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Epidemia del Ébola en África Occidental
Crónica de un film catastrófico bien elaborado
06/10/2014 | Guillaume Lachenal

Jean Baudrillard escribía en 1981 que "Es inútil cualquier interpretación laboriosa de estos films y su relación con una crisis social ’objetiva’ o, incluso, con un espejismo ’objetivo’ de la catástrofe." Dicho de otra manera, es "lo social mismo lo que se está organizando según la escenografía de un film de catástrofes". Hace poco Liberación consagraba unas columnas al análisis de los films apocalípticos, espejo de nuestras ansiedad ante las pandemias. La epidemia del virus Ébola que arrasa varios países del África Occidental exige una crítica más radical.

La crisis actual no es una pesadilla que ocurre a la vista de todos, "como en los films de catástrofes"; no es una anomalía, ni un accidente que habría cogido por sorpresa a las organizaciones sanitarias y tampoco es, por retomar la jerga diplomática, un desafío organizativo, financiero y político lanzado a la comunidad internacional y a la humanidad. Dicho en otras palabras: la crisis del Ébola es el fruto de dos décadas de opciones y actuaciones políticas. Se trata de una catástrofe bien planificada, no sólo mediante el socavamiento de los sistemas de salud africanos a través de las reformas neoliberales, sino también debido de la actividad impulsada por los agentes públicos y privados de la sanidad pública para alcanzar una nueva era, la de la sanidad global (o global health). Esta actividad, caracterizada a partir de 2005 por el incremento inaudito de financiación para la salud en los países del Sur, hizo de África una prioridad, en nombre de la seguridad sanitaria mundial. Había llegado (vuelto) la hora del success story, de la erradicación de las enfermedades, de los libros bonitos con caras de niños sonrientes; con Bille Gates y Big Pharma compartiendo el éxito; se entraba en una nueva era en el que las aplicaciones para los Smartphone, los acuerdos de "colaboración público-privado" y la "innovación responsable" iban a resolver uno a uno los problemas de la salud en África. Atrás quedaban los dispensarios decrépitos, los cortes de electricidad y la falta de medicamentos: el mundo de la salud mundial era tan bello como la publicidad de los productos lácteos. Esta catástrofe que se desarrolla a la vista de todos, es el producto de esta orientación securitaria, espectacular y escenificada de políticas sanitarias que se hizo en detrimento de los sistemas y de los profesionales de la salud africanos.

Tras la crisis de la gripe aviar en 2003 y 2005, el "prepararse para las pandemias" consittuyó una de las principales programas de la salud mundial, tanto en el Norte como en el Sur. Siguiendo la estela de la movilización americana tras el 11-S, los créditos para la investigación consagrados al "bioterrorismo" y a las "enfermedades emergentes" -por definición, agentes patógenos inexistentes en aquella época- absorvieron los presupuestos de investigación pública; particularmente, bajo la presidencia de Bush. Contrariamente a lo que se ha podido escribir recientemente, nunca se ha cuidado el Ébola: tras la primera epidemia en 1976, el virus se convirtió en un formidable medio para financiar las investigaciones en virología (sobre todo, la construcción de laboratorios de alta seguridad desde inicios de los años 80) y de paralizar el apoyo a los sistemas de medicina preventiva y de acción social de la "vieja escuela". Ningún convocatoria, ningún comunicado de prensa sobre la "bioseguridad" olvidaban citar el virus del Ébola, en tanto que encarnación, incluso antes de la epidemia actual, del arquetipo de una amenaza emergente. Desde hace veinte años, el Ébola ha constituido la razón de ser (junto al SRAS/1, la viruela, y la gripe aviar) de programas gubernamentales consagrados a la prevención de pandemias. Con los ejercicios de simulación a gran escala y las empresas de alta seguridad, llenas de guantes de plástico y de máscaras quirúrgicas, la preparación (preparednss) constituyó la racionalidad política de este nuevo milenio, herencia en parte de los programas militares de la guerra fría. Este programa salió a la luz en 2009 con la gripe H1N1. Jamás el mundo se había preparado tanto.

