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Francia
PS y PCF en los gobiernos regionales
09/03/2010 | Jean-Philippe Divès (NPA)

I. Neoliberalismo con un toque "social" y "ecológico"

Antes de lograr en 2004 una victoria aplastante, el PS se había comprometido a hacer de las regiones una “muralla” contra la política de la derecha. Seis años después, un balance negativo e inapelable. En lugar de resistirse a las contrarreformas, los ejecutivos de izquierda las han acompañado. En nombre del “empleo” y de un pretendido interés general, han multiplicado los dispositivos de apoyo a la patronal. Y se han adaptado no solo al molde de las exigencias institucionales sino también al de las recetas neoliberales.

Evidentemente, hay una distancia enorme con lo que se dice, sobre todo en campaña electoral. En sus balances, las listas del PS, como las de sus aliados de Europa Ecología y Frente de Izquierdas, pondrán en primer plano las medidas sociales y ecológicas o presentadas como tales. Se mencionarán las reducciones, incluso gratuidad, en los transportes para la gente que cobra los salarios mínimos de inserción o a los jóvenes en formación; diversos dispositivos de empleos subvencionados, un esfuerzo en el tratamiento de los residuos, un apoyo a las asociaciones que luchan contra las discriminaciones o una acción para promover la igualdad hombres-mujeres. Sin olvidar los estímulos financieros al desarrollo de tecnologías y productos “verdes” –algo que la derecha hace ampliamente también desde el gobierno y las instituciones europeas.

La gestión social-liberal presenta diferencias con la de la derecha, pero se reducen a medias medidas, que solo suponen una parte pequeña de los presupuestos. Y el doble lenguaje, las declaraciones no seguidas de efectos, son permanentes. Varios consejos regionales habían proclamado a su territorio como “fuera de AGCS” (Acuerdo General sobre el Comercio y los Servicios, que organiza la libre circulación de bienes, servicios y capitales a escala mundial), pero luego todo ha continuado como antes. La gestión de la formación profesional, a golpe de concursos públicos favoreciendo a las oficinas privadas, en detrimento de los trabajadores en prácticas y personal, ofrece un ejemplo de ello. Los anuncios de “servicios públicos regionales de la formación profesional” son una gran broma. Este sector, como otros, funciona en una lógica no de servicio público sino, en conformidad con las prescripciones neoliberales, de “servicios al público” efectuados por prestatarios externos.

En ningún sitio ha habido voluntad de organizar nuevos servicios públicos a escala regional. Las regiones actúan, en la mayor parte de sus esferas de competencia, como simples ordenantes. A ello se añade el hecho de que sus asalariados no son muy bien tratados. Una gran parte de los empleos es precaria. El problema es particularmente agudo para el personal no enseñante en los centros de enseñanza media que se encuentran contratados a tiempo parcial o para sustituciones. Todos los consejos regionales, incluso si afirman llevara a cabo una política de reducción de la precariedad, continúan reclutando en precario. La renovación y el mantenimiento de un importante número de no titulares, en lugar del empleo fijo para los mismos puestos de funcionarios territoriales, les sirve a la vez de cámara de contratación, de variable de ajuste y de herramienta de reducción de costes de personal. Exactamente como lo hace cualquier empresa capitalista con sus trabajos a tiempo parcial y sus contratos de sustitución.

Ayudas y subvenciones: el gran festín patronal

Además de sus subvenciones a la enseñanza media privada, concedidas muy por encima de las obligaciones legales, las regiones de izquierda se señalan por un apoyo masivo a los centros de formación de aprendices gestionados por la patronal. Su política de desarrollo del aprendizaje ha acompañado a la degradación de la enseñanza profesional pública. Así, en lugar de oponerse a la supresión de los títulos de formación profesional cuando se reformó la enseñanza profesional en tres años, en lugar de retomar entonces esta formación en el marco de un servicio público regional, optaron por dirigir a los jóvenes en situación de exclusión escolar hacia los centros de aprendices.

