El Espíritu de Embajadores (Libros Indie, 2021), la primera novela de Nacho Blanes, cuestiona la historia oficial y denuncia la “obligación de olvidar”

Francisco Fernández: ¿Cómo te atreves? Quiero decir que cómo se atreve alguien de tu edad a escribir una novela tesis como esta.

Nacho Blanes: Independientemente de que siempre me haya atraído la historia (de hecho, tengo publicado un libro sobre las Brigadas Internacionales y he hecho un par de documentales sobre el mismo tema y sobre la Transición), en mi caso veo el periodo sobre la Transición como algo tremendamente actual. De lo que se hizo (para bien y para mal) en aquel periodo tenemos consecuencias en la actualidad.

Por lo tanto, visto desde esta perspectiva, estoy tocando un tema que me atañe por completo. Aunque parte de la trama se desarrolla hace 40 años, otra se desarrolla durante el 15M. Pero el tema fundamental de la novela no es la Transición, sino el relato que gente como yo, nacidos con Franco ya muerto, hemos interiorizado, se nos inoculó la idea de que lo que se hizo en aquel periodo fue idílico. Sin embargo, a poco que escarbas un poco, te das cuenta de que no fue así: nos hablan de una Transición pacífica cuando hubo, desde la muerte de Franco hasta la llegada del PSOE al poder, más de 200 muertos por causas políticas solamente en la izquierda (según los datos más conservadores); nos hablan de la idílica Transición cuando había miles de personas en la calle gritando en contra de los pactos de la Moncloa, de la represión que estaba habiendo en las calles; nos hablan del consenso de aquellos años cuando hubo partidos que no se legalizaron en las primeras elecciones…; nos hablan de una salida pacífica del franquismo cuando se oía día sí y día también la posibilidad de un golpe de estado tan cruento como lo fue el del 36.

Los que nacimos tras morir Franco crecimos con el relato de una transición idílica, pero hubo más de doscientos muertos

Dicho esto, creo que para la gente de mi generación y posteriores, es una novela muy necesaria por dos motivos: el primero de ellos es desvelar, a la gente que todavía cree en el discurso de la idílica Transición, que aquello no fue lo que nos vendieron. El segundo motivo tiene que ver con la discrepancia entre lo que realmente pasó y lo que nos vendieron: idílica viene de idilio, relación entre enamorados, consenso significa acuerdo entre todas las partes… ¿de verdad es lo que pasó? Las palabras no se escogen al azar y estamos viendo que hubo una tergiversación de este periodo histórico. Ahora bien, la gente crítica con la Transición (la gente de izquierdas, para entendernos) piensa que el relato no es cierto e incluso puede desarrollar un discurso para explicar qué pasó realmente durante esos años. Pero le falta resumirlo en una palabra o frase. Digamos que tienen el significado, pero les falta el significante. Eso es el Espíritu de Embajadores, la némesis del discurso idealizado y edulcorado de la Transición y que engloba lo que supusieron esos pactos que excluyeron a tanta gente y que arrastran hasta hoy en día corrupción institucionalizada, rechazo (cuando no odio) hacía lo alternativo, corporativismo, cooptación de unas generaciones hacia las siguientes que deja fuera de lugar a millones de personas… Yendo al grano, la corrupción del PP, PSOE y demás partidos del régimen es Espíritu de Embajadores, porque es la misma corrupción institucionalizada del franquismo, subir la luz a los extremos que estamos viviendo es Espíritu de Embajadores porque en los pactos de la Moncloa hubo un acuerdo de crear un IPC alternativo para no subir los bienes básicos más del IPC, es decir, los mismos pactos que nos vendieron como la solución a todos nuestros males se dejaron en el cajón del olvido…, los pactos que no beneficiaban al poder, claro está. Todos estos ejemplos se pueden ver en el libro.

F.F.: Yolanda, Andrea, las protagonistas, son personas de la edad de tus padres ¿Cómo actuaron ellos en esa época? ¿La novela debe mucho a su relato o es otro el relato cuestionado?

