Grabar en formato PDF
Elecciones en Afganistán
Las denuncias de fraude generan desencanto
09/05/2014 | Sahar Saba

Los resultados provisionales de la elección presidencial en Afganistán que tuvo lugar el pasado 5 de abril, publicados el 26 de abril, implican que habrá una segunda vuelta porque ninguno de los candidatos ha obtenido la mitad más uno de los votos. Los dos más votados, Abdullah Abdullah (44,9 %) y Ashraf Ghani (31,5 %) competirán ahora en los comicios decisivos para sustituir a Hamid Karzai, que no ha podido presentarse porque la constitución afgana impide encadenar más de dos mandatos en la presidencia del país.

Pese a que los medios de comunicación de todo el mundo anunciaron triunfalmente un elevado porcentaje de participación (60 %) en la jornada electoral, celebrándola como victoria del proceso “democrático” propiciado por EE UU y derrota de los talibán, las posteriores acusaciones de fraude apenas han trascendido más allá de la frontera afgana. Curiosamente, tanto Abdullah Abdullah como Ashraf Ghani han manifestado su inquietud con respecto a la transparencia del proceso. Poco después de los comicios, en el ciberespacio comenzaron a circular docenas de vídeos mostrando cómo se llenaban urnas y otras prácticas fraudulentas. También se han publicado quejas relativas a la compra de votos y a las tradicionales prácticas de intimidación que vienen marcando todas las elecciones en Afganistán desde el 11 de Septiembre. Así, las esperanzas de la población nutridas por una intensa campaña de los medios afganos en torno a las elecciones, reflejadas en el elevado porcentaje de participación a pesar de las amenazas de los talibán, han dado paso a la desilusión. La gente piensa que le han robado el voto. La sensación de traición también se ha visto reforzada por el hecho de que, antes de las elecciones, Ashraf Ghani apareciera en los medios afganos e internacionales como el vencedor más probable.

Antes de las elecciones, después de hablar con colegas, taxistas o familiares y amigos de distintos orígenes étnicos y diferentes opiniones políticas, tenía la impresión de que Ashraf Ghani, exempleado del Banco Mundial y doctorado por la Universidad de Columbia, ganaría los comicios con diferencia. Muchos destacaban que es una persona con un alto grado de formación, que tiene las manos limpias en el tercer país más corrupto del mundo y que es un profesor entre señores de la guerra. Sin embargo, muchos partidarios de Ashraf Ghani no sabían qué contestar cuando yo les señalaba que el candidato a la vicepresidencia con el que se presentaba era un conocido señor de la guerra, Abdur Rashid Dostum. Mientras que el hermano de Karzai abandonó la carrera por la presidencia, todos los diez candidatos restantes eran notorios señores de la guerra o bien concurrían a las elecciones con criminales de guerra como candidatos a la vicepresidencia. El candidato más votado, Abdullah Abdullah, no solo es un representante de la Alianza del Norte, sino que además su compañero de candidatura, Mohammad Mohaqiq, quien cuenta con el apoyo de Irán, es un conocido señor de la guerra. La simple mención de Rasul Sayyaf y Qutb‐ud‐Din Hilal (yerno del más temido de los señores de la guerra, Gulbadin Hikmatyar, en tiempos favorito de la CIA), apoyados por Arabia Saudita, causa escalofríos a cualquier afgano debido a sus puntos de vista ultrapuritanos y su pasado yihadista violento.

Aunque la presencia de tres mujeres candidatas a la vicepresidencia y de 300 mujeres aspirantes a los consejos provinciales, el pasado 5 de abril, podría considerarse una señal de progreso y mejora en uno de los lugares más peligrosos y violentos del mundo para las mujeres, como han señalado varias activistas afganas por los derechos de las mujeres, no hay que olvidar el hecho de que los derechos de las mujeres y en general las cuestiones relativas a este sector de la población suelen utilizarse como argumento en los programas políticos electorales.

Asimismo, las largas colas de afganos dispuestos a desafiar las amenazas de los talibán y emitir su voto venían a desmentir la imagen tópica del pueblo afgano violento. Votando el 5 de abril, la mayoría de la población expresó su desacuerdo con los talibán y con la guerra y depositó su confianza en el proceso democrático, a pesar de todas las reservas con respecto a los candidatos. Sin embargo, hay que mirar más allá de este proceso significativo, aunque sumamente cuestionable. El problema real no solo radica en el hecho de que las elecciones en Afganistán están controladas por los señores de la guerra, los barones del narcotráfico o los representantes de potencias extranjeras (EE UU, Irán, Arabia Saudita) y en que las acusaciones de fraude provocan el desencanto de la población, sino también en la fachada política construida por la ocupación estadounidense después del 11 de Septiembre.

La estructura política creada bajo la ocupación socava paradójicamente el fortalecimiento de la democracia, pues el proceso democrático se ha reducido a la celebración de unas costosas elecciones a las que solo pueden concurrir los señores de la guerra y del narcotráfico y los que cuentan con el apoyo de potencias extranjeras. El régimen postalibán está organizado en torno a la Alianza del Norte, formada por muyaidines misóginos cuya desastrosa gestión de 1992 a 1996 llevó a mucha gente a apoyar a los talibán como mal menor. Bajo este régimen apenas hay partidos políticos, sindicatos, movimientos sociales ni espacio para las mujeres. En otras palabras, faltan los elementos vitales que refuerzan y profundizan la democracia. Por ejemplo, todas las elecciones desde el 11 de Septiembre se han desarrollado sin la participación de partidos políticos. Por tanto, albergar esperanzas en una fachada destinada únicamente a crear una imagen de democracia bajo la ocupación estadounidense antes de que los militares extranjeros abandonen el país a finales de año, y en la que los señores de la guerra, los barones del narcotráfico y los dirigentes corruptos se salvan de comparecer ante la justicia y de rendir cuentas, difícilmente ayudará a mi juicio a la causa afgana, y en particular a la de las mujeres afganas.

1/05/2014

http://www.viewpointonline.net/2014/05/vp199/afghan-elections-rigging-allegations-breed-disillusionment

Traducción: VIENTO SUR



Facebook Twitter RSS

vientosur.info | Diseño y desarrollo en Spip por Freepress S. Coop. Mad.
 
Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual Los contenidos de texto, audio e imagen de esta web están bajo una licencia de Creative Commons