlamentarios y el 2,4 por ciento de posiciones burocráticas. Pariyar argumentó que el enfoque en corrupción y nepotismo oscureció cómo la jerarquía de casta estructura el acceso al poder. El discurso "anticorrupción" trata la corrupción como fallo moral individual en lugar de examinar cómo las redes de casta -alianzas matrimoniales, acceso educativo, herencia de propiedad, estatus ritual- estructuran intercambios corruptos. El "buen gobierno" no puede abordar esto.
La humillación del activista dalit Khagendra Sunar confirmó la exclusión continua. Nominado ministro de Trabajo el 27 de octubre, fue retirado horas después tras revelarse casos legales pendientes, casos nunca mencionados para nominados de casta superior. Ninguna organización dalit importante se animó a dar declaraciones.
Los movimientos de las nacionalidades e indígenas respondieron defensivamente. La Federación de Nacionalidades Indígenas de Nepal (NEFIN), representando 59 nacionalidades que constituyen del 35 al 50 por ciento de la población, guardó silencio. Los partidos de las minorias nacionales iniciaron esfuerzos de unificación en octubre no para avanzar nuevas demandas sino porque algunos grupos de la Generación Z abogaban por "reconsiderar el federalismo", amenazando ganancias constitucionales de 2015. Las principales organizaciones feministas tampoco emitieron declaraciones sobre Karki primera ministra femenina pero figura de élite de casta superior seleccionada mediante negociaciones militares, no representante de movimientos.
Este patrón revela fragmentación defensiva. Cada movimiento basado en identidad protege ganancias específicas: cuotas dalits, federalismo basado en unidades etnonacionales, reconocimiento indígena, representación de mujeres. Hay poca solidaridad entre movimientos alrededor de demandas comunes. Esta fragmentación facilitó la contención tecnocrática.
La impunidad como diseño institucional
No hay señal de rendición de cuentas: la violencia policial resultó en al menos 19 muertes, ningún oficial ha sido acusado, mientras 423 manifestantes fueron arrestados. Evidencia forense muestra 34 muertes por heridas de bala en cabeza, cuello, pecho y abdomen. Testigos describieron a la policía disparando indiscriminadamente durante más de tres horas. Casi todas las víctimas fueron alcanzadas por encima de la cintura, indicando apuntamiento letal. Shreeyam Chaulagain, de diecisiete años, recibió un disparo en la cabeza mientras se alejaba aplaudiendo.
Los poderosos en Nepal saben cómo manejar “incidentes embarazosos” como este. Se han establecido comisiones oficiales de investigación después de cada gran represión: la Comisión Malik de 1990 investigando las protestas prodemocráticas, la Comisión Rayamajhi de 2006 examinando asesinatos en las protestas Jana Andolan II, la Comisión Lal de 2015 revisando muertes de activistas madhesis (minoria ethnica). Ninguna publicó hallazgos. Ningún oficial enfrentó procesamiento. Este patrón no es fallo burocrático sino diseño institucional. Las comisiones sirven para absorber indignación prometiendo investigación, crear impresión de rendición de cuentas sin entregarla y permitir que pase el tiempo hasta que la atención pública cambie.
La comisión establecida el 21 de septiembre bajo el ex juez Gauri Bahadur Karki replica el guión. A mediados de octubre declaró haber recibido "aproximadamente 12" quejas principalmente de policías documentando daños que sufrieron. Las quejas contra Oli y el ministro del Interior fueron devueltas a la policía, declarando que las investigaciones criminales caen bajo jurisdicción policial[7].
Las elecciones de marzo de 2026 mientras los asesinos permanecen sin procesar deslegitiman el proceso democrático. La impunidad refleja la composición de casta/clase de la policía: cuerpo de oficiales de casta superior dando órdenes, comunidades marginalizadas pagando con vidas. Hasta que el sector de seguridad enfrente rendición de cuentas, ningún movimiento está seguro.
La crisis organizativa de la izquierda
La fusión del 5 de noviembre de 2025 de diez partidos de izquierda en un nuevo Partido Comunista de Nepal representa consolidación defensiva, no renovación. La fusión unió al PCN-Centro Maoísta (Pushpa Kamal Dahal "Prachanda") y PCN-Socialista Unificado (Madhav Kumar Nepal) bajo la bandera de "marxismo-leninismo". Prachanda (66 años) y Madhav Kumar Nepal (ex PM, 72 años) se convirtieron en Coordinador y Co-coordinador, precisamente las figuras que la Generación Z rechazó.
Como argumenta Alex de Jong en Viento Sur, "parte de la tragedia de Nepal es que el movimiento maoísta de Prachanda surgió como una insurgencia revolucionaria" que prometía transformación fundamental, solo para integrarse en las estructuras que alguna vez combatió[8]. La incorporación de 2006 desmanteló la infraestructura de movilización autónoma: el Ejército de Liberación Popular se integró o desmovilizó, cuadros militantes se canalizaron en campaña electoral, organizaciones de base se debilitaron mientras líderes se enfocaban en posiciones gubernamentales.
El aparato partidario trabajó a través del estado para dividir movimientos sociales: federaciones de trabajadores controladas mediante nombramientos partidarios, organizaciones de mujeres cooptadas a través de financiamiento de ONG, sindicatos campesinos integrados en estructuras partidarias. Como argumenta Biswas en Sin Permiso, desde 2008 Nepal ha experimentado más de una docena de cambios de gobierno liderados por la izquierda, ninguno resultó en desarrollo ni avances democráticos[9].