N.B.: Mis padres fueron un matrimonio que rechazaba el franquismo pero que no estaba imbricado en ningún movimiento político, por lo que, considerándose de izquierdas, fueron unas personas que, como la gran mayoría de la población española, se creyeron ese discurso motivador que hacía intuir que lo que iba a venir era maravilloso pero que desembocó en un desencanto generacional. Su opinión sobre aquellos años se puede resumir en la frase “Estábamos muy ilusionados porque salíamos del franquismo y pensábamos que lo que venía sería magnífico”. Pero si indagas un poco más y preguntas por las muertes en la izquierda que se producían casi a diario (Yolanda González, Arturo Pajuelo, etc.) su respuesta es que no se enteraban porque los medios de comunicación no informaban. Lo que deja ver no solo una clara manipulación hacia la población de este país, sino un panorama bastante penoso y alejado de esa idílica Transición. ¿Idílica para quién? Sería la pregunta.

Por lo tanto, a la pregunta de si es un retrato fiel de su relato, la respuesta es no, pero sí fue una fuente de inspiración para crearla, sin duda. Andrea es una persona que se dedica a vivir su vida a finales de los 70 cuando se ve envuelta en una situación que le hace ver lo que realmente estaba pasando en España, lejos del mensaje que se le daba a la población. Y ante eso se ve impotente aunque se deja la vida en intentar cambiarlo. Por su parte, Yolanda es hija del 15M, de la ilusión que supuso la irrupción de este movimiento pero también de los límites que tenía. Por su parte, también conoce las cloacas del Estado en la actualidad y la línea que une el antiguo régimen con el moderno.

F.F.: ¿Cuáles son tus fuentes de conocimiento, personal y literario, de la transición?

N.B.: Para la creación de esta novela han sido varias las fuentes que he utilizado. Para empezar, una amplia bibliografía de autores reconocidos, en su mayoría críticos contra el periodo del que estamos hablando, aunque no todos, claro está. Después he utilizado tanto fuentes oficiales como prensa de la época, de donde he sacado, entre otras cosas, algunos de los discursos históricos que se incluyen en la novela (Carrillo cuando acepta la monarquía, González cuando rechaza el marxismo, Suárez y la legalización del PCE, Juan de Borbón al abdicar la corona en su hijo…), todos estos discursos están justificados en la novela, pero también tienen una motivación estilística. Mi objetivo es que todo aquel que lea la novela entienda que lo que hay en ella tiene poca discusión, es un trabajo tremendamente objetivo, expone los principales hechos de la Transición a la vez que experiencias reales de personas que lucharon contra el franquismo. Dichas experiencias las he sacado tanto de libros autobiográficos como de entrevistas que realicé en su día.

F.F.:¿Puedes ponerte en la piel de la gente que tenía entre veinte y treinta años en 1975?

N.B.: Yo nací en 1977, por lo que evidentemente solo puedo ponerme en el sitio de alguien que vivió en esa época de forma artística. Lo que sí puedo es, de forma sistemática, recoger datos y experiencias, ordenarlas cronológicamente y exponerlas de forma estética. ¿En qué se diferencia eso de una experiencia real?

F.F.: ¿Literatura o tesis política? ¿De qué hay más en la novela?

N.B.: Literatura, además fundamentada, aunque es evidente que rezuma política por todos lados. Deja que me ponga un poco pedante. El incluir fragmentos de discursos reales palabra por palabra o datos que se pueden encontrar en libros o en internet no obedece a un capricho o a una falta de recursos literarios. En la novela intento seguir la línea artística que implementó Bertolt Brecht y siguió Peter Weiss con su teatro - documento. Brecht utilizaba ciertos recursos para llevar a cabo la técnica del extrañamiento, que sacaba al espectador (en este caso lector) del ensimismamiento y de la identificación con el personaje para que, en una perspectiva desde fuera del relato pudiera entender mejor lo que pasó en esos años independientemente de la historia creada en la novela y trazar líneas con su presente. Por su parte, Peter Weiss empleaba una acumulación de datos y los exponía en sus obras con la intención de que el lector entendiese que los procesos políticos se repiten en diferentes épocas. Todo esto aderezado con un elemento dialéctico, que también intento reflejar en la novela: por ejemplo, cuando Andrea duda de si su hermano realmente cometió el asesinato. Digamos que la protagonista sufre ese conflicto entre lo que la razón le manda y lo que el contexto histórico le ordena.

He intentado que el lector de la novela entienda que los procesos políticos se repiten cíclicamente, salpicados por las peculiaridades de la época que nos toca vivir. ¿O es que no son más que evidentes las similitudes en lo que respecta a la política institucional entre lo que pasó en la Transición y lo vivido en los últimos años?

