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Ucrania tras las elecciones
Los problemas siguen sin resolverse
17/12/2014 | Vitali Atanasov

El pasado 26 de octubre, la población de Ucrania acudió a las urnas para votar en las elecciones legislativas.

Entre los favoritos del escrutinio estaban el “Frente Popular”, el “Bloque de Petro Porochenko” y “Samopomitch”. Estos partidos formaron la nueva coalición en el poder, constituida de 302 diputados, que ha integrado también a la Unión Panucraniana “Patria” y al Partido Radical.

Todas estas fuerzas políticas tienen puntos comunes: para llegar al poder, se han aprovechado de las manifestaciones en el Maidán y de la huida del expresidente Viktor Ianukovicht. Defienden una política proeuropea, medidas liberales en la economía, así como un conservadurismo y un nacionalismo moderados en los terrenos de la educación y de la cultura. La formalización cuanto antes del acuerdo de asociación con la UE constituye su prioridad número uno.

El “Frente Popular”, presidido por el primer ministro Arseni Iatseniuk, desarrolló un discurso de guerra más sistemático, colocando a la cabeza de sus prioridades la reconquista de los territorios ocupados por los separatistas y la guerra hasta la victoria final. En la lista del partido, se encuentran el Jefe del Gobierno y el Presidente del Parlamento, el Ministro del Interior, el Ministro de Justicia, así como los jefes de los batallones de voluntarios. Una de las promesas electorales clave de Iatseniuk fue la construcción de un muro de separación en la frontera ruso-ucraniana, cuya longitud debería superar los 2000 Km. Este proyecto lleva el nombre de “Muro europeo”. En el terreno económico, Iatseniuk sostiene una estrecha colaboración con el FMI y se presenta como partidario de las “reformas” neoliberales, algunas de las cuales fueron ya promovidas por el vice primer ministro de Ianukovitch, Serhiy Tihipko.

El bloque propresidencial obtuvo la segunda plaza. En la campaña electoral, este partido se presentó como la fuerza política más moderada, llamando a la unión nacional. En la lista de este partido, dirigida por el alcalde de Kiev y exboxeador Vitali Klitschko, figuran escritores, médicos, hombres de negocios y personalidades públicas influyentes. Efecto sorpresa: el partido del presidente fue apoyado por Mustafá Nayyem y Serhiy Leshchenkko, dos célebres periodistas que se habían mostrado muy críticos hacia Porochenko. Durante esta campaña, los dos periodistas se han destacado, sobre todo, por reivindicar triplicar el salario de los diputados.

A la cabeza del partido “Samopomitch”, que ha obtenido el tercer puesto, se encuentra el alcalde actual de Lviv, Andriy Sadovyi. Partidario ferviente del Euromaidan, este hombre ha ganado mucha popularidad gracias a las manifestaciones. Sadovyi tiene una reputación de gestor eficaz y de adversario de los nacionalistas de “Svoboda”. Su partido juega sobre todo la carta de los “nuevos rostros en política” y promete luchar contra la corrupción y defender los intereses de las pequeñas y medianas empresas. Entre los partidos que han franqueado el umbral electoral, “Samopomitch” es el partido más cercano a la idea de un “partido militante” (aunque, como otros partidos favoritos, no haya evitado la tentación de añadir a su lista el jefe de batallón “Donbass”).

El boicot en el Este

Teniendo en cuenta la anexión de Crimea y la falta de control sobre un cierto número de regiones de Lugansk y de Donetsk, solo 420 de los 450 han sido elegidos. El sentido de esta omisión está claro: se supone que los miembros restantes del parlamento serán elegidos tras la recuperación del control sobre Crimea y las dos regiones del Este.

Ahora bien, incluso en las zonas controladas por el gobierno, la tasa de participación estuvo a un nivel muy bajo: solo el 52% de los ciudadanos acudió a las mesas electorales.

¿Romper con el pasado?

El parlamento precedente ha dejado de existir al cabo de dos años. Según los resultados de las elecciones anticipadas de octubre, la mitad de los partidos que lo constituían no están ya en el nuevo órgano legislativo,. “Batkivchtchina” (“La patria”) de la populista Iulia Timochenko apenas ha obtenido el 5% de los votos necesarios para entrar en el parlamento. Lo que resulta significativo, ya que tras las elecciones de 2012, “Batkivchtchina” era el segundo mayor grupo parlamentario.

El fracaso de los antiguos partidos no quiere decir que la composición del Consejo Supremo se haya renovado radicalmente. Muchas personas importantes del antiguo establishment han cambiado de carné llegando así al parlamento como miembros de los nuevos proyectos políticos, unos han ganado las elecciones en las circunscripciones mayoritarias a base de poner dinero encima de la mesa: el precio de un puesto en la lista de un partido o el de una victoria en una circunscripción mayoritaria es, por lo menos, de unos cuantos millones de dólares.

Esta circunstancia pone en evidencia el hecho de que, a pesar de todas las declaraciones de los políticos, el impacto de los oligarcas sobre el proceso político está lejos de ser marginal. Se puede comenzar por Petro Porochenko, que gestiona unos activos de 1,3 millardos y está entre los diez hombres de negocios más ricos del país. Antes de ocupar el puesto de presidente había prometido vender su negocio y ahora ya no quiere oír hablar de ello.

Hay otras personas muy ricas en puestos de poder. Yurij Kosiuk, magnate agrícola con un capital de 1,3 millardos de dólares ocupa el puesto de jefe adjunto de la administración del presidente. El gobernador de la región de Dnipropetrovsk a la vez que copropietario del mayor banco de Ucrania, “el oligarga patriota” Ihor Kolomoisky, dispone de 1,8 millardos. Otras personas odiosas no han desaparecido: Rinat Akhmetov (11 millardos), Dmytro Firtash (400 millones), Serhiy Lyovochkin, Viktor Pinchuk (3 millardos) -casi todos esos personajes de la centena de Forbes ucraniano han conservado sus capitales y su influencia.

Ningún partido en al parlamento actual escapa así a las sospechas de financiación disimulada por parte de la oligarquía. Estas acusaciones no son injustificadas. Los agentes de las grandes empresas están presentes en todas las listas de partidos. Igualmente, las relaciones con las grandes empresas quedan evidentes en los programas de los partidos: ninguna aborda la cuestión de la imposición progresiva, nadie promete detener los reflujos de los fondos offshore o de combatir los monopolios artificiales; los pequeños grupos de la nueva izquierda son los únicos en plantear estos problemas. Todos los partidos existentes, incluso el Partido Comunista, son de derechas en las esferas social y económica.

Sobre estas cuestiones hubo cierto avance antes de las elecciones, en primavera y en verano. El gobierno aumentó la imposición sobre el petróleo, el gas y los recursos mineros. Las compañías mineras pagaron sumas irrisorias en el presupuesto a la vez que ganaban sobrebeneficios antes de estas modificaciones. Por ejemplo, el impuesto por la extracción del mineral de hierro en 2013 fue inferior a 4 grivnas por tonelada, cuando el precio del mercado era de alrededor de 100 dólares (1,00 USD = 15,72 UAH/Grivna Ucrania el 17/12/2014 ndt) . Según UNIAN (una agencia de información ucraniana), con la producción anual de 80 millones de toneladas de mineral de hierro, los combinados mineros vendían los recursos mineros por 8 millardos de dólares, mientras que el presupuesto del Estado no recibía más que 300 millones de grivnas de impuestos. Estos han aumentado ahora hasta el 8% del valor de los productos acabados. Es evidente que habrían podido ser aumentada aún más sin perjudicar a las compañías. Sin embargo, tras las elecciones el asunto ha caído en el olvido.

El avance neoliberal

Si se juzgan los programas de los partidos, la ciudadanía deben prepararse para el deterioro de la infraestructura social y la reducción de la legislación social. Esta orientación ya estaba presente cuando gobernaba el fugitivo Ianukovitch, que, obligado a maniobrar, se esforzaba por atrasar lo más posible las medidas impopulares.

El nuevo gobierno va a actuar de una forma radical. El acuerdo de coalición que permite privatizar las empresas del Estado en la sector del transporte, reducir el número de hospitales y cerrar las minas de carbón, prepara la desregulación general de la economía.

Se esperan despidos de funcionarios, supresión de las subvenciones presupuestarias y reducción de las deudas fiscales de las empresas privadas al mismo tiempo que la adopción de una nueva legislación laboral que permitirá los despidos sin acuerdo sindical, así como el aumento de los precios del gas para la población como consecuencia de la demanda del Fondo Monetario Internacional.

Todo esto a pesar de que el nivel de vida en el país durante el año 2014 ha bajado ya considerablemente: los gastos presupuestarios han sido recortados en los terrenos sociales y han sido redirigidos a las necesidades militares; la moneda nacional se ha depreciado el 85% (un récord para el grivna), las tarifas sobre los servicios públicos así como los precios han aumentado mucho, mientras que los salarios han seguido igual e incluso han disminuido. Un gran número de personas ha perdido su empleo o han tomado vacaciones no remuneradas (una forma latente de paro), o bien ha perdido sus casas a causa de los daños de la guerra en Donbass. Ochocientas mil residentes del sudeste han sido desplazados al interior del país o se han refugiado en países vecinos.

Hay que recordar que el descontento social fue una de las razones subyacentes de las manifestaciones de masas del año pasado contra Ianukovitch. La anexión de Crimea y la participación directa de Rusia en la guerra en el este de Ucrania, el crecimiento del patriotismo y de la retórica nacionalista han eclipsado temporalmente los asuntos sociales y económicos. Es importante mencionar el factor ruso. La clase dirigente de Rusia se aprovecha de la desestabilización artificialmente mantenida en Ucrania para apoyar al régimen de Putin, gracias a la disposición conservadora y nacionalista en la sociedad rusa, y para desacreditar todo cambio político a ojos de su propia población. La presión sobre Ucrania resulta más fácil debido a la dependencia de la economía ucraniana de la importación de recursos energéticos, así como por la participación directa de Rusia en el conflicto militar en el este del país, donde efectúa el control sobre las autoproclamadas “repúblicas populares”. Las “elecciones” que se han celebrado allí parecen una farsa -la mayor parte de los partidos, incluso el Partido Comunista, no fueron autorizados, la votación se realizó bajo la presión de los fusiles de los paramilitares prorusos, no se conocían las listas electorales y el papel de los “observadores internacionales” fu cubierto por los neofascistas europeos.

Durante ese tiempo, las tensiones en la sociedad ucraniana crecen, puesto que no solo las viejas contradicciones no han sido superadas, sino que hay nuevas que se añaden. Por definición, la nueva coalición no es capaz de resolverlas.

Contrariamente a las alegaciones propagadas por la asociación “Borotba”, cuyos miembros han apoyado las “república populares” nacionalistas, conservadoras y prorusas en el este de Ucrania, y en su mayor parte emigrados en Crimea anexionada por Rusia (cuando decenas de militantes de izquierda de Crimea han sido obligados a irse a Ucrania a causa de la imposibilidad de continuar su actividad militante después de la anexión, y el radical de izquierdas antifascista Alexander Kolchenko ha sido detenido por los servicios de seguridad rusos y juzgado por acusaciones absurdas de implicación en el “Sector de derechas”), las nuevas organizaciones de izquierda en Ucrania continúan movilizándose para luchar por una cambio de sistema socioeconómico. Se trata de organizaciones como “Oposición de Izquierdas” (los marxistas, orientados hacia la Cuarta Internacional), “Contra Corriente” (comunistas de izquierda), Sindicato Independiente de los Trabajadores (anarquistas), “Acción directa” (sindicato estudiantil). Las y los militantes de izquierda de Kiev, Odessa y otras ciudades así como militantes de los sindicatos independientes de los centros industriales de Dnepropetrovsk y de Krivoi Rog comprometidos en el proyecto para crear un nuevo partido de izquierdas, buscan proteger los intereses de la clase obrera y poner al orden del día la necesidad de la revolución social y anticapitalista.

Según los datos de la comisión electoral central los seis partidos que han pasado al nuevo parlamento son :

"Narodnyi front" ("El frente popular") – 22.14 %

"Blok Petra Poroshenka" ("El bloque de Petro Poroshenko") – 21.82%

"Objednannia Samopomitch" ("La unión de ayuda mutua") – 10.97%

"Opozytsijnyj blok" ( "El bloque de la oposición") – 9.42%

"Radykalna partija" ( "El partido radical") – 7.44%

"Batkivshtshina" ("La Patria") – 5.68 %

4/12/2014

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article33829

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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