En todas partes se han multiplicado las ayudas y subvenciones a las empresas, así como las exoneraciones de “cargas” con la excusa de favorecer el empleo –exactamente como hace el poder central. Si los planes en cuestión no superan jamás algunas decenas de millones de euros por año, sus autores presumen de que “el cebo” regional permite, por “efecto palanca”, multiplicar la financiación (proveniente del estado, de la Unión Europea y de otras colectividades territoriales). Según el vicepresidente comunista a cargo de la acción económica en Île-de-France, un plan de 60 millones de euros puesto en marcha en 2009 habría arrastrado ayudas de un montante total de 450 millones (Regards sur l´Île-de-France, diciembre 2009, pg. 11). En Bretaña, los 53 millones de subvenciones regionales concedidos desde 2006 al Polo de Competitividad Automóvil se habrían traducido en una financiación pública global de 1,5 millardos.

Los beneficiarios son pequeñas y medianas empresas “competitivas”, que trabajan preferentemente como subcontratas de grandes grupos, de las empresas más grandes y de las multinacionales, entre ellas las del CAC40 (principal índice bursátil de París). Pero los organismos patronales también son tenidos en cuenta. Según los documentos (la opacidad es la regla y los datos globales accesibles, la excepción), se ve por ejemplo que el consejo regional de Bretaña ha concedido en 2008 una subvención de 328.585 euros a la unión patronal interprofesional o que en Île-de-France la CGPME (Confederación general de la patronal de pequeñas y medianas empresas) ha disfrutado en 2009 de un cheque –modesto- de 48.255 euros.

La competencia de todos contra todos

No hay ejemplos de algún consejo regional que haya emprendido una acción para recuperar una subvención entregada a un patrón que luego haya deslocalizado o despedido. En cambio, los ejecutivos de izquierda se pelean entre ellos para “atraer las inversiones”. Nuestros compañeros de la Alta Normandía y del Nord-Pas-de-Calais, han denunciado que SKF, perteneciente a la multinacional farmacéutica GlaxoSmithKline, despida a 600 asalariados en Evreux (Eure) al mismo tiempo que se instala en Saint-Amand-les-Eaux (Norte)… tras haber recibido más de 2 millones de ayudas públicas en Normandía (la mitad de ellos del consejo regional), y 30 millones como regalo de bienvenida por parte de la municipalidad de Saint-Amand. El alcalde y el presidente de la comunidad de aglomeración de Saint-Amand es Alain Bocquet, dirigente del PCF y cabeza de lista del Frente de izquierdas.

Y quizá lo más extraordinario: en lugar de cooperar frente al poder sarkozysta, las regiones de izquierda se hacen la competencia. Cada uno va reivindicando “la competitividad”, “la excelencia” de “su tejido de PME competitivas”, “sus recursos humanos”, “sus estructuras de investigación” o “sus infraestructuras de transporte”. Los dirigentes de izquierdas acaban enfrentándose y enfrentando a sus regiones unas en relación con las otras. Los de las regiones más ricas afirman querer conservar su “pole position”, los otros, ambicionar alcanzar y sobrepasar a los primeros. En L´Humanité (periódico del PCF) del 18 de enero, Alain Bocquet, tras haber deplorado que “el Nord-Pas-de-Calais” figure hoy en el último lugar de las regiones francesas para el empleo y la esperanza de vida, y en el anteúltimo en lo referido a la investigación”, dice que su objetivo es “hacerle entrar en los 5 primeros de las regiones francesas”. La región de al lado se convierte en la competencia, cuando no en el adversario. La otra cara de esta extraña competición es la reivindicación sistemática de una comunidad de intereses entre asalariados y patronos en el interior, no ya de un mismo país, sino ahora de una misma región!. Qué importa la escala, como dice el eslogan, ¡“interés general, interés del capital”!.

Nada extraño en que todos los consejos regionales se hayan lanzado a tope en la política de los “polos de competitividad”, lanzados por el gobierno a finales de 2004. Actualmente en número de 71, organizados sobre una base geográfica en el interior de las regiones, estos polos asocian grandes grupos, laboratorios y PME subcontratantes, en proyectos cuyo objetivo es especializar y seleccionar los programas de investigación-desarrollo en función de las necesidades de ganancia del gran capital. Se han convertido hoy en el principal vector de las subvenciones concedidas por las regiones a los grandes grupos.

Uno de los temas en nuestra campaña será claramente levantar, frente a esta lógica de competencia y de competición capitalista exacerbada, un programa de independencia y de solidaridad de clase.