He intentado, por tanto, que el lector de la novela entienda que los procesos políticos se repiten cíclicamente salpicados por las peculiaridades de la época que nos toca vivir. ¿O es que no son más que evidentes las similitudes en lo que respecta a la política institucional entre lo que pasó en la Transición y lo vivido en los últimos años?

F.F.: ¿La novela es un cuestionamiento generacional o político de la gente que soportó la dictadura y de la que hizo la transición?

N.B.: La novela es, ante todo, un homenaje a todos los que lucharon contra el franquismo, pero sobre todo a los que se dejaron la vida haciendo algo democrático como ir a una manifestación. Había que ser muy valiente para salir a la calle cuando había una posibilidad real de que te pegasen un tiro.

En ella se incluyen diez casos de militantes de izquierdas asesinados durante la Transición, de los más icónicos, entre ellos Yolanda González, Arturo Pajuelo, Manuel España Vivas, Gladys del Estal…, es importante que se conozca (o se recuerde) a estas personas, ya que sin estas terribles pérdidas seguramente se hubiera llegado a una democracia más deficitaria. Cada caso de los que hablo se ha llevado a cabo siguiendo una técnica estilística diferente que si el lector desentraña podrá intuir ecos de autores como Poe.

Nunca criticaré a quien se quedó en su casa, yo mismo no tengo madera de héroe, así que supongo que también me hubiera quedado en mi casa. Ahora bien, este país tiene una deuda con los que salieron a la calle a luchar por una democracia que poco les ha agradecido cuarenta años después.

Por otra parte, como he dicho antes, poco me interesan las discusiones sobre si este lo hizo bien o mal o si se pudo hacer mejor o peor. Por supuesto que tengo mi opinión al respecto, pero me interesa más lo que me toca de forma directa, que es el relato de la Transición como he dicho antes. Porque además creo que políticamente es el nudo gordiano que debemos desatar, ya que es lo que repercute directamente en nuestras vidas hoy en día. Al morir el dictador no se cambió la estructura del estado, no hubo una depuración, ni en el organigrama estatal ni por supuesto en la estructura económica, siguieron mandando los mismos. Sus valores siguieron siendo los mismos y qué duda cabe que hoy en día las condiciones materiales para que reluzca un neofranquismo son más que apropiadas y son los hijos de los que mandaban los que siguen mandando. Esto es lo que hay que discutir e intentar cambiar.

F.F.: ¿Crees que la novela puede tener algo de revelación para tu generación a día de hoy?

N.B.: Como he dicho antes, no solo para mi generación, también para las generaciones posteriores porque es necesario romper con el discurso que nos han legado. Porque además fíjate en una cosa, para aquel que se crea el discurso de la Transición, lo que se hizo allí fue perfecto. Entonces… ¿cómo vamos a mejorar las generaciones posteriores lo que es insuperable? La frustración de querer cambiar lo que en teoría fue perfecto pero que la realidad te demuestra que tuvo muchas imperfecciones es brutal. A todo esto se le tiene que sumar la veneración hacia el consenso que se tiene desde esa época (aunque como hemos visto esa idea es una falacia). Ante cualquier propuesta de cambio (y esto lo hemos vivido recientemente) te sacan el espíritu del consenso de la Transición, lo que conlleva que poner de acuerdo a un parlamento tan dispar como el que tenemos es imposible… ¡Pero es que además fue mentira lo del consenso de la Transición! Es lo que yo llamo la losa de la Transición. Y ya se sabe que una losa suele estar encima de una tumba, por lo que nos encontramos, hoy en día, con un país muerto, sin futuro.

F.F.: ¿Qué crees que queda hoy de la época que reconstruyes en la novela?

N.B.: No considero, y esto quiero que quede claro, que nos encontremos ante una novela pesimista y tampoco creo que esos años fueran terribles de vivir y se tienen que relegar al olvido. Por supuesto que fue una época alegre y con esperanza. Y eso se intenta reflejar en la novela. Además, la memoria es traicionera y solo recuerda lo bueno, jejeje.

Quien haya vivido aquella época va a tener muchos recuerdos al leer el libro, ya que está salpicada de momentos de la Transición, desde programas de televisión como La Clave o el 1, 2, 3 a periódicos de la época, si se conoce Madrid va a rememorar nombres de calles que hoy en día no existen o elementos arquitectónicos desaparecidos como el scalextric de Atocha… Además, todo está salpicado de música, de buena música de los 70 y principios de los 80: Queen, Rosendo, Sabina, Jarcha, Led Zeppelin…, todo aquel que le guste la música de esa época va a estar tarareando de principio a fin. Se puede decir que en el libro utilizo la técnica de la película Forrest Gump, sitúo la historia en una época y sus condicionantes culturales e históricos para contarte un relato ficticio.

F.F.: Hagamos un poco de distopía a la inversa ¿Qué piensas que hubiera hecho tu generación de haber vivido aquello?

N.B.: Mucha gente de finales de los 70 estaba políticamente muy formada y tenía la capacidad y las ganas o la necesidad de salir a la calle, jugándose incluso la vida, como he dicho antes. Sin embargo, los de mi generación no tenemos por regla general esa actitud. ¿Qué hubiéramos hecho nosotros durante esos años? Aunque la pregunta sea un poco tramposa, si a lo que te refieres es a qué hubiéramos hecho nosotros si nos trasladan a esos años… probablemente menos de lo que se hizo. Ahora bien, creo que las generaciones son hijas de los momentos sociales que viven y de las fuerzas históricas que se dan en ese momento, por lo que si mi generación hubiera nacido en los años anteriores a la Transición y hubiera tenido que vivirla… hubiera hecho más o menos lo mismo. Recordemos que tampoco hubo una figura política que cambiase la historia influenciando a las masas, por mucho que nos quieran vender a Carrillo o Suárez como adalides de las libertades y la democracia.

F.F.: ¿Qué crees que va a hacer ahora tu generación?

N.B.: Mi generación es hija del postmodernismo que destrozó ideas como el bien común, la clase obrera, la revolución…, estamos anclados en un desconcierto tremendo, se nos han inculcado valores que potencian un individualismo feroz y vivimos bajo la ley de la selva donde ya se sabe que sobrevive el más fuerte… y los más fuertes han sido los mismos desde hace siglos.

Sin un movimiento fuerte desde la base con valores solidarios y revolucionarios que deslegitime este sistema depredador de almas y de recursos estamos abocados a la catástrofe, es lo que pienso. De vez en cuando aparece una chispa, una oportunidad de cambio, como pasó hace unos años. Lamentablemente quedó en lo que quedó, pero tengo esperanza de que esas oportunidades históricas se repitan periódicamente… y que alguna vez puedan triunfar.

F.F.: La consecuencia del tiempo que describes es la Constitución. ¿Hay que cambiarla? ¿Es posible hacerlo? ¿Cómo? ¿Desde qué planteamientos?

N.B.: Si pensamos que el problema es la Constitución creo que cometemos un error de base, la Constitución tiene artículos importantes que si se cumplieran mejorarían la vida de la gente de forma considerable. El problema es el sistema en el que vivimos, un sistema depredador con el medio ambiente, con las personas, con las relaciones afectivas… un sistema que produce monstruos, esclavos, egoísmo… sin duda alguna necesitamos un cambio de sistema que modifique no solamente las relaciones económicas, sino también los valores por los que nos regimos en la actualidad.

De todas formas, ¿alguien duda de que, si se cambiase la Constitución hoy en día, con la extrema derecha en las instituciones, reforzada por la derecha tradicional y los medios de comunicación, el resultado no sería más conservador?

F.F.: Por último, ¿algún fragmento del libro que sea especial para ti?

N.B.: Hay un fragmento que resume lo que quiero decir con esta novela:

“Quizá en eso consistió la Transición, en olvidar las vergüenzas de nuestro pasado reciente aun a costa del sufrimiento de gran parte de la población. Igual a eso se refería Xavier Arzalluz cuando dijo en el Parlamento:

‘Es simplemente un olvido. Una amnistía de todos para todos. Un olvido de todos para todos. Una ley puede establecer el olvido, pero ese olvido ha de bajar a toda la sociedad. Hemos de procurar que esta concepción del olvido se vaya generalizando. Porque es la única manera de poder darnos la mano sin rencor’.

Pero no nos dijeron que esto suponía renunciar a desenterrar a nuestros muertos, a igualar a los asesinos con los asesinados, a dejar intactos los privilegios de la dictadura, a no denunciar nada sobre las torturas cometidas y sobre el robo de miles de bebés, a que tanto tiempo después seguiría vigente el ducado de Franco... y por supuesto no nos dijeron que esto incluía un pacto del silencio para las siguientes generaciones, que no podríamos decir nada al respecto.

Yolanda no tiene dudas, que no cuenten con ella para ese pacto de la vergüenza”.

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