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Tribuna VIENTO SUR
27-S elecciones en Catalunya: un acuerdo frágil
18/01/2015 | Martí Caussa

El miércoles 14 de enero, tras una reunión entre Mas, Junqueras y los representantes de la ANC, Omnium y la AMI /1, se anunciaron elecciones autonómicas anticipadas. El acuerdo llegaba tras semanas de suspense, tensión y temores de que finalmente no hubiera convocatoria electoral anticipada, lo cual hubiera sido el peor de los escenarios posible para la continuidad del movimiento por el derecho a decidir y la independencia. Este movimiento ha recibido el acuerdo con alivio, pero sin euforias ni expresiones de alegría. También con precaución. Cosa que resulta comprensible, no sólo debido a la experiencia reciente, sino porque el acuerdo es más frágil que todos los anteriores, más ambiguo, más sujeto a interpretaciones y, por tanto, a tensiones e incumplimientos.

La importancia de la fecha

Uno de los puntos polémicos era la fecha de las elecciones anticipadas. Desde la concentración de la Plaza de Catalunya del 19/10/2014, ANC y Omnium habían exigido que se realizaran dentro de los tres meses posteriores al 9N, y más tarde habían aceptado que se pudieran realizar antes de las elecciones municipales. Este plazo tenía la ventaja de visibilizar mejor que eran la alternativa a la consulta prohibida del 9N, la respuesta al inmovilismo y a la represión del gobierno del PP, y se situaba en un contexto en que no existía ninguna propuesta de vía alternativa para resolver el problema; también estaba suficientemente distante de las elecciones generales para que los debates no se mezclaran. Además, en caso de triunfo de la opción independentista, las elecciones municipales de mayo podían ser una segunda ola que remachara la victoria.

Pero las elecciones en primavera eran también la peor opción para Mas porque, pese a haber capitalizado personalmente el 9N, tiene un partido en crisis, un retraso considerable en recomponerlo alrededor de su persona (en lo que algunos llaman el “partit del president”), una alianza con UDC con riesgo de ruptura (sobre todo si debe posicionarse claramente sobre la independencia) y la amenaza de ser superado electoralmente por ERC. Como la posibilidad de avanzar las elecciones depende exclusivamente del President, éste decidió utilizarla como baza, aun al riesgo de llevar el movimiento soberanista al borde del abismo y exigió una lista única “de país” como condición para avanzar las elecciones a la primavera.

La polémica sobre la lista única

La exigencia de Mas fue contestada por el resto de partidos soberanistas (ERC, ICV, EUiA y CUP) con dos argumentos bastante convincentes: en primer lugar, todas las encuestas indicaban que la lista única sumaba menos votos y escaños que las listas separadas; en segundo lugar, las elecciones, por plebiscitarias que fueran, debían resolver más cuestiones que la independencia, y la lista única equivalía a apoyar la política antipopular de CiU en los terrenos económico y social. La ANC abrió un debate interno y tras el mismo la dirección mostró sus preferencias por la lista única, aunque la opción de listas separadas logró un importante apoyo, especialmente en el cinturón de Barcelona.

Pero el acuerdo no llegaba y la desazón se extendía. Por ejemplo, el director del periódico VilaWeb reclamaba que alguien, al margen de los partidos, “diera un puñetazo sobre la mesa”. En lugar de ello el 27/12/2014 la ANC, Omnium y la AMI propusieron que Mas aceptara las listas separadas, pero que el resto de partidos renunciaran a incorporar independientes a las suyas, un otorgamiento de ventaja realmente difícil de aceptar. Por fin el 12 de enero ERC cedió, declarando: “Nos imponen condiciones ilegítimas, pero las aceptamos”. También el 12 de enero la ANC había puesto en marcha su campaña “Acuerdo, elecciones e independencia” que incluía, para el mismo día, una oleada de mensajes en Twitter (que fue un éxito) y una cacerolada (que fue un fracaso), junto a manifestaciones para el 15 y el 18 de enero si seguía sin haber acuerdo.

Como ya se ha dicho, el acuerdo llegó el 14 de enero: habrá listas separadas con puntos de programa comunes, pero las elecciones serán después de las municipales, el 27 de setiembre. Una solución salomónica que tiene la gran ventaja de mantener vivo el “proceso soberanista”, pero que da oxígeno a Mas y le permite seguir gobernando (de nuevo con el apoyo de ERC), con el enorme inconveniente de que seguirá aplicando una política neoliberal, de traslado del peso de la crisis hacia las clases populares. Además, el propio “proceso soberanista” no ha salido indemne: los niveles de confianza no son los mismos, la hoja de ruta se está negociando todavía y los potenciales puntos de desacuerdo y tensión son numerosos.