8/3/2010



II. ¿Qué hace el PCF en los ejecutivos regionales?


El PCF participa en el ejecutivo de 17 regiones donde ocupa 41 vicepresidencias. El que esto le obligue a avalar el conjunto de la política del PS, sapos incluidos, ha sido subrayado a menudo. Se ha planteado menos la pregunta siguiente: ¿qué hacen estos “ministros comunistas” de los gobiernos regionales en las responsabilidades que les incumben directamente?

Lo mejor es coger un ejemplo. La principal vicepresidencia en manos del PCF en la región más poblada y más rica, que dispone del presupuesto más elevado, la más cercana a los centros de poder, y donde ese partido sigue aún bastante implantado, no puede sino traducir una lógica global, de decisiones políticas generales. Es bajo este ángulo como se puede considerar el balance de Daniel Brunel, encargado de la acción económica en Île-de-France desde 1998, así como de la formación profesional y del aprendizaje (formación en prácticas) desde 2004.

“Un verdadero modo de formación alternativo…”

Un folleto de presentación al público de las acciones de la región, titulado En el corazón de la Île-de-France y fechado en enero de 2009, marca el tono: “El consejo regional ha hecho del aprendizaje una de sus grandes prioridades. Esta inversión es la punta de lanza de la política regional a favor de la formación profesional y del desarrollo económico de Île-de-France. El aprendizaje, en efecto, es un verdadero modo de formación alternativo a la enseñanza clásica. Con titulación y remunerado, da a los jóvenes bazas para formar parte del mundo de la empresa”.

Como en todas partes, los 178 centros de formación de aprendices (CFA) de Île-de-France son en su gran mayoría privados, gestionados por cámaras de oficios y de artesanado, de comercio y de industria, o por organismos ad hoc emanación de diversos sindicatos patronales. Sobreexplotados, sin derechos, los jóvenes son formados en ellos, o más bien formateados, para responder a las necesidades inmediatas de la patronal. Y es una mayoría de izquierdas, un responsable del PCF, quienes se transforman de forma tan ditirámbica en los abogados de este modo de formación, ¡precisamente cuando la enseñanza profesional pública es saqueada!.

Cuando la izquierda tomó las riendas en esta región, en 1998, se contabilizaban en ella 52.000 aprendices. Desde su primer documento de balance, correspondiente a su primer ejercicio parcial, la nueva mayoría presumía de que “durante el año 1998, la capacidad de acogida de los CFA ha aumentado en 5.690 plazas”. Durante los años siguientes, el ritmo de crecimiento del aprendizaje ha seguido siendo, en su opinión, insuficiente. Es la razón por la que, el 8 de noviembre de 2005, el consejo regional adoptara un “contrato de objetivos y de medios relativos al desarrollo del aprendizaje”, que se proponía “llevar el número de jóvenes en los CFA de 71.300 hoy a 100.500 en 2009-10”.

Luego, este objetivo ha sido reafirmado cada año, con el apoyo sin fisuras del grupo del PCF y de sus aliados. Para 2010, correspondió la tarea a Michèle Valladon, reciente tránsfuga del PS al PG. Pudo así felicitarse: “En cuanto al aprendizaje: ya se ha dicho, el objetivo de los 100.000 aprendices está a punto de ser alcanzado, y ello a pesar del contexto de crisis y por tanto de una cierta pusilanimidad de los empresarios a la hora de reclutar aprendices (…). Nos parece importante mantener la inversión regional tanto para las ayudas a los aprendices, la financiación de las CFA, el apoyo a los empleadores. Serán precisas en el próximo mandato nuevas acciones para consolidar el aprendizaje”. Precisemos que “las ayudas a los aprendices” se elevan a 14 millones de euros, marchando el resto de los 329 millones de este presupuesto a la financiación de las CFA y a las subvenciones a los patronos.

“Numerosas ayudas a las PME”

En un texto de balance de su mandato publicado en diciembre de 2009, Daniel Brunel afirma que “la región no concede ninguna ayuda a los grandes grupos (salvo en los polos de competitividad), pero si numerosas ayudas a las PME”. Esta presentación por lo menos ambigua exige varias precisiones. La primera es que no se habla aquí más que de las subvenciones directas –bajo forma de cheques a las empresas-, no de las múltiples ayudas a la patronal que son indirectas o colectivas. En segundo lugar, se debe señalar que siendo definida como PME una empresa que emplea a menos de 250 asalariados y que realiza una cifra de negocios de menos de 50 millones de euros, esta categoría incluye ya numerosas sociedades sustancialmente capitalistas. En fin, es difícil comprender porqué sería más admisible subvencionar a los grandes grupos (de los que muchos, al mismo tiempo despiden: Thalès, Alcatel-Lucent y otros) cuando se hace en el marco de los polos de competitividad…

A lo más el método es más discreto, tanto en su exposición pública como en las presentaciones contables. ¿Es la razón por la que las demás ayudas directas a los grandes grupos han sido abandonadas?. ¿Es que con el ascenso del sentimiento anticapitalista, eso se hacía demasiado aparente?. El caso es que de 1998 a 2005, el vicepresidente comunista había concedido numerosas subvenciones de este tipo. Una de las últimas, concedida al gigante EADS, había suscitado una cierta agitación.

Ejemplo de una “inversión” para “defender el empleo”

La planta EADS de Mureaux (Yvelines), Astrium Space Transportation, que coproduce las lanzaderas del cohete Ariane y los misiles nucleares franceses, empleaba hace cinco años alrededor de 2.000 asalariados. En junio de 2004, algunos meses después del anuncio de 219 supresiones de puestos, y tras ya dos planes sociales en 2002 y 2003, llegaba un plan de 130 despidos. Fue el momento que eligió el consejo regional para conceder (el 23 de septiembre de 2004) a ese establecimiento una subvención de 1 millón de euros, completada con otro millón proveniente del consejo general de Yvelines. Se trataba de participar en un programa destinado a “reforzar la actividad de producción de materiales compuestos” para “salvaguardar el centenar de puestos que (esta actividad) genera” y de “permitir, a medio plazo, su aumento y el del número de empleos asociados”. EADS se comprometía a mantener los 100 empleos del (único) departamento “materiales compuestos” de la fábrica y a generar “a medio plazo” otros 40 empleos asociados a esta actividad, así como a realizar efectivamente su inversión en este sector (7 millones de euros).

Al mismo tiempo, las supresiones de empleos continuaron, globalmente a nivel del grupo pero también en otras divisiones de la misma fábrica de Mureaux. En 2007, en el marco del plan de reestructuración “Power 8”, 330 nuevas supresiones de puestos de trabajo, escalonadas en tres años, fueron anunciadas en la planta.

El 8 de septiembre de 2004, Daniel Brunel celebraba una conferencia de prensa, destinada a presentar las grandes líneas de su acción en curso y la futura. En su discurso, aseguraba que los cierres de plantas y los despidos eran inaceptables y anunciaba que el consejo regional había decidido reaccionar vigorosamente. Esta reacción, precisaba, tomará la forma de intervenciones audaces en cuatro expedientes: Tati, Facom, SKF y EADS. En Tati, el consejo regional estaba “a la escucha de los asalariados y de sus organizaciones sindicales”, y seguía “disponible” para estudiar lo que podía hacerse. Lo mismo en el caso de Facom (fabricante de herramientas que despedía y deslocalizaba), donde la región había financiado un estudio “que confirmaba la viabilidad” de un “proyecto alternativo”. En los dos casos no ha habido ninguna otra actuación. Tratándose de KFF, la región había coelaborado y cofirmado acuerdos para ayudar a los asalariados despedidos a reclasificarse y para reindustrializar la planta cerrada de Thomery (Seine-et-Marne). Pero la acción más avanzada, subrayaba el vicepresidente, era de lejos la referida a EADS, puesto que la región había “invertido un millón de euros” ¡a fin de “defender el empleo”!.

Sobre este tema, afirmaba : “la región ha decidido (…) que toda reestructuración que tenga un impacto negativo sobre el empleo conllevaría la suspensión del convenio y la demanda de devolución de las subvenciones concedidas”. A pesar de las reestructuraciones y despidos que han continuado en la planta de Mureaux, el consejo regional no ha formulado ninguna demanda de devolución de las subvenciones. Como no lo ha hecho, desde 1998, en ningún otro caso.



Traducido del periódico del NPA Tout est à nous, http://www.npa2009.org.

Traducción: Alberto Nadal para VIENTO SUR



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