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Atentados de París: entrevista a Alain Gresh
“Pretendemos hacer guerras para impedir el yihadismo y paradójicamente lo activan”
27/01/2015 | Hassina Mechaï

Hassina Mechaï: En las manifestaciones de París, muchas personas de las que estuvieron presentes han señalado un clima de tensiones en Francia desde hace algunos años. ¿Cómo explicas estas impresiones concordantes?

Alain Gresh: Hay efectivamente un clima deletéreo en Francia, y esto no es nuevo. Hay en primer lugar una islamofobia que ha ganado mucha intensidad desde hace ya varios años y que apunta evidentemente a las poblaciones musulmanas. Pienso que se trata de una forma de racismo tanto más inquietante en la medida en que está presente en las fuerzas políticas y los medios. Se puede incluso calificar como de racismo de estado, aunque, por supuesto, no sea proclamado como tal. Para la comunidad judía francesa, es un poco diferente: no hay antisemitismo en el sentido político, institucional, del término. Ninguna fuerza política, ni siquiera el Frente Nacional, defiende un discurso antisemita como ocurría en los años 1930. Todos los sondeos de opinión muestran que hay un retroceso neto del antisemitismo, por debajo del 10%, en la población francesa, cuando inmediatamente después de la II Guerra Mundial el antisemitismo era aún mayoritario. Pero es cierto que los judíos franceses tienen miedo y que son objeto de acciones terroristas, como han mostrado el ataque contra la tienda kasher o el ataque contra una escuela judía por Mohamed Merah en Toulouse en marzo de 2012.

¿Cómo explicar la trayectoria de los tres terroristas, nacidos y educados en Francia?

Tienes razón al subrayar que son franceses. Han pasado por las escuelas o las cárceles de la República y se han convertido en los fracasos de la República. Son jóvenes que han buscado una vía en el seno de sociedades occidentales, que no solo están separadas de la religión, sino que ya no tienen grandes causas que ofrecer. No es ya el tiempo de los grandes combates, cuando se estaba en el partido comunista o en la extrema izquierda y se apoyaban las guerrillas en América Latina. Quedan pocas cosas creíbles en el mercado de los ideales y la única que parece oponerse al imperialismo es hoy el Estado Islámico o Al-Qaeda. La forma, por otra parte, en que se presenta a esas dos organizaciones como amenazas existenciales para Occidente les ayuda a encontrar credibilidad.

Inflando la amenaza de ISIS se favorece su atractivo. Pienso por el contrario que el Estado Islámico no es una amenaza existencial; por supuesto, hay que combatirle, combatir sus raíces en las situaciones iraquí y siria. Pero hay que tener cuidado con la idea oída estos días de que estaríamos en una Tercera Guerra Mundial, esta vez contra el terrorismo, olvidando que las guerras mundiales precedentes opusieron a estados y no a conceptos. Hay también, en toda Francia, no solo en la población de origen magrebí, una profunda detestación de las élites, políticas y periodísticas. Esto influye forzosamente en la forma en que son percibidos los acontecimientos internacionales. En fin, hay una verdadera movilización de estos jóvenes franceses salidos de la inmigración por la cuestión de Palestina. Algunos pueden entonces tener la impresión de que hay un doble lenguaje occidental sobre esta cuestión, lo que es completamente exacto.

¿Ha jugado un papel en este clima particular la cristalización del debate político francés alrededor de la noción de laicismo?

La noción francesa de laicismo ha podido envenenar los debates en Francia, tanto más en la medida en que en mi opinión se trata de una mala lectura del laicismo. Cuando se contempla la historia, en particular la ley de 1905 de separación de las iglesias y el estado, se ve que esta ley era bastante tolerante. Nunca ha planteado problemas que hubiera procesiones religiosas en la calle, que el estado y los ayuntamientos financiaran el mantenimiento de las iglesias, no era un laicismo cerrado. Sin embargo, desde hace una quincena de años, con la emergencia del islam como fuerza religiosa, este laicismo francés se ha vuelto mucho más excluyente, y sirve como pretexto para un ostracismo contra los musulmanes franceses. Así, de forma muy significativa, el laicismo ha sido recuperado por la extrema derecha cuando siempre ha sido, de forma tradicional, un valor de la izquierda.

¿Qué lectura política se puede hacer de las manifestaciones en toda Francia el 11 de enero?

Hay dos cosas que hay que separar. La movilización en Francia de la población, que ha sido extremadamente amplia, sin precedentes en la historia francesa, aunque la gente haya acudido por razones extremadamente diferentes. Y luego, la segunda cosa, es la forma en que el gobierno francés ha utilizado esta manifestación, a la vez en el plano interno y en el plano internacional. De forma externa, el gobierno francés se ha empeñado en hacer venir a dirigentes europeos para mostrar que Europa es solidaria, que sirve para algo en el preciso momento en que hay muy fuertes críticas en su contra. Y luego ha habido esas invitaciones a ciertos jefes de estado o de gobierno extranjeros, invitaciones tanto más sorprendentes en la medida en que esos dirigentes no dejan de violar la libertad de la prensa. Por ejemplo, el ministro de asuntos exteriores egipcio estaba presente cuando en ese preciso momento en Egipto, además de los tres periodistas de la cadena Al-Jazeera encarcelados desde hace más de un año, unas decenas permanecen detenidos.

¿Qué pensar de la presencia de Benjamin Netanyahu?

La presencia del Primer Ministro israelí ha suscitado algunas cuestiones. No debía venir inicialmente, pero se decidió cuando vio que Avigdor Lieberman, su ministro de asuntos exteriores pero también rival político en las elecciones previstas para dentro de unas semanas, decidía hacer el desplazamiento. Por parte de Benjamin Netanyahu hubo una voluntad de utilizar estos acontecimientos, tanto por razones internas de Israel, como para para afirmar una presencia internacional en unos momentos en que Israel es bastante criticado. Hay que precisar a propósito de la libertad de prensa que un artículo del periódico Haaretz señalaba recientemente que un diario como Charlie Hebdo no habría podido aparecer jamás en Israel, pues no se puede atacar de esa forma a las religiones. Hay que ver también el tratamiento reservado a la prensa y a los periodistas palestinos algunos de los cuales están encarcelados por Israel. Se sabe también que durante el ataque a Gaza el pasado mes de agosto, numerosos periodistas palestinos fueron muertos.

¿Qué piensas de las posiciones tomadas por el jefe del Hezbolá chiíta libanés, Hassan Nasralá, que ha condenado esos atentados a la vez que llamaba a los musulmanes a construir un frente contra los yihadistas?

Hay un discurso recurrente mantenido por el Hezbolá libanés, pero también por Irán y Siria, en dirección a los occidentales para decirles que se equivocan de enemigos y que sus verdaderos adversarios son los grupos radicales salafistas. Este discurso significa que "tenemos el mismo enemigo" y que, de hecho, debería haber una alianza contra esos grupos. Ese discurso no es nuevo y comenzó cuando Hezbolá fue criticado por su intervención en Siria. Es evidente que esto es debido a que el ISIS [el Estado Islámico] tiene una retórica antichiíta extremadamente violenta, mucho más que Al Qaeda, que no tenía tales diatribas antichiítas. Pero es también una tentativa de Hezbolá de salir de su aislamiento internacional, en particular sobre la cuestión siria.

¿No es también una forma de poner en cuestión la dirigencia religiosa de las monarquías del Golfo sobre los musulmanes, monarquías que son también acusadas por algunos de financiar bajo manga el terrorismo islámico?

Puede haber ahí una discusión sobre la política de las monarquías del Golfo, y la idea según la cual financiarían o ayudarían a ISIS. Para mí, esto no es algo real, no pienso que sea forzosamente cierto. El Estado Islámico ha indicado muy claramente que esas monarquías eran también enemigos, se ha visto recientemente con los ataques en Arabia saudita contra puestos fronterizos. Pero es cierto que una parte de la retórica religiosa de esos países puede alimentar esos grupos. Es cierto también que ha habido una movilización de esos estados, pero también de sus redes asociativas y religiosas, al comienzo de la revolución siria. Kuwait ha jugado por ejemplo un papel importante en la ayuda a los grupos islamistas que se han ido radicalizando.

En el orden protocolario de la marcha oficial, el presidente malí Ibrahim Boubacar Keita estaba situado a la derecha de Hollande. ¿Había un mensaje implícito?

El ataque contra Charlie Hebdo tiene varias dimensiones. Es evidentemente un ataque contra la política extranjera francesa y sus sucesivas intervenciones en el Sahel, Malí, en República Centroafricana, Libia e Irak. Es en África donde Francia tiene el peso más importante, no en Irak. Hacer venir al presidente de Malí ha permitido enviar el mensaje de que el combate contra el terrorismo es el mismo en todas partes, que es un combate internacional. De una cierta forma, es adoptar la retórica de la guerra contra el terrorismo que sería una guerra mundial en la que haríamos frente a un enemigo organizado. Es una retórica que en mi opinión es muy peligrosa, aunque solo sea porque hace mucho tiempo que esta guerra dura sin muchos resultados.

Cada vez hay más terrorismo, cada vez más casos en África y en Próximo Oriente. Es pues una forma de reafirmar esta discutible política. Hace cuatro meses que intervenimos en Irak, el parlamento ha votado este martes de forma masiva por la prolongación de esta operación (ndlr: alrededor de 800 militares franceses están comprometidos en la operación Chammal "para asegurar un apoyo aéreo a las fuerzas armadas iraquíes en su lucha contra ISIS". Conforme a la Constitución, el parlamento debe dar su luz verde para que esta implicación prosiga). Es evidente que estos atentados serán utilizados para obtener un amplio apoyo del parlamento a una política militar ya intervencionista.

¿Van esos atentados a permitir que se planteen cuestiones políticas esenciales?

Va a haber, estos próximos días, es inevitable, debates fundamentales para la sociedad francesa: la cuestión de las leyes antiterroristas que pueden ser aprobadas, la de las intervenciones extranjeras, la relación con los ciudadanos de confesión musulmana, todo esto deberá y va a ser debatido en Francia. Más allá de la cuestión libia, se pueden medir ya las consecuencias negativas de estas intervenciones extranjeras francesas en la región. Pero hay que prestar atención pues estos atentados pueden también conducir a una especie de realineamiento de la política occidental.

Tras las primaveras árabes, Francia había dado un ligero cambio, diciendo en filigrana: "Nos hemos equivocado, hemos apoyado dictaduras consideradas como una muralla contra el islamismo, pero no lo volveremos a hacer". Ahora bien, se corre el riesgo de una vuelta a esa misma política, de apoyo a la dictadura en Egipto, a los regímenes autoritarios en Argelia o en Marruecos. Estos atentados pueden permitir de nuevo a esos regímenes presentarse como una protección contra los movimientos islamistas. Es verdaderamente preciso tener un debate de fondo, y preguntarse si se puede ayudar a las transformaciones de esos países sin destruirlos o desestabilizarlos, como hemos visto hasta el presente. A fin de cuentas, hay que repetirlo, son los regímenes autoritarios quienes en última instancia crean el terrorismo y los grupos más radicales.

¿Estos atentados pueden cambiar la política exterior de Francia en Próximo Oriente? El antiguo Primer Ministro François Fillon acaba de declarar que Irán y Rusia deben jugar un papel en la "solución de Siria".

Las relaciones internacionales y regionales son muy cambiantes y quiero ser prudente. Pero es evidente que hay hoy un atasco en Siria pues ninguna de las fuerzas en presencia, ni el régimen ni la oposición, puede imponer totalmente su voluntad. Esta oposición al régimen, dominada por los grupos más radicales, empuja a los países occidentales a revisar su política en la crisis siria. Por otra parte, es menos el caso de Francia que de los Estados Unidos. Se plantean, pues, respuestas diferentes. Francia está desde hace tiempo más abierta que los Estados Unidos a la integración de Rusia en el juego regional. Sobre Irán, Francia es en cambio más reticente pues siempre ha tenido un discurso muy duro sobre el programa nuclear iraní. Pero si los Estados Unidos e Irán llegan a un acuerdo sobre ese programa nuclear, las alianzas en juego en la región van evidentemente a cambiar.

¿Está Francia tomando conciencia de las consecuencias de sus intervenciones exteriores?

Lo cierto es que en Francia había un verdadero rechazo a ver las consecuencias posibles de nuestra política en el exterior. Es evidente que si Francia ha sido puesta en el punto de mira es también en parte a causa de este intervencionismo, que está claramente menos desarrollado entre los alemanes o incluso los británicos, por ejemplo. Gran Bretaña está ciertamente presente en Irak, pero no en Africa. Por otra parte, constantemente Francia reprocha a esos países no haberse asociado a su intervención en Malí, o en Centroáfrica y estima que no puede llevar sola el esfuerzo militar en lo que llama la lucha contra el terrorismo. La ironía de todo esto es que, como ocurrió en Afganistán, pretendemos hacer guerras para impedir que nos alcance el yihadismo y nuestras guerras paradójicamente lo activan.

14/01/2015

http://www.middleeasteye.net/fr/analyses/attentats-de-paris-l-analyse-d-alain-gresh-266376078

http://www.info-palestine.net/spip.php?article15152

Alain Gresh es un periodista francés especialista en Medio Oriente, director adjunto de Le Monde Diplomatique.

Hassina Mechaï es periodista independiente, especializada en las cuestiones de África y Medio Oriente.

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR





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