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Irán
Un acuerdo en una situación de alta tensión
12/04/2015 | Babak Kia

Tras 12 años de crisis y tensiones sobre el programa nuclear de la República Islámica de Irán, los Estados Unidos y las grandes potencias han firmado un acuerdo tan histórico como previsible con la "molarquía".

El acuerdo de Lausana deberá ser confirmado de aquí al próximo 30 de junio en el marco de las negociaciones sobre los anexos técnicos. Es histórico en el sentido de que habrán sido necesarios más de 36 años para que la Administración estadounidense intente integrar a la República Islámica de Irán en su dispositivo.

Condenados a entenderse...

Desde la revolución de 1979, el imperialismo estadounidense se ha dedicado a aislar al régimen teocrático de Teherán, lo que ha beneficiado a la teocracia saudí y a las monarquías del Golfo. Contrariamente a lo que cierta izquierda ha vehiculizado durante todos estos años, la República Islámica de Irán nunca ha querido romper con las grandes potencias y menos aún mantener una posición antiimperialista. Son las grandes potencias occidentales las que no han aceptado jamás el derrocamiento del Sha y han marginado a la "molarquía" de la "comunidad internacional".

La dictadura de Teherán debe su cambio de estatus al caos regional, consecuencia de las intervenciones imperialistas que han desestabilizado la región, de la ofensiva neoliberal de los últimos decenios, de la corrupción de las élites dirigentes, del carácter dictatorial de los Estados de la región y de los levantamientos populares en el Magreb y en Medio Oriente.

Este acuerdo era previsible pues el proceso de acercamiento entre Teherán y Washington comenzó en 2001 en Afganistán y luego en Irak donde los dos Estados vieron que tenían intereses comunes. La descomposición de los Estados irakí y yemenita, la pérdida de control del régimen de Assad sobre una gran parte del territorio sirio, y el auge de Daesh han acelerado las dinámicas de la crisis regional.

En este contexto, la "molarquia" aparece como potencia en ascenso y la Casa Blanca procede a un reequilibrio de sus alianzas. La República Islámica de Irán apoya totalmente al régimen sanguinario de Assad, interviene abiertamente en Irak contra el Estado Islámico y esto con la bendición de Washington, influye en la situación yemenita, apoya a las minorías chiítas del Golfo e influencia el juego político afgano.

El compromiso entre la "molarquía" y el imperialismo estadounidense es, a todas luces, fruto de la voluntad común de los dos Estados. Hay que destacar que las negociaciones con la Casa Blanca comenzaron en el mayor de los secretos algunos meses antes del acceso al poder del presidente Hassan Rohani. Ahora bien, esto no podía hacerse sin el aval del Guía Khamenei y de la dirección de los Guardianes de la Revolución. Ni las fuertes reticencias planteadas por Francia que, por la voz de Laurent Fabius, se ha convertido en la abogada de los intereses de Riad y de Tel Aviv, ni el discurso de Netanyahu ante el Congreso estadounidense, ni la operación militar saudí en Yemen han impedido a Washington y Teherán llegar a acuerdos en Lausana.

...en un caos regional

El caótico contexto regional que pone en dificultades a la Casa Blanca y la catastrófica situación social y económica en Irán han sido más fuertes. La corrupción en lo más alto de la "molarquía" y el carácter dictatorial de ésta, combinados a las sanciones internacionales y a la caída vertiginosa de los precios del petróleo han acentuado la distancia entre la población y el régimen. Khamenei y Rohani quieren obtener un levantamiento de las sanciones para recuperar márgenes de redistribución clientelista y dar un respiro al régimen. Quieren, por otra parte, abrir la economía a las multinacionales deseosas de acceder al mercado iraní.

Para Washington, el caos regional y el fracaso de todas sus intervenciones imperialistas anteriores presionan en favor de un "reequilibrio" de alianzas. Esto desata la ira del Estado de Israel y de la Monarquía saudí cuyo apoyo a las diversas corrientes reaccionarias del Islam político ha contribuido a favorecer las guerras y al ascenso de Daesh. Como testimonia la intervención militar de Arabia Saudí y de sus aliados en Yemen, Riad y Teherán se dedican a una guerra indirecta y por fuerzas interpuestas.

Cada vez más caliente, esta confrontación regional aumenta las lógicas de enfrentamientos inter religiosos, si bien son claramente los intereses capitalistas y de Estado los que se ocultan detrás. Por supuesto, las formas que toman estos enfrentamientos y sus violencias sectarias se enraízan en las realidades políticas, sociales y económicas destrozadas de la región. Se apoyan en el vacío dejado por las derrotas de los movimientos nacionalistas árabes y de la izquierda revolucionaria. En Medio Oriente, igual que en todo el mundo árabe, los pueblos se enfrentan con las fuerzas contrarrevolucionarias que son los Estados, las corrientes del Islam político y las potencias imperialistas. La situación exige la reactivación a escala internacional de un campo antiimperialista, socialista y laico, que desarrolle una solidaridad concreta con las fuerzas progresistas en lucha contra las barbaries, por la democracia y la justicia social.

09/04/2015

http://npa2009.org/notre-presse/hebdo-lanticapitaliste-284-09042015

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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