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Respuesta al atentado terrorista
Charlie Hebdo: reflexiones en torno a la manifestación del día 11
14/01/2015 | Claude Gabriel

El 7 de enero acudí a la concentración de la plaza República tan pronto como pude. En la web de Ensemble! fui uno de los primeros en calificar a
las fuerzas fundamentalistas de Mali o Nigeria como bárbaras, de establecer un paralelo entre ellas y el nazismo, mientras que aquí y allá alguna gente
pasaba de puntillas sobre esta cuestión para no fijarse mas que en "nuestro imperialismo"/1. Pero no fui a la manifestación "republicana"
del domingo 11 por las mismas razones que ya ha invocado mucha otra gente.

¿Ir o no ir a la manifestación?

No tengo ninguna animosidad política contra quienes (desde la izquierda) han acudido a la misma. Es cierto, que en este período caminamos sobre el filo de
la navaja cuando tratamos de encontrar "una línea política" concreta en las decisiones de unos y otros. ¡Por favor, abstengámonos de ello! La izquierda
reducida a su simple expresión carece de los medios necesarios para desarrollar una iniciativa autónoma frente a un acontecimiento como éste. Por otra
parte, el llamamiento del Front de Gauche (FdG) contiene una buena definición de lo que se podría hacer en un contexto diferente: "nos manifestaremos para
rechazar todos los racismos, a favor de la igualdad, contra las discriminaciones, a favor del laicismo emancipador y de la libertad de conciencia (…) Las
fuerzas que abogan por la exclusión y la xenofobia, comenzando por el Front National (FN) no tienen ningún espacio en ella [la manifestación]." Ahora bien,
para pasar de esta declaración a la realización concreta de una gran manifestación popular, ajena a la presencia internacional y francesa (UMP), hubiera
sido necesario disponer de una implantación fuerte y de medios muy superiores a los que disponemos actualmente.

La trampa se encuentra ahí y no en no importa qué desviación oportunista. Reconozco también, con toda tranquilidad, que es más fácil no acudir a esta
manifestación a título personal que como organización. Porque hay que ir con la voluntad de mostrar la diferencia. De ahí que nuestra conciencia política
se encuentre maniatada por la profunda debilidad de la izquierda (la verdadera) que, acto seguido, conduce a un desgarramiento individual y colectivo. ¿Ir
o no ir? No perdamos el tiempo en saber si allí habrá oportunistas o no, sectarios o no; estamos atrapados colectivamente.

¿En nombre del pueblo francés?

La referencia al "pueblo francés" (como he podido leer) y a sus "valores" es otro tipo de confusión. Es preciso recordar que la noción de pueblo no es un
plato de nuestra conveniencia, que este "pueblo" mítico está compuesto, también, de nuestros peores adversarios. Los pretendidos valores del pueblo son tan
poco claros como los de la República, esa República que ha machacado, que ha desarrollado guerras coloniales, que torturado y que, sobre todo, actualmente
marginaliza y oprime a una parte de su población.

El "pueblo", la República, la unidad nacional es la miel de nuestros adversarios, de quienes agravan la crisis económica y social en nombre de la salvación
colectiva transcendental, acrecentando siempre las desigualdades y la miseria. Así pues, ¡atención!: en acontecimientos como éste, cada palabra tiene un
significado muy preciso, lo que es mucho más importante que ir o no ir a la famosa manifestación.

Por otra parte, ¡qué payasada querer explicar lo que significa la República a esa juventud olvidada que proviene de la inmigración que habita en los
suburbios! ¿Qué les puede presentar Hollande en ese escaparate republicano?, ¿los controles policiales en función del color de la piel?, ¿el paro?, ¿los
barrios devastados por la miseria? Parece Incluso que vivir en Francia supone aceptar derechos y deberes. Pero, ¿qué derechos le quedan a esa gente cuando
carecen de medios para cuidar su salud o incluso cuando tienen que ocultar su origen para poder alquilar una vivienda? También parece que los padres
deberían mostrarse más responsables de sus descendientes. Pero, ¿es que la República se hace responsable de estos padres cuando se trata de sus condiciones
de vida, del hábitat, de su vida en los barrios? La República se cuida mucho de impedir la autoorganización en los barrios para establecer con precisión la
responsabilidad civil de las familias. Todo esto no es más que cinismo y, al fin y al cabo, violencia.

Así pues, una marcha "republicana". Será preciso (como nos intentan hacer creer al estilo Houellebecq/2) que la República en cuestión está
amenazada por un complot islamo-fascista cuyo objetivo es establecer una tiranía religiosa? En absoluto. Más bien al contrario; se trata, y es mas serio,
de la consecuencia de décadas de opresión colonial, social y cultural y, entre nosotros, de la relegación de una gran parte de estas personas a la
marginación. Una barbarie de otro tipo, una locura existencial, una huida vengativa hacia adelante. Como con el fascismo, necesitamos eliminar lo que hemos
dejado desarrollarse.

