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Tribuna VIENTO SUR
El Foro de Davos, Grecia, España y… Podemos
23/01/2015 | Jaime Pastor

El encuentro que tradicionalmente se desarrolla en Suiza a finales de enero de cada año es, como se sabe, lugar de reunión de las elites económicas y políticas mundiales. Constituye una ocasión para hacer diagnósticos sobre los riesgos y amenazas que acechan al mundo… capitalista y proponer a continuación algunas terapias (generalmente, de choque), destinadas a generar “confianza” y mejorar las expectativas de rentabilidad del capital en estos años turbulentos. Por eso a principios de este siglo surgió el Foro de Porto Alegre como espacio alternativo y lugar de reflexión, mestizaje y propuestas de acción de un “movimiento de movimientos” que,frente al triunfalismo que acompañaba a la globalización neoliberal, apostaba por el eslogan de que “Otro Mundo es Posible”. Hoy, cuando a aquel “efecto riqueza” le sustituye un brutal “efecto pobreza”, toca resucitar un nuevo ciclo de luchas similar, con mayores razones si cabe dentro de nuestro continente contra el Gran Saqueo del que el pueblo griego es la principal víctima.

El Foro de este año va precedido de un Informe, elaborado a partir de las opiniones de “expertos”, que suele pasar sin pena ni gloria por las sesiones en el balneario suizo, dedicadas principalmente a ofrecer un “relato” que aparente confianza en que la salida al estancamiento en que se encuentra la economía capitalista está cerca. El Informe que se presenta ahora destaca como los cinco principales riesgos por su probabilidad los siguientes: los conflictos entre estados con consecuencias regionales, los fenómenos meteorológicos extremos, las deficiencias de la gobernanza nacional, el colapso o crisis de muchos Estados y, finalmente, el desempleo o subempleo estructurales. En cuanto a los cinco principales riesgos globales por su impacto, éstos serían: las crisis generadas por conflictos por el agua, la propagación rápida y masiva de enfermedades infecciosas, las armas de destrucción masiva, los conflictos entre Estados con consecuencias regionales y, por último, la falta de adaptación al cambio climático.

Detrás de esta relación no exhaustiva de riesgos –cuya lista completa es de 28- resulta sencillo comprobar la mezcla de problemas de distinto orden y alcance a corto, medio o largo plazo. En ellos no es fácil separar lo que para sus autores es urgente de lo que es importante, como es el caso del cambio climático o la lucha contra el empobrecimiento creciente de la mayoría de la humanidad. Con todo, lo más relevante es que, como ya estaba ocurriendo en los últimos años, cada vez resulta más evidente que quienes escriben estos informes no pueden ocultar la creciente interdependencia de las distintas crisis que están afectando al mundo diseñado y construido por el capitalismo financiarizado a lo largo de los pasados decenios.

Es un cambio de época, una transición en muy diferentes órdenes, la que estamos viviendo, sin que los mismos thinktank del capitalismo sepan muy bien cuál es el “modelo” del nuevo “orden productivo y de gobernanza global” a poner en pie. “El único concierto realmente global en la actualidad es el desconcierto”, escribía recientemente un analista sobre las elites reunidas en Davos. Eso sí, cualquier proyecto tendrá que partir, según ellos, del final definitivo de las conquistas desde abajo logradas tras la derrota del nazismo y del fascismo: la del “contrato social” implícito que, al menos en el centro de la economía capitalista, había permitido una relativa paz social. Por eso ahora su gran reto es cómo contrarrestar los déficits de legitimidad de un sistema que se anuncia como crecientemente injusto, desigual (no solo en el plano social, aunque es este “descubrimiento” el que ha facilitado el éxito del libro de Piketty en el mundo anglosajón, sino también entre géneros, pueblos, etnias y culturas) y ecocida. Un “capitalismo real”, por tanto, sin las bases materiales suficientes para garantizar el consentimiento (aunque solo sea por falta de alternativas) en las mayorías sociales y, además, sin esas “clases medias” (otro mito a enterrar) que le daban cierta estabilidad política. De ahí la búsqueda de nuevos “enemigos” y el retorno de los “nacionalismos de Estado” y de las políticas de la “preferencia nacional”, en beneficio de las nuevas derechas extremas.