África no quedó al margen de estos esfuerzos. Con el patrocinio de la Organización Mundial de la Salud (OMS), del Centro para el Control de Enfermedades americano (CDC, en inglés) o los institutos de investigación europeos, los Estados africanos se "prepararon" con entusiasmo. En el continente no faltaron expertos para llevarlo a cabo: la caza del "virus emergente" ocupó en numerosos países africanos a decenas de investigadores internacionales y locales y, estos últimos años, ha permitido realizar progresos considerables en el conocimiento de patologías provenientes de animales como los ratones-calvos y los monos gigantes, entre ellos el Ébola y el VIH. Como en Europa, la amenaza de nuevas pandemias, sobre todo gripales, motivó la puesta en pie de planes, que comienzan por los habituales "ejercicios de simulación": puesta en pie de escenarios en los que se trata de testar, en presencia de las autoridades jugando su propio rol, la reacción del Estado a una pandemia. Solo que, en el contexto africano, la simulación era muy literal: reunidos en una sala, los expertos de la OMS jugaban a simular intervenciones militares, policiales o sanitarias que para todo el mundo estaba claro que no eran posible desarrollarlas en la realidad, debido a la ausencia de un ejército, de una policía o de un sistema sanitario. La idea misma de la "preparación" era una especie de logro por lo absurdo: la sanidad pública se resumía en la lucha simulada contra una amenaza ficticia. Jamás África se había preparado tanto. Por decirlo de alguna forma, no hacía mas que eso.

Esta observación sería leve si los planes preparatorios de cara a las pandemias gripales no hubieran consumido una parte importante de las energías de las autoridades sanitarias en África, por otra parte confrontadas a urgencias más perentorias. Los papeles de Wikileaks mostraron que la embajada de Estados Unidos en Sierra Leona se inquietaba por ello en 2007. Pero sobre todo de lo que se trata es de que los servicios de simulación condensaban, en estado puro, el nuevo paradigma de la salud mundial tal y la forma como este se manifestaba en África: la forma de intervenir o de acción sobre las enfermedades reales se convertía en secundaria en provecho de grandes programas especulativos sobre la "vigilancia viral", como la iniciativa del cazador de virus californiano Nathan Wolfe, sobre el "tratamiento preventivo" del VIH o el proyecto "mobile-health" que veía en los Smartphone un instrumento para abolir las distancias, la falta de personal o las carencia de las instituciones africanas. "La economía real" para tomar una analogía financiera, no tenía ninguna relación con los beneficios (simbólicos, pero también financieros) puestos en juego a través de las intervenciones, por lo demás, altamente virtuales, de la sanidad mundial. En el momento en que la epidemia ha matado a tanta gente como el 11-S, el Ébola se asemeja bien a una crisis, al estallido de una burbuja especulativa.

"Como en un film de catástrofes", como sugería Baudrillard, realidad y ficción se confunden. Porque los preparativos de cara a las pandemias hizo del escenario y del juego una técnica política en sí misma, una forma de "organización social", relegando a segundo plano los enfoques preventivos de la "vieja" sanidad pública y, por ello, preparando de hecho el terreno para el retorno de viejas epidemias como la cólera (25 000 casos en 2013 en África). Porque el advenimiento de la "salud mundial" no es mas que la última fase de una secuencia histórica destructiva iniciada por los planes de ajuste estructural de los años 90, que transformaron los hospitales africanos en verdaderas decorados de ruinas a lo Mad Max. Pero también porque la storytelling se ha convertido en la cuestión principal, puede incluso que la única que cuente, en el mundo de la salud mundial. Las super estrellas de la lucha contra las pandemias del futuro, como en EE UU el biólogo Nathan Wolfe, confunden totalmente las fronteras entre la ficción y la realidad, la actuación en la salud pública y la máquina de producir dinero: el Dr. Wolfe, que hizo su carrera gracias a su trabajo sobre los virus emergentes en Camerún (entre ellos el Ébola), se dedica desde hace diez años a recorrer los platós de TV para promover su proyecto de supervisión de las patologías africanas. Que su trabajo no haya producido nada tangible importa poco: su último libro, The Viral Storm, le ha valido un adelanto de seis cifras por parte de su editor; ha transformado su equipo de investigación en una verdadera estrella, financiada fundamentalmente por la fundación Google, que le ofrece 1 millón de dólares cada vez que identifica un virus desconocido: sus conferencias TED, muy bien escenificadas, conmueven las audiencias y no dejan de circular por You Tube; fue consejero científico del film apocalipsis zombi, Soy Leyenda, con Will Smith. Su empresa, Metabiota Inc. se ha situado naturalmente de forma rápida en la actual epidemia del Ébola. Sobre el terreno, desde el mes de mayo, los virólogos de la estrella, fieles a su promesa de proteger el mundo, fueron encargados por el Departamento de Defensa americano de organizar los "preparativos" en Sierra Leona en el momento en el que la epidemia arrasaba en la vecina Guinea. "Un success story" (una historia exitosa), escribían el 12 de mayo. Sierra Leona "está preparada como nunca". Ya conocemos el final del film.

Guillaume Lachenal, es profesor en la Universidad de Paris-Diderot y en Sciencias-Po, encargado del curso "Global health in Africa: Critical perspectives"

18/09/2014

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article33108

Traducción: VIENTO SUR

Notas:

1/ Síndrome respiratorio agudo severo es una neumonía atípica que apareció por primera vez en noviembre de 2002 en la provincia de Cantón, China.





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