¿Libertad de expresión?

Si, ¡total! Pero sin dejar de lado la noción de responsabilidad. Y es ahí donde comienza el debate. Hasta los años 80, en Nueva Caledonia, en las tiendas
caledonias había fanzines gratuitos representando a la población nativa como monos. ¿Libertad de expresión? Francamente, no.

Entonces, ¿existe una diferencia entre las caricaturas racistas y las caricaturas religiosas?, ¿por qué no? La cuestión es que cuando una parte mayoritaria
de una comunidad considera que su religión constituye también su identidad cultural, ¿cómo separar ambas? De ahí se deriva que "insultar al Profeta"
equivalga a "insultarnos". Sin embargo, nosotros razonamos como franceses de pura cepa: entre nosotros el cristianismo está derrotado políticamente desde
hace más de un siglo. La historia cristiana de nuestro país se ha desconectado progresivamente de nuestra historia contemporánea, que es lo que no ha
ocurrido con el Islam. ¿Es tan raro el Islam? No creo que en algunos Estados americanos sea posible caricaturizar a Dios como sodomita sin arriesgarse a
graves problemas con determinados sectores.

En Francia, los adeptos al Islam lo viven como una religión oprimida, como la religión de la gente despreciada. Esto, por otra parte, refuerza los
prejuicios de ambos lados: de un lado, nos sentimos insultados en cuanto árabes; del otro, el Islam es la religión de los miserables, de las multitudes
peligrosas. Es por ello que no se pueden equiparar las caricaturas del cristianismo, del judaísmo y las del Islam. Así pues, sí, uno se puede mofar de
todas las religiones pero a condición de ser lo suficientemente responsable como para distinguir, y no prestarse a confusión, entre la religión del opresor
y la (o las) de los oprimidos. Esto es tan real como que este debate se ha dado entre los propios diseñadores franceses. Tienen puntos de vista diferentes.
La cuestión no se resumía en el simple "tener derecho a decir todo".

Debemos comprender bien que la reacción de la juventud inmigrante, cuando afirman "no, yo no soy Charlie", viene de ahí y debe ser comprendida y aceptada.
Más aún cuando el famoso laicismo frances es una bagatela. La omni-mediatización del Papa en los informativos televisivos cada vez que suelta tres frases,
la historia "eurocentrista" del mundo que se enseña en los institutos, las dificultades para poder tener lugares de culto decentes para los musulmanes, las
fiestas religiosas católicas que marcan el calendario escolar o la desigualdad del tratamiento por parte de las autoridades cuando se ataca una sinagoga o
una mezquita… Es lo que todo el mundo constata. Francia es formalmente laica, pero no lo es en la vida pública y ello se añade al racismo cotidiano, a las
discusiones en los autobuses y metros, a los estados de ánimo. El laicismo francés es una patraña. Dejemos de arrojarlo contra las población musulmana como
el argumento invencible.

Actualmente existen dos bestias inmundas

En la medida que no estemos en condiciones de poder superar todo esto, de tener la capacidad, en tanto que corrientes políticas de izquierda, para darle la
vuelta a esta situación, de pesar suficientemente en el debate público y de convertirnos en candidatos al poder, corremos el riesgo de que mañana nos
encontremos ante una rebelión juvenil en los suburbios (provocada por una acción policial), alimentada aquí y allá por corrientes fundamentalistas que
tendrán en frente el llamamiento a las milicias de autodefensa de la extrema derecha. ¿Qué haremos nosotros, si no contamos más que con nuestra prensa y
nuestras octavillas para distribuirlas en los mercados el domingo a la mañana?

Así pues tenemos nuestra pequeña parte de responsabilidad, por haber sido incapaces, todas las corrientes incluidas, de existir en estos barrios y haber
construido una respuesta social alternativa. El balance es duro. Estos dos actos terroristas y las maniobras gubernamentales del día 11 constituyen una
nueva y grave derrota para las clases populares. Un eslabón más en la confusión, el veneno mediático y en la apropiación indebida de la realidad. Como
decía Bertolt Brecht: "¡Todavía es fecundo el vientre que parió el suceso inmundo!" Solo que hacia adelante el suceso inmundo tiene dos caras, la de la
extrema derecha racista y la de la alineación mística asesina.

De ahí que, desgraciadamente, haber ido o no a la manifestación es un problema secundario. El verdadero problema comienza el día 12 a la mañana, una vez
que empecemos a padecer las imágenes y los comentarios de los medias sobre esta falsa "unión nacional". ¿Qué hacemos?

12/01/2015

Traducción: VIENTO SUR

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article34072

Notas:

1/
https://www.ensemble-fdg.org/content/la-guerre

2/
Poeta, novelista y ensayista, que destaca por sus posicionamiento islamófobo (ndt)





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