Los interrogantes de la hoja de ruta

En realidad hay que hablar de un proyecto de hoja de ruta en el que se trabaja en secreto y del que solo se conocen borradores filtrados por los periódicos (por ejemplo La Vanguardia y Ara). Por una parte, parece que UDC e ICV ya no participan activamente en las discusiones por discrepancias sobre la independencia. Por otra parte, las incógnitas y las indefiniciones sobre las propuestas son numerosas. Indicaremos algunas.

Una de las más importantes es si el Parlament que salga elejido el 27S va a tener un carácter constituyente o no. Mas desea que no; ERC y la CUP que sí. La hoja de ruta acepta que debe haber un debate sobre los fundamentos de la Constitución catalana, pero deja abierta la cuestión de si el próximo Parlament será constituyente o dejará la cuestión para otro posterior. Como he explicado en otro artículo, la exigencia de un proceso constituyente tras las próximas elecciones debería ser una cuestión fundamental al menos por tres razones: si gana la independencia es un instrumento crucial para incorporar al proceso de definición del nuevo estado a mucha gente que no haya votado por ella; tanto si gana como no, es la condición para decidir sobre muchas cuestiones importantes que afectan a la vida de los ciudadanos, dando protagonismo a las organizaciones populares; y si los partidarios de la independencia no fueran mayoritarios, pero sí los partidarios del derecho a decidir, el proceso constituyente podría ser el instrumento para construir una propuesta de país en común.

Otro punto importante es el papel que se pretende conceder en la hoja de ruta a los compromisos de carácter económico y social favorables a las clases populares. En principio parecen muy difíciles de conseguir, porque media un abismo entre el neoliberalismo de Artur Mas y el anticapitalismo de la CUP. Creo que sólo podría haber avances en la medida que los hubiera en la ANC, en particular en el curso de su reflexión sobre cómo ganar votos independentistas en los cinturones industriales; pero de momento no hay noticias de ello.

Por último, un aspecto importante que parece que sí está recogido en los borradores de hoja de ruta es la necesidad de nuevos actos de soberanía y desobediencia; se citan aspectos como la inmersión lingüística amenazada por la ley Wert, la pobreza energética, los horarios comerciales, la oposición a la “ley mordaza”, …

Pero nada es seguro, porque como se ha dicho ya, se trata de borradores discutidos en secreto. A diferencia de otras veces el acuerdo del 14 de enero no se basa en una hoja de ruta, sino que la hoja de ruta debe basarse en el acuerdo y no suministrar “pretextos” para romperlo. De ahí su fragilidad.

Elecciones en cascada

Ahora ya está claro que las primeras elecciones serán el 24 de mayo. Su principal reto es que candidaturas que sean expresión de las necesidades populares, de la voluntad de regeneración democrática y de lucha contra la corrupción, ganen los ayuntamientos o, por lo menos, alcancen posiciones importantes. El mapa político municipal de Catalunya puede cambiar de forma importante tras estas elecciones. Si la izquierda avanza con fuerza, las consecuencias no serán sólo municipales, sino a escala de país: se pueden estimular las dinámicas de lucha, la voluntad de dotar de contenido social las reivindicaciones nacionales, de decidir sobre todo y de abrir un proceso constituyente popular.

Las elecciones del 27S están diseñadas para ser “plebiscitarias”, para verificar si existe un mandato popular mayoritario a favor de la independencia o no. Pero éste no puede ser el único objetivo. Hay que intentar imponer un plan de rescate social para luchar contra la devastación que han acarreado las políticas neoliberales y abrir un proceso constituyente popular.

Por último las elecciones generales de finales de año o principios del siguiente van ser la ocasión para intentar echar a la casta, impulsar la ruptura democrática y un programa de emergencia social. Ahí la fuerza decisiva puede ser Podemos.

Las consecuencias del 27S en Catalunya y de las elecciones generales españolas se van a interrelacionar necesariamente. La tarea que hay por delante es conseguir que se refuercen mutuamente en clave de “doble ruptura democrática” con el régimen del 78, tal como lo expresaba Jaime Pastor; que exista combinación entre proceso constituyente catalán (y otros que puedan surgir) y estatal. Para ello será importante que Podemos avance en el reconocimiento de la pluralidad nacional de sujetos políticos. Y que en el movimiento por el derecho a decidir y la independencia avance en la desconfianza hacia el reconocimiento que puedan prestarle los gobiernos europeos enfeudados a la troika y en la confianza en los procesos de cambio que puedan abrirse en el Estado español y el sur de Europa.

17/01/2015

1/ La Assemblea Nacional Catalana (ANC) estaba representada por Carme Forcadell, Omnium Cultural por Muriel Casals y la Associació de Municipis per la Independència por Josep M. Vila d’Abadal, alcalde Vic.



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