Este control partidario sobre los sindicatos explica la ausencia en septiembre, de la clase trabajadora organizada. A pesar de devastación económica y austeridad, no ocurrieron huelgas importantes. La Federación General de Sindicatos de Nepal (GEFONT) lanzó campañas de diálogo, no movilización. El levantamiento fue liderado por estudiantes a través de redes sociales, no organizado por trabajadores, evidencia de que el sindicalismo subordinado a partidos falló en canalizar agravios económicos en lucha de clases.
Esta trayectoria -de promesa transformadora a cooptación institucional- ofrece espejo para la izquierda latinoamericana. Bolivia: el MAS desde movimiento social a clientelismo. Ecuador: Alianza PAIS desde Revolución Ciudadana a corrupción. El patrón común: movimientos accediendo a poder estatal, priorizando gobernanza sobre transformación, juventud eventualmente rechazándolos. La integración institucional —no la derrota militar— es el mecanismo principal de neutralización.
Conclusión: ¿qué requeriría transformación?
El levantamiento de septiembre demostró que la movilización horizontal espontánea puede derrocar gobiernos en 48 horas. Pero los primeros dos meses bajo Karki han producido estabilización sin transformación: continuidad con el FMI, impunidad del sector de seguridad, exclusiones tradicionales reproducidas.
Las debilidades organizativas son estructurales. La infraestructura de formación política fue desmantelada tras la incorporación maoísta de 2006. El capitalismo de remesas crea opciones de salida individual en lugar de organización colectiva. La movilización digital reproduce barreras de clase. El control partidario previene organización autónoma de base. Los movimientos basados en identidad protegen ganancias particulares sin construir solidaridad común.
Revertir esto requeriría: infraestructura organizativa más allá de herramientas de crisis, espacios físicos, mecanismos democráticos, instituciones puente entre estudiantes urbanos y campesinos rurales; un programa interseccional que conecte casta, género, etnia y clase como estructuras intersecantes en lugar de vías paralelas; y organización rural que vincule luchas campesinas a energía juvenil urbana.
La transformación está diferida, no derrotada. La economía política de Nepal -dependiente de remesas, constreñida por el FMI, estructurada por casta- continúa produciendo crisis. Mientras los asesinos permanezcan sin procesar y comunidades marginalizadas enfrenten exclusión estructural, las calles volverán a hablar.
Nepal muestra qué sucede cuando movimientos acceden a estructuras estatales sin transformarlas: son cooptados, desradicalizados, convertidos en gestores del sistema que prometían cambiar. La pregunta estratégica es: ¿qué formas organizativas, qué prácticas de formación política, qué vínculos entre luchas urbanas y rurales podrían resistir la integración institucional? Cuando el próximo levantamiento ocurra, la respuesta a esa pregunta determinará si la energía popular se transforma en poder popular o se disipa nuevamente en administración del statu quo.
Mark Johnson
Notas
[1] Human Rights Watch, "Nepal: Unlawful Use of Force During Gen Z Protest", 19 noviembre 2025. Portavoz: Meenakshi Ganguly.
[2] Aarati Ray, "How Nepal's enraged Gen Z turned Discord into a political arena", The Kathmandu Post, 29 septiembre 2025. https://kathmandupost.com/politics/2025/09/29/how-nepal-s-enraged-gen-z-turned-discord-into-a-political-arena
[3] Sankha Subhra Biswas, "Las protestas en Nepal son el resultado de una revolución bloqueada", Viento Sur, 15 septiembre 2025. https://vientosur.info/las-protestas-en-nepal-son-el-resultado-de-una-revolucion-bloqueada/
[4] Atul Chandra y Pramesh Pokharel, "Nepal. El levantamiento de la Generación Z tiene que ver con el empleo, la dignidad y un modelo de desarrollo roto", Resumen Latinoamericano, 10 septiembre 2025. https://www.resumenlatinoamericano.org/2025/09/10/nepal-el-levantamiento-de-la-generacion-z-tiene-que-ver-con-el-empleo-la-dignidad-y-un-modelo-de-desarrollo-roto
[5] Roman Gautam, "Causas y consecuencias de la 'revolución' nepalí", Nueva Sociedad, 2025. https://nuso.org/articulo/nepal-revuelta-protestas-oli-comunismo-clase-politica-establishment-/
[6] Mitra Pariyar, "Gen Z movement and the Dalit cause", The Kathmandu Post, 10 noviembre 2025. https://kathmandupost.com/columns/2025/11/10/gen-z-movement-and-the-dalit-cause
[7] The Kathmandu Post, "Inquiry commission plans interrogation gradually from junior police to then Prime Minister", 13 octubre 2025.
[8] Alex de Jong, "Las protestas en Nepal tienen raíces más profundas", Viento Sur, septiembre 2025. https://vientosur.info/las-protestas-en-nepal-tienen-raices-mas-profundas/
[9] Sankha Subhra Biswas, "Nepal: el agotamiento de un proceso democrático revolucionario", Sin Permiso, 2025. https://www.sinpermiso.info/textos/nepal-el-agotamiento-de-un-proceso-democratico-revolucionario

