Chato: un gigante derribado por el coronavirus

Durante tres meses, casi todas las noches sonaba música flamenca desde la sala conocida como la pequeña biblioteca. Chato se había instalado allí, y por la noche estudiaba en el IIRE en el Willemsparkweg en Amsterdam. Parecía un gigante, no tanto por su estatura sino por su abrumadora cordialidad, su amplia sonrisa, sus fuertes brazos con los que te presionaba contra él. A veces yo tenía problemas con su español de Madrid, pero Chato se convirtió en mi amigo, se […]

(Visited 109 times, 1 visits today)
Ir al contenido