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Público.es | Muerte en un instituto de Barcelona
¡Nunca más!
20/04/2015 | Rosa Cañadell

[Un profesor ha resultado muerto y cuatro personas heridas cuando un alumno de trece años ha entrado en el aula armado con una ballesta y un cuchillo. El chico cursaba segundo de ESO en el instituto Joan Fuster situado en el barrio de Sant Andreu de Barcelona.]

Consternada aún ante la noticia de un profesor muerto y cuatro heridos en un Instituto de Barcelona, me gustaría compartir mis reflexiones en un momento en que, seguro, saldrán muchas voces exigiendo más "mano dura", más "autoridad" y más represión en nuestros centros educativos.

Después de muchos años dedicados a la docencia, nunca había asistido a un drama como el de hoy, y creo vale la pena reflexionar porqué, a pesar de todos los males que se achacan a nuestro sistema educativo, habíamos conseguido tener a salvo de este tipo de episodios nuestras escuelas e institutos, en contraposición a otros países con sistemas educativos que ahora nos da por querer imitar, en donde no son una novedad.

Mi primer pensamiento es de solidaridad con las familias del profesor muerto y de las personas heridas. Y un apoyo incondicional a todo el profesorado que, como el compañero, trabaja en condiciones precarias y con pocos recursos para poder hacer frente a toda la problemática social que, evidentemente, tiene un reflejo dentro de la escuela. Y también, solidaridad con la familia del agresor y a todas las familias que tienen un hijo o hija con graves problemáticas y que no encuentran tampoco el apoyo médico-psiquiátrico para poder hacerle frente.

Estamos en un momento muy complicado en el que la mal llamada "crisis" nos ha traído un aumento de conflictividad social, de paro y pobreza, de familias sin casa y de una disminución brutal de recursos para sostener nuestra sanidad, nuestros servicios sociales y nuestra educación. Y todo ello, inevitablemente, tiene un reflejo en nuestros centros educativos. Las distintas situaciones familiares, a veces dramáticas, tienen como consecuencia un aumento del malestar de nuestros niños/as y jóvenes. La falta de recursos en las escuelas e institutos públicos hacen muy difícil poder dar respuesta a este malestar.

Ya sé que hay situaciones que son del todo imprevisibles y que no todo se puede prever y evitar, pero también es verdad que hay condiciones objetivas que ayudan muchísimo a que acontecimientos dramáticos como el de hoy no lleguen nunca a suceder.

Desde muchos ámbitos de la comunidad educativa, hace ya mucho tiempo que se está alertando de la situación de abandono de la educación pública de este país. Abandono que pasa por la disminución drástica de recursos, sobre todo para el alumnado con más problemas, sean económicos, sociales o personales. El aumento del número de alumnos en las aulas, la concentración del alumnado con más dificultades en un tipo de centro (debido principalmente a la doble red educativa), hacen mucho más difícil detectar el alumnado que está en peligro y puede poner en peligro a mucha más gente. Cuando una profesora o profesor detecta este tipo de problemáticas (y normalmente las detecta) se encuentra cada vez más solo y aislado frente al alumno o alumna, sin saber dónde acudir ni a quién derivar al alumno en cuestión, ni dentro ni fuera del centro.

En las escuelas y, sobre todo, en los Institutos públicos, el profesorado está cada vez más agobiado por el aumento de horas, de alumnos, de burocracia y de normativas cambiantes año tras años, y todo ello repercute directamente en la dificultad de encontrar tiempo y espacio para poder compartir las problemáticas del alumnado y las dificultades en las aulas. Los recortes tienen como consecuencia que cada vez hay menos espacios de reflexión conjunta del profesorado sobre la marcha del alumnado, menos reuniones de equipos docentes, menos contactos con asistentes sociales, educadores, psicólogos, redes de salud mental, etc. Todo ello no ayuda nada a poder solucionar las situaciones graves y aumenta la posibilidad de deterioro, que puede acabar con desgracias como la que hoy lamentamos. Muchas de estas cosas habíamos conquistado, pero la crisis nos las ha arrebatado, justamente cuando más necesarias son.

La situación de precariedad del profesorado substituto y la falta de apoyo para el profesorado que llega a un centro de nuevo, pueden agravar aún más este tipo de situaciones.

Detectar a tiempo una problemática importante en el aula, poder compartirla con el resto del profesorado, poder compartir y orientar a la familia, tener apoyo interno y externo, no son cuestiones baladís en momentos de mayor malestar social como el que vivimos. A veces, son los propios progenitores los que se encuentran indefensos frente a un adolescente agresivo con problemas de personalidad. No es casualidad el aumento de denuncias de padres y madres por acoso físico y psicológico de sus hijos e hijas. Y, junto a ello, una disminución drástica de recursos de atención psiquiátrica y centros especializados.

Habría que preguntarse, ¿de dónde sacó un chaval de 13 años una arma mortífera como la que ha utilizado, más una pistola que dicen que llevaba? ¿Nadie sabía que tenía armas? Los compañeros aseguran que había amenazado con agredir al personal del instituto, ¿nadie más lo sabía? Yo estoy segura que no es desidia, sino una falta absoluta de recursos y asesoramiento para enfrentar el problema.

En otro orden de cosas, también deberíamos reflexionar sobre nuestros currículos, cada vez más pragmáticos y con menos espacio para la reflexión colectiva del propio alumnado y con menos posibilidad de socializar sus problemas personales. La educación por la paz, la educación emocional, el aprendizaje de resolución de conflictos sin violencia, la educación sexual, la violencia de género, el bulling, la educación en valores, la reflexión sobre la situación social y familiar que están viviendo... y tantas otras cuestiones que se han eliminado de los currículums actuales, hacen más difícil también poder detectar y ayudar a resolver muchos de los conflictos que sufren nuestros jóvenes.

Es te tipo de reflexiones creo que son las únicas válidas que nos pueden ayudar a superar acontecimientos terribles como el que hemos vivido hay toda la comunidad educativa y que pueden hacer posible que nunca más se repitan. La primera y la última, ninguna muerte más!!

20/04/2015

Rosa Cañadell es psicóloga y profesora. Ex-portavoz de USTEC-STEs



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