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Oriente Medio
Desmantelar el Muro del Golán
14/11/2014 | Michel Warschawski

Estos días se está celebrando el 25 aniversario del desmantelamiento del Muro de Berlin: hace un cuarto de siglo, los berlineses ponían fin a la partición de su ciudad por las grandes potencias y, de hecho, integraban la capital de la RDA en Berlín Oeste.

La caída del Muro de Berlín debía significar que el siglo XXI sería el de la caída de todos los muros que limitaban la libertad de movimientos a través de nuestro planeta. Pero ha ocurrido todo lo contrario: nuestro siglo es claramente el de la multiplicación de los muros y demás fronteras que cierran la vía a algunos y encierran a otros muchos millones. Ya sea el sangriento estrecho de Sicilia (Lampedusa) o el de Gibraltar, lo que no hay vergüenza en llamar la “Fortaleza Europa” se ha rodeado de barreras que sus dirigentes querrían infranqueables para todas las personas que huyen de las guerras o de la miseria. No, el siglo XXI no habrá sido el de la caída de los muros, sino muy al contrario, el de la multiplicación de los obstáculos a la libre circulación de los seres humanos... a diferencia de lo que ocurre con los capitales y las mercancías.

Uno de esos muros es evidentemente el que desgarra el espacio palestino y separa a las familias, a los campesinos de sus tierras y a decenas de miles de residentes de los servicios públicos que necesitan. “Muro de la vergüenza”, “Muro del apartheid”, de 8 metros de alto cuando es un muro, de una anchura de más de 100 metros cuando se trata de un sistema de cierres y de alambres de espino, es omnipresente en la Cisjordania ocupada.

Esta vez, sin embargo, querría hablar de otro muro, que muy a menudo se olvida, pero él también hecho de cercados electrónicos y de alambres de espino, de campos de minas y patrullas militares: el que separa el Golán ocupado del resto de Siria y a sus habitantes de su patria y, a menudo, de sus allegados.

La ocupación de los Altos del Golán en 1967 y su anexión a Israel en 1981 han cortado a unos 16.000 sirios de su entorno natural; sin embargo, a pesar de la voluntad de la potencia ocupante, los lazos no han podido jamás ser cortados. Como prueba, la “Colina de los gritos”, donde los habitantes de Majd-el-shams, Massada, Buqata y Ein Qiniye se comunican, con megáfonos, con sus allegados en Siria, les hacen participar -a distancia- en sus matrimonios y demás fiestas familiares, y les cuentan los últimos acontecimientos. A veces, en la no man´s land que separa la zona ocupada del territorio sirio soberano, una patrulla militar israelí viene a interrumpir la comunicación por algunos minutos.

Si en Israel se les llama “Drusos”, utilizando su religión como identidad, ellos reivindican alto y fuerte su identidad siria y, 45 años después de la ocupación por el estado de Israel, rechazan con la misma determinación ese muro que les arranca de su país. Basta con recordar la huelga general realizada en 1981 contra la imposición forzosa de la nacionalidad israelí, que se saldó con una victoria.

Aunque hoy estén preocupados por la guerra civil que desgarra Siria y por la invasión de Da´esh, los sirios del Golán siguen sin aceptar la presencia israelí y continúan luchando por volver a formar parte de su patria. En este 25 aniversario de la caída del Muro de Berlín, recordemos que hay un muro que desagarra el espacio sirio y apoyemos el combate de todos los sirios, en particular de los residentes en los Altos del Golán, por la caída del muro de la anexión israelí y la vuelta de los habitantes del Golán-Norte y de su tierra a la madre patria siria.

10/11/2014

https://www.facebook.com/Estbel/posts/384537898363863

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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