Parece, pues, evidente que en función de hacer compatible ganarse la “confianza” del capital y lograr una relegitimación a través de una “cohesión nacional” que niegue la lucha de clases, retorna la geopolítica al primer plano (como se reconoce en el Informe mencionado),con un EE UU “recuperado”, más muros visibles e invisibles y una nueva militarización del mundo y de nuestras propias sociedades, como está ocurriendo ahora tras los atentados en Francia. Dentro de este clima de inseguridad y miedo fomentado por los grandes medios de comunicación en poder del 1% de la población mundial, reunidos también en Davos… y en Madrid/1, hasta la democracia representativa, versión convencional de lo que se entiende como ejercicio de la “soberanía nacional”, aparece como un lujo que sólo algunos países se pueden permitir. De ahí el temor a los resultados en Grecia de este domingo y a lo que pueda ocurrir en los procesos electorales que vamos a vivir en el Estado español a lo largo de este año.

No cabe sorprenderse, por tanto, de que la búsqueda de paradigmas a seguir recurra al ejemplo de un país como Singapur, gobernado por una dictadura “electoral”, como ya proponían Hayek, Friedman y Thatcher, ya que continúa contando con la mejor calificación en el índice de transparencia para hacer negocios. En el ámbito de la eurozona no es fácil decir esto alto y claro y por eso parecen contentarse con la tesis de una “democracia adaptada al mercado”, como propone Angela Merkel; o sea, dejar la democracia en suspenso para sustituirla por la deudocracia. Será ésta sin duda la que tratarán de seguir imponiendo al pueblo griego en caso de victoria de Syriza: obligarle a elegir entre su voto y el que todos los días hacen los mercados financieros para forzarle a renunciar a su programa de recuperación de la dignidad y la soberanía popular frente al saqueo sufrido.

Curiosamente, según las crónicas que nos llegan desde la prensa de referencia dominante sobre la reunión de Davos, parece que es España la que aparece como “modelo” a seguir frente al camino alternativo que puede abrirse en Grecia. Se puede leer, por ejemplo, en El País (según nos cuenta Alicia González, pareja, por cierto, del cleptócrata Rato) del 23 de enero, que el presidente de Bridgewater, el mayor fondo de alto riesgo del mundo, Ray Dalio, opina que “España ha hecho un gran trabajo y en cierta medida es un modelo de reformas, junto a otros países como Irlanda”, ya que “ha sido capaz de inspirar confianza”. Este mismo personaje añade además: “En España Podemos es un partido extremista que puede minar la productividad”… ¿Quién da más para fomentar el discurso del miedo y confirmar que, efectivamente, como denuncia desde hace años Boaventura de Sousa Santos, es a un “fascismo financiero”, para el que todo vale, al que tendremos que hacer frente en los próximos años?

Estamos entrando así en un período en el que, como puede comprobarse, la “guerra sucia” de los de arriba no se va a detener ante ningún escrúpulo moral para lograr sus objetivos. La política de la mentira es su regla y frente a ella solo cabe la “política de la verdad”, la denuncia permanente de los intereses que están detrás de ellos, demostrando la incompatibilidad entre sus ganancias, por un lado, y nuestros derechos fundamentales y necesidades básicas, por otro. Una política alternativa que ha de tener como aspiración la ruptura con el despotismo austeritario dentro de la eurozona y que solo podremos alcanzar si somos capaces de combinar protesta, propuesta y, allí donde consigamos derrotar a los partidos de “la casta”, capacidad de gobernar para transformar y no para resignarnos a políticas del mal menor y de un reformismo meramente defensivo.

Porque, no hay que dejar de insistir en esto, sin empoderamiento popular, sin voluntad colectiva de cambio expresadano solo electoralmente sino también en las calles, plazas y centros de trabajo, no hay garantías de que podamos “ganar” en este cambio de época que para los y las de abajo puede empezar ahora. Pero para eso hemos de ser conscientes de la interdependencia de nuestras luchas en esta Europa secuestrada por los mercados y por eso, como escribíamos en un artículo reciente/2, un nuevo internacionalismo entre los pueblos de este continente es más que necesario: es imprescindible si queremos “ganar”.

Jaime Pastor es profesor de Ciencia Política de la UNED y editor de VIENTO SUR

Notas

1/Andy Robinson, “Oligarcas y editores: de Atenas a Davos”, Contexto y Acción, ctxt, (http://ctxt.es/20150122/politica/166/Oligarcas-y-editores-de-Atenas-a-Davos-Internacional-Rebelion-en-la-periferia-sur.htm

2/Gerardo Pisarello y Jaime Pastor, “Lo que nos jugamos en Grecia”, Público, www.vientosur.info/spip.php?